domingo, 4 de enero de 2026

 

Diego García de Paredes en la Literatura

 

 

La figura de Diego García de Paredes, conocido popularmente como el “Sansón Extremeño”, ocupa un lugar destacado dentro de la tradición militar e histórica española del tránsito entre la Edad Media y la Edad Moderna. Su nombre aparece vinculado tanto a hechos documentados de carácter bélico como a un conjunto de relatos legendarios que, con el paso del tiempo, han contribuido a forjar una imagen heroica situada a medio camino entre la realidad histórica y la recreación literaria. El presente estudio tiene como objetivo analizar su figura desde una perspectiva académica, atendiendo a su contexto histórico, a las fuentes cronísticas que lo mencionan y al proceso mediante el cual algunas de sus hazañas fueron incorporadas a la literatura, especialmente a través de Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes.

Este análisis permite reflexionar, además, sobre un fenómeno recurrente en la historiografía: la progresiva difuminación de los límites entre historia y mito, especialmente cuando se trata de personajes de fuerte carga simbólica y nacional.

Diego García de Paredes nació en Trujillo en el año 1466, en el seno de una familia vinculada al estamento militar y a la administración local. Fue hijo del capitán y magistrado Sancho de Paredes y de Juana de Torres, su segunda esposa. La ciudad de Trujillo, durante los siglos XV y XVI, fue cuna de destacados militares y conquistadores, lo que favoreció un entorno social propicio para la formación de hombres de armas destinados al servicio de la Corona.

García de Paredes desarrolló su carrera militar en un momento de profundas transformaciones políticas y militares en la Península Ibérica y en el ámbito europeo. Participó activamente en las campañas del Reino de Granada, culminadas en 1492, y más tarde en las guerras de Italia, especialmente en el Reino de Nápoles. En este escenario se puso al servicio tanto del papa Alejandro VI como de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, quien, según las crónicas, mostró un alto aprecio por la extraordinaria fuerza física, el valor y la disciplina de García de Paredes.

La fama de Diego García de Paredes se consolidó durante las campañas italianas, donde su desempeño fue considerado ejemplar. Las fuentes destacan no solo su fortaleza física -que dio origen a su sobrenombre-, sino también su resistencia, capacidad de combate y lealtad. Estas cualidades lo convirtieron en un soldado admirado por sus contemporáneos y en un personaje digno de ser recordado por la tradición histórica.

Murió en el año 1530 en la ciudad de Bolonia. Quince años después de su fallecimiento, su hijo mayor legítimo ordenó el traslado de los restos mortales de su padre a Trujillo. Estos fueron depositados en una capilla de la iglesia de Santa María la Mayor, donde permanecen hasta la actualidad, reforzando el vínculo entre el personaje histórico y su ciudad natal.

El conocimiento histórico que poseemos sobre Diego García de Paredes procede fundamentalmente de crónicas militares del siglo XVI. Entre ellas destaca la Crónica del Gran Capitán, que recoge una breve síntesis de su vida y de sus principales hechos de armas. Resulta especialmente relevante que esta semblanza fuera escrita por el propio García de Paredes poco antes de su muerte, en forma de carta dirigida a su hijo Sancho, lo que confiere al texto un valor testimonial singular.

La edición más conocida de esta crónica es la publicada en Alcalá de Henares en 1584, aunque existen versiones anteriores, como la de Zaragoza de 1559. A estas se suma la Historia del Gran Capitán, publicada en 1527 por Hernán Pérez del Pulgar, así como la obra manuscrita de Francisco de Herrera sobre Gonzalo Fernández de Córdoba. Todas ellas conforman un corpus historiográfico que sirvió de base para la difusión de la figura del Sansón Extremeño.

Miguel de Cervantes Saavedra, en el capítulo XXXII de la primera parte de Don Quijote de la Mancha (1605), hace referencia indirecta a Diego García de Paredes al mencionar la Historia del Gran Capitán. Aunque Cervantes no relata de forma detallada las gestas del soldado trujillano, su inclusión en el universo cultural del Quijote contribuyó de manera decisiva a su proyección literaria.

Es probable que Cervantes tuviera acceso a alguna de las ediciones de la Crónica del Gran Capitán, posiblemente la de 1584. A partir de estas lecturas, el escritor incorporó a su relato una serie de hazañas atribuidas a García de Paredes, algunas de las cuales no aparecen en el sumario autobiográfico del propio soldado.

Entre estas destacan dos episodios especialmente llamativos: la supuesta capacidad de detener con un solo dedo la rueda de un molino en pleno funcionamiento y la defensa de un puente armado únicamente con un montante, impidiendo el avance de un ejército enemigo. Estos relatos, de evidente carácter hiperbólico, se inscriben en la tradición literaria de la exageración heroica.

Diversos autores posteriores han señalado que algunas de las hazañas atribuidas a Diego García de Paredes podrían corresponder en realidad a otros personajes históricos. Diego Hurtado de Mendoza, por ejemplo, relaciona ciertas proezas con un soldado llamado Céspedes, natural de Ciudad Real, conocido igualmente por su extraordinaria fuerza y fallecido en Granada en 1569. Esta superposición de figuras evidencia cómo la tradición oral y literaria tendía a concentrar gestas excepcionales en personajes ya prestigiosos.

Asimismo, Lope de Vega destacó en sus escritos la fuerza del Sansón Extremeño, contribuyendo a reforzar su imagen mítica. En cuanto al episodio de la defensa del puente, este aparece recogido en el libro II, capítulo CVI, de la Crónica Anónima del Gran Capitán. El puente en cuestión se situaba sobre el río Garellano; sin embargo, las propias fuentes indican que los franceses no intentaron cruzarlo, lo que relativiza el carácter épico del episodio.

Cervantes, además, parece haber vinculado a García de Paredes con la célebre hazaña del romano Horacio Cocles, quien defendió un puente frente al ejército de Porsena y posteriormente se arrojó al río Tíber para salvar su vida. Esta asociación literaria pudo surgir de la combinación de diferentes relatos: por un lado, la tradición clásica; por otro, un episodio cronístico según el cual García de Paredes, al cruzar un puente, se arrojó al agua junto a quienes lo escoltaban, logrando así recuperar su libertad.

Estos ejemplos ilustran de manera clara cómo la historia puede verse alterada por la interpretación subjetiva de los cronistas y escritores. La frontera entre realidad y fantasía resulta, en ocasiones, permeable, especialmente cuando los relatos responden a intereses narrativos, ideológicos o simbólicos. Sin embargo, el reconocimiento de estas exageraciones no implica una desvalorización del personaje histórico.

Por el contrario, incluso prescindiendo de los elementos legendarios, la biografía de Diego García de Paredes refleja una trayectoria militar sobresaliente, marcada por la valentía, la disciplina y la lealtad. Sus hechos documentados bastan para justificar la fama que alcanzó en vida y la admiración que despertó entre sus contemporáneos.

Diego García de Paredes constituye un ejemplo paradigmático de cómo un personaje histórico puede transformarse, con el paso del tiempo, en una figura mítica. La combinación de fuentes cronísticas, recreaciones literarias y tradiciones orales dio lugar a una imagen heroica que trascendió la realidad documentada. No obstante, un análisis crítico de las fuentes permite distinguir entre los hechos comprobables y las exageraciones simbólicas.

Lejos de disminuir su relevancia, esta revisión historiográfica contribuye a situar al Sansón Extremeño en su justa dimensión: como uno de los militares más destacados de su tiempo y como uno de los extremeños más reconocidos a nivel internacional. Su vida y su legado constituyen un testimonio valioso tanto para la historia militar española como para el estudio de los procesos de construcción del héroe en la literatura y la historiografía.

 

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