domingo, 12 de julio de 2026

 











ERMITA DE SANTA LUCIA (CACERES)

 

 

La ermita se encuentra situada a 4 kms. de la capital, siguiendo un camino que sale desde Aldea Moret, depende de la parroquia de San Eugenio. Es un edificio popular de finales del siglo XV, esta típica ermita se encuentra en medio del campo. En  los siglos XVII y XVIII se da en este  lugar una gran actividad devocional,  como  lo  demuestran  las  numerosas  limosnas  ofrecidas  en  agradecimiento de  los milagros ocurridos con  relación a  las enfermedades propias de la vista, y que queda constancia en los libros de cuenta que han  llegado hasta nuestros días. Se acompaña de la vivienda del ermitaño, hoy usada de sacristia-almacén.

Según Corrales Gaitán, poca documentación se conserva de esta construcción, solamente el Libro de  Cuentas del período comprendido entre 1655 y 1868, y un Inventario de las cuentas y documentos, de la Visita del año 1703. Quedando constancia en ellos los numerosos arreglos y obras de restauración de todo el edificio, así como los gastos propios de la tradicional fiesta, con sus ofrendas y favores. También se hace referencia a los gastos propios de la colocación de su retablo en el año 1690.

Se accede al interior por una puerta que se encuentran los pies de la ermita, se abren arco de medio punto enmarcado por un alfiz y resguardado por un pórtico con arcos de medio punto sobre pilares cuadrados, apareciendo las enjutas de los arcos tres escudos nobiliarios en piedra de las familias Ovando, Mogollón y Pereros. Remata la ermita una sencilla espadaña. Adosada está la antigua dependencia donde vivían los ermitaños, hoy utilizada como sacristía.

La nave está dividida en tres tramos por arcos apuntados apoyados en anchos pilares achaflanado son de granito. la cabecera es poligonal, de bóveda ojival estrellada sobre ménsulas y con clave central, toda la cantería, destacando el ábside sobre el resto, y al exterior los contrafuertes: a diferencia de la nave, que se cubre con techumbre de madera a dos aguas.

En el presbiterio hay un retablo barroco de finales del siglo XVII, de un cuerpo como hornacina encuadrada por columnas salomónicas y ático; en la hornacina se conserva una imagen barroca de Santa Catalina; en el remate, una pintura sobre lienzo que representa a una Santa con la palma de martirio, del siglo XVII. Detrás  de  este  retablo se encontraron unas pinturas que representan distintos motivos de la Pasión, anónimas y fechadas en la segunda mitad del siglo XVI.

 

 

 

 




 

ERMITA DE SANTA GERTRUDIS  (Cáceres)

 

 

Está ubicada en la calle Santa Gertrudis, al final de la popular calle “Barrio Nuevo” el aspecto actual del templo dista mucho del que tuviera en sus orígenes. Fue construida en el siglo XVII, perteneciendo a la jurisdicción de la iglesia de San Juan. Debido a su mal estado de conservación se cerró al culto en el siglo XIX, trasladándose a la iglesia de San Juan sus bienes muebles. En el año 1889 se abrió nuevamente al culto, y para su cuidado se autorizó que allí se asentasen las religiosas de la comunidad Amantes de Jesús, que regentaron una Escuela-Hogar (actual Colegio de San José) para niñas pobres, la ermita pasó a ser la iglesia del centro religioso.

El templo conserva las siguientes imágenes: el Cristo del Amor, del año 1930, procedente de los talleres de Olot; Ntra. Sra. de la Caridad, obra del siglo XVIII y el Señor de las Penas, obra de estimable valor artístico del siglo XVI, sale en procesión el Viernes de Dolores y el Domingo de Ramos (por la tarde) con los hermanos cofrades de la Cofradía del Cristo del Amor al igual que las dos restantes imágenes citadas, el Jueves Santo. La ermita pertenece a la parroquia de San José y es sede de la cofradía del Cristo del Amor, fundada en 1989. La escultura de mayor valor artístico que se venera en esta ermita es la del Señor de las Penas, restaurada con esmero por varios restauradores en diferentes fases.

En una primera fase: Tallado de la parte posterior, peana y sujeción a ésta, así como de varios dedos de las manos y los pies: Realizado por el escultor sevillano don Antonio Gibello. 

En una segunda fase: Consolidación, restitución de la pigmentación perdida, limpieza y policromado en los añadidos: Realizado en el Taller Cacereño Gótico: por doña María Ángeles Penis Rentero y doña Gracia Sánchez-Herrero Rosado.

Fase III. Nuevas veladuras, encarnaduras y retoques realizados por don Juan J. Camisón.

Fase IV. Nuevo diseño y retallado, dorado y policromado del manto, así como de la corona y de algún detalle de la cara. : Realizada por don Eduardo Álvarez y don Juan J. Camisón.

Estamos ante una figura que representa a Jesús ante Pilatos tras haber sido flagelado y befado por los sayones. Este Ecce Homo o Cristo Varón de Dolores, como es de uso que se denomine a tal iconografía de Cristo, aparece desnudo, coronado de espinas, ensangrentado, maniatado, con la carne tumefacta por las marcas dejadas por los latigazos y bofetadas, y portando una clámide roja que le cubre la espalda y arrastra hasta el suelo. Están sus ingles cubiertas por el consabido paño de pureza y lleva entre las manos maniatadas una caña, símbolo absoluto de burla y escarnio. La expresión de su rostro es altamente dramática y congestionada, contrastando con el casi derrumbamiento que todos los miembros de su cuerpo están a punto de sufrir. Pero es, sin duda, en esa mezcla de impotencia y majestuosidad donde radica su indudable belleza.

Es una escultura de bulto redondo, realizada en madera de cedro. Nunca fue pensada para ser procesionada, sino que debió de formar parte de un retablo de altar originalmente. El ahuecamiento de la parte posterior que presentaba y la factura así lo atestiguan. Habría que situarla entre finales del XVI y muy principios del XVII. Por una parte, la clámide rectilínea, nada barroca, el aspecto compacto de todo el conjunto de la imagen, su macicez, su tronco musculoso, su morbidez, el giro lastimoso de su cabeza, la S que prefigura todo su cuerpo humillado, abatido y aún aguantando con brío la dureza del castigo, nos hacen pensar en el movimiento manierista heredado de Italia y tan en boga en España (escuelas burgalesa y vallisoletana principalmente) en los finales del XVI como una reacción a la estética renacentista, pero por otra parte la gran expresividad del rostro, el dramatismo, el fuerte modelado de los volúmenes y un cromatismo muy significativo nos conducen hacia un tipo de escultura que, sin duda, anuncia ya a los grandes imagineros del Naturalismo castellano. A pesar de la antigüedad, el estado de conservación de la pieza es bueno. Ésta es una descripción pormenorizada del mismo. La encarnadura original del siglo XVI ha desaparecido casi por completo por haber sido repintada la pieza en el siglo XVIII, debido posiblemente al mal estado en que se encontrara la que se realizó en origen. La que actualmente presenta es más clara que la primera y menos sanguinolenta (dato que hemos apreciado a través de ciertos desconchones en el repinte), pero no por ello menos importante. Sin embargo, el resto de la policromía es la original: estofados de la capa, rajado del paño de pureza, veladuras del rostro, pigmentación de la corona de espinas, de la cuerda que lo maniata, de la cabellera y de la barba..., a excepción de los retoques realizados en la actualidad allí donde se consideró necesario hacerlos para una digna presentación en público de la imagen. De la misma manera que ha habido que retallar partes de la clámide, de los dedos, de las manos y de los pies, de la corona y de la cabellera que habían desaparecido.

La escultura está documentada y certificada (documentación en poder de la Cofradía) como obra del escultor Pedro de la Cuadra, tallista de la escuela castellana que trabajó en Valladolid y sus alrededores desde el 1595 al 1624. Empezó su labor siguiendo las directrices escultóricas manieristas del momento y que marcaron maestros como Gaspar Becerra y Esteban Jordán, pero pronto su arte había de cristalizar en el naturalismo de los grandes imagineros del siglo XVII. Esta evolución artística se debe sin duda a la estrecha amistad que le unió a Gregorio Fernández, del que recogió, evidentemente, su mensaje escultórico al menos en lo formal, pues no hay que ocultar que si bien el parecido de la imaginería de Pedro de la Cuadra con la de Gregorio Fernández es obvio (al menos en los trabajos realizados dentro del siglo XVII)[1] sin embargo nunca llegó nuestro tallista a lograr la espiritualidad del gran maestro, dotado, amén de su notabilidad escultórica, con una unción espiritual y religiosa en su calidad de devoto creyente, inigualable, rasgo en el que no destacó precisamente Pedro de la Cuadra. En esta obra del Cristo de las Penas, se observa la calidad de imaginero, un gran sentido de la composición en el que el equilibrio de las masas y el equilibrio de la fuerza expresiva se armonizan logrando el sentido plástico que debe presidir toda obra de arte[2].

 

 






 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



[1] Vid. GARCÍA. CHICO, E., Pedro de la Cuadra, Valladolid, 1960; ALONSO CORTES, N: Datos para la biografía artística de los siglos XVI y XVII. Boletín de la Real Academia de la Historia, Madrid, pp. 129-135.

[2] Agradecemos la colaboración desinteresada de don Juan J. Camisón.

sábado, 11 de julio de 2026

 

El castillo de Portezuelo

 

Es una de las mayores fortalezas de nuestra región, construido sobre un promontorio rocoso. Defendía un desfiladero abrupto, abierto entre dos montañas, por el que pasaba la vía Dalmacia, de gran importancia estratégica, porque era camino de reserva para unir los pasos meridionales de la Transierra con las tierras de Ciudad Rodrigo y Salamanca.

El castillo, ubicado en una posición dominante y estratégicamente para aquellos tiempos de un valor incalculable, es de triple reducto, y está flanqueado al exterior por torres redondas, es la seña de identidad del municipio, conocido popularmente como castillo de Marmionda, nombre que se debe a una princesa mora, hija del señor del castillo y entorno a la que gira una leyenda según la cual la fortaleza tenía un alcaide famoso en toda la zona, más que por sus éxitos guerreros, por su bella, hija, la hermosa Marmionda, enamorada de un capitán cristiano que guerreaba contra las tropas de su padre. Correspondida en su amor por el capitán cristiano, los enamorados elucubran la manera de pasar la vida juntos, hasta que un mal día,  durante una batalla, Marmionda cree ver, desde sus habitaciones, como su amado cae muerto a los pies del cerro, y no pudiendo soportar el dolor,  se arroja por los ventanales de su aposento, con tal fuerza que su cuerpo, rodando, va a caer junto a la roca donde yace su amado. Pero el caballero no está muerto, solo inconsciente, así que cuando recobra el sentido se encuentra  a sus pies el cadáver de la bella  Marmionda. Al darse cuenta de la crueldad del destino, el capitán se atraviesa con su propia espada y muere junto a su amada, mezclándose la sangre de ambos en un arroyo carmesí.

 

El castillo está situado sobre un cerro que dominaba el desfiladero por donde pasaba la antigua calzada romana de la Dalmacia, ramal de la vía de la Plata. Vía que une la Sierra de Gata con la Vía de la Plata.Esta calzada “(...) era la senda utilizada por los reyes de León en sus incursiones para reconquistar las plazas de Medina Cauria, Al-Kántara y Al-Cáceres, y más tarde para enlazar las tierras leonesas con la importante fortaleza reedificada por los templarios junto a la vieja Túrmulus, cuyas ruinas evocadoras se alzan sobre un cerrillo en la ribera derecha del Pater Tagus, junto al puente de Alconétar, en uno de los escasos sitios favorables para cruzar el escabroso y difícil río en la provincia de Cáceres”.

Los orígenes del castillo hemos de buscarlos en la ocupación musulmana de la Península Ibérica, muy reformado por la Orden de Alcántara. El cerro del castillo se inicia en el llamado Puerto Negro, por donde pasa el arroyo del Castillo y la carretera a Ciudad Rodrigo. Es un tajo alto, estrecho y formado por cuarcitas verticales. Por la parte septentrional tiene un suelo de cantos sueltos, depósito de derrubios donde se han encontrado piezas con restos fosilíferos de cruzianas, concretamente huellas de reptación de trilobites en los fondos marinos del Paleozoico. Por la parte meridional las cuarcitas próximas al castillo tienen rumbo norte 74° oeste y buzamiento sur 70°. Estas cuarcitas se prolongan hacia el este en estratos normales, presentando de pronto un punto donde aparecen cortadas transversalmente según sistema de fisuras finas, numerosas y paralelas.

El castillo se encuentra actualmente en muy mal estado de conservación, fruto de los numerosos asaltos que ha sufrido a lo largo de su historia, desde que fue construido por los musulmanes, descartado definitivamente por Alfonso IX de León en el año 1213 y los muchos avatares que ha sufrido hasta nuestros días.

Las primeras referencias documentales que hemos encontrado corresponden al año 877, no hay referencia alguna anterior, en el cual ya se cita dicho castillo[i], por lo tanto consideramos que fue construido en esa época, respondiendo a una estructura cuadrangular. La fortaleza sirvió durante gran parte de la Alta Edad Media como defensa contra la expansión cristiana y como una de las principales defensas de la ciudad de Coria, aunque tras la definitiva conquista cristiana siguió teniendo una función similar. Según avanzaba o retrocedía la reconquista fue ocupada tanto por cristianos como por árabes. Portezuelo pasó a manos cristianas por primera vez cuando en el año 914 Ordoño II se introdujo en tierras de moros arrasando todo lo que encontraba a su paso por la vía de Dalmacia[ii]. En el año 997, Almanzor cruzó el puente de Alconétar, tomó Coria y llegó hasta Santiago de Compostela. En esta gesta debió conquistar Portezuelo.

El castillo fue reconquistado en 1167 por el rey Fernando II de León, pasando a manos de la Orden del Temple. Volvió a ser recuperado por los árabes en el año 1196, tras la victoria de Alarcos sobre Alfonso VIII, con el emir almohade Abu Jacob, y rescatado definitivamente por las tropas cristianas del rey Alfonso IX de León en el año 1212 y cedido a la Orden de Alcántara en detrimento de la Orden del Temple, teniendo como consecuencia una continua disputa entre las dos órdenes militares, ya que los Templarios fueron sus antiguos propietarios, hasta la desaparición de esta orden en 1310. Durante estos años y conforme la frontera con los musulmanes se alejaba, mantuvo su función defensiva pero, esta vez, contra las posibles incursiones del Reino de Portugal.  Fueron varios los asaltos y asedios que sufrió este castillo y por tales motivos la Orden de Alcántara comenzó su reconstrucción a partir del siglo XIV, ya que la orden alcantarina constituyó aquí una encomienda, con sede en este castillo, añadiendo paulatinamente construcciones de tipo doméstico, residencial y administrativo. Un dato interesante es la celebración en este castillo del capítulo de la Orden de Alcántara que celebró el último maestre de la misma don Juan de Zúñiga a finales del siglo XV.

Los comendadores del castillo en los siglos XIV y XV fueron: Fray Gonzalo Roco, Esteban Martínez, Bernardo Alonso Pantoja, Diego Rodríguez, Martín González, Diego Fernández. En el siglo XV: fray Alvar  Gómez, Juan de Soto, Gutiérrez de Sotomayor (maestre de la Orden), Andrés López del Castillo, Fernando Carrillo, fray Gutierre de Solís, conde de Coria; Gómez Suárez de Moscoso.

Durante el siglo XVI el estado del castillo llegó a rozar la ruina. El 2 de abril de 1548 se le encargó a Pedro de Ybarra que realizase las obras, siendo rematadas por Alonso Hidalgo. Todas estas obras se llevaron a cabo siendo comendador de Portezuelo don Fadrique Enríquez y donde aparecen de una manera tanto directa como indirecta otros maestros de obras, de canterías o de albañilerías. Dichas reformas se hicieron para adaptar la fortaleza a las nuevos métodos defensivos y a las armas de fuego. Gracias a las encomiendas durante la baja Edad Media y hasta su abandono en la segunda mitad del siglo XVII, disfrutó de gran riqueza. En el siglo XVI, además de don Fadrique Enríquez de Guzmán, fueron comendadores: Domingo Fernández de Velasco, conde de Haro. Durante el siglo XVII, el marqués del Freno y don Luis de Velasco; y en el siglo XVIII, el marqués de Salas, duque de Montealegre. no habiendo referencias de ningún otro más. el castillo estuvo habitado hasta el siglo XVII, segun reza en un documento del archivo parroquial, fechado en el año 1617, segun comunicación al alcaide de la fortaleza que ha sido nombrado visitador de la iglesia de la Villa don Felipe de Trejo Carvajal, señor de las Corchuelas y del castillo de Monfragüe. Al comendador de Portezuelo le correspondía la provisión de curato en la villa del Pedroso, y en El Arquillo.

El castillo, en su forma primitiva, fue el que construyeron los árabes a modo de alcazaba con grandes muros coronados por almenas y sin la torre de homenaje, tal y como era costumbre en la arquitectura morisca. Fue una vez que la fortaleza estuvo definitivamente en manos cristianas, bajo el control de la Orden Militar de Alcántara, iniciándose el programa de reformas que llevaría al edificio hasta su aspecto actual. El Castillo de Portezuelo está cimentado sobre altas y ariscas rocas de pizarra lo que aporta gran solidez al Castillo y explica que su trazado primitivo no necesitara para su defensa de recintos perimetrales, muros de excesivo espesor, ni torres en las esquinas.

La configuración de la fortaleza se basa en un recinto fortificado irregular, cuyos muros no están perfectamente alineados y están coronados por almenas, dentro de los cuales se agrupaban en torno a un patio central las distintas estancias para alojar las caballerías, los bastimentos y la guarnición. En el subsuelo del patio se sitúa un aljibe cubierto con bóveda de cañón. Las dos torres que presenta el baluarte se realizaron en tiempos de la Orden de Alcántara: la llamada torre del Homenaje, en el ángulo noreste, y la torre del ángulo noroeste. La primera en ser realizada fue la torre del Homenaje, datada por el profesor Navareño Mateos a finales del siglo XIII o comienzos del XIV, la cual fue reparada a mediados del siglo XVI. La otra torre, enmarcada en el ángulo noroeste como ya hemos dicho, se realizó a mediados del siglo XVI sobre una torre anterior. Las condiciones de la obra las ejecutó Pedro de Ybarra.

La fortaleza es una construcción de planta en polígono irregular y oblongo (más largo que ancho), de triple muro de fábrica de mampostería y argamasa, con muros rematados en almenas piramidales y cuenta con dos cubos cilíndricos, la torre del homenaje y, en el frente contrario, un cubo cilíndrico. El castillo se compone en la actualidad de tres recintos que en el año 1544 ya se citan como barrera, adarve y alcázar. De la primera barrera los restos son casi imperceptibles y se cree que nunca estuvo acabada. En cuanto al adarve o segundo recinto, la parte mejor conservada es la que mira al este, donde todavía se pueden apreciar el andén y los pretiles, realizado todo en mampostería. En este segundo muro, en su parte noreste, debió existir  una puerta pues sus restos son patentes y que según el profesor Navareño Mateos cree identificar con la denominada “puerta falsa” que aparece en un documento. De igual manera, es en este segundo recinto donde se ubica la denominada, por algunos documentos, como puerta Principal y hoy en día conocida como la puerta del Sol, situada en su ángulo sureste y realizada por alarifes mudéjares: Está realizada en ladrillo, y contiene en su fachada exterior un arco apuntado, mientras que en el interior tiene doble arco. El bajo corresponde al de la fachada de fuera, mientras que el que alberga es de mayores dimensiones. El espacio comprendido entre ambos está formado por fajas de ladrillo y mampostería. Es una de las pocas obras que se encuentran en la región de estas características, correspondiente a las obras llevadas a cabo por la Orden de Alcántara en el siglo XIV. El bajo corresponde al de la fachada de fuera, mientras que el que alberga es de mayores dimensiones. El espacio comprendido entre ambos está formado por fajas de ladrillo y mampostería. Es una de las pocas obras que se encuentran en la región de estas características.

El castillo recibió una importante restauración entre los años 1545 y 1553,por Gaspar López[iii], según proyecto de Pedro de Ybarra, que redacta en 1548 las condiciones para reparar la torre del homenaje y los muros, maestro mayor de las obras de la Orden de Alcántara que continuará con las obras entre los años 1550 y 1565, redactando las condiciones para reparar otros elementos defensivos como almenas, antepechos, torre del homenaje y algunas garitas. La obra fue rematada por Alonso Hidalgo, maestro de carpintería y albañilería, vecino de Alcántara, por un precio de 90.000 maravedís. Las obras fueron realizadas por Pedro Villega en nombre de Alonso Hidalgo. Todas estas obras se llevaron a cabo siendo comendador de Portezuelo don Fadrique Enríquez y donde aparecen de una manera tanto directa como indirecta otros maestros de obras.

El 19 de septiembre de 1561, Hernando de Zárate, mayordomo de la encomienda de Portezuelo, realizó una detallada descripción de la fortaleza, lo que nos permite saber exactamente cual era su estado en esos momentos. Estas descripciones eran realizadas por personas de la confianza del comendador un tiempo antes de que los referidos comendadores tomaran posesión de las encomiendas tal y como ordenaban las Definiciones de la orden.

La fortaleza  se encuentra bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949. Debido al mal estado de conservación de las murallas, la barbacana y la puerta, el torreón cilíndrico macizo para la defensa, se llevó a cabo una intervención arquitectónica dentro del Proyecto "Alba Plata" entre los años 2000-2001, que consistió en la consolidación de los muros, centrándose de una manera puntual en la coronación de los mismos, en el paso de ronda y la consiguiente evacuación de las aguas hacia el exterior. Así como la consolidación de las almenas, la base de los muros y la reconstrucción de la torre del ángulo noroeste. Así como las intervenciones realizadas en el castillo por Adesvalentre los años 2005 y 2006.

 

Desde el punto de vista arqueológico se ha realizado una pequeña actuación consistente en varios sondeos. Uno de ellos se ubicó en el patio de armas, adosado a la cara interna del muro norte del castillo. La exhumación de una sencilla pavimentación en esta zona, induce a pensar que pudiera conservarse este suelo en todo el patio de armas, cuyo acceso desde el exterior, se realizaría a través del muro sur. 

 

















 

 



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CRUCES DE TÉRMINO Y CRUCEROS DE ACEITUNA (CACERES)

 

 

Municipio de la provincia de Cáceres localizado entre los 40° 09’ de latitud norte y los 6° 19’ de longitud oeste. La extensión del término municipal este 41 km² y el casco urbano está situado 472 m de altitud. El término municipal se asienta en el piedemonte de la Sierra de Santa Bárbara, resultando un relieve quebrado, incrementándose las cotas en sentido noroeste.

En el término municipal de Aceituna se ha encontrado un altar de sacrificios y varios petroglifos[1].

De época romana son dos epígrafes rupestres de aparición reciente que documentan una operación de delimitación territorial entre comunidades. Están grabados sobre granito y se localizan respectivamente en los municipios de Aceituna y Montehermoso.

No volvemos a tener noticias históricas del municipio hasta la Baja Edad Media, tan solo destacar la existencia de varias tumbas antropomorfas, posiblemente visigodas.  Aceituna como aldea medieval fue fundada en el siglo XIII como aldea del Señorío de Galisteo, concretamente en el año 1290, figura en un acta notarial fechada en Plasencia. En aquella época Aceituna era aldea sujeta al señorío de Galisteo. Dicho señorío lo componían, además de Galisteo y Aceituna, las localidades de Aldehuela del Jerte, Carcaboso, Guijo de Galisteo, Holguera, Montehermoso, Pozuelo, Riolobos y Valdeobispo.

    En 1429, el rey Juan II hizo donación del Señorío de Galisteo a Don García Fernández Manrique, Conde de Castañeda y Osorio, uno de cuyos herederos obtuvo en 1451 el título de Conde de Galisteo, título que se elevó a Ducado en 1631. A él pertenecen los pueblos de Pasarón, Pozuelo, Torremenga, Montehermoso, Baños, Riolobos, Holguera, Aldehuela, Carcaboso, Valdeobispo, Aceituna.

Aceituna se emancipó como municipio en el año 1837, junto con el resto de los pueblos del señorío.  A la caída del Antiguo Régimen la localidad de constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura (Partido Judicial de Granadilla), entonces conocido como Aceytuna.

 

I.- Cruz de la ermita del Cristo de las Angustias

 

La ermita del Cristo de las Angustias es una sencilla construcción del siglo XVI, frente a la portada de acceso a la misma se eleva una cruz del siglo XX, según consta en la leyenda inscrita en su base: “COLOCO SIENDO PARROCO, AÑO DE 1919”. Sobre una piedra circular de cantería que es una piedra de contrapeso reaprovechada  se eleva la cruz con fuste de sección cuadrado que se apoya en una base cúbica de cantería y sobre un pedestal redondeado.

 

 

II.- Cruz del Agua

La pobreza artística de esta cruz/crucero no está en consonancia con la riqueza de tradiciones que se daban en torno a ella, según el vulgo popular y la peculiaridad de haber sido tallada en la misma roca en su culminación. Podemos decir que más que de un crucero debemos hablar de una cruz sencilla  de sección cuadrada que se levanta sobre una roca natural de la que nace directamente.  No solo los dólmenes son objetos de cristianización, también los menhires como el sorprendente caso que nos ocupa, colocándose una cruz en su cima. Desde la Edad Media  algunos dólmenes y menhires  han sido cristianizados. Es difícil establecer una fecha aproximada para catalogar esta cruz, observamos en un lateral del pedestal o base de la misma un círculo labrado en la misma piedra, presumiblemente pieza de acarreo reutilizada y que es muy semejante al resalte circular que servía en las prensas olearias para soportar el capacho contenedor de las aceitunas sobre el que actuaba la potencia del brazo con contrapeso. Hemos de tener en cuenta que en Aceituna se han localizado restos de la Prehistoria y de la Protohistoria, sobre todo en el paraje conocido como “las Lagunas de Tejares”, así como piedras mojones o hitos en los caminos, concretamente  una lápida sepulcral ha sido reutilizada como mojón de término, próxima a la ermita y cuya transcripción es: “ICI /BORA / FLACI / NOSA / UTE / UTI / DREC / ISCE /TER” (la piedra está partida, por ello, su texto está incompleto)[2]. 

 



[1] PAULE RUBIO, Á: “Tumbas antropomorfas, santuario y petroglifos de Aceituna”. Actas de los XXXII Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 2002.

 

[2] Buscando los paralelos de este epígrafe. Según una delimitación territorial de época de Vespasiano, formada por dos inscripciones rupestres, la una en el término de Montehermoso y la otra en el término de Aceituna, concretamente al sitio de la Dehesa de Navalaguija (Publicación de Enrique Ariño y Ángel Paule en la revista francesa Aquitanie). Una delimitación de términos exige más de dos mojones epigrafiados. Esta piedra totalmente amputada en su materia y texto, no sería muy difícil pensar que en su día ocupó un lugar de delimitación. Estos epígrafes son bastante crípticos. Con las dos rocas epigrafiadas y, si esta fuera una tercera, definiría el trazado de un límite y con ello restituir el trazado del “finis”.  Vid. PAULE RUBIO, Á: “Tumbas antropomorfas, santuario y petroglifos de Aceituna”. Actas de los XXXII Coloquios Históricos de Extremadura, op. cit.







 

CRUCES DE TÉRMINO Y CRUCEROS DE ABERTURA (CÁCERES)

 

 

Abertura es un municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39° 14’ de latitud norte y los 5° 48’ de longitud oeste, sobre materiales pizarrosos y graníticos, característicos de la penillanura cacereña. Pertenece a la macrocomarca y comarca funcional de Don Benito-Villanueva de la Serena.  El casco urbano está situado a 398 m de altitud.

Los restos más antiguos localizados en la población corresponden a la dominación romana: monedas e inscripciones.

El primer documento que encontramos en el Archivo Municipal de Trujillo que hace referencias a la aldea de Abertura está fechado en el año 1353. Consiste en una sentencia dada por don Gonzalo Fernández Añasco concediendo el monte y dehesa de Alcollarín al concejo de Trujillo y señalando los mojones que delimitan la dehesa y también el derecho de propiedad que tienen los vecinos de la aldea de Abertura sobre heredades existentes en los límites de la dehesa citada[1].

En 1594 f[15941ormaba parte de la Tierra de Trujillo[2] en la Provincia de Trujillo[3].  A la caída del Antiguo Régimen la localidad de constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura que desde el año 1834 quedó integrado en Partido Judicial de Logrosán. Si bien los rollos constituían un signo de jurisdicción, en los cami­nos que conducían a algunas poblaciones, a poca distancia de la misma, estaban las cruces de término o cruceros, ante los cuales, los caminantes se postraban en oración y desde los cuales, se impartía La bendición al término municipal; otros, eran punto de reunión o partida hacia una ermita, bien proce­sionalmente o en romería.  En Abertura, y más concretamente en caminos colindantes quedan varias.

 

I.- Cruz del Pilar

Esta sencilla y, a la vez, original cruz situada sobre un cancho se encuentra a la salida del municipio en la Cañada Real Leonesa, en el paraje “El Pilar”, de ahí su nombre y en el antiguo camino a Santa Cruz de la Sierra. La mayor parte del itinerario transcurre por la recuperada cañada que parte de la Plaza de España y continúa por la calle Real Alta y tras pasar por debajo de un puente, en un lateral del camino está la Cruz del Pilar, posteriormente continuamos el camino pasando por un abrevadero y seguimos por la vía pecuaria hasta la carretera comarcal de Herguijuela en dirección a Santa Cruz de la Sierra[4].  Se encuentra encima de un pequeño penedo rocoso, que existe en la zona, en un extremo de un cruce de caminos. El emplazamiento es muy original, pues la superficie de la roca presenta algunas huellas de haber podido poseer grabados rupestres que el tiempo ha hecho desaparecer. La cruz de forja es moderna, sencilla y cuadrangular, se levanta sobre una tosca grada cúbica tallada en todos sus lados.

 

II.- Cruz de la ermita de Santa Ana

 

Situada en el sendero “El Venero”, donde iban antiguamente los vecinos de la población a las tareas de lavandería en las abundantes pilas existentes en los márgenes del arroyo Caballero; un paraje histórico y religioso por encontrarse la Ermita de Santa Ana donde se venera la imagen gótica de Santa Ana Triple[5], un recorrido que nos lleva al antiguo camino de Zorita por el “Cerro de la Cuesta” donde podemos deleitarnos de un agradable paisaje fluvial compuesto de pilas, piedras y un molino hidráulico que aprovechaba las aguas del arroyo mediante un sistema de acequias y compuertas, transformando el cereal en harina.  El fuste es de sección cuadrada y se va estrechando según llega a su coronación, se eleva sobre unas gradas cuadrangulares de cantería y sobre una base de piedra rebajada en sus extremos. Es obra de la primera mitad del siglo XVIII, excepto la cruz, propiamente dicha, que es moderna y de forja. 

 

III.- Cruz o crucero de la Vega

La Cruz es uno de los símbolos más antiguos y universales. Desde épocas precristianas se utilizó como símbolo religioso, representando la unión del cielo y la tierra y los cuatro puntos cardinales. El cristianismo la adoptó aludiendo a la crucifixión de Cristo y su victoria sobre la muerte, y por tanto a la salvación de la humanidad. El culto a la cruz surgió en el año 326 cuando Santa Elena, madre del emperador Constantino I, ordenó excavar en el Monte Calvario para encontrar la Cruz de Cristo. Halló tres cruces y para saber cuál era la de Jesús, hizo traer a un hombre muerto que al entrar en contacto con la Vera Cruz, resucitó.  La devoción a la Cruz de Cristo hizo proliferar las reliquias desde la Edad Media, pues además de su valor espiritual, fueron un motor económico que generaba riqueza a través de las visitas de los peregrinos que buscaban su protección.

La cruz de la Vega se levanta sobre tres gradas circulares. La columna octogonal se alza sobre una base alta y cúbica, con los ángulos superiores rebajados en cada esquina. Sobre la base aparece, muy erosionada la columna y cubierta de líquenes, no teniendo ninguna decoración adicional. Ha desaparecido la cruz. Por las características tipológicas es obra del siglo XVIII.

 

IV.- Cruz en el camino a Alcollarín

En el antiguo camino a Alcollarín localizamos otra Cruz de término de características semejantes al Crucero de la Vega. Con la salvedad de que aquí se conserva el capitel cilíndrico de vaso liso y ricamente trabajado sobre el que se apoyaría la cruz que ha desaparecido. Se levanta sobre tres gradas circulares. La columna cilíndrica, lisa, se alza sobre una base alta y cúbica, con los ángulos superiores rebajados en cada esquina. Sobre la base aparece, muy erosionada la columna, en este caso presenta decoración adicional en su base mediante un rebaje en la moldura.  Es obra de finales del siglo XVIII.

 

 

V.- Cruz en el camino a Santa Cruz de la Sierra

 

En el camino a Santa Cruz de la Sierra nos encontramos con este bello ejemplar de crucero o cruz de término ejecutado en cantería. Descansando en una gran lancha de piedra se alza la cruz sobre una alta y rudimentaria base, sobre la que se eleva una columna de sección cuadrada con capitel cilíndrico de vaso liso y rematado en una cruz moderna de hierro. El conjunto pétreo posiblemente date de finales del siglo XIX. Por una parte marcaban los límites jurisdiccionales, las fronteras del municipio.  Por otra parte, suponían un límite sanitario, ya que hasta allí podían acercarse los enfermos y hasta allí podían salir los vecinos en caso de cuarentena, por eso muchos se situaban cerca de hospitales. Además, eran el último lugar donde el caminante que dejaba la localidad podía encomendarse para tener un buen viaje y evitar los peligros que suponía salir fuera del recinto urbano.

 

 

VI.- Cruz en la iglesia parroquial

 

Esta cruz se encuentra en un lateral del templo parroquial, elevada sobre una rudimentaria base sobre la que se alza un recio fuste cilíndrico de gran diámetro muy erosionado, que ha sido reutilizado ya que se trata de una columna romana con alguna decoración y un soporte en cantería de base exagonal haciendo las funciones de columna y que se completa directamente con la cruz de hierro.

Probablemente haya sido trasladada a este lugar procedente de algún camino. Las cruces de término son cruces de piedra situadas, generalmente, en las encrucijadas de caminos, en las entradas y salidas de pueblos, entradas a lugares sagrados y como hitos para delimitar los términos o municipios y,  para indicar que aquel pueblo ya era cristiano durante y después de la reconquista. Si bien actualmente aun quedan muchas cruces de término en pie, la mayoría de ellas han sido reubicadas debido a las transformaciones de los pueblos o viales, y otras reconstruidas o reemplazadas ya que un importante número de ellas fueron destruidas durante la Guerra Civil. Es obra de los inicios del siglo XX.

 

 



[1] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 1.1, núm. 18, Fol.. 49 vº-51r. 28 de mayo de 1353. Vid. LOPEZ ROL, M. L. Archivo Municipal de Trujillo, catálogo I (1256-1599). Badajoz, 2007; SÁNCHEZ RUBIO, M. A.: Documentación medieval. Archivo Municipal de Trujillo (1256-1516), tres tomos. Institución Cultural “El Brocense”. Cáceres, 1992-1995.

[2] Libro de los Millones o Censo de los Millones de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Libro del repartimiento que se hizo de los ocho millones (de donativo) en virtud de las averiguaciones que se hicieron de las vecindades del Reino el año 1591 para desde el año 1594 en adelante. Real Archivo de Simancas, Contadurías Generales, 2ª época, Inventario 2º de la Contaduría de Rentas, Libro núm. 2970. Recopilado por Tomás González (archivero de Simancas), tras el saqueo de las tropas napoleónicas, y publicado por la Imprenta Real de Madrid, en 1829.

[3] La Provincia de Trujillo fue una provincia de Extremadura (de la Corona de Castilla), vigente entre los años 1528 y 1804 y cuyos territorios estaban situados en las actuales provincias de Cáceres, Badajoz y en el Condado de Belalcázar, actualmente en la de Córdoba. La organización fiscal llevada a cabo en las Cortes celebradas en Madrid en 1528 y en Segovia en 1532, en la que el rey Carlos V y obtuvo del Reino la concesión de servicios pecuniarios extraordinarios que habrían de obtenerse por repartimiento entre las ciudades, villas y aldeas. Para ello se acordó que fuesen precisamente los representantes de las dieciocho ciudades que tenían derecho a procuradores en Cortes los que actuasen como receptores del impuesto, para lo cual se procede a adoptar dos medidas: delimitar los territorios en que cada uno de estos receptores había de recaudar el servicio y proceder al recuento de vecinos de cada territorio para realizar un encabezamiento equitativo. Salamanca como ciudad con voto en Cortes formó una de esas 18 primeras provincias de la Corona de Castilla de la que se desgaja Trujillo en 1653, provincia que da origen a la de Extremadura, reinstaura como intendencias en 1718 por el Cardenal Alberoni.

[4] GIL DURAN, MARIA DEL CARMEN: Abertura, nuestra historia. Cáceres, 2014, pp. 81 y 82.

[5] Vid. nuestro trabajo RAMOS RUBIO, J. A: “Grupo escultórico de Santa Ana Triple (Abertura)”. Revista Guadalupe, núm. 822, año 2011, pp. 27 y 28.