sábado, 5 de octubre de 2024

 

TRAYECTORIA HISTÓRICA DEL EJÉRCITO EN CÁCERES EN EL SIGLO XX

 

Los primeros antecedentes que hemos podido encontrar en relación con la existencia de una guarnición permanente en Cáceres corresponden al 21 enero del año 1853, día en el que llegó de Badajoz el primer Batallón del Regimiento de Málaga. Dicho batallón venía a relevar a otro que llevaba en Cáceres unos meses. Al batallón de Málaga le vino a sustituir el Batallón de Cazadores, teniendo también a su cargo el “servicio de la Provincia”, hasta finales del año 1891, en que cesaron los envíos de tropas.

En el año 1892, Cáceres no contaba con guarnición por eso las autoridades se dirigieron a Badajoz para hacer las oportunas gestiones ante el entonces Capitán General de Extremadura, don Federico Ezponda  consiguiendo que a los pocos meses llegase un batallón de Infantería y un escuadrón de Caballería, procedentes de Badajoz, a los que se irán sucediendo otros, sin que tuviesen carácter de guarnición permanente[1].

En el año 1911 fue destinado a Cáceres el Batallón de Llerena número 11 que fue sustituido en el año 1912 por el Batallón de Gravelinas procedente de Badajoz y, en el año 1913 fue relevado por uno de Castilla, bajo el mando del Teniente Coronel don Luis Navarro y Alonso de Celada[2]. El acto tuvo lugar en la entonces Plaza de la Constitución, el domingo 20 de abril de 1913. Los cacereños congregados entre el Paseo de Cánovas y la Plaza, por donde tuvo lugar el desfile, vitorearon a las fuerzas militares encabezadas por los Tenientes Coroneles señores León y Alonso de Celada. A la mañana siguiente, tuvo lugar el solemne acto de la Jura , en la bandeja central de la Plaza, asistiendo las autoridades civiles y militares, el gobernador militar era el Coronel don Andrés Pasalodos, previamente la misaa fue oficiada por el sacerdote señor Javato. A finales de agosto del año 1917 se llevaron a cabo reiteradas gestiones por las autoridades provinciales y locales para que uno de los Regimientos de Artillería que se habían creado para guarnecer la frontera portuguesa, viniese a Cáceres.

Pero, llegó el gran día del establecimiento de una guarnición permanente en Cáceres. El día 2 julio del año 1919 era destinado a Cáceres de manera definitiva el Regimiento Infantería de Segovia número 75, bajo el mando del Coronel don Manuel Núñez Antón. El día 24 de octubre de 1919 era bendecida y entregada la bandera al mismo[3]. En Cáceres prestó sus servicios hasta el año 1921, que toma parte en la guerra de Marruecos, principalmente en las operaciones de Seganga y Benisecar. En el año 1922 interviene en las operaciones de África en la columna mandada por el general Berenguer, regresando a España en el vapor Vicente Puchol, llegando el día 18 de octubre 1922 a Cáceres.

El Cuartel Infanta Isabel se comenzó a construir en 1920, en octubre del año 1924 las obras del nuevo cuartel ya estaban terminadas y se trasladó allí el Regimiento Segovia 75, que estaba alojado en la calle Parras, en el edificio del antiguo Seminario de Galarza. El edificio del viejo cuartel fue destinado para juzgado municipal y escuelas públicas, siendo derribado en 1969. Su fachada fue traslada a la Ciudad Monumental, al Palacio Episcopal, en la plaza de Santa María[4]. Es importante destacar la segunda visita (la primera tuvo lugar el 11 de julio de 1916) que realizó la Infanta Isabel a Cáceres[5] coincidiendo con la entrega de una bandera al Regimiento Segovia número 75, de la que habría de ser madrina. Acto que tuvo lugar el 24 octubre del año 1919 en el Paseo de Cánovas, la bandera fue entregada por la Infanta Isabel al Coronel de la unidad don Manuel Núñez Antón.

El cuartel Infanta Isabel no fue inaugurado, ya que la mitad del regimiento estaba combatiendo en la guerra de África. La prensa local dedicó un especial interés a la campaña de África, en la que participó el segundo Batallón del Regimiento de Segovia número 75, al mando del Teniente Coronel don Joaquín Gutiérrez Alegre. La despedida de los soldados en Cáceres tuvo lugar el 25 de agosto de 1921, fueron muchos los cacereño que se habían incorporado a la guarnición. Se registraron muchos actos heroicos, algunos de los cuales fueron debidamente publicados en periódicos locales como La Montaña[6], como en las operaciones de repliegue de Xauen, que no descansaron las tropas hasta que regresaron las columnas cuando terminaron toda la evacuación. El día 11 de enero de 1925 fue recibido por el pueblo de Cáceres el Teniente Coronel don Joaquín Gutiérrez con pruebas de afecto.

El 17 de noviembre de 1928 fue visitado Cáceres por el rey Alfonso XIII, acompañado por el General Primo de Rivera.  Ya había visitado la ciudad en otra ocasión, concretamente el 25 de abril de 1905, llegó a la ciudad el ferrocarril donde fue recibido por las autoridades, rindiéndole honores una compañía del Batallón de Figueras, dirigiéndose a la plaza mayor donde fue recibido por miles de cacereños. La segunda vez que fue a Cáceres, el domingo 17 de noviembre de 1928, procedía de la finca Guadalperal, donde había estado cazando. Llegó a la una de la tarde a la Plaza de Toros de Cáceres, en un automóvil Hispano, acompañado del Marqués de Estella. Fue recibido por el alcalde Arturo Aranguren. El monarca pasó revista a la compañía que le rendía honores, del regimiento de Segovia. El coche fue escoltado hasta la iglesia de Santa María donde se ofició un Te Deum, visitando poco después el cuartel Infanta Isabel, con todo detenimiento, presenciando diversos ejercicios militares como el lanzamiento de granadas por el comandante Navarro. A continuación tuvo lugar un almuerzo. Por la tarde el rey visitó el Hospicio de Niñas en la casa cuna en el Hospital Provincial. Posteriormente, a las 5:30 visitó el río Tajo, recorriendo el puente. A última hora de la tarde regresó a Cáceres, siéndole ofrecido un vino de honor en el ayuntamiento, durante el cual actuó la Coral Cacereña, bajo la dirección del señor Gómez Crespo. Terminado el vino de honor, el rey Alfonso XIII y sus acompañantes regresaron a la finca Guadalperal.

Durante la República en el año 1931 se fusiona el Regimiento con el “Batallón de Montaña Gomera-Hierro número 11”, pasando a conocerse como “Regimiento de Infantería número 21”. Cuatro años después cambiaría su nombre por el de “Regimiento de Infantería de Argel número 27”,  y es encuadrado en la División número 12 hasta que en el año 1959 una vez vuelto de Ifni, toma la denominación de “Agrupación de Infantería Argel Número 27”, encuadrado en la División número 11.  

Un día después de la proclamación del levantamiento militar de 1936, a las once de la mañana del día 19 de julio de 1936, un Batallón del Regimiento de Argel nº 27, al mando del comandante Linos Lage, sale de su cuartel y desfila por la ciudad de Cáceres.  Lleva banda de música y porta bandera republicana.  Es domingo, y en la ciudad reina la confusión.  El Gobierno ha dado a conocer por la radio la sublevación militar en África, pero afirma controlar la situación en casi todo el país.  El periódico local «Extremadura» ha recibido órdenes de no comunicar ni una sola línea de información sobre el levantamiento militar.  Además, las comunicaciones periodísticas han quedado interrumpidas desde el día 17, justo después de haber llegado a la redacción del diario un telegrama cifrado que daba cuenta de la sublevación en África.  El Batallón desfila por las calles Canalejas (hoy Barrionuevo) y General Ezponda hasta desembocar en la Plaza Mayor.  Allí, frente al Ayuntamiento, el comandante Linos proclama el Estado de Guerra

Después las tropas se encaminan hacia la plaza de Santa María para tomar el Gobierno Civil y la Diputación Provincial.  Detenidos el gobernador y el alcalde constitucionales, el Jefe Militar de la Plaza, coronel Álvarez Díaz, nombra al comandante de la Guardia Civil, Fernando Vázquez, gobernador de la provincia, y al capitán Luciano López Hidalgo, nuevo alcalde de la ciudad. A partir de ahí, comienzan los encarcelamientos masivos de miembros del Frente Popular y las ejecuciones. Al acabar el día 19, la situación en las capitales extremeñas era radicalmente distinta.  Mientras Badajoz permanecía fiel a la República, bajo el mando del Comandante Militar de la plaza, el general de brigada Castelló, Cáceres se adhería al Alzamiento militar.

            La  Guerra Civil Española asoló el país casi tres años. Así, en la presente investigación se van a tratar varios asuntos relacionados con este acontecimiento. El cuartel general de Franco se estableció en la ciudad de Cáceres entre los meses de agosto y septiembre de 1936. Meses decisivos, sobre todo septiembre, pues se decantó por su candidatura como mando único que sustituyera a la Junta de Defensa Nacional.

Fue importante el aeródromo militar, instalado en el actual Ferial de Cáceres desde 1927. Desde el éxito del Alzamiento en Cáceres, este aeródromo adquirió gran actividad militar, instalándose en su recinto depósitos o polvorines para el almacenamiento de las bombas que se utilizarían en acción de guerra y fue utilizado como base de aparatos alemanes e italianos.

            El día 26 de agosto de 1936, llegó a Cáceres Francisco Franco en una avioneta procedente de Sevilla, estableciendo el Cuartel de su Estado Mayor en la ciudad para seguir el avance de las tropas a Madrid, instalándose en el palacio de los Golfines de Arriba – situado en ciudad monumental, concretamente en la Cuesta de Aldana-, que era propiedad  de López-Montenegro, destacado monárquico que había sido Presidente de la Diputación de Cáceres y uno de los responsables de la Unión Patriótica de la ciudad durante la Dictadura de Primo de Rivera

 

Tras la muerte del General José Sanjurjo en julio de 1936, la sublevación perdió al militar que aglutinaba a todos los demás, pues era considerado el que iba a ser el Jefe del Estado Mayor. Tras su fallecimiento, el General Franco era quien reunía más méritos militares y profesionales. El 29 de septiembre se redactó (por el General Alfredo Kindelán y por Nicolás Franco), el decreto de nombramiento de Francisco Franco como Jefe del Estado nombramiento que recibió en Cáceres, Franco fue investido como Jefe del Gobierno del Estado en Cáceres, en la misma fachada del palacio de los Golfines fue instalada una placa conmemorativa con este texto: “Palacio Golfines de Arriba. Estando en esta casa el Excmo. Sr. Don Francisco Franco Bahamonde fue proclamado Jefe del Estado y Generalísimo de los Ejércitos Nacionales. XXIX-IX- MCMXXXVI”.

 

Si damos un salto en el tiempo, en el año 1960 se instala en Cáceres el “Regimiento de Ametralladoras de Infantería Argel número 27”, hasta que se disuelve y se transforma en el “Regimiento de Infantería Argel número 27 Plana Mayor Reducida”, en la ciudad de Sevilla lugar en el que permanece hasta su disolución definitiva en el año 1985.

            La creación de CIR Nº3 coincide, en el año 1964, con la reducción de personal del Regimiento de Infantería Argel Nº27 que estaba alojado en las instalaciones del Acuartelamiento Infanta Isabel de Cáceres, el cual es nombrado como unidad administrativa de apoyo hasta que se cubran las vacantes de la plantilla de la nueva unidad. Fue nombrado Coronel Jefe Accidental del CIR 3 el Ilmo. Sr. D. Eugenio Juncá Casadevall. El día 23, por Orden Circular del 21 de enero 1965 (B.O. Nº 18) es destinado para el Mando del Centro de Instrucción de Reclutas Nº 3, el Ilustrísimo Señor Coronel de Infantería D. Eugenio Juncá Casadevall, que a su vez ejerce el Mando del Regimiento Argel Nº 27. Se constituye por orden comunicada de 04/12/1964, publicada  el día 8 de diciembre de 1.964 (D.O. nº 278) con el nombre de Centro de Instrucción de Reclutas Nº3 "Santa Ana" Cáceres. La misión de este C.I.R. Nº 3, es la de reconocer, vestir, instruir y clasificar a los mozos llamados a este C.I.R., para reubicar a los ya clasificados en la instrucción de especialidades, destinar y conducir, a todos para cumplir el Servicio Militar en el Ejercito. Inicialmente se organizará en una Plana Mayor, que ocupará locales en el cuartel "Infanta Isabel", y cuatro batallones de instrucción, dos de los cuales serán destacados en la plaza de Plasencia, donde ocuparán locales del Regimiento de Infantería Ordenes Militares Nº 37 y los otros dos batallones en el campamento de "Santa Ana".

             Los primeros reclutas se incorporan entre el 2 y el 7 de marzo de 1.965, siendo 2.637 los que lo hicieron en Cáceres y 1.104 en Plasencia, realizando su Jura de Bandera el día 2 de mayo de 1.965.

            El 7 de julio de 1970 el entonces jefe del Estado, Francisco Franco, visitó por última vez Cáceres acompañado de cinco ministros para inaugurar la presa de Alcántara. El gobernador civil, Gutiérrez Durán, recibió a Franco en la estación Arroyo-Malpartida. Ya en la capital de provincia el alcalde Alfonso Díaz de Bustamante le entregó la llave de Cáceres. Franco había visitado Cáceres en otras ocasiones, concretamente el 17 de junio de 1941, en cuya Plaza Mayor presenció el desfile de las fuerzas de Argel y Centurias de la Falange. Posteriormente visitó el Santuario de la Virgen de la Montaña, Patrona de Cáceres, finalizando su visita a Cáceres. El día 11 de mayo de 1954, tuvo lugar otra de las visitas de Francisco Franco a la capital cacereña, presentando la ciudad un maravilloso conjunto con numerosos mástiles portando banderas ondulantes al viento en la plaza de la Cruz de los Caídos, primer saludo que la ciudad rendía a Franco y donde recibiría la Medalla de oro de la provincia.

 

    Los entonces príncipes de España, Juan Carlos y Sofía, visitaron en dos ocasiones la ciudad cacereña. El día 3 de mayo de 1964, nos visitaron para venerar el mantel de la Santa Cena que les fue ofrecido por el Obispo de la Diócesis, Llopis Ivorra. Otra visita posterior tuvo lugar el día 22 de junio de 1972, acompañados por los ministros de Obras Públicas y de Información y Turismo, Fernández de la Mora y Sánchez Bella. Llegaron a Cáceres el ferrocarril, pronunciaron discursos desde el balcón del Ayuntamiento , tras el almuerzo inauguraron el Museo del Mono y la Hostería del Comendador, tras una visita a la Patrona de la ciudad, se trasladaron a Alcántara.

    El día 18 de septiembre de 1977 una compañía rinde honores a SS.MM los Reyes de España en su visita a Cáceres.

 

     Desde su creación mantiene en custodia la Bandera del Regimiento de Infantería Argel Nº 27, hasta el año 1983, fecha en que la entrega a la Plana Mayor reducida de dicho Regimiento, sita en Sevilla.

            Conforme al apartado 3 y anexo de la I.G. 13/85 E.M.E. (5º Div.), es transformado en CIR Centro, a partir del 1 de enero de 1986.

            El 19 de octubre de 1992 recibe del Excmo. Ayuntamiento de Cáceres la enseña Nacional en su modalidad de Bandera, que le había sido concedida por O.M. Nº50/91 de 19 de junio  (B.O.D. Nº125).  El 28 de febrero de 1995 recibe la Medalla de Oro de la ciudad de Cáceres.      El 23 de mayo de 1996 recibe la condecoración al Merito Nacional a la Donación Altruista de Sangre. De acuerdo con lo dispuesto en la NG. 1/96 E.M.E. sobre adaptaciones orgánicas a partir del 1 Según la Orden de la Región Militar Centro Nº93 de fecha 10 de julio del mismo año queda anulada la denominación anterior continuando la de "CIR Centro".

            Los reclutas que pasaban por el CIR de Cáceres solían bautizar a la compañía en la que mejor se vivía como ‘El hotelito’; y a la compañía en la que se sudaba más, al obligar los mandos a hacer más pruebas físicas, la llamaban ‘La Pequeña Legión’.

             A partir de 1997 y según norma Regional 5/97 de Adaptaciones Orgánicas el CIR Centro pasa a denominarse "CENTRO DE INSTRUCCIÓN Y MOVILIZACIÓN Nº1" con las siglas CIMOV Nº1. Desde mayo de 1997 esta Unidad recibe los aspirantes MPTM. de las distintas convocatorias para realizar el periodo básico de formación.



[1] Incluso el General Ezponda fue nombrado Hijo Adoptivo de Cáceres por un ayuntamiento presidido por don Augusto Monje Jiménez, en el mes de agosto del año 1893.

[2] Importantes datos recogidos por periódicos locales como el Regenerador Extremeño y la interesante obra de don Germán Sellers de Paz: Cáceres visto por un periodista, publicado en el año 1981 por la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Cáceres, pp. 429 y 430.

[3] Este Regimiento fue creado con el sobrenombre de “El Confundido”, el 20 de enero 1694. Sus hechos de armas se desarrollaron principalmente en Marruecos, desde su creación hasta el año 1697. Luego en Italia, durante el año 1705 y en la Península, desde 1706 a 1714. En el año 1775 marchó con la expedición a Argel, asistiendo después al bloqueo de Gibraltar en el año 1780. En el año 1793 tomó parte en la guerra con Francia en 1807 participó en la invasión de Portugal. Durante la Guerra de independencia participó en las famosas batallas de Bailén, Ocaña y en la defensa de Ciudad Rodrigo. En 1817 marchó con la expedición América. Fue disuelto y creado globalmente en el año 1919 con el nombre de Segovia 75, siendo su primer jefe el coronel, Manuel Núñez Antón

[4] Según Francisco Hurtado Sánchez en el número de la Revista Santa Ana de julio-septiembre de 2012.

[5] La primera vez que vino a Cáceres la Infanta Isabel fue el 11 julio del año 1916, tras un viaje por Guadalupe, Trujillo y Mérida. En Cáceres fue recibida por su entonces alcalde don Luis González Borreguero, y desde el balcón central del Hotel Europa, donde se hospedó, pudo apreciar la gran manifestación de simpatía que se organizó en la ciudad tras su visita.

[6] La Montaña : diario de Cáceres, números 1921-1926. Imprenta Floriano, Cáceres. Biblioteca Pública de Cáceres.



















 

Iglesia parroquial de Santa Catalina de Alcollarín

Encontramos datos documentales sobre la población en el año 1485, concretamente cuando los Reyes Católicos recurren en varias ocasiones a Trujillo y su comarca para enviar personal a la lucha contra los árabes[1].

En tiempos de la reina doña Juana se concedió el señorío de Alcollarín a don Cristóbal Pizarro[2].  Este y su mujer doña Beatriz de Carvajal fundaron el mayorazgo de esta familia el 27 junio de 1516 y el 25 noviembre de 1528[3], era un mayorazgo agnaticio, sólo podían suceder en él sus descendientes legítimos de varón en varón, quedando excluidas las mujeres. Su descendiente primogénito, don Álvaro José Pizarro de Carvajal y Manrique, fue desde 1632 Conde de Torrejón, cuyo derecho de villa le venía por línea femenina[4]. Tuvo una hija, que fue la sucesora de la Casa de Torrejón, pasando finalmente a un primo suyo. No obstante, a finales del siglo XVIII, a pesar de haberse extinguido la descendencia de don Álvaro José Pizarro, ambas casas volvieron a reunirse con doña Teresa de Godoy Pizarro de Carvajal, 13ª señora de Alcollarin, X condesa de Torrejón y Grande de España[5].

En el centro de la población se alza la iglesia parroquial de Santa Catalina. Es un edificio de mampostería irregular en los muros y el sillar en la torre, contrafuertes, vanos y portadas. Ha sufrido muchas reformas, pero conserva alguno de sus rasgos primitivos, como la portada ojival, la torre y los arcos apuntados que dividen los distintos tramos de la nave, además de su ábside semicilíndrico cubierto con bóveda de cuarto de esfera. Todos estos elementos son característicos de los últimos años del siglo XV, coincidiendo con el reinado de los Reyes Católicos. Los añadidos modernos se centran en la cubierta, así como la incorporación de dos naves laterales y otros cuerpos adosados. En una de las columnas se conserva una pintura al fresco con la representación de san Antonio Abad, gran guía espiritual de los monasterios de Egipto. Viste hábito talar oscuro con una tau griega, con manto o cogulla y capuchón del mismo color, propio de los monjes antonianos, que le consideran por fundador. Lleva bastón y un libro abierto, así como un cerdito, atributos personales.








[1]Francisco de Hinojosa en su obra Extremadura en el siglo XV nos indica que desde Córdoba, los Reyes Católicos piden a la ciudad de Trujillo su comarca, el 26 mayo de 1485, 250 peones que fueron repartidos entre los pueblos de su jurisdicción entre los que se encontraban Alcollarín (MUÑOZ DE SAN PEDRO, 1964). Véase BRAVO, 2008, p. 18.

[2]Los vecinos del lugar litigaban con su primer señor don Cristóbal Pizarro. NARANJO ALONSO, C: Trujillo, sus hijos y monumentos, Madrid. 1983,  p. 183.

 

[3]MAYORALGO–GÓMEZ, “Los Condes de Torrejón”, Anales de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, volumen V, Madrid, 1998-99, pp. 185-268. 

[4]MAYORALGO, 2006, p. 119.

[5]MAYORALGO–GÓMEZ, 1998-1999; y MAYORALGO LODO, J. M: “Señoríos nobiliarios en la tierra de Trujillo”, Actas del Congreso La tierra de Trujillo en el renacimiento  (1500 -1600), Badajoz, 2006, p. 120.

 

La Casa de los Pereros de Alcántara, pintura mural

Se conserva un esgrafiado en la casa de los Perero. Los Perero, linaje asentado en Alcántara desde la creación de la Orden Militar. Los descendientes de los primeros maestres de San Julián del Pereiro tomaron por apellido el nombre de la Orden y fundaron casa solariega en la Villa. Entroncaron con las grandes familias establecidas en Alcántara como demuestra el escudo heráldico que preside su fachada donde se aprecian los apellidos Perero, Cárdenas, Figueroa y Mendoza. Posiblemente, construida en el siglo XIV aunque remodelada en los siglos XVI y XVII.

    En este edificio de sobria portada destacan sus dos monumentales chimeneas con remate triangular. En su interior, revistiendo algunas de sus paredes, se conservan bellos medallones esgrafiados datados en el siglo XVI.



 

Aproximación artística al panorama pictórico mural del Monasterio de Nuestra Señora de Guadalupe

            El esplendor pictórico del Monasterio de Guadalupe puede decirse que comienza con la llegada de la Orden de San Jerónimo, la cual se hace cargo del Monasterio el 22 de octubre de 1389. Los monjes convirtieron a este lugar en un emporio de riqueza artística, convirtiéndolo en una joya museística, en la que las pinturas destacan por la cantidad y también por su calidad, llenando la práctica totalidad de los espacios que conforman este edificio monacal. Las primeras construcciones de este magno monumento comenzaron a finales del siglo XIV, en estilo gótico-mudéjar, y con ellas las primeras manifestaciones pictóricas, aunque es más tarde, en el siglo XVII (Siglo de Oro) cuando el Monasterio recibe la presencia de los elementos más grandiosos.

            Una de las zonas más nobles del monasterio es el coro. El primigenio coro de tiempos alfonsinos fue ampliado en tiempos del prior fray Yáñez (1389-1412)[1], dejando en la zona inferior la antigua Sala Capitular (capilla de San Martín) y siendo reformado por Larra Churriguera en época del prior Juan de Almadén (1742-44)[2]. Se cubre con bóveda estrellada decorada con pinturas que semejan el cielo azul, con muchas estrellas y motivos florales, y ocho angelotes tocando instrumentos musicales, que aparece descrito ya a finales del siglo XVI (1597) por el padre Talavera[3]. Consideramos que estas pinturas son obra de Juan de Flandes, que se encontraba entre los años 1495-1498 pintando los respaldos de la sillería de coro del mismo monasterio.

            Las pinturas murales de uno de los conjuntos más espectaculares del monasterio,  la Sala Capitular, han sido restauradas recientemente (año 2011). En la valoración y correcta comprensión resulta fundamental el programa pictórico que originalmente enriquecía la totalidad de la superficie de bóvedas y muros y cuya disposición y organización obedecen a la estética mudéjar: sistema de compartimentación en registros y estratificación de los mismos, en los que, conforme a la habitual síntesis de este estilo, se funden el repertorio gótico cristiano de temas de cardos, estructuras arquitectónicas en perspectiva, temas heráldico os, rosetón es y terracerías, imitación de textiles, remates en forma de cresterías con pináculos y hojas treboladas, empleadas en la decoración de la parte superior de los muros y el procedente del mundo islámico, mediante labores geométricas que repiten esquemas compositivos característicos de los alicatados de cerámica. La decoración pictórica de los muros de las Salas organizó de acuerdo con el doble banco corrido donde se sentaban los frailes, cuyo frente ocupan las pinturas de tracería gótica. La decoración pictórica hace la función de respaldos de los asientos. La composición parte de un friso corrido con una sencilla labor de alicatado fingido, en colores blanco, azul y verde. Sobre este friso se distribuyen una serie de paneles de tamaño desigual, enmarcados por bandas con tracerías góticas, que presenta motivos de clavos en su unión.

Sala capitular del monasterio de Ntra. Sra. de Guadalupe





Los de mayores dimensiones corresponden a grandes rosetones, alternando con estructuras arquitectónicas en perspectiva, donde encontramos motivos heráldicos. Entre éstas y aquéllos se disponen estrechos paneles verticales, a modo de pilastras, ocupados con temas de cardos. El remate de este conjunto pictórico está compuesto por un primer friso corrido con ménsulas en perspectiva; otro más ocupado por tracerías con temas de clavo que se corresponden con los enmarques de los grandes paneles inferiores y, finalmente, un coronamiento integrado por pináculos y cresterías. Algunos de estos motivos, así como las ménsulas en perspectiva, se encuentran en el repertorio ornamental de la azulejería de la segunda mitad del siglo XV. Lo que es un claro ejemplo entre la pintura mural y su relación con la cerámica policromada. Hay que tener en cuenta que los temas vegetales se ha empleado una gama cromática ocre, con algunos toques de verde, rojo y negro, mientras los edículos en perspectiva que contienen los escudos están realizados en gris con ciertos complementos ornamentales en rojos y ocres, color que también se ha utilizado para el fondo del panel.

Los escudos se alternan con los rosetones, y corresponden a la Orden Jerónima, integrada por un capelo cardenalicio que cobija una cruz florenzada y un león, y al del propio monasterio, en el que figura una jarra de azucenas alusiva a Santa María de Guadalupe.

Respecto a las pinturas que decoran las bóvedas se emplearon cardinas, cresterías y temas vegetales, además de la simulación de cantería. El sistema seguido en la disposición de las labores pictóricas contribuye a reforzar la compartimentación de las cubiertas y a resaltar el juego de triángulos determinado por las nervaduras pintadas en franjas de colores, resaltándose con ello las distintas molduras que la integran[4]. Similar división en franjas ofrecen las claves en su encuentro con los nervios que, una vez liberadas de los pinjantes de madera dorada añadidos en fecha posterior, presentan círculos concéntricos en tonos blancos, rojos y negros, además del dorado utilizado para reforzar las rosetas y otros motivos. En los plementos de las bóvedas se han fingido molduras en bocel, de color blanco y sobre las que se simula el despiece de sillares, enmarcando unas cenefas que, en el primer tramo de bóveda, están ocupadas por tracerías góticas, mientras que en el segundo tramo figuran motivos vegetales. El resto de las superficies presentan en formato triangular temas de cardinas en colores grises y ocres sobre fondo azul o rojizo, alternativamente. En el siguiente tramo de bóveda el fondo de los elementos es blanco y los cardos, algo más estilizados, están pintados utilizando una delicada gama de tonos rojos reforzados con grises. La edificación de estas dependencias se ejecutaron entre 1463 y 1469.

Detalle del escudo en las pinturas murales de la sala capitular

Posiblemente intervino en las obras Anequín Egas, que durante esos años realizó diferentes sepulcros para el monasterio. Respecto a la ejecución de las pinturas datadas en el último tercio del siglo XV podemos relacionarlas con algunas creaciones pictóricas de los monasterios de La Rábida y de San Isidoro del Campo. No podemos asegurar la autoría de Anequín Egas, pero sí tenemos constancia de que a mediados del siglo trabajaban para el monasterio de Guadalupe los pintores Pedro Gómez Antón, Alonso Carrillo, Francisco Vázquez, Alfonso López y el maestre Felipe, planteando la hipótesis de que dichos maestros intervinieran en la realización de las pinturas.

            En otro espacio sacramental del monasterio, concretamente en la sacristía, comenzada a construirse en 1638, bajo el priorato de fray Pedro de Montalvo y atribuida a fray Alonso de San José[5]. El espacio de la Antesacristía está decorado con pintura mural en los paramentos y la bóveda, respondiendo a las mismas características estilísticas que las pinturas que adornan la sacristía. En la bóveda de la sacristía se desarrolló un conjunto de pinturas murales atribuidas a fray Juan de la Peña y a Manuel Ruiz, hacia 1640. La cúpula principal presenta una división en ocho espacios, cuatro con motivos florales y otros con medallones rodeados por angelotes con las virtudes y en las pechinas pinturas al temple con los Padres de la Iglesia Occidental: San Gregorio Magno, San Agustín, San Ambrosio y San Isidoro de Sevilla.


En la sacristía se recogen entre otras, cinco escenas de la vida de San Jerónimo, enmarcadas con motivos vegetales, roleos, motivos heráldicos como el escudo del Monasterio, angelotes cubriendo todo el espacio respondiendo al "horror vacui"[6]: San jerónimo ante el Papa San Dámaso; San Jerónimo dictando normas a los monjes fundadores; San Jerónimo con la Caridad; San Jerónimo con la Fe; y San Jerónimo recibe lecciones de hebreo de un rabino. La decoración se completa en la capilla de San Jerónimo, concretamente en las bóvedas y pechinas, donde se representa motivos figurados, concretamente en la bóveda de cañón que cubre el espacio del retablo se ha pintado un rompimiento de gloria, con el Espíritu Santo en forma de paloma y seis cabezas de angelotes. Los lunes dos que sostienen la cubierta van decorados con medallones con ángeles.

            La capilla de Santa Ana se encuentra a la entrada del templo, construida en los primeros años del siglo XV, adornada con pinturas murales gótica-flamencas de la misma época. Destaca el Sepulcro de los Velasco de estilo gótico realizada por el escultor Egas Cueman. Entre los añadidos a la realización del sepulcro, nos encontramos con ángeles portadores de escudos, adosados a la pared. Se pintó la zona inferior con un zócalo en el que se repite la heráldica de los finados, con pinturas de tonos azules y blancos.

            Antes de las fiestas de Nuestra Señora, el 8 de septiembre, los responsables de la empresa TEKNE, Conservación y Restauración S.L, de Madrid, dieron por concluida la segunda fase de los trabajos en la capilla de Santa Ana. La obra, emprendida por la consejería de educación y cultura del gobierno de Extremadura, fue presentada en 120.000 € para ser ejecutada en dos fases, último trimestre de 2014 y primer trimestre de 2015. Restauradas ya las bóvedas de los dos primeros tramos, ésta ha consistido limpiar y restaurar el lienzo central del retablo, obra del pintor cordobés Pablo de céspedes (1538- 1608), junto a los otros pequeños de la predela. También se ha limpiado el sepulcro del matrimonio Velasco-Cuadros, con los dos ángeles portantes de escudos, obras del escultor bruselense Egas Cueman, y lo más lúcido de todo: la restauración de la pintura mural que guarda la capilla, friso de la cabecera del lado de la epístola y un pequeño zócalo en la parte del evangelio. Con esta intervención se completa la restauración del presbiterio de la capilla, obra del siglo XV, edificada a la entrada de la basílica, entre las dos torres de la fachada que mira a mediodía. Falta por reparar la nave que ocupa la otra mitad del edificio, con sus nervaduras góticas y ménsulas de ángeles polícromos, así como la interesante bóveda de terceletes que da paso al interior del santuario.

Antes de las fiestas de Nuestra Señora, el 8 de septiembre, los responsables de la empresa TEKNE, conservación y restauración S.L, de Madrid, dieron por concluida la segunda fase de los trabajos en la capilla de Santa Ana. La obra, emprendida por la consejería de educación y cultura del gobierno de Extremadura, fue presentada en 120.000 € para ser ejecutada en dos fases, último trimestre de 2014 y primer trimestre de 2015. Restauradas ya las bóvedas de los dos primeros tramos, ésta ha consistido limpiar y restaurar el lienzo central del retablo, obra del pintor cordobés Pablo de céspedes (1538- 1608), junto a los otros pequeños de la predela. También se ha limpiado el sepulcro del matrimonio Velasco-Cuadros, con los dos ángeles portantes de escudos, obras del escultor bruselense Egas Cueman, y lo más lúcido de todo: la restauración de la pintura mural que guarda la capilla, friso de la cabecera del lado de la epístola y un pequeño zócalo en la parte del evangelio. Con esta intervención se completa la restauración del presbiterio de la capilla, obra del siglo XV, edificada a la entrada de la basílica, entre las dos torres de la fachada que mira a mediodía. Falta por reparar la nave que ocupa la otra mitad del edificio, con sus nervadura góticas y ménsulas de ángeles polícromos, así como la interesante bóveda de terceletes que da paso al interior del santuario.

Interesantes pinturas murales encontramos en el Camarín, situado al este del monasterio, detrás del ábside del templo, es una espléndida construcción barroca (1687-1696)[7] atrevida en su arquitectura de los arquitectos madrileños Matías Román y Francisco Rodríguez Romero[8] y fascinante en su ornamentación. Exteriormente se nos presenta como una esbelta torre de planta octogonal, construida en mampostería y ladrillo visto y coronada con una hermosa cúpula y lucernario.



En el interior tiene planta baja, popularmente conocida como panteón y ahora, capilla de los siete altares, de disposición octogonal. En el segundo cuerpo está el camarín sobre cuatro pilastras que sostienen arcos torales sobre los que descansa el tambor de la cúpula, dotado de ocho hermosas ventanas con vidrieras[9]. Será Juan de Trujillo[10] el que promueva la ornamentación artística del camarín, a base de zócalos realizados con jaspes y mármoles bruñidos de Cabra, yeserías, frisos lucidos. No podemos olvidar que el camarín muestra una arquitectura en cruz griega, cuyos brazos forman cuatro ábsides en cada uno se sitúan cuatro pilastras vaciadas, dejando entre ellas tres espacios ocupados los centrales por puertas y los otros nueve por los cuadros de la vida de la virgen de Lucas Jordán. El Centro se cubre con cúpula con tambor y terminada linterna, los brazos reciben cascarones decorados a modo de conchas de yesería. Encontramos una decoración histórica mural, obra de Pedro José de Uceda que recibió en el año 1736 el encargo de decorar el camarín[11], en el que encontramos un programa iconográfico de exaltación de la Virgen María. En las escaleras que suben al camarín existen trece cuadros que narran la historia de la Virgen de Guadalupe a los que tenemos que sumar los lienzos pintados por Lucas Jordán, ya citados, las ocho Mujeres Fuertes y la decoración mural sobre los cuadros.

Las pinturas murales barrocas fueron restauradas en 1985, por iniciativa de fray Francisco Oterino, entonces guardián del Monasterio y dirigidas por don Francisco Arquillo Torres, titular de la cátedra de restauración de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Sevilla. La restauración comprendió la fijación de oro y pinturas, limpieza técnica y reintegración de las partes afectadas, llevándose a cabo durante los meses de julio y agosto de 1985[12].

Existen otras pinturas murales en la nave de Santa Paula, es la que comunica la Basílica con el templo, donde destacan en su parte superior unas pinturas murales de estilo mudéjar y una inscripción latina en letras góticas junto a unas composiciones de lazo. Estas pinturas fueron descubiertas en el siglo XVII[13].  También, en la sala capitular que se encuentra en la parte baja del claustro, de planta rectangular, con bóveda de crucería de terceletes. En el muro izquierdo de la puerta aún subsisten pinturas murales mudéjares en fondo blanco con estrellas de ocho, combinadas de lazo de cuatro en azul[14]. 

 



[1] GARCÍA, S: Guadalupe de Extremadura, Sevilla, 1979, p. 21.

[2] JIMÉNEZ PRIEGO, M. T: “Nuevas aportaciones sobre Manuel de Larra y Churriguera”. B.S.A.A, tomos XL-XLI, Valladolid, 1975, p. 349.

[3] TALAVERA, fr. : Historia de Santa María de Guadalupe, Toledo, 1597, p. 203.

[4] Agradecimiento a don Leandro de la Vega y don Santiago Ferrete, de la empresa Agora, en el proyecto y la dirección técnica de la restauración en las pinturas.

[5] MUÑOZ JIMÉNEZ, J. M: "El arquitecto fray Alonso de San José y la sacristía del Monasterio de Guadalupe". Revista de  Guadalupe. núm. 219, 1990, pp. 143-148.

[6] TERRÓN REYNODLS, M. T: Pintura barroca en Extremadura, Cáceres, 2000, p. 121.

[7] Archivo del Monasterio de Guadalupe, legajo 153, cuentas del oficio de mayordomía (1601-1698)

[8] Archivo Histórico Nacional, Clero, legajo 1424. Certificación de Francisco Rodríguez, maestro del camarín, 10 de junio de 1696.

[9] GARCÍA, S y TEJADA VIZUETE, F: El camarín de Guadalupe. Madrid, 1996,  p. 45-46.

[10] Archivo del Monasterio de Guadalupe, códice 132, folios 16-21.

[11] GARCÍA RODRÍGUEZ, S y TEJADA VIZUETE, op. cit., p. 60.  Archivo del Monasterio de Guadalupe, códice 112, libro de recibo y gasto que tiene la fábrica, adornos y lucimiento del iglesia (1742-44).

[12] OTERINO, F: "Restauración de las pinturas murales del camarín", en Revista Guadalupe, 677, 1985, p. 162.

[13] Según el padre Zamora, fueron descubiertas en el año 1696, unas pinturas mudéjares, con lacerías y formando estrellas. ZARMORA, FR. “La primitiva ermita de Nuestra Señora de Guadalupe”. Revista Guadalupe, 582, 1971, p. 91.

[14] MOGOLLÓN CANO-CORTÉS, P: El mudéjar en Extremadura, Salamanca, 1987, p. 194; Cit. ANDRÉS, P: Guadalupe, un centro histórico de desarrollo artístico y cultural. Salamanca, 2001, p. 131.