La Plaza de
Toros de El Castañar: La Ancianita
En un enclave privilegiado de la sierra bejarana,
rodeada de frondosos castaños y situada junto al santuario de la Virgen del
Castañar, patrona de Béjar, se alza uno de los monumentos taurinos más
singulares de España: la Plaza de Toros de El Castañar. Considerada una de las
plazas de toros más antiguas del país, este coso constituye un excepcional
testimonio de la evolución de la arquitectura taurina española y del arraigo de
las celebraciones populares vinculadas al mundo del toro en Castilla y León.
La historia de esta plaza refleja más de tres siglos
de transformaciones arquitectónicas, acontecimientos festivos y manifestaciones
culturales que han contribuido a consolidar su prestigio dentro del patrimonio
histórico español. Conocida popularmente como “La Ancianita”, la Plaza de Toros
de El Castañar representa un símbolo de identidad para la ciudad de Béjar y un
referente para el estudio de la tauromaquia tradicional.
1.- Los orígenes de la actividad
taurina en El Castañar
Las primeras referencias documentales relacionadas con
la celebración de festejos taurinos en El Castañar se remontan al año 1667. En
aquella fecha se solicitó autorización al alcalde de Béjar, Juan de Carpio y
Gijón, para la organización de corridas de toros en dicho paraje. Las
celebraciones se desarrollaban en una plaza provisional construida en madera y
protegida mediante cercados y enrejados, una práctica habitual en numerosas
localidades españolas durante los siglos XVII y XVIII.
Estos primeros festejos se integraban dentro de las
celebraciones religiosas y populares vinculadas al santuario de la Virgen del
Castañar, convirtiéndose rápidamente en un acontecimiento de gran relevancia
social para los habitantes de Béjar y su comarca. La creciente popularidad de
estos eventos llevó a las autoridades locales y a la nobleza a plantear la
construcción de una instalación permanente.
2.- La construcción de la primera
plaza permanente
El impulso definitivo para la creación de un coso
estable llegó en 1706 bajo el patrocinio del duque Juan Manuel II de Zúñiga y
Sotomayor. Este noble decidió sustituir la antigua estructura de madera por una
construcción más sólida y duradera realizada en piedra.
La nueva plaza presentaba inicialmente una planta
cuadrangular, característica poco frecuente desde la perspectiva actual, aunque
relativamente habitual en las primeras instalaciones taurinas permanentes. La
inauguración práctica de este recinto tuvo lugar durante el verano de 1707,
coincidiendo con las celebraciones organizadas por el nacimiento del príncipe
Luis de Borbón, heredero de la Corona española, quien posteriormente reinaría
brevemente con el nombre de Luis I.
Aquellos festejos constituyeron uno de los primeros
grandes acontecimientos celebrados en la nueva plaza, consolidando la
importancia del recinto dentro de la vida festiva y social de la ciudad.
3.- La inauguración oficial de 1711
y las reformas del siglo XVIII
Aunque la construcción estaba ya en uso desde 1707, la
inauguración oficial de la plaza tuvo lugar en 1711. Durante los años
posteriores se llevaron a cabo importantes modificaciones arquitectónicas que
transformaron significativamente su aspecto original.
La más destacada consistió en la sustitución de la
planta cuadrada por una estructura octogonal, una solución arquitectónica que
permitía mejorar la visibilidad del espectáculo y acercaba progresivamente el
recinto a las formas circulares que acabarían imponiéndose en las plazas de
toros españolas.
En 1713 fueron inaugurados dos elementos fundamentales
del conjunto: los denominados toriles de “La Virgen” y “La Pedriza”, espacios
destinados a la salida y manejo de las reses. Estas mejoras evidencian el
proceso de especialización funcional que experimentó el recinto a lo largo del
siglo XVIII.
4.- Evolución arquitectónica y
configuración actual
La Plaza de Toros de El Castañar constituye un
magnífico ejemplo de arquitectura popular adaptada a las necesidades de los espectáculos
taurinos. A lo largo de los siglos fue evolucionando desde sus formas
primitivas hasta alcanzar la configuración actual.
Hoy en día se presenta como un polígono exento que
alberga un ruedo circular de aproximadamente 41 metros de diámetro. La capacidad
del recinto alcanza las 4.200 localidades, lo que la convierte en una
instalación de tamaño considerable dentro de las plazas de tercera categoría.
A pesar de las numerosas reformas realizadas, todavía
se conservan vestigios de su primitiva estructura rectangular, especialmente
visibles en la zona oriental del graderío. Estos restos constituyen un
importante testimonio material de las distintas fases constructivas que ha
experimentado el edificio.
Entre los elementos arquitectónicos más destacados
sobresale el inmueble de tres plantas construido durante la segunda mitad del
siglo XIX. Este edificio alberga el palco presidencial, las taquillas, los
servicios sanitarios, la enfermería y diversos palcos destinados a las
autoridades e invitados.
5.- La plaza durante el siglo XIX
Durante el siglo XIX la plaza vivió una etapa de gran
actividad taurina. Numerosos matadores de renombre participaron en los festejos
celebrados en Béjar, contribuyendo al prestigio nacional del coso.
Especial relevancia tuvo la corrida celebrada en 1854,
cuyo cartel estuvo integrado por destacadas figuras del toreo como Curro
Cúchares, Lucas Blanco y Julián Casas, conocido artísticamente como “El
Salamanquino”. Este acontecimiento constituye uno de los episodios más
recordados de la historia taurina de la ciudad.
La presencia de estos toreros refleja la importancia
que la plaza había alcanzado dentro del circuito taurino español, siendo
considerada una referencia obligada para los aficionados de la región.
6.- Julián Casas “El Salamanquino”:
figura emblemática de Béjar
Entre los numerosos toreros vinculados a la Plaza de
El Castañar destaca especialmente Julián Casas, conocido como “El
Salamanquino”. Nacido en Béjar el 16 de febrero de 1818, era hijo de un militar
y de una familia acomodada vinculada a la industria textil local.
Inició su carrera taurina en 1838 en Salamanca,
integrándose en la cuadrilla de José Santos. Su habilidad y carisma le
permitieron alcanzar rápidamente una extraordinaria popularidad. Durante
décadas fue una figura imprescindible en los festejos celebrados en Béjar,
hasta el punto de que muchos matadores consideraban fundamental contar con él
en sus cuadrillas para obtener el favor del público local.
Su despedida de los ruedos tuvo lugar durante las
corridas reales organizadas con motivo de las bodas de la infanta Isabel de
Borbón. Compartió cartel con figuras legendarias como Lagartijo, Frascuelo,
Currito, Cayetano Sanz y Manuel Hermosilla.
Falleció en Salamanca el 14 de agosto de 1882, dejando
tras de sí el recuerdo de un torero respetado y admirado por su profesionalidad
y dignidad.
7.- Restauraciones y conservación
patrimonial
La conservación de la plaza ha requerido diversas
intervenciones a lo largo del siglo XX. Una de las más importantes tuvo lugar
en 1962, cuando se acometieron obras destinadas a garantizar la estabilidad
estructural del recinto y adaptar algunas de sus instalaciones.
Sin embargo, el paso del tiempo provocó un progresivo
deterioro que llevó al cierre temporal de la plaza durante varios años. Tras un
largo periodo de inactividad, se emprendió una profunda restauración destinada
a recuperar el valor histórico y funcional del monumento.
Las obras respetaron cuidadosamente los materiales
originales, especialmente la piedra tradicional utilizada en la construcción.
Asimismo, se incorporaron nuevos elementos imprescindibles para la celebración
de espectáculos taurinos modernos, entre ellos el callejón que rodea el ruedo.
8.- La reinauguración de 1996
El 9 de agosto de 1996 marcó un momento histórico para
la ciudad de Béjar con la reinauguración oficial de la Plaza de Toros de El
Castañar tras veintisiete años sin actividad taurina.
La corrida inaugural contó con la participación de
destacados matadores del panorama nacional como Emilio Muñoz, José Miguel
Arroyo “Joselito” y José Ignacio Sánchez, lidiando reses de la ganadería de
Manuel San Román.
El acontecimiento congregó a miles de aficionados y
simbolizó la recuperación definitiva de uno de los monumentos más
representativos del patrimonio bejarano.
9.- El Museo Taurino de Béjar y
celebraciones
Como complemento a la función cultural de la plaza, en
1998 se instaló en el edificio principal el Museo Taurino de Béjar. Este
espacio reúne una importante colección de objetos relacionados con la historia
de la tauromaquia local y nacional.
Entre las piezas expuestas destacan trajes de luces,
carteles históricos, fotografías, documentos, utensilios taurinos y recuerdos
de las principales figuras que han pasado por el coso de El Castañar.
El museo desempeña una importante labor de
conservación, investigación y difusión del patrimonio taurino, contribuyendo a
preservar la memoria histórica de la plaza.
La relevancia histórica y cultural de la Plaza de
Toros de El Castañar fue reconocida oficialmente mediante su declaración como
Bien de Interés Turístico Cultural el 7 de mayo de 1998.
Posteriormente, en 2011 se celebró el tricentenario de
la inauguración oficial del coso. Con motivo de esta efeméride se organizaron
numerosas actividades culturales, exposiciones, conferencias y festejos que
pusieron en valor la importancia histórica de la plaza.
Las celebraciones permitieron proyectar la imagen de
Béjar a nivel nacional y reforzar el reconocimiento de “La Ancianita” como uno
de los monumentos taurinos más emblemáticos de España.
Entre los actos conmemorativos del tricentenario
destacó la inauguración de una estatua dedicada a Julián Casas “El
Salamanquino”, situada en la entrada principal de la plaza.
El monumento constituye un homenaje permanente a uno
de los toreros más representativos de la historia local y simboliza el vínculo
entre la ciudad, la plaza y las generaciones de aficionados que han contribuido
a mantener viva esta tradición.
La Plaza de Toros de El Castañar constituye una de las
construcciones taurinas más antiguas y valiosas de España. Su historia,
iniciada en el siglo XVII, refleja la evolución de la tauromaquia, de la
arquitectura popular y de las tradiciones festivas de Béjar.
Las sucesivas reformas, restauraciones y actuaciones
de conservación han permitido preservar un monumento singular que combina
valores históricos, artísticos, arquitectónicos y etnográficos. Gracias a ello,
“La Ancianita” continúa siendo un referente patrimonial de primer orden y un
símbolo inseparable de la identidad cultural de la ciudad de Béjar.
Más allá de su función como escenario de espectáculos
taurinos, la plaza representa un legado histórico que permite comprender la
evolución social y cultural de la España moderna y contemporánea, manteniéndose
como uno de los testimonios más significativos de la tradición taurina
española.
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