Álvaro
de Sande
Álvaro de Sande nació
en la casa paterna situada en el palacio contiguo a la iglesia de San Mateo, en
la ciudad de Cáceres, uno de los enclaves urbanos más significativos de la
nobleza extremeña del siglo XVI. Pertenecía a una familia de arraigada
hidalguía: era hijo de Álvaro de Sande, III Señor de Valhondo, y de doña Isabel
de Paredes Golfín, dama de la reina Isabel I de Castilla.
Por línea materna,
Sande estaba vinculado a los círculos más próximos a la corte de los Reyes
Católicos. Su abuelo, Sancho Paredes Golfín, había servido como camarero de la
soberana, circunstancia que reforzó la posición social de la familia. La
Cáceres en la que nació Sande era una ciudad marcada por palacios blasonados y
linajes que habían prosperado tras la Reconquista, proyectando su influencia
hacia las empresas ultramarinas y los servicios militares de la Corona.
Como segundón destinado
inicialmente a la carrera eclesiástica -una práctica habitual entre los hijos
de la nobleza que no heredaban mayorazgos-, inició estudios de Derecho en la prestigiosa
Universidad de Salamanca. Sin embargo, su paso por las aulas fue breve. La
Europa convulsa del Quinientos ofrecía horizontes más amplios en el campo de
batalla que en el foro jurídico. El joven extremeño abandonó la senda
eclesiástica y abrazó la carrera militar, integrándose en la maquinaria bélica
de la Monarquía Hispánica.
La década de 1530 lo
sitúa ya en el teatro mediterráneo, escenario central de la pugna entre los
Habsburgo y el Imperio otomano. En 1535 participó, al servicio de Carlos V, en
la célebre expedición a Túnez. Aquella campaña, concebida para frenar la
expansión otomana y debilitar la influencia de Barbarroja, constituyó uno de
los grandes hitos propagandísticos del reinado imperial.
La operación fue una
demostración del poder naval y terrestre de la Monarquía. La toma de La Goleta
y la recuperación de Túnez consolidaron temporalmente la hegemonía hispánica en
el Mediterráneo occidental. Para oficiales como Sande, estas campañas
supusieron una escuela práctica de guerra anfibia, logística imperial y combate
contra fuerzas otomanas experimentadas.
En 1545, fruto de los
acuerdos entre Fernando I y Carlos V, Sande fue enviado a Hungría con el grado
de maestre de campo al frente de un tercio compuesto por unos dos mil soldados
hispanos. El objetivo era reforzar las defensas del Reino de Hungría y de
Bohemia frente al avance otomano, en una frontera particularmente inestable
tras la caída de Buda en 1541.
Durante su estancia, el
tercio de Sande fue incorporado al ejército real de Fernando y participó en
operaciones en la llamada Hungría Superior. Combatió junto a fuerzas imperiales
dirigidas por Reinprecht von Ebersdorff contra magnates rebeldes como János
Podmaniczky y Miklós Kosztka en el condado de Trencsén (actual Trenčín, en
Eslovaquia). Estas campañas revelan la complejidad política del espacio
centroeuropeo, donde las luchas contra el turco se entrelazaban con conflictos
internos de la nobleza local.
Tras el éxito de estas
operaciones, el tercio invernó en Nagyszombat (hoy Trnava), preparándose para
enfrentar al bajá otomano de Buda en la primavera siguiente. Sin embargo, los
acontecimientos en el corazón del Imperio alterarían el destino de la unidad.
El estallido de la
guerra de Esmalcalda en 1546 obligó a concentrar fuerzas en Alemania. Carlos V
se enfrentaba a la Liga de Esmalcalda, alianza de príncipes protestantes del
Sacro Imperio. El tercio de Sande fue trasladado con urgencia al frente alemán.
En esta guerra
confesional y política, Sande dirigió a sus hombres -descritos por cronistas
como Ávila y Zúñiga como “la flor de los tercios viejos españoles”- en diversas
acciones de armas. Es probable que participara en la decisiva batalla de
Batalla de Mühlberg (1547), en la que las tropas imperiales derrotaron de forma
contundente a las fuerzas protestantes. Aquella victoria supuso el apogeo
militar de Carlos V en Alemania.
La actuación de los
tercios en la guerra consolidó su reputación como infantería disciplinada y
eficaz, capaz de operar en distintos escenarios geográficos y climáticos. Sande
emergía como uno de los oficiales experimentados de la generación imperial.
Tras la guerra alemana,
Sande continuó sirviendo en campañas en Flandes y contra Francia. A finales de
la década de 1550 se encontraba en Nápoles, enclave estratégico del dominio
español en Italia.
En 1560 participó en la
desastrosa expedición a los Gelves (Djerba), frente a las costas de Túnez,
dirigida por Gian Andrea Doria. La operación, concebida para debilitar la
presencia otomana en el norte de África, terminó en catástrofe cuando la flota
cristiana fue derrotada por el bajá otomano Piali.
A Sande se le encomendó
la defensa de la fortaleza recién conquistada en Gelves. Durante más de dos
meses resistió el asedio en condiciones extremas. Su defensa fue considerada heroica,
prolongando la resistencia más allá de lo que parecía posible tras el
hundimiento de la armada cristiana.
Capturado y conducido a
Estambul, recibió —según la tradición— la oferta de integrarse en el servicio
otomano, en reconocimiento a su pericia militar. Rechazó la propuesta.
Finalmente fue liberado tras el pago de un cuantioso rescate, atribuido en
distintas fuentes a la mediación de Maximiliano de Austria o del rey francés
Carlos IX.
Restituido al servicio
de Felipe II, fue nombrado capitán general de la infantería de Nápoles. En 1565
participó en la expedición de socorro organizada por García de Toledo para
levantar el cerco otomano de Malta. Junto a Ascanio della Cornia, estuvo al
frente de la infantería desembarcada en la isla. La intervención cristiana
obligó a los turcos a levantar el asedio, en uno de los episodios más
significativos del enfrentamiento mediterráneo.
Entre sus soldados en
Nápoles se encontraba un joven llamado Miguel de Cervantes, quien años más
tarde alcanzaría fama universal como autor del *Quijote* y que sería conocido
como el “Manco de Lepanto”. La coincidencia ilustra la intersección entre las
trayectorias militares y culturales del Siglo de Oro español.
En 1571, tras la muerte
del gobernador de Milán, Gabriel de la Cueva, duque de Alburquerque, Sande
asumió el gobierno provisional del Ducado de Milán. Desde 1572 el cargo pasó a
Luis de Requeséns y Zúñiga, pero Sande continuó ejerciendo funciones militares
en la plaza.
Murió en marzo de 1574,
supuestamente como capitán de Milán. En reconocimiento a sus servicios, Felipe
II le otorgó el señorío de Valdefuentes y el título de marqués de Piovera.
La trayectoria de
Álvaro de Sande refleja con nitidez el perfil del oficial imperial del siglo
XVI: noble de provincia, formado en el humanismo jurídico, moldeado en la
guerra continua y desplazado por múltiples teatros de operaciones -del
Mediterráneo a Hungría, de Alemania a Italia y el norte de África-.
Su vida permite
observar la dimensión verdaderamente europea de la Monarquía Hispánica y la
función de los tercios como instrumento de cohesión imperial. Desde el palacio
familiar junto a San Mateo en Cáceres hasta las murallas de Gelves y los campos
de Mühlberg, Sande encarna la movilidad, la violencia y la ambición política de
una época en la que la guerra fue el lenguaje dominante de la diplomacia y la
construcción del poder.



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