La gorra de
Montehermoso: origen, elaboración y valor histórico-cultural
La gorra de Montehermoso constituye uno de los
elementos más representativos del patrimonio cultural y etnográfico de
Extremadura. Más que un simple complemento del traje tradicional, este tocado
simboliza la identidad histórica de la mujer montehermoseña, el trabajo
artesanal transmitido entre generaciones y la riqueza del folclore popular de
la región. A lo largo del tiempo, su función, diseño y significado han evolucionado,
dando lugar a numerosas interpretaciones, algunas de ellas erróneas, que han
contribuido a la creación de mitos sobre su origen y simbolismo. El presente
resumen analiza su evolución histórica, su proceso de elaboración, los
distintos modelos existentes y la importancia cultural que ha adquirido como
uno de los principales emblemas de Montehermoso.
A comienzos del siglo XX, la gorra de Montehermoso
formaba parte de la indumentaria cotidiana de las mujeres del municipio. Su
finalidad inicial era eminentemente práctica: proteger del sol y del calor
durante las labores agrícolas y las actividades diarias. Por ello, las primeras
gorras apenas presentaban elementos ornamentales y se caracterizaban por un
diseño sencillo y funcional.
Las mujeres utilizaban la gorra en numerosas
actividades cotidianas. Era habitual verla durante los desplazamientos al
mercado de Plasencia, donde comercializaban huevos, productos agrícolas y
diferentes objetos artesanales. Asimismo, la llevaban mientras cosían en las
puertas de sus casas o en las denominadas "abrigas", pequeños
refugios improvisados con mantas que las protegían del frío y del viento
durante el invierno.
El espejo que caracteriza a la conocida gorra de
espejo tampoco poseía inicialmente un significado simbólico relacionado con el
estado civil de la mujer. Su presencia respondía simplemente a una función
práctica, ya que permitía a las mujeres arreglarse después del trabajo en el
campo, al acudir a la fuente, al río o a los lavaderos públicos.
Con el paso del tiempo, las gorras comenzaron a
utilizarse también durante fiestas y celebraciones, incorporando una
ornamentación cada vez más elaborada que aumentó su valor artístico y
representativo.
La fabricación de la gorra de Montehermoso constituye
un complejo proceso artesanal que comenzaba muchos meses antes de su
confección. Todo se iniciaba con la siembra del centeno durante el mes de
septiembre. Tras aproximadamente nueve meses de cultivo, el cereal era segado
en junio, dependiendo siempre de las condiciones climáticas de la primavera.
Después de la siega, el centeno era trasladado a las
eras para realizar la trilla y separar el grano de la paja. Posteriormente se
seleccionaban cuidadosamente las fibras vegetales según su grosor. Las pajas
más finas servían para elaborar el cordón; las medianas, para el denominado
"picao"; y las más gruesas, para confeccionar la trenza que
constituía la base estructural de la gorra.
Antes de trabajar con ellas, las artesanas humedecían
las pajas para evitar que se quebraran durante el trenzado. La elaboración del
molde requería entre doce y catorce metros de trenza confeccionada con siete
pajas entrelazadas. Posteriormente se cosían cuidadosamente hasta obtener la
forma definitiva del tocado.
La última fase consistía en el engalanado de la gorra,
incorporando diversos elementos decorativos como forros de tela o fieltro,
botones de nácar, lanas de múltiples colores, lentejuelas, corazones, flores,
espigas, estrellas, cordones y cintas laterales conocidas como ataderas. Todos
estos elementos poseían un importante valor artístico y contribuían a
diferenciar los distintos modelos según el uso para el que habían sido
encargados.
Aunque existen sombreros de paja similares en
diferentes regiones españolas e incluso en otros países europeos, el autor
sostiene que la gorra de Montehermoso posee un origen propio y perfectamente
diferenciado.
Durante el siglo XIX existían sombreros de ala plana
en diversos lugares de España y Europa. Sin embargo, la gorra montehermoseña
surgió como resultado de una transformación original realizada para adaptarla
al peinado tradicional que llevaban las mujeres del pueblo, caracterizado por
un moño elevado.
Esta adaptación consistió en elevar la copa del
sombrero y levantar las alas delanteras formando una visera, rasgos que
distinguen claramente la gorra de Montehermoso de otros modelos de sombreros de
paja.
En distintas provincias españolas —como Ávila,
Salamanca, Segovia, Toledo, León, La Coruña o Cáceres— también se elaboraban
sombreros y gorras de centeno, aunque presentaban importantes diferencias
respecto al modelo montehermoseño, especialmente por la ausencia del espejo y
por una ornamentación mucho más sencilla.
Asimismo, era habitual que algunas gorreras de
Montehermoso adquirieran trenzas elaboradas en localidades cercanas, como
Aceituna, cuando la demanda superaba la capacidad de producción local.
Uno de los aspectos que mayor confusión ha generado es
la clasificación tradicional de las gorras. Diversos investigadores afirmaron
que existían gorras específicas para solteras, casadas, viudas e incluso para
las denominadas "viudas alegres". Sin embargo, el autor considera que
estas clasificaciones carecen de fundamento histórico.
Según la tradición oral conservada en Montehermoso,
únicamente existían tres modelos principales:
- La
gorra de espejo.
- La
gorra de clavelera.
- La
gorra de luto.
La gorra de espejo era utilizada tanto por mujeres
solteras como casadas durante fiestas, mercados y actividades sociales. Su
principal rasgo distintivo era el espejo frontal rodeado de flecos de lana de
colores.
La gorra de clavelera recibía su nombre por los
motivos florales semejantes a claveles que decoraban la parte frontal del
tocado. También podía ser utilizada indistintamente por mujeres solteras y
casadas.
Por su parte, la gorra de luto no identificaba
exclusivamente a las viudas. Era empleada durante los períodos de duelo
familiar y también por mujeres de mayor edad, cuyos gustos se inclinaban hacia
colores más oscuros.
El autor rechaza además otros mitos ampliamente difundidos,
como la creencia de que el marido rompía el espejo de la gorra el día de la
boda para impedir que otros hombres se miraran en él o que la rotura del espejo
simbolizara la pérdida de la virginidad de la mujer. Estas afirmaciones son
consideradas leyendas sin respaldo documental ni histórico.
La gorra de Montehermoso ha alcanzado una enorme
proyección nacional e internacional gracias a su singularidad estética.
Numerosas personalidades han posado con ella, entre las que destacan la reina
Sofía, Eva Perón, Linda Bird Johnson, Isabel Pantoja, Mercedes Milá o Soraya
Arnelas, contribuyendo a difundir la imagen de este símbolo cultural extremeño.
El cuadro El Mercado. Extremadura, de Joaquín
Sorolla, constituye además un importante testimonio gráfico del uso tradicional
de la gorra, ya que refleja que únicamente las mujeres vestidas con el traje de
diario la llevaban puesta, mientras que las que lucían el traje de gala
utilizaban únicamente un pañuelo en la cabeza.
Diversas anécdotas muestran también el profundo
sentimiento de pertenencia de los habitantes de Montehermoso hacia su traje
tradicional. En varias ocasiones, vecinos del pueblo corrigieron exposiciones o
representaciones incorrectas del atuendo para preservar su autenticidad y
evitar deformaciones de la tradición.
Uno de los aspectos más relevantes del texto es la
identificación de la posible creadora de la gorra tal y como se conoce
actualmente. Según el testimonio recogido por la fotógrafa e investigadora Ruth
Matilda Anderson en 1928, Máxima Hernández García afirmó que había sido su
madre, Ana García Ruano, quien diseñó este singular tocado durante su juventud.
Ana García Ruano, nacida en 1848, era una destacada
artesana dedicada a la elaboración de sombreros de paja de centeno. A partir de
un sombrero de ala plana procedente de Villar de Plasencia, decidió desmontarlo
completamente y modificar su estructura para adaptarlo al peinado
característico de las mujeres montehermoseñas. Elevó la copa, transformó las
alas en forma de visera y añadió una ornamentación original que dio lugar a la
gorra actual.
Gracias a los datos biográficos disponibles, el autor
sitúa la creación de este diseño aproximadamente entre los años 1865 y 1870,
descartando definitivamente teorías que atribuían su origen a los celtas, los
musulmanes o a influencias procedentes de América.
La gorra de Montehermoso representa uno de los mayores
exponentes del patrimonio etnográfico extremeño. Su importancia trasciende el
ámbito de la indumentaria tradicional para convertirse en un símbolo de
identidad colectiva, creatividad artesanal y memoria histórica.
Su evolución refleja la adaptación de un objeto
inicialmente funcional hacia una auténtica obra de artesanía cargada de
significado cultural. El trabajo de las gorreras, la complejidad de su proceso
de fabricación y la transmisión de este conocimiento entre generaciones han
permitido conservar una tradición única.






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