jueves, 26 de marzo de 2026

La Albuhera de San Jorge (Trujillo)


 El estudio de las infraestructuras hidráulicas en la España moderna constituye una vía

privilegiada para comprender las dinámicas económicas, sociales y ambientales de las

comunidades locales. Entre estas obras, los sistemas de almacenamiento y regulación de

agua desempeñaron un papel fundamental en territorios caracterizados por una

irregularidad hídrica estructural. En este contexto, la Albuhera de San Jorge, situada en

las inmediaciones de la ciudad de Trujillo, representa un ejemplo paradigmático de

intervención antrópica destinada a optimizar recursos hídricos con fines productivos.

El término “albuhera” procede del árabe hispánico al-buhayra, que significa “pequeño

lago” o “estanque de agua dulce”. Esta denominación evidencia la pervivencia de la

terminología hidráulica islámica en la península ibérica, incluso en contextos de

construcción posteriores a la Reconquista.

No obstante, es importante subrayar que, en el caso que nos ocupa, la infraestructura no

fue obra de ingenieros andalusíes, sino que fue promovida por las autoridades

municipales de Trujillo en el siglo XVI. Esta continuidad terminológica refleja la

transmisión cultural de conocimientos hidráulicos más allá de los cambios políticos.

La ciudad de Trujillo presentaba importantes limitaciones en cuanto al abastecimiento

de agua para usos industriales. Los cursos fluviales cercanos, como el río Magasca y

diversos arroyos locales, se caracterizaban por un caudal irregular, especialmente

durante los meses de estiaje, cuando su capacidad disminuía de forma significativa o

incluso desaparecía.

Esta circunstancia generaba un problema estructural: la imposibilidad de garantizar el

funcionamiento continuo de molinos harineros, esenciales para la transformación del

cereal, especialmente trigo. La alternativa de utilizar molinos situados en ríos más

caudalosos, como el Tajo o el Almonte, resultaba poco viable debido a la distancia y los

costes de transporte. Ante esta situación, el concejo municipal identificó la necesidad de

construir una infraestructura que permitiera almacenar agua y regular su distribución,

asegurando así la continuidad de la molienda.


En 1571, el concejo de Trujillo acordó formalmente la construcción de la Albuhera.

Para ello, se designó una comisión técnica encargada de estudiar la viabilidad del

proyecto y determinar su emplazamiento óptimo.

Dicha comisión estaba integrada por el corregidor, doctor Pareja de Peralta; el regidor

Juan Pizarro y el maestro cantero Sancho de Cabrera. Tras el análisis correspondiente,

el 2 de febrero de 1572 se propuso ubicar la obra en la Dehesa de las Yeguas, un

espacio que reunía condiciones favorables tanto por su topografía como por su

proximidad a la ciudad.

Posteriormente, se establecieron contactos con maestros de obras especializados, entre

ellos los maestros Sancho de Cabrera, Francisco Becerra y Juan García Tripa, maestro

de aguas. El acuerdo para la ejecución de la obra se formalizó el 11 de febrero de 1572.

La colocación de la primera piedra tuvo lugar el 23 de abril de 1572, coincidiendo con

la festividad de San Jorge, lo que dio nombre a la albuhera. Este acto estuvo revestido

de una notable solemnidad, en la que participaron autoridades civiles, religiosas y

numerosos vecinos.

Desde una perspectiva antropológica, este ritual no solo marcaba el inicio de la obra,

sino que también reforzaba su legitimidad social y su significado colectivo. La inclusión

de monedas en los cimientos, junto con símbolos religiosos como la cruz, evidencia una

práctica ritual destinada a conferir protección y permanencia a la construcción.

La documentación conservada muestra el alto grado de implicación del concejo en la

supervisión de la obra. Un acuerdo fechado el 20 de junio de 1572 establece la

obligación del maestro principal de permanecer en el lugar de trabajo desde el amanecer

hasta la puesta del sol, bajo pena de sanción.

Este nivel de control indica la importancia estratégica del proyecto, la inversión

económica significativa y la necesidad de garantizar la calidad y rapidez de la ejecución.

Para 1577, al menos una parte de la infraestructura estaba operativa. En concreto, se

había construido un tramo del muro de contención, se encontraba en funcionamiento el

primer molino. La inscripción conservada en este molino constituye una fuente primaria

de gran valor, ya que permite datar con precisión esta fase y vincularla al reinado de

Felipe II.


A pesar de los avances iniciales, la obra no se completó en su totalidad durante el siglo

XVI. En 1585, el concejo reconocía que, aunque se habían invertido importantes

recursos (aproximadamente 40.000 reales), la infraestructura no alcanzaría su pleno

potencial sin su finalización.

Diversos factores pudieron influir en esta interrupción, tales como las limitaciones

financieras, las prioridades políticas cambiantes y las dificultades técnicas.

No será hasta finales del siglo XVII cuando se retomen los trabajos de manera decidida.

En 1676, el corregidor Lucas Francisco Yánez de Barnuevo impulsó la reactivación del

proyecto, destacando no solo su utilidad industrial, sino también su función ganadera

como abrevadero.

Entre 1689 y 1690 se completaron los elementos restantes del sistema: reconstrucción

de la presa, finalización del segundo molino y construcción del tercer molino.

Las inscripciones epigráficas de estos molinos permiten documentar con precisión esta

fase final, así como identificar a los responsables administrativos y técnicos implicados.

La Albuhera y sus molinos permanecieron bajo propiedad municipal hasta mediados del

siglo XIX. En 1856, en el contexto de las políticas desamortizadoras, fueron vendidos a

particulares.

Este cambio de titularidad refleja una transformación estructural en la gestión de los

recursos, de uso público a explotación privada y de función comunitaria a interés

económico individual.

Posteriormente, en 1875, se documenta un litigio sobre los límites de la propiedad, lo

que indica la persistencia de conflictos derivados de esta privatización.

Uno de los aspectos más relevantes en la evolución de la Albuhera es su transformación

ambiental. Tradicionalmente, sus aguas albergaban poblaciones de carpas, lo que

constituía un recurso alimentario adicional.

Sin embargo, a partir de 1900, la construcción del sistema de alcantarillado urbano

provocó el vertido de aguas residuales en la albuhera. Este hecho tuvo consecuencias

significativas, como la degradación de la calidad del agua, la desaparición de la fauna


piscícola y la pérdida de valor ecológico y productivo. Este proceso ilustra los efectos

negativos de la urbanización no planificada sobre los ecosistemas artificiales.

La Albuhera de San Jorge constituye un ejemplo representativo de ingeniería hidráulica

preindustrial orientada a resolver problemas concretos de abastecimiento y producción.

Desde una perspectiva historiográfica, su estudio permite extraer varias conclusiones:

1. Adaptación al medio: La obra responde a una estrategia racional de gestión de

recursos en un entorno con limitaciones hídricas.

2. Intervención institucional: El protagonismo del concejo evidencia el papel central de

las autoridades locales en la promoción de infraestructuras.

3. Continuidad técnica: La utilización de conocimientos heredados, incluso en el plano

terminológico, refleja una tradición hidráulica de larga duración.

4. Transformación socioeconómica: La evolución de la propiedad y el uso de la

albuhera muestra cambios profundos en la organización económica.

5. Impacto ambiental: La degradación posterior subraya la importancia de considerar la

sostenibilidad en la gestión del agua.

En definitiva, la Albuhera de San Jorge no solo fue una infraestructura funcional, sino

también un elemento clave en la configuración del paisaje, la economía y la sociedad de

Trujillo a lo largo de varios siglos.












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