domingo, 5 de abril de 2026

 

ICONO MARIANO, VIRGEN CON NIÑO OBRA INEDITA DE LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XV

 

 

 

Icono Valenciano

En colección particular. Segunda mitad del siglo XV. Se encuentra en lamentable estado de conservación.

125 x 76 cms.

 

 

En colección particular de Aranjuez, población situada al sur de la Comunidad Autónoma de Madrid, hemos localizado una magnífica tabla (icono) de la segunda mitad del siglo XV[1], procedente de Valencia.

A lo largo del siglo XV Valencia conoce un notable desarrollo demográfico y económico que la convierte en una ciudad abierta y un gran centro comercial y financiero. La prosperidad otorgará a Valencia de un papel hegemónico entre las ciudades de la entonces Corona de Aragón y favorecerá un florecimiento cultural importante[2], acrecentado por su puerto, pues además de ocupar un lugar esencial en el comercio de cabotaje uniendo las costas catalanas y occitanas con las del sur de España y norte de África, se había convertido en una escala obligatoria en las comunicaciones marítimas entre el Mediterráneo y el Atlántico, llegando al puerto numerosos mercaderes y artistas extranjeros, especialmente italianos, y también alemanes y flamencos. Valencia se convirtió en la principal plaza bancaria de la Corona de Aragón, llegando a ser un centro financiero de primer orden. El auge económico elevó el nivel de vida de Valencia en la segunda mitad del siglo XV, produciendo un esplendor económico-social como testimonian los viajeros que la visitaron y dejaron constancia en sus escritos[3].

 

            El desarrollo económico tuvo su efecto cultural en un incremento notable del auge de la Iglesia valentina, aumentando su principal fuente de ingresos que eran los diezmos. El obispado de Valencia se convirtió en uno de los más ricos de la provincia eclesiástica Tarraconense, y a mediados del siglo XV ya era la mitra de mayor dotación económica de la Corona de Aragón, con 18.000 ducados de renta anual, superando a Barcelona y a Gerona[4].

            La riqueza puesta en manos de los eclesiásticos favoreció el florecimiento del arte sacro, gracias a las rentas de que disfrutaba el alto clero, pudiendo ejercer un espléndido mecenazgo en obras artísticas de gran belleza como este icono localizado en una casa particular de Aranjuez y que procede de Valencia, cuyas principales características son: Rostros y figuras de gran realismo y gran tamaño de influencia florentina; seguridad en el dibujo; composición caracterizada por figuras apretadas

Expresividad y variedad de gestos (gran tamaño de las manos y la cara); especial preocupación por la anatomía y la luz; alargamiento el canon en la figura humana y  contenido simbólico que repercute en el enriquecimiento de la iconografía. Los intercambios e influencias entre Oriente y Occidente, entre la pintura bizantina y el arte italiano, han quedado reflejados plásticamente en varias tablas, en accidentalizados iconos, que ejercieron un enorme interés entre los fieles valentinos. De Italia llegaron la mayor parte de “tablas de Oriente” que se conservan en la Comunidad Valenciana[5].

           

Por lo general esta obra inédita que presentamos en este trabajo, se caracteriza por un magnífico dibujo, la delicadeza en el uso de los colores y un gran naturalismo y refinada elegancia. La grandiosidad de las figuras con características del mundo flamenco, sobre todo en detalles y expresiones. Se respira el espíritu de la pintura italiana del Trecento, la elegancia de sus figuras, el refinamiento de la técnica, y también la influencia del arte bizantino.

Este icono está muy cercano al prototipo de Virgen de la Ternura o La Eleúsa, que es uno de los que más versiones y más variantes presenta en la pintura occidental, ya que la define el sentimiento que dejan traslucir los iconos en los que la Virgen y el Niño aparecen representados en una actitud más maternal y humana. Existe un gran afecto expresivo entre ambos, intimidad, ya que se representa a la Virgen –vestida con túnica roja y manto oscuro que cubre su cabeza y no permite ver el cabello, característica tan frecuente en los iconos postbizantinos más occidentalizados- sosteniendo al Niño con ternura e inclina levemente su cabeza para recibir la de su Hijo, que se nos ofrece casi desnudo cubriendo parte de su cuerpo con un manto púrpura y bendiciendo con la derecha al modo griego y dirigiendo la mirada al espectador, con abundante cabellera rubia ondulante. Un detalle tomado de los pintores del Trecento que se repite en todos los ejemplos de este singular prototipo iconográfico es la postura de las piernas del Niño: la derecha algo extendida y la izquierda doblada y, por tanto, representada sólo hasta la rodilla. Esta obra plásticamente los sentimientos y las emociones., detalles cotidianos consiguiendo la humanización del arte y que permitía identificar a los fieles con los personajes sagrados. Se observan algunas características típicas de los pintores italianos de iconos, como la robustez de la figura de María, los adornos góticos de la indumentaria y los marcados contornos en negro. María, pintada con una fina epidermis que resuelve su límpida tez virginal, una profunda mirada de ojos almendrados eco de la pintura bizantina asimilado por un pintor que conocía bien los modelos italianos, que conlleva implícito el irrepetible fiat de María que transformó la historia universal, la historia de la frágil condición humana. La figura de la derecha puede representar al arcángel Miguel vestido de peregrino, con cabellos ondulantes como el Niño, portando uno de los instrumentos de la Pasión.

Esta tabla, en definitiva, presenta algunos detalles primorosos como la fina factura, el dulce y delicado rostro de las figuras y la abundancia del dorado de fondo, que la revela como una obra de cierta calidad artística.

Una restauración avalada, con este documentado estudio previo podría legitimar y garantizar su adecuada conservación, y nos permitiría aproximarnos más a su origen y procedencia.

 



[1] Agradecimiento a don Carlos Alfonso Marcos Plaza

[2] Es muy expresiva la carta enviada en 1500 al papa Alejandro VI para pedirle la aprobación del Estudi General que se había creado, donde le hacían notar que la ciudad merecía esta distinción porque era “una de les principals e populosa delmón”. Archivo Municipal de Valencia, Lletres misives, 33, ff. 219vº-220 r. Valencia se encontraba demográficamente y económicamente al mismo nivel que ciudades como Roma, Gante o Génova.

[3] Munzer, H: Itinerarium Hispanicum, versión latina, recop. J. PUYOL, en Boletín de la Real Academia de la Historia, 1924, pp. 21-31; Dietari del capellà dÀnfós el magnànim, introducción, notas y transcripción por J. SANCHIS SIVERA, Valencia, 1932, p. 377.

[4] PONS ALOS, V: “La diócesis de Valencia durante los pontificados de los Borja”. Anales Valentinos, 53, 2001, pp. 93-96; SOBREQUES I VIDAL, S: “Láfer de les diócesis catalanes vacants en 1457-1460 i la politica italiana de Joan II”, en IX Congreso de Historia de la Corona de Aragón, III, Zaragoza, 1984, pp. 341 y ss.

[5] Existen obras en la iglesias parroquiales de Monteolivete y San Agustín; en el Real Monasterio de la Stma. Trinidad; en el Monasterio de Santa María del Puig; en el Convento de San Cristóbal; en el Museo Municipal Histórico de Valencia; Museo de Bellas Artes de Valencia y en la propia Catedral de Valencia; en el Monasterio de Santa Clara de Gandía, en el Convento de Corpus Christi de Villarreal o en el Monasterio de los padres Carmelitas del desierto de las Palmas en Castellón, por citar algunos ejemplos.


 


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