miércoles, 2 de abril de 2025

 

Aproximación al culto a los antepasados en la edad contemporánea

 

La creación de los cementerios en España surge como resultado de unas políticas que se fueron difundiendo a lo largo del siglo XVIII en Europa, que tenían como principal objetivo la prevención de enfermedades infecciosas a través del contacto con cadáveres tras el incremento de las epidemias. El cambio de mentalidad se produjo esencialmente en Francia donde se producen las primeras señales de alarma alrededor de 1740. En 1737 el Parlamento de París encargó una investigación sobre el estado de los cementerios. A las ideas vertidas por algunos ensayistas a raíz de los resultados de dicha investigación, se añade, en 1744, la muerte de varias personas en Montpellier después de asistir a un funeral. La opinión de las funestas consecuencias de enterrar en las iglesias se consagró y difundió en la Enciclopedia, en donde D´Alambert defendió la necesidad de crear un gran cementerio fuera de la ciudad. Las ideas se concretaron en primer lugar en un Edicto de 12 de marzo de 1763 en el que el Parlamento de París planteaba que todos los cementerios parroquiales se sacasen de la ciudad. Medida que se aplicaría con la declaración de Luis XVI del 10 de mayo de 1776, que recogía disposiciones planteadas dos años antes por el arzobispo y el Parlamento de Toulouse[1].

 

Poco a poco su desarrollo se normaliza y es en el siglo XIX cuando los cementerios fuera de las poblaciones verán su máximo esplendor. En ellos, tendrán cabida toda clase de construcciones arquitectónicas, escultóricas y, en definitiva, de manifestaciones artísticas como forma de distinción social. El culto a los difuntos y el tema de la muerte formará parte de la vida cotidiana, recobrando un mayor significado, al igual que lo haría en la Antigüedad y la Edad Media.

 

Será en el primer cuarto del siglo XIX cuando se de impulso a las medidas legislativas, tendentes en primera instancia a la creación de cementerios para en una segunda fase trasladarlos a las afueras de las localidades. Son numerosas las disposiciones con este fin, lo que hace ver el incumplimiento de las mismas, tanto por parte de las autoridades municipales como por parte de los cargos eclesiásticos. 

 

Siguiendo el testimonio francés y tras unas muertes ocurridas en la villa guipuzcoana de Pasajes en 1781, la Corte española inició un expediente que se publicó en 1786 con el título de Memorial Ajustado sobre el establecimiento general de cementerios[2]. El trabajo iniciado por el Consejo en 1781 trataba de buscar referencias en otras cortes europeas y recoger las opiniones más autorizadas dentro del país. Se recibió información de Roma, Turín, Venecia, Parma, Florencia, Viena y París[3].

 

La primera Real Cédula parte del 3 de abril de 1787[4], dictada por Carlos Ill una vez fueron constatados los efectos de las epidemias acaecidas en varias localidades. Hasta mediados del siglo XIX los muertos eran enterrados en el interior de las iglesias o terrenos colindantes, a pesar de la reiterada legislación que desde 1787 lo prohibía. La Real Cédula de 1787 es el primer intento de sacar los cementerios fuera de las localidades[5], ratificándolo con la Real Orden Circular de 26 de abril de 1804 que pretendió activar la construcción de cementerios para evitar los perjuicios ocasionados a la salud pública por los enterramientos en los templos[6].

 

El Decreto de 23 de junio de 1813, aprobaba la Instrucción para que el gobernador económico-político de las provincias señalase que estaba a cargo de los ayuntamientos en cuidar de que cada pueblo tuviera su cementerio, convenientemente situado (artículo 1)[7].


La principal lucha hasta mediados del siglo XIX es la consecución por parte del Consejo Real y autoridades provinciales de una homogeneización inhumatoria en cementerios, para toda España. Será en 1833 cuando se vuelva a contar con indicaciones referentes a la construcción de cementerios, a pesar de existir algunas medidas relacionadas con el tema de enterramientos.  La Real Orden de 2 de junio de 1833 decreta que los Intendentes, junto a los Corregidores, Alcaldes Mayores y Ayuntamientos dispondrán al empleo efectivo de los recintos creados a tal fin, debiendo remitir un informe antes de un mes con los pueblos que no cuenten con cementerio. Donde no existan, deberán ser sufragados los costes de su construcción "á costa de los fondos de las fábricas de las iglesias, que son los primeros obligados a ello". Su carencia deberá ser justificada de forma exhaustiva y expresa para que pueda ser utilizada ayuda municipal, como el destino de tierras concejiles o de propios. Los enterramientos en iglesias o intramuros de pueblo serán de nuevo prohibidos el 16 de junio de 1857.

 

Será en el último tercio del siglo XIX cuando la administración intenta establecer unas obligaciones en la localización de los camposantos que sean cumplidas a lo largo y ancho del país, sin excepciones. La Real Orden de 19 de mayo de 1882 claramente especifica a raíz de las malas condiciones con que contaban los cementerios extremeños que han de emplazarse en lugar elevado, contrario a la dirección de los vientos dominantes. La Ley de 19 de mayo de 1882 incorpora ya la necesidad de contar con espacios para los no católicos en los cementerios de nueva creación.

 

Por lo tanto, en la primera mitad del siglo XIX se crearon los cementerios en las afueras de las ciudades y se logró un consenso entre autoridades civiles y eclesiásticas sobre su regulación jurídica. La Ley Laica de Cementerios de 1883 rompió esta unidad, pero la evolución del derecho civil y canónico durante el siglo XX posibilitó una nueva convergencia. Actualmente los cementerios tienen una regulación que manifiesta el nuevo consenso alcanzado en el ámbito estatal y eclesiástico. La Ley
49/1978, de 3 de noviembre, de enterramientos en cementerios municipales, establece que los Ayuntamientos están obligados a que los enterramientos que se efectúen en sus cementerios se realicen sin discriminación alguna por razones de religión ni por cualesquiera otras.

 

A pesar de la tardía sistematización del arte decimonónico en los cementerios extremeños, hemos encontrado una amplia gama de estilos (neoclasicismo, eclecticismo,  romanticismo) que muestran los panteones ubicados en la parte decimonónica en algunos cementerios extremeños, por ejemplo tenemos el caso del cementerio trujillano, uno de los más antiguos de Extremadura inaugurado en 1870[8], donde podemos observar claramente, gracias a los panteones las diferencias sociales existentes en la ciudad: la élite noble de la ciudad, una nueva burguesía, dueña de los medios de producción y consumo; y, la clase obrera, éstos se enterraban en el suelo o en nichos modestos. Un panteón es un monumento funerario que se caracteriza por tener la zona del enterraiento cubierta por un pequeño edificio, generalmente estamos ante enterramientos familiares para personas de situación social y económica alta. Nos encontramos con suntuosos panteones pertenecientes a las familias nobles trujillanas, entre los que destacamos, el de don Francisco Orellana Bravo (1820), don Pedro de Abecia (1841), don Fabián de Orellana y Bravo (1873), de don Félix Spina García de Paredes (1883), del Excmo. Sr. Marqués de la Conquista y Vizconde de Amaya, Orellana Pizarro (1889); del Conde de Tres-Palacios (1891), doña Ramona Romero de Castañeda (1900), don José Montalvo Martín y doña Antonia Núñez (1930); de Vargas, viuda de Montalvo (1949), familia de Castellano; entre otros.

 

En cementerios como el de Trujillo, Plasencia, Arroyo de la Luz, Montánchez, Mérida o el cementerio viejo de Badajoz, hay numerosas pilastras, entablamentos, frontones, pináculos, y de otros elementos que aportan el reconocimiento de la historia y nos transportan a un lenguaje decimonónico. En algunos de los cementerios encontramos increíbles historias, como en el de San Juan de Badajoz, un relato que comienza el 4 de junio de 1883, cuando Reinerio Marcos falleció. Un joven estudiante de la Escuela de Minas dejó esta vida, pero su madre se resistió a alejarse de su recuerdo. Máxima Hiarte mandó erigir un panteón en honor de su hijo. Lo quiso tan alto para poder verlo desde su casa, en el número 24 de la calle San Juan. Hacia ese lugar mira la escultura que sujeta los aparejos de la que iba a ser su profesión y que corona el monumento funerario. La madre murió dos años más tarde aquejada de una dolencia cardíaca. En el panteón, un ángel y dos candelabros con forma de esqueleto, custodian todavía hoy a Reinerio.

 

En la mayoría de los cementerios extremeños, por decirlo de alguna manera, con sabor artístico y antigüedad histórica decimonónica, encontramos un interesante y abundante repertorio iconográfico utilizado en panteones, propio de la imaginería funeraria de la época, pero se decanta por los símbolos que, de forma poética y con referencias a la Antigüedad, aluden a la fugacidad de la vida frente, al menos cuantitativamente, a los símbolos cristianos: reloj de arena alado, la mariposa, la lechuza, la calavera con alas de murciélago sobre la guadaña, antorchas invertidas y urnas cinerarias veladas; y la reiteración de las virtudes teologales en forma de bustos, ángeles con los atributos habituales: la Fe aparece con los ojos vendados y porta la cruz y un cáliz; la Esperanza es representada por un ancla, y la Caridad por un corazón.

 

Un arte funerario rico en simbología, tanto cristiana como eminentemente funeraria. El motivo decorativo más utilizado es la imagen de la Cruz, omnipresente en la mayoría de los cementerios extremeños; el dolor se manifiesta por medio de imágenes como una antorcha apagada o una columna rota, símbolos de una vida truncada; la devoción es patente en las representaciones de Cristo, la Virgen, ángeles o santos. A esta decoración hemos de sumar también los elementos propios constructivos como molduras, frisos, pilastras, arcos y remates decorativos. Generalmente suelen aparecer motivos escultóricos en las tumbas y los nichos, tanto relieves como de esculturas de bulto redondo, de materiales muy diversos, generalmente utilizando la piedra en las tumbas-panteón y, en los motivos decorativos del propio nicho en relieve.

 

El motivo religioso más frecuente presente en los cementerios extremeños es la figura de Jesucristo que se representa generalmente en brazos de su madre, haciendo alusión también a la muerte de Cristo; Cristo crucificado; un tema muy habitual que representan amor de Cristo es la representación del Sagrado Corazón de Jesús. Algunas de las esculturas incluidas en bulto redondo en los nichos hacen referencia a Cristo crucificado, la Asunción de la Virgen, rostros de ángeles, la Piedad o Jesús en brazos de su Madre o de un ángel que sostienen la cabeza inerte de Jesús mientras que su Madre le besa la frente, la Virgen del Carmen, los rostros de San José, María y Jesús (la Sagrada Familia) y algunos santos como San José y el Niño Jesús o San Francisco de Asís y San Antonio de Padua, haciendo referencia claramente a la devoción de los difuntos allí enterrados tenía a cada uno de los santos en los que buscaba su protección divina. Algunos nichos están decorados con representaciones de algunas de las estaciones de la Pasión y Muerte de Cristo, el motivo más repetido es la escena del Huerto de los Olivos, la caída de Jesús o el paño de la Verónica, la Crucifixión y la escena del Calvario, que sirve para recordar la futura resurrección.

 

En algunos nichos la fe se representa con la imagen de la Cruz y junto a ella, el ancla que representa la esperanza, que es el apoyo firme y que impide que el alma se pierda. También, algunos nichos están decorados sencillamente con un querubín.

 

En el cementerio emeritense destacamos una Piedad labrada en piedra coronado el panteón familiar donde el escultor Juan de Ávalos quiso que descansaran los restos de sus padres. Esta escultura fue ejecutada en 1953 y se colocó en la tumba al año siguiente, siendo esta obra el modelo que serviría de base a la que en el Valle de los Caídos remataría la entrada a la basílica. A su fallecimiento en 2006, el propio Juan de Ávalos García-Taborda fue enterrado igualmente en este panteón, donde sus restos yacen hoy en día junto a los de sus padres, hermanos y otros familiares.

 

Un apartado especial en las representaciones icónicas de los cementerios consiste en recordar al difunto con una fotografía colocada en el nicho, protegida por un cristal o en un esmalte (valor sentimental), éstas son relativamente recientes, corresponden generalmente a los últimos 40 años. Incluso, en algún nicho aparecen representadas advocaciones marianas relacionadas con la patrona de la localidad en cuestión.

 

Los Ángeles son también un motivo repetido tanto las tumbas como en los nichos. Algunos de los motivos que explican la numerosa representación de ángeles en el cementerio, es porque se les considera compañeros de viaje hacia el otro mundo, nos han acompañado en esta vida y por ende también son compañeros de viaje en la muerte, sólo aparece recogiendo el alma del difunto para llevarla al cielo. Generalmente, los enterramientos de niños pequeños suelen estar acompañado por un querubín o ángel con las alas desplegadas. Algunos de estos ángeles se encuentran abrazando a una cruz, pudiendo estar relacionado con la Pasión de Cristo.

 

También son numerosos los panteones y las tumbas decoradas con simbología de carácter profano y funerario. Por ejemplo, algunos relieves existentes en cementerios extremeños representan una manecilla de un reloj y un sol arrojando sus rayos, como un símbolo del final del tiempo, la llegada de la muerte. Por otro lado, también de tumbas en las que se representan símbolos funerarios, alusivos a la muerte, utilizando frecuentemente motivos vegetales, como coronas de flores, ramos y guirnaldas esculpidas en la piedra, material utilizado frecuentemente en las tumbas o, en las decoraciones de las rejerías. Otro de los símbolos frecuentes, tanto en las paredes de los panteones como en las rejas es un reloj de arena, representado con dos pequeñas alas, que nos recuerda que el tiempo pasa rápido y hay que estar alerta ante la muerte.

 

También suelen aparecer cruces abrazadas con la hiedra, que con su unión simboliza esa estrecha relación entre la vida y la muerte. También es un motivo muy frecuente en las rejas de los panteones. Las flores están muy presentes como símbolo funerario, símbolo de pureza y eternidad como los lirios o las rosas, símbolo de amor eterno. La calavera es otro motivo repetido en los cementerios e igualmente, el fuego, símbolo de la vida y de la purificación que está presente en antorchas y pebeteros en las cubiertas de los panteones, generalmente a ambos lados de una cruz de piedra.

 

Los animales más representados en las tumbas son el murciélago, animal asociado a la oscuridad, y el búho con las alas parcialmente desplegadas, por vivir de noche y en la oscuridad, está asociado al mundo de las tinieblas, es el símbolo de la tristeza.

 

En la construcción de panteones y tumbas  de algunos cementerios extremños se observa claramente la diferencia entre las personas de distinta posición social, quedó más patente en los elementos decorativos y simbólicos decimonónicos y de la primera mitad del siglo XX. Las personas trataron de personalizar sus enterramientos construyendo panteones suntuosos, tal y como hemos estudiado, así como la decoración de sus tumbas mostrando así la distinción social o superioridad económica de la familia. Considerando, igualmente, que enterrar a sus muertos en panteones elegantes donde desplegar una importante decoración era rendir un mayor homenaje al difunto tras su muerte, una muestra del cariño y la admiración que la familia tenía con respecto al finado.

 

Los cementerios extremeños también presentan un muestrario interesante de la arquitectura del hierro y del estilo modernista. Las rejas que decoran la mayoría de los cementerios son de hierro o bronce, utilizadas tanto para el cerramiento de las tumbas mediante cadenas como para las puertas de los panteones. Hemos de destacar un importante muestrario de cruces de hierro que coronan las tumbas terrestres, así como el cerramiento de algunas tumbas-panteón. Los motivos decorativos más utilizados es la decoración geométrica a base de líneas curvas, rejas y cruces decoradas con volutas y ces, dispuestos de forma simétrica. En múltiples ocasiones nos encontramos con motivos ondulados que combinan con formas geométricas como cruces dando lugar a complejas composiciones. También está presente la decoración de motivos vegetales como flores, ramas u hojas, siendo las más frecuentes las flores de cinco pétalos y las hojas de hiedra, y además de ser un motivo decorativo tienen también un destacado carácter simbólico, ya que evocan el abrazo entre la vida y la muerte.

 

En el cementerio viejo de Badajoz  está el panteón más alto de todo el camposanto y el que guarda la leyenda más conocida es el del estudiante de minas Reinerio Marcos. Su tumba está junto a la de Covarsí y a la de los Vaca y destaca porque la escultura del muchacho, que falleció en 1885 cuando tenía 21 años, está encima de su panteón. Cuentan las crónicas de la época que era hijo único y su madre, viuda y sola en el mundo, encargó un monumento de altura para poder verlo desde su casa de la calle San Juan. En su interior, y como curiosidad, pueden verse dos candelabros de plata sujetos por esqueletos.


 

 

Bibliografía

 

Ariès, Ph: El Hombre Ante la Muerte, Tauro Ediciones, Madrid, 1983.

Fernández Hidalgo, M. C y García Ruiperez, M: “Los cementerios. Competencias municipales y producción documental”, en Boletín de la ANABAD, tomo 4, 3, Madrid, 1994, pp. 55-85.

Fernández, A: Dioses Prehispánicos de México: Mitos y Deidades Del Panteón Náhuatl. Panorama Editorial, México, 1998.

Galán Cabilla, J. L: “Madrid y los cementerios en el siglo XVIII: el fracaso de una reforma”, en Carlos III, Madrid y la Ilustración, Madrid, 1988, pp. 255-298.

González Díaz, A: “El cementerio español en los siglos XVIII y XIX”, Archivo Español de Arte, XLIII, 171, Madrid, 1970, pp. 289-320.

Ramos Rubio, J. A: “Arte Efímero en el Cementerio de Trujillo (neoclasicismo, romanticismo, historicismo y eclecticismo)”, Actas de los XLIII Coloquios Históricos de Extremadura celebrados en Trujillo entre el 22 y 2l 28 de septiembre de 2014. Badajoz, 2015.

Saguar Quer, C: “Carlos III y el restablecimiento de los cementerios fuera de poblado”, Fragmentos, 1988, núms. 12-14, pp. 241-259.

Saguar Quer, C: “Problemas de higiene pública. El vientre de Madrid: muladares

y cementerios”, en Carlos III, Alcalde de Madrid, Catálogo de Exposición, Madrid, 1988, pp. 535-544.

 



[1] Ph. Ariès, 1983, pp. 400-402.

[2] Memorial Ajustado del Expediente seguido en el Consejo, en virtud de orden de S. M. de 24 de marzo de 1781 sobre establecimiento general de cementerios, Madrid, 1786.

[3] Saguar Quer, 1988, 244; Saguar Quer, 1988, 542.

[4] Real Cédula de S. M. en que por punto general se manda restablecer el uso de Cementerios

ventilados para sepultar los Cadáveres de los Fieles. Impresión de Pedro Marín en Madrid en 1787.

[5] Galán Cabilla, 1988, 257.

[6] Fernández y García Ruiperez, 65, 1994.

[7] González Díaz, 1970, 301.

[8] Véase nuestro trabajo Ramos Rubio, 2015.






sábado, 8 de marzo de 2025

 

LAS TUMBAS EXCAVADAS EN LA ROCA

 

Las tumbas excavadas en la roca siempre han atraído la atención de los investigadores por el halo de misterio que las envuelve. Constituyen uno de los vestigios arqueológicos más abundantes en la Península Ibérica, con hallazgos que se extienden desde Cataluña hasta Andalucía, aunque quedan al margen determinadas zonas del Norte Cantábrico. Su adscripción cronológica dista mucho de estar resuelta y los investigadores no se ponen de acuerdo.

En los estudios que venimos realizando por la Tierra de Cáceres, uno de los aspectos más sorprendentes ha sido el hallazgo de una importante cantidad de tumbas rupestres–muchas de ellas localizadas en las proximidades de ermitas rurales–, que permanece aún inéditas y que suponen un material de primera mano que puede arrojar importantes resultados.

Del paso de los visigodos por nuestra región, se encuentran numerosas tumbas localizadas en berrocales como el de Trujillo o en dehesas boyales de Mata de Alcántara, Arroyo de la Luz, Aldea del Cano, Casar de Cáceres, Piedras Albas, Valencia de Alcántara o en la propia tierra cacereña, así como en la provincia de Badajoz junto al puente Ardila (La Bazana), paraje Mohacho (Alburquerque), San Vicente de Alcántara, entre otras. El material sobre el que se encuentran talladas las tumbas está ligado a la litología predominante, a los afloramientos graníticos. La mayoría de las tumbas localizadas tienen las cabeceras semicirculares o con arco de herradura, de hombros y pies rectos y la caja con forma trapezoidal. En su mayoría, se trata de tumbas de la alta Edad Media (concretamente fechadas entre los siglos VI y VII d. C.) que se desarrollaron en unos cementerios rurales de un tipo muy particular.

No podemos negar que uno de los aspectos que resulta más atractivo del estudio de las sepulturas excavadas en la roca es precisamente la dificultad de llevarlo a cabo. A la escasez y poca representatividad de los restos de superficie asociados a las mismas se une su aparente aislamiento en el paisaje, por no hablar de la falta de asideros bibliográficos. Hemos de indicar que las dos provincias extremeñas son especialmente ricas en este tipo de sepulturas.

Analizamos los sepulcros rupestres desde una perspectiva que supera lo puramente descriptivo para contemplarlos como auténticos fósiles-guía de unas comunidades campesinas de las que apenas se conocen otro tipo de vestigios.

Un dato importante a reseñar es su distribución y la adscripción a posibles asentamientos rurales cercanos que nos permitiría contextualizar los hallazgos. Observamos que hay lanchares en los que se observan excavados algunos sepulcros, dejando un espacio considerable alrededor sin excavar, y sin embargo; en algunos entornos hemos encontrado junto a las tumbas restos de ocupación anterior, con la existencia de bolos o peñas rituales: de sacrificio o adivinatorias, cazoletas, etc..

Generalmente, cuando estamos ante una necrópolis, las tumbas no presentan mucha distancia unas de otras, todas están excavadas en afloramientos graníticos sirviendo directamente como depósito del cadáver. Tienen formas ovaladas y, la mayoría, de forma antropomorfa, en las que se reproduce la silueta del muerto, a veces incluso marcando la forma de los hombros y la cabeza.  Estas tumbas antropomorfas se conocen con el nombre de "olerdolanas" por haberse documentado por primera vez en el yacimiento de Olérdola, provincia de Barcelona. El rito de inhumación estaba relacionado con las costumbres cristianas autóctonas, se lavaba y ungía el cadáver, envolviéndolo después en una sábana de lino para luego depositarlo dentro de la fosa directamente y sobre el cadáver se echaba arena y finalmente se sellaba la tumba con lajas de piedra o pizarra.

Es importante señalar que en su mayoría no se han encontrado restos humanos, carecen de ajuares y se hallan arqueológicamente descontextualizadas, por lo que no es fácil establecer un marco cronológico definido. Tradicionalmente se han venido considerando como tumbas medievales, pero afortunadamente son cada vez más numerosos los estudios en los que se han podido constatar elementos contextualizados que han permitido hablar de fechas, ya que cercanas a templos medievales existen tumbas que tienen una periodización entre los siglos IX y XIII, los típicos cementerios que existieron alrededor de los templos, en el exterior de los mismos.

También hemos localizado tumbas que se encuentran en el campo, en antiguas estructuras de centro de culto tardorromanos, un cambio que reflejaría además las alteraciones en el sistema social y en la articulación del status.

En general, las tumbas deben integrarse en el proceso de invasión musulmana y el asentamiento de la población mozárabe en zonas rurales dispersas. La mayoría de las necrópolis con tumbas excavadas en la roca ofrecen una cronología centrada, básicamente en los siglos VIII (segunda mitad)–XI, centurias en las que podrían encajar las tumbas. En ningún caso queda argumentada la cronología prerromana propuesta por algunos autores que han estudiado este tipo de tumbas en otras regiones y que deben situarse en época altomedieval.

Las  tumbas excavadas en roca constituyen un potencial muy interesante de cara a ponerlas en valor con el fin de que puedan ser visitadas de cara al turismo. Todas están en lugares con buenos paisajes, muy aptas para disfrutar de la Historia y de la Naturaleza conjuntamente, por tanto tiene grandes posibilidades. Ahora que todo se organiza mediante rutas, crear rutas relacionadas con ello puede ser de un gran atractivo. 







jueves, 6 de marzo de 2025

 

 

EL LIBERAL MUÑOZ CHAVES

 

En el año 2022, publicamos un libro titulado: Juan Muñoz Chaves. La defensa del Liberalismo o el "Chavismo", reflexiones liberales III. En la presentación del mismo, consideramos oportuno manifestarnos ante los destrozos producidos en la estatua de Muñoz Chaves que se encuentra en el Paseo de Cánovas. Había sido restaurada en el 1998 y tras sufrir actos de vandalismo, el ayuntamiento ha tenido a bien ser declarada bien protegido desde 2010 cuando se contempló incluirla dentro del catálogo del plan general municipal y en la actualidad ha sido restaurada.

Juan Muñoz Chaves nació en Bienvenida (Badajoz) en el año 1855. Juan fue miembro de una familia tradicionalmente liberal, en el domicilio familiar -actual calle La Plaza- reza en un rótulo: “D. JUAN MUÑOZ CHAVES. NACIO EN ESTA CASA EL DIA 8 DE JULIO DE 1855. BIENVENIDA”.

Era hijo de Juan Francisco Muñoz Bueno y de Carmen Chaves Vargas, hija de José Chaves Liaño. Tuvo cinco hermanos: Teresa, Joaquín, Manuela, Clodomiro y Ana. Su amplio conocimiento de la cultura fue el resultado de un largo contacto con los libros y las gentes de su tierra. Fue un elocuente orador. Su padre fue un importante terrateniente con propiedades en varias poblaciones pacenses, fruto de una herencia familiar.

Esta familia defendió el liberalismo en el ámbito local y regional, que se conoció por "chavismo", una forma o manera de ser, sentir y pensar y que se desarrolló en un contexto propicio en el que determinadas circunstancias de tiempo y de espacio hicieron posible el pleno desarrollo de este movimiento liberal, y que los historiadores actuales acabaremos advirtiendo en los tiempos pretéritos epígonos malogrados del mismo carácter, que en lo sucesivo algunas coincidencia o semejanzas que nos permitan observar ambiguas o concretas reminiscencias de aquella manera de pensar de Juan de Chaves y sus seguidores y que algunos han pretendido resucitar en medio de un ambiente inadecuado y muchas veces hostil.

Este movimiento liberal tiene sus hondas raíces en un amplio sistema filosófico, económico y político que promueve las libertades civiles y se opone a cualquier forma de despotismo. Constituye la corriente en la que se basa el Estado de derecho, la democracia representativa, la división de poderes, el parlamentarismo y los derechos propios de la sociedad civil. Uno de los principales problemas que existía en Extremadura nacía en el seno del campesinado extremeño. Hemos de remontarnos a
los jornaleros y yunteros que sufrían una injusta  distribución de la propiedad de la tierra, cuyos propietarios era una minoría que poseían grandes extensiones, y eran utilizadas como pasto para el ganado ovino trashumante, y los campesinos demandaban terrenos para la agricultura.

En el pensamiento de Juan Muñoz Chaves estarían aquellos primeros representantes del liberalismo español que contribuyeron al movimiento que configuró el Estado Moderno. Personajes de la historia de España que intentaron retroceder al momento anterior a la fragmentación ideológica y que pusieron todo su esfuerzo en los principios liberales, propagando las ideas de progreso. Muchos de ellos, por defender sus ideas, sufrieron persecución, exilio e incluso la muerte. Pero, esencialmente, la práctica liberal era una herencia que recibió Juan Muñoz de su tío Joaquín Muñoz Bueno, hermano de su padre, su pelo castaño estaba siempre impecablemente peinado, era bien plantado, de conducta simple y franca; y entre sus ascendientes se encuentra Pedro Bueno que fue una importante figura política del progresismo radical en la provincia de Badajoz. La familia Bueno era de clara tendencia progresista radical, con una intensa actividad política a nivel local, provincial y nacional; llegando a tener algún que otro encontronazo con los moderados en la Diputación Provincial y fueron muy influyentes en el ambiente político de Bienvenida.

En 1839 fue elegido Diputado a Cortes por la provincia de Badajoz y formó parte en 1840 en la Junta revolucionaria de Badajoz, volviendo a ser Diputado Provincial por Llerena. En 1844 se estableció en Cáceres donde ejerció la abogacía, siendo Alcalde de Cáceres en 1856, consiguiendo paliar la crisis alimenticia que afectó a la ciudad. En 1868 apoyó el pronunciamiento de Topete en Cádiz, y fue elegido Presidente de la Junta Revolucionaria local y Diputado a las cortes constituyentes por Cáceres.

Juan Muñoz estudió la carrera de Derecho en las Universidades de Valladolid (Licenciatura en el curso 1876-1877) y Madrid. Juan se estableció como abogado en Cáceres en 1877, tras terminar la carrera de leyes. Era un hombre prometedor, que siempre subrayó la posibilidad efectiva de seguir un camino regular, como  hombre de leyes. Adquirió una casa cerca de la parroquia de Santiago, en el número 2 de la calle Moreras, en un edificio construido en el año 1731. El inmueble que aún se conserva tiene dos plantas y es de amplísimas dimensiones, en una esquina del primer piso hay un bloque de sillería moldurada labrada con la fecha de su construcción con una epigrafía en latín (Omnia Virtus vincit Año 1731/ la virtud todo lo vence) y en el otro lado (Ave M en Graza Conzevida Año 1731/ Ave María sin pecado convebida).

Nada más establecerse en Cáceres, Juan Muñoz ingresó en el Ilustre Colegio de Abogados de Cáceres el 14 de noviembre de 1877. Juan intervino en sonados pleitos y se enfrentó a los más notables juristas del momento, gracias a su temple y a su voz, que sonaba con metálica agudeza. Nunca le faltó clientela en su bufete cacereño, estaba muy bien considerado.

El 31 de julio de 1894 se incorporó al Ilustre Colegio de Abogados de Badajoz, y el 30 de noviembre de 1899 al de Madrid. En aquella época se reunía en algunos salones, refugio de la bohemia romántica, como en el Café del Príncipe, con Valle Inclán y Alfredo Vicenti. Contrajo matrimonio con Carmen Casillas Bueno, procedente de la Tierra de Barros, hija de hija de José Casillas Bueno y Carmen Bueno Gragera y, al fallecer a los pocos años, volvió a casarse con Carmen Ibarrola Muñoz. Con su primera mujer tuvo a sus hijos Juan Francisco, Carmen, y Joaquín Muñoz Casillas; y con la segunda a Manuela y Ana Muñoz Ibarrola.

Juan Muñoz llevó una vida palpitante en Cáceres, con resonantes triunfos jurídicos que la abrieron las puertas de la vida política. Un hombre sencillo y conmovedor, con una ironía mordaz y, a veces, exacerbada.

Juan Muñoz pertenecía a una saga de políticos liberales, los Muñoz Chaves y Fernández de Soria, que ejercieron como alcaldes, diputados y senadores. De hecho, tan activa era esta familia en la defensa de sus ideas que en el ámbito local, y hasta regional, al liberalismo se le conoció por "chavismo", en honor a los Muñoz Chaves, movimiento que defendía la iniciativa privada, el trabajo y el derecho de las personas a prosperar, pero a la vez tenía una dimensión social y altruista.  Juan Muñoz fue nombrado Diputado a Cortes en el año 1905 por el distrito de Cáceres, interviniendo en el Proyecto de ley sobre franquicia para la importación de forrajes, la prórroga del régimen arancelario hasta aprobar las bases para su reforma o la Modificación del trazado de la carretera de Peñaranda a Guijuelo enlazando con la de Extremadura.

Fueron memorables sus discursos. Así lo recogían los periódicos de la época como El Noticiero cuando fue nombrado en el año 1906 Presidente de la Cámara Agrícola y donde expuso sus ideas convencido de que cuando nos proponemos algo que redunde en beneficio de todos, tenemos "un deber social ineludible; hemos de cumplir ese deber sin desaliento, que hemos de superar obstáculos enormes y que no podemos permitirnos el cómodo proceder de abandonar nuestros puestos, sin cometer, si tal hacemos, enormísima culpa y contraer tremenda responsabilidad, porque tal abandono sería una deserción y una deserción ante el deber, cosa que no se perdona porque en realidad no puede merecer ni lograr perdón, ni siquiera olvido, ni casi puede encontrar disculpa".

Posteriormente, Juan Muñoz fue Senador por las provincias de Granada (1910-1911) y Cáceres (1914-1917) y Presidente del Partido Liberal en Cáceres. En el desempeño de su cargo como Senador por Granada, destacamos su solicitud de autorización para trasladar a la sucursal del Banco de España en Cáceres los valores con que tenía acreditada su renta y depositados en el Banco Hispano-Americano (enero de 1912).

Juan Muñoz fue varias veces Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Cáceres, fue jefe de los liberales de la provincia cacereña, sobre la que ejerció notable influencia.

Juan Muñoz Chaves falleció el día 23 de marzo del año 1917 por una repentina enfermedad, a los 61 años, en Cáceres tras un pleito contra Melquíades Álvarez en la Audiencia Territorial de Extremadura. El pleito, alusivo a la rectificación de un error de cuenta en la división de una dehesa, era seguido por Antonio Gallego Ramos contra Jaime de la Torre Navarro. Varios periódicos de la época cuentan que la Audiencia Territorial de Extremadura se llenó como nunca para ver el enfrentamiento entre Juan Muñoz Chaves y Melquiades Álvarez.

Tras su fallecimiento, el 8 de mayo de 1919, se realizó una escultura en honor al prestigioso abogado, creada por el escultor Mateo Inurria, inaugurada en el Paseo de Cánovas.

 






 

 

 

lunes, 24 de febrero de 2025

 

MATRIMONIO MISTICO DE SANTA CATALINA DE ALEJANDRIA

 

 

 En propiedad particular cacereña localizamos una magnífica obra plástica que representa el “Matrimonio místico de Santa Catalina de Alejandría”.

Se nos muestra a la Virgen sentada, vestida con túnica de color roja y cubierta con un manto azul, mantiene al Niño Jesús en el regazo, mientras pasa la mano izquierda para sostener a Santa Catalina que coge la mano del infante. El Niño se nos ofrece desnudo. El paisaje frondoso ocupa parcialmente el fondo de la escena, dejando libre el ángulo inferior para el desarrollo de la composición. Se divisa un reducido paisaje donde se desarrolla otra escena –en la que se aprecia a un hombre desnudo que está siendo martirizado, arrojándole piedras- en un ambiente campestre sobre peñas, una hilera de árboles y un cielo de tonos azules y rojizos. Presentan las imágenes rubias y ensortijadas cabelleras. Es una composición que forma un triángulo invertido que forman la Virgen, el Niño y la Santa –que viste manto anaranjado, de las doncellas romanas-, y una figura en segundo plano que prácticamente no participa en la escena y porta un haz de flechas. Algunas veces se la representa a la santa con un anillo, en este momento el Niño Jesús tiene en su diestra el anillo que va a colocar en el dedo de la Santa, aludiendo así a los místicos desposorios de ésta con el Niño Jesús. Se trata de la Virgen y mártir de Alejandría, de familia noble. Sufrió varios tormentos y, en pública discusión, confundió a los filósofos paganos, pro lo que es patrona de la Filosofía. Murió decapitada por orden de Majencio en el año 307. La Santa lleva como atributo en esta escena una espada.

 Su fuerza plástica viene ofrecida por el modelado de las figuras y el contraste de colorido, derivados del juego entre la luz, cuyo foco central se localiza en el Niño y las sombras que genera la composición.

 El tema ha ofrecido muchas posibilidades al autor anónimo para crear animación, el lenguaje gestual le otorga unidad, las figuras no resultan distantes, hay comunicación visual (correspondencia de miradas) entre ellas y permiten una relación directa con el espectador. Tema, formas y ejecución técnica nos han recordado una influencia clara con las obras de Correggio. Es obra del siglo XVII.