domingo, 18 de enero de 2026

 

Historia de la Sociedad de Socorros Mutuos e Instructiva "La Protectora" de Trujillo

 

La Sociedad de Socorros Mutuos e Instructiva "La Protectora" de Trujillo fue fundada en 1910 por un grupo de trabajadores de la localidad, que se encontraban desprotegidos frente a los riesgos derivados de enfermedades que les impedían percibir su jornal diario. Estos trabajadores, al no contar con recursos económicos suficientes para subsistir en momentos de incapacidad laboral, comenzaron a reunirse para discutir su situación. Tras varias reuniones, tomaron la decisión de constituir una sociedad obrera destinada a ofrecer apoyo en caso de enfermedad o accidente. Esta sociedad se regiría por una serie de estatutos que fueron aprobados oficialmente el 24 de diciembre de 1910, formalizando así la creación de lo que más tarde sería una obra social, laboral y humana para los trabajadores de Trujillo.

En la misma reunión, se constituyó la primera junta directiva de la sociedad, que estuvo formada por los siguientes socios fundadores: el presidente, don Manuel García Chamorro; el contador, don Luis Andrada Moreno, quien era carpintero; el tesorero, don Adrián Fernández Fernández, farmacéutico; el secretario, don Juan Fernández, aparejador; y el vicesecretario, don Complacido Lumbreras Cancho, escribiente. Además, como vocales fueron elegidos don Agustín Gallego, don Ramiro Jiménez (barbero) y don Galo Ramos Bravo. La junta también incluyó a los revisores de cuentas don Ramón Fernández Martínez, don Manuel Varela, don Paulino Cruz Martín, y don Francisco Pinilla.

Se establecieron diferentes categorías de socios dentro de la sociedad. Los socios protectores, como don Rafael Fernández, don Luis Pérez Álvarez Media Villa, don José Gil Calzada y don Diego Trespalacios Carvajal (conde de Trespalacios), se comprometían a abonar las cuotas estipuladas, aunque carecían de voz y voto, y no podían ocupar cargos dentro de la junta directiva.

El primer fallecido de la sociedad fue Galo Ramos, quien ingresó a la sociedad el 28 de diciembre de 1910 y falleció el 14 de junio de 1912. Según el artículo 22 de los estatutos, a su madre, única heredera, se le abonó una suma de 25 pesetas como indemnización por su fallecimiento. En total, Galo Ramos había aportado 27 pesetas con 50 céntimos a la sociedad, lo que resultó en una liquidación total de 53 pesetas con 50 céntimos, entre socorros y otros pagos.

Un aspecto relevante en la historia de "La Protectora" es la mención al socio protector y presidente honorario, don Jacinto Orellana y Avecia, marqués de Albayda. En reconocimiento a su apoyo a la sociedad, incluido una donación de 250 pesetas para establecer una clase de enseñanza, fue nombrado presidente honorario en una sesión de la junta general celebrada en noviembre de 1911. La aceptación de este nombramiento fue un acto de gratitud por los valiosos favores brindados por Orellana a la sociedad.

Don Jacinto Orellana falleció en Madrid el 4 de noviembre de 1919, lo que conmovió profundamente a la sociedad. En su memoria, la junta acordó enviar sus condolencias a su hija, doña María Orellana Maldonado, así como contribuir económicamente a la suscripción organizada por el pueblo de Trujillo para costear la corona que se regalaría en su honor. Además, se organizaron funerales solemnes en su memoria y, en abril de 1920, se colocó una lápida conmemorativa en el lugar de su nacimiento en Trujillo. Finalmente, la sociedad también recibió un retrato de don Jacinto Orellana, que fue colocado en su domicilio social como homenaje perpetuo a su legado.

Este conjunto de hechos refleja el profundo sentido de solidaridad y compromiso social que caracterizó a "La Protectora" en sus primeros años de existencia, consolidándose como una entidad dedicada al bienestar y apoyo de la clase trabajadora de Trujillo.

La Sociedad de Socorros Mutuos e Instructiva "La Protectora" de Trujillo, que se fundó en 1910, jugó un papel clave en el bienestar social y laboral de la clase trabajadora, adelantándose en varios aspectos a lo que hoy conocemos como el sistema de seguridad social. La sociedad operaba mediante un modelo de mutualismo, donde los asociados se comprometían a pagar una cuota mensual que servía como fondo común para asistir a aquellos socios que, debido a enfermedades o accidentes, no podían trabajar y necesitaban apoyo económico.

El proceso de ayuda social era relativamente sencillo y eficiente. En el caso de que un socio quedara incapacitado para trabajar, su familia debía notificarlo a la sociedad. El presidente de la sociedad, quien actuaba como intermediario, se encargaba de comunicar la situación al médico mediante el cobrador de la sociedad. Una vez que el médico visitaba al socio y certificaba la incapacidad temporal, la sociedad comenzaba a proporcionarle un socorro económico. El pago del socorro se efectuaba el mismo día de la certificación médica y continuaba hasta que el médico, tras realizar otra visita, confirmaba la recuperación del socio y le daba de alta.

Si un socio fallecía, la sociedad preparaba una liquidación en función de las cotizaciones realizadas por el socio desde su ingreso. Esta liquidación se entregaba al cobrador, quien, a su vez, se encargaba de entregar el dinero a los herederos del socio fallecido. De este modo, "La Protectora" no solo proporcionaba asistencia económica, sino que también brindaba una red de apoyo durante momentos de gran vulnerabilidad.

Aparte de su labor social, "La Protectora" también desempeñó una función cultural significativa en Trujillo. En sus instalaciones se organizaron escuelas nocturnas destinadas a la educación de los trabajadores, quienes podían asistir a clases después de su jornada laboral. De especial relevancia fue la clase de dibujo, que formó a numerosos artistas locales, quienes desarrollaron una habilidad destacada en el uso del carboncillo. Además, se promovieron funciones teatrales para aficionados, siendo una de las más importantes la representación de "La Bola Negra", una obra dramática en verso escrita por Marcos Zapata. Estas funciones no solo ofrecían entretenimiento, sino que también servían como una herramienta para recaudar fondos para la sociedad.

Antes de su disolución en 1968, la Sociedad de Socorros Mutuos e Instructiva "La Protectora" de Trujillo tomó una serie de decisiones importantes respecto a la preservación de su sede, reflejando tanto el valor histórico de la institución como la necesidad de garantizar su conservación para el futuro. En este contexto, la última junta directiva acordó que la sociedad se mantuviera operativa bajo la presencia de un inquilino que residiera en sus instalaciones. Este inquilino tenía como misión principal la conservación del edificio, lo que implicaba una gestión del espacio y su mantenimiento. Sin embargo, la habitación que se le asignó al inquilino era la más alejada del salón principal de reuniones, reservándose este último exclusivamente para las actividades relacionadas con la sociedad.

El salón principal de la sociedad estaba cuidadosamente organizado, y su disposición reflejaba tanto la importancia funcional del espacio como el respeto a ciertos símbolos culturales y espirituales que caracterizaban a la sociedad en sus últimos años de existencia. En este salón se encontraba un gran armario destinado al archivo y documentos oficiales de la sociedad, lo cual denotaba la organización administrativa que mantenían. Además, el mobiliario incluía un aparador y una mesa rectangular de despacho, ubicada sobre una tarima, para las reuniones y actos administrativos. Las sillas dispuestas alrededor de la mesa completaban el mobiliario, brindando un espacio de trabajo y reflexión para la junta directiva.

En términos decorativos, el salón era un lugar cargado de simbolismo. Sobre la mesa de despacho se encontraba una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, una figura devocional de gran significancia religiosa, que estaba acompañada de una pena como parte de su iconografía. Además, en la pared destacaban dos grandes retratos: uno de doña Margarita de Iturralde, la benefactora de la sociedad, quien dejó un legado considerable en Trujillo, y otro de don Jacinto de Orellana, el presidente honorario de la sociedad, cuyo retrato también era de gran tamaño y evidenciaba la importancia de su figura dentro de la historia de "La Protectora".

El crucificado con su dosel rojo, un símbolo religioso prominente en el espacio, completaba la decoración. Este elemento no solo hacía alusión a la espiritualidad que siempre estuvo vinculada a la sociedad, sino que también era un testamento de la visión moral y ética que guiaba el funcionamiento de la sociedad de socorros mutuos.

Este ambiente, con un marcado carácter institucional, cultural y religioso, reflejaba el respeto que la sociedad de socorros mutuos profesaba tanto a sus fundadores y benefactores como a los principios que la guiaron durante varias décadas de actividad. Al final de su existencia, el salón y sus objetos se convirtieron en un testimonio tangible de una época en la que los trabajadores de Trujillo, a través de su solidaridad y organización, crearon una red de apoyo mutuo que perduró a lo largo de los años.

Otro de los eventos que contribuía a los recursos económicos de la sociedad fueron las novilladas organizadas por aficionados trujillanos. Estas corridas de toros, si bien eran un espectáculo popular en la región, se convertían también en una importante fuente de ingresos para la sociedad. Las rifas y papeletas para acceder a estas novilladas gozaban de gran aceptación entre los habitantes de Trujillo, que las adquirían con entusiasmo. Así, el apoyo popular a través de estas iniciativas permitió a "La Protectora" seguir financiando sus actividades y continuar con su labor social.

La sociedad también tuvo el apoyo de personas influyentes y generosas, como doña Margarita de Iturralde, quien se conmovió profundamente por la labor que realizaba "La Protectora". Esta benefactora de Trujillo extendió su ayuda no solo a los trabajadores, sino también a los ancianos y niños de la localidad. Fundó un asilo para ancianos en las Alberguerías y un colegio para niños en el barrio de Santiago y Santa Margarita. Además, doña Margarita de Iturralde dejó una huella importante en el ámbito urbanístico de la ciudad al construir una barriada de casas que se entregaban a los vecinos bajo un sistema de propiedad que les permitía adquirirlas después de 25 años de pagos continuos. Este proyecto se denominó la "Barriada Católica Obrera" y el sorteo de las viviendas fue un acontecimiento que generó gran expectación en la comunidad local.

De este modo, la Sociedad de Socorros Mutuos e Instructiva "La Protectora" no solo cumplió con su función de proporcionar ayuda social y económica a los trabajadores, sino que también se convirtió en un motor de cambio y progreso para Trujillo. Su contribución al bienestar y la cultura de la comunidad dejó una huella perdurable, tanto a través de sus servicios directos como por la implicación de figuras como doña Margarita de Iturralde, que ayudaron a mejorar las condiciones de vida de los más desfavorecidos.

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