sábado, 16 de marzo de 2024

 

 

El paraje arqueológico de El Cercal, Andarromero (Trujillo, Cáceres)

 

Al sur de Trujillo,  a 4.500 metros de su Plaza Mayor, flanqueado al levante a 3 km por la cañada real del puerto de Miravete y al poniente por el cordel de Montánchez, que cruza el río Magasca por el llamado puente del camino la Cumbre se encuentra el paraje de El Cercal, Andarromero (39º 25,24' 51'' latitud norte y a 5º 54,04' 32'' de longitud oeste y a 492 m de altitud).

 El sur de este paraje está delimitado por este río Magasca, y el norte por el arroyo del cercal, en la ribera norte de este arroyo, nos encontramos con una interesante resbaladera, que cuenta con un pequeño abrigo decorado con cazoletas, y a escasos 20 m el Convento franciscano de los Arcabuces. Relacionamos la peña resbaladera con los ritos de fecundidad. Se trata de una peña que ofrece una superficie lisa e inclinada, entre los 25º y los 40º. En esa superficie se observa una acanaladura, que mide 30 cm de ancho, que es la huella del desgaste por roce producida al haberse resbalado miles de veces por esa superficie de la peña. Esta acanaladura es el elemento que caracteriza las “peñas resbaladeras”, pues permite identificar el rito practicado en ellas, para el que se aprovecha la altura y la inclinación de la pared, cuyo uso prolongado ha producido esa acanaladura. Este tipo de peñas está relacionado con un rito de fecundidad que antiguamente practicaban las mujeres para casarse o para tener hijos.

 





En un afloramiento granítico hemos encontrado una epigrafía de Toncatius, en el lado oriental del paraje y en el centro de la misma, junto a una pared de piedra que delimita un pequeño camino de norte a sur desde el río hasta unirse pasado el arroyo Cercal con un cordel secundario denominado de Solanilla, y que nace del de Montánchez una vez cruzado el puente de La Cumbre, finca que colinda al oeste con la que versa nuestro estudio[1]. En algunas paredes de la cerca, próxima al cancho que presenta en epígrafe romano hay embutidos ortostatos, presumiblemente de un dolmen destruido y que se encontraba en la zona. El antropónimo Tongatius o Toncatius es muy raro en la epigrafía peninsular. Con sorda solo se conoce un testimonio más, procedente de la localidad de La Encina (Salamanca)4; y, con sonora, tenemos dos casos, localizados en las freguesías portuguesas de Idanha-a-Velha (Idanha-a-Nova, Castelo Branco)y Moncorvo (Bragança)[2]. Nosotros localizamos otro epígrafe con este antropónimo Tongatius depositado en la Fundación "Xavier de Salas" de Trujillo[3], nombre que se repite en la regio Turgaliensis. Por la fórmula funeraria completa se fecharía en el siglo I o en el II d. C.

 

En la misma cerca encontramos numerosos restos de habitabilidad, como tégulas y otras piezas; así como en el afloramiento cuarcítico junto a la inscripción, unas rocas que presentan numerosas cazoletas. Además de estos restos y de la resbaladera, un  convento franciscano en la cercana finca de los Arcabuces y también restos de columnas y un ara empotrada en una de las construcciones de la finca norteña a esta de El Cercal.

 




Este territorio perteneció a la provincia de Roma conocida como Lusitania, desde que finalizaron las guerras lusitanas, cuya capital era Emérita Augusta (Mérida), que se fundó en el año 25 a.C, sobre el río AnasDesde aquí partían calzadas importantes, por ejemplo la que iba hacia Toletum (Toledo) pasando por Turgalium. Según manifestaciones del padre Fidel Fita y estando de acuerdo con él, es probable que los antiguos habitantes de Turgalium pactasen con los romanos, no llegando de esta forma a luchar contra ellos. Los romanos respetarían la primitiva población indígena, romanizándola después, y gozando de esta forma de los favores del pueblo invasor, por tanto si esto sucedió así Turgalium sería una de las ciudades federadas de la Hispania.

 

Trujillo y su territorio es el antiguo Turgalium romano, nombre de raíz celta. Es la denominación latina del topónimo correspondiente al primitivo castro indígena. Los diferentes testimonios epigráficos y funerarios son prueba fehaciente que la Turgalium prerromana se convirtió, durante la ocupación romana, en una prefectura de cierta importancia,  al igual que lo fue Montánchez como cabeza de la prefectura Mullicense que junto a la de Mérida formaban los tres grupos del municipio romano. Augusto integra Turgalium en la nueva capital de Lusitania como prefectura.

 

En los escritos del agrimensor Higinio[4], se cita a la regio turgaliensis, juntamente con la regio Mullicensis, como prefecturas de Emérita. El territorio de Turgalium estuvo muy densamente poblado, sobre todo en la porción meridional, donde se han reconocido un total de veintidós asentamientos, con restos constructivos y epigráficos que parecen  confirmar la existencia de villas, agrupadas en la zona de mejor calidad de tierras. La ocupación  del terreno parece realizarse en fechas tardía, no anterior al siglo III de Era, y el patrón de asentamiento romano está basado, en toda la lógica, a partir de las tierras de mejores recursos agrícolas y comunicaciones fáciles, dado que el campo era la base vital y económica, los romanos introdujeron métodos muy perfeccionados de cultivo. La prosperidad que trajo la romanización se tradujo en ricas villas, como la asentada en Casillas, una importante explotación agrícola y ganadera que se autoabastecía. La presencia romana queda atestiguada por numerosos epígrafes localizados en el término municipal de Trujillo. A partir del año 69, Vespasiano dio un gran paso en el proceso de romanización al conceder el derecho de ciudadanía latina a todos los habitantes de la Península Ibérica, facilitando de este modo el que los hispanos pudieran acceder a un cargo público. En el siglo III d. C. los germánicos saquearon la provincia a su paso, algunas ciudades fueron fortificadas con murallas. La fortaleza turgaliense como podemos observar por su cimentación ciclópea ya existía en épocas prerromanas, con la Pax de Augusto se restaura el viejo oppidum. En el siglo IV el Anónimo de Ravena[5] cita a Trujillo como Turcalion; en el Itinerario de Antonino de Mérida a Zaragoza por Toledo: Mérida, Lacipea, Rodacis, Turcalion, Lomundo, Augustobriga, Lebuna y Toletum. Esta vía no pasaba por Jaraicejo al puerto de Miravete (camino creado por los árabes para unir Trujillo con Albalat en el Tajo).

 

En el siglo V, los romanos abandonaron las ciudades y villas, con la invasión de los alanos y suevos.

 

El paraje objeto de nuestro estudio ha sido habitado desde el Calcolítico hasta la construcción del convento de los Arcabuces en los primeros años del siglo XVI, donde los frailes del Capucho eligieron este territorio para construir y asentarse en un convento construido cerca de un cordel. Entre los frailes extremeños más importantes que llevaron a cabo la Reforma, el mas representativo de todos es sin duda fray Juan de Guadalupe (nació en Guadalupe en 1450), que profesó en el Real Monasterio de Guadalupe como religioso jerónimo y a los pocos años pasó a la Orden Franciscana, donde se distinguió como reformador, lo que le llevó a Roma para proponer al Papa una profunda transformación de su orden[6]. El no quería estar sujeto al Provincial de Castilla. Tal dependencia,  a su modo de ver, los llevaba fatalmente de la mano al más absoluto anquilosamiento. Mientras permanezca sometidos a un Provincial, todo les será supervisado y fácilmente con criterios opuestos, cualquier Superior  poco amigo de novedades puede impedirles  aquellos rigores y estrecheces  y, los Conventos de Castilla a los frailes reformistas, mezclándolos con los otros y deshaciendo de un golpe la naciente obra.

 

Desde el convento de Ntra. Sra. de los Ángeles en Robledillo de Gata emprendió camino a Roma. El 25 de Septiembre de 1496, se presentó ante el Santo Padre. Mediante  la Bula Sacrosanctae Militantis Ecclesiae[7], por la que Alejandro VI accedía a casi todas sus peticiones, podía  edificar una casa en absoluta pobreza, vivir en ella con seis compañeros, y admitir novicios con tal que prometieran observar la Regla de San Francisco en su mayor rigor y aspereza, pudiendo usar hábito vil y despreciable, con capucho acuminado, tal  como lo llevo el Serafín de la Verna. Y sobre todo –esto era lo más importantes – quedaban exentos de los Prelados de la Orden, tanto Conventuales como Observantes, sujetos tan solo al Ministro General de Roma.

 

El 27 de Febrero de 1497 consiguen los Prelados de la Orden un decreto del Pontífice[8], prohibiendo bajo pena de excomunión a los frailes de la Observancia al paso al movimiento secesionista del religioso extremeño. Equivalía esto a cegar de un golpe el manantial de donde iba a brotar la corriente mas abundante de frailes  con que nutrir la reforma. Pero, no se paró fray Juan de Guadalupe y conseguido el permiso pontificio se trasladó al reino de Granada, donde fundaría varios eremitorios regulados por una regla estricta que le enfrentaría con los frailes observantes de su propia orden. En 1497, el Arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, también franciscano, viendo en peligro la unidad interna de la orden, prohibió a fray Juan de Guadalupe fundar más conventos, por lo que éste se marcharía a Guadalupe para seguir su obra reformadora con nuevas fundaciones franciscanas.

 

Pero, no se paró ahí, tras muchos esfuerzos y tentativas, logra por su mediación la Bula Super familiam domus ([9]), fechada en Roma  a 25 de Julio de 1499, en virtud de la cual queda facultado para recibir, no ya seis, sino cuantos religiosos  precise -tanto de la Conventualidad como  de la Observancia – los cuales deben pedir  licencia  a sus Superiores  en señal  de respeto, pero podrán  pasarse a los Guadalupenses  aunque les negaran dicho permiso (petita licentia, licet  non obtenta ). Se le concede , además, el título de Custodio  a Fray Juan de Guadalupe, confirmándolo en la sola sujeción al Ministro General, y quedando la reforma  perpetuamente garantizada por el derecho que se otorga a sus frailes  de elegir sucesor, con idénticos privilegios, al fallecimiento de aquel. Aquel  era, sin duda, el más importante documento dado por el Papa en muchos años a  la Orden Franciscana. En la Bula no se menciona  ningún lugar determinado al que deba adscribirse la fundación, sino que deja  libertad para escoger sitio y ocasión  propicios.

 




Fray Juan de Guadalupe deseoso de abrir conventos en Extremadura, se pone en contacto con el prelado diocesano en Plasencia, este le informa que otro franciscano natural de Valencia de Alcántara –llamado fray Pedro de Melgar y Bobadilla- quiere fundar un convento en Trujillo, y fray Juan de Guadalupe se pone en contacto con él[10]. Fray Pedro de Melgar estuvo primero algún tiempo en la Provincia  franciscana de Santiago, pero añorando su  patria chica, marcho a  Plasencia  donde  contaba  con buenos amigos  que le ayudaría  a realizar  su intento. En efecto,  Don  Gómez  Fernández  de Solís,  Don   Juan  de Chaves  y Don Álvaro de Hinojosa, sus  valedores , se dirigen   en Febrero  de 1498 al Romano  Pontífice  suplicando  facultad  para edificar  un convento  franciscano  en las proximidades de Trujillo, que se deseaba   poner en manos  de religiosos  dispuestos a vivir  la Regla  de San Francisco  con toda  su pureza , sin usar  de privilegios  y mitigaciones[11].

 

Conseguida  la licencia de Roma  pusieron  mano a la obra  y en poco menos de un año quedaba  rematada la edificación. Pero, surge  un  problema  espinoso y molesto. El Concejo  trujillano  estaba  resentido  con los nobles placentinos  por no haberle  dado cuenta  de nada, además los frailes  de la Provincia  de Santiago  trataran  de impedir  que  Fray  Pedro  de Melgar  y se  pusiera al habla con  las autoridades  de Trujillo, el caso  es que  éstas acuden  al Romano  Pontífice  con una  súplica: pretenden  que el Santo  Padre  autorice  la creación  de un Convento  de franciscanos  Observantes  en la villa, y faculte  al Obispo  de Plasencia  para que,  mientras  se construye , proporcione  a dichos  frailes  alguna  casa con  iglesia , cementerio, claustro, dormitorios, refectorio y huerta, que  pueda haber  deshabitada  en el recinto o en sus contornos . La  jugada  era magnifica: el nuevo  Convento estaba  ciertamente  sin habitar  como recién  terminado, pero  no se hace ninguna mención  de él; conseguido el permiso, el Concejo, Gobernador  y el pueblo en pleno  pedirían  que fuesen  Observantes los frailes  que llegaran , y  de este modo  la tentativa  de los nobles placentinos  y de Fray  Pedro  quedaría sin efecto.

 

La Provincia, sin embargo, los  protege, pendiente  el asunto de Roma, es cuando llega  Fray Juan de Guadalupe a Trujillo y se instala con  la reducida comunidad en dicho Convento el día 24 de Marzo  de 1500, festividad de la Anunciación y le dieron por titulo el de Nuestra  Señora  de la Luz[12]. Los primeros religiosos que acuden son Fray Juan Pascal, el celebre  predicador  Fray Ángel de Valladolid , Fray  Sebastián  de Paris , Fray Miguel  de Córdoba  y Fray  Francisco  de Fregenal, de los primeros  como columnas  fundamentales  de la Descalcez. Fray Juan  Pascual será  el hábil  diplomático, valedor de San  Pedro de Alcántara. De momento no creen  oportuno  redactar  unas Constituciones  minuciosas. En todos  alientan  una misma  idea  y es su  espíritu el que  conviene  vivir , condicionado a experiencias  subsiguientes  la redacción  definitiva  de  Estatutos . Eso  si ,  por unaminidad  se comprometen  a guardar  la regla  franciscana  en su mas  estricta  interpretación . Vestirán , como autentico  pobres , un simple  saco  con remiendos  por todo  habito , Irán  totalmente  descalzos , y  resucitaran  el capucho  angulado  que llevo San Francisco  y que abandono  la Orden  en tiempos  ya de  San  Buenaventura[13]. Y así nacieron en la Alta  Extremadura  estos frailes del Capucho  a quienes  podemos admirar  como propulsores  de las cuatro  grandes  reformas  en que se  asienta  el Renacimiento  franciscano  del siglo XVI.

 

El 24 de Marzo  de 1500 quedó  instalada la Comunidad  en el Convento  de Nuestra  Señora  de la  Luz  junto a  Trujillo, autoridades  y pueblo  habían  acudido  al Romano  Pontífice  con una  petición  engañosa  para atentar  contra ellos,  movidos  sin duda  por la fuerte presión  de la Provincia  de Observantes  de Santiago. La Bula  “Piis fidelium votis”[14], fechada  en Roma  a 31 de Octubre  del mismo año, accedía  generosamente  a las peticiones  cursadas  y , aunque  el Papa  estaba bien  ajeno  de que  con ella  pudiera  perjudicar  a la naciente  reforma , lo cierto es  que los Observantes  de Santiago  tomaran  pie  de la misma  para  gestionar  la expulsión  de los frailes  del Capucho  y adueñarse del Convento.

 

Se inicia un duro enfrentamiento  entre ambas partes, Fray Juan de Guadalupe  y los suyos  disponen  resistir en el  Convento  trujillano  cuanto sea posible , pero  es  preciso  ver la manera  de erigir  otros Conventos  para  el caso  de que fuesen  arrojados  de la casa madre[15], tales como los conventos de Villanueva  del Fresno, al que llamó  Convento  del Santo  Evangelio , otro  en Salvaleon; el de  Nuestra Señora de la Luz  de Moncarche  junto  a Alconchel , y el de Arroyo de Mérida  con titulo  de la Madre de Dios . El propio fray Francisco Jiménez de Cisneros, confesor entonces de la reina católica, y la misma Isabel de Castilla vieron con desconfianza la división entre los franciscanos provocada por el frailes extremeño, escribiendo al Cardenal de Santa Cruz, el también extremeño natural de Plasencia Bernardino de Carvajal, para que instara al Papa que revocara los permisos de fundación y reforma de la Orden de Fray Juan, que llegó a ser procesado por Cisneros en el año 1505 por su contumacia. En septiembre de dicho año moría en Roma cuando esperaba obtener de nuevo el beneplácito papal[16].

 

La descalcez franciscana se inició en Extremadura en 1500. Pretendía –tal y como hemos estudiado- el retorno al espíritu y la letra de la Regla de la Orden tal como la escribió el Seráfico padre San Francisco y mandó observarla en su Testamento, sin dispensas pontificias. La orden franciscana, desde su aparición en Extremadura hasta el siglo XVI, dependía de la Provincia de Santiago de Compostela. Sólo a finales del siglo XV se empiezan a levantar algunos conventos de la Custodia de los Ángeles, fundada en 1489 y elevada a provincia en 1517, en tierras extremeñas que dan su obediencia al provincial de Castilla y después al ministro de la Provincia de los Ángeles.

 

Los franciscanos proyectaran las dos tendencias de concebir la espiritualidad que marcarían en la Orden: la conventualidad y la observancia, que en 1517, por disposición del papa León X, solicitada por la Orden, quedaron admitidas como dos órdenes distintas: de los frailes menores conventuales y Orden de los frailes menores de la observancia de San Francisco. Dentro de la Observancia surge la reforma más importante de la orden: la descalcez franciscana promovida por fray Juan de Guadalupe en 1500 y que será continuada por San Pedro de Alcántara en 1557. Surgiendo eremitorios en los descampados (viene de eremus, desierto). Extremadura será el centro de la descalcez, siendo sus principales conventos el de Ntra. Sra. de la Luz en Trujillo, Ntra. Sra. de la Luz en Moncarche –Alconchel- y Montesión en Salvaleón. Considero que el convento que vamos a describir situado en la finca de los  Arcaduces de Trujillo es un convento franciscano descalzo por sus características arquitectónicas, elementos constructivos, ubicación, período de construcción y porque su estructura cumple con las disposiciones de las ordenanzas provinciales para los descalzos[17]. Además, un dato importante, en los mojanos cercanos se conservan restos de molduras con el típico cordón franciscano.

 

Los frailes edifican el conventito en la misma tierra de Trujillo a escasos kilómetros del de Ntra. Sra. de la Luz, en la finca pública de los Arcabuces, próximo a un riachuelo y en la encrucijada de dos cañadas. He estudiado las investigaciones llevadas a cabo por Juan Bautista Moles, fraile que nació en Nápoles en 1542 y vino a España en 1557, llegó a Coria con la familia del Duque de Alba, que fue su gran valedor. En los conventos de San Miguel de Plasencia, Coria y Belvis, tuvo acceso a la documentación franciscana de los siglos XV y XVI, dejándonos su Memorial de la Provincia de San Gabriel que editó en 1592[18].

 

En Trujillo se había fundado el convento de descalzos en 1500 aprovechando una ermita existente como capilla conventual bajo la advocación de Nuestra Señora de la Luz (en la iglesia de San Francisco se conserva la talla románica de la Virgen con el Niño), cuando la provincia de San Gabriel era solo la custodia del Santo Evangelio. Pero este convento fue destruido por los padres de la familia de la Observancia durante las luchas contra los Descalzos y no se había intentado reedificar después ([19]). Los descalzos sí intentarían hacer una nueva fundación dentro del casco urbano. Para conseguir más fácilmente la autorización se intentaba disfrazar la fundación de simple traslado del convento cercano de San Juan Bautista de la Viciosa a Trujillo, pero tropezó con la negativa del Ayuntamiento, según las Actas Capitulares ([20]), hecho que no se consiguió hasta 1603. Cuando doce principales de la ciudad de Trujillo se dirigieron al padre General provincial reunidos en Capítulo Provincial de Las Brozas, ofreciéndoles su apoyo y con beneplácito del obispo de Plasencia D. Pedro González de Acevedo, que les cedió la ermita de Santa María Magdalena, extramuros, pero junto a al ciudad para la fundación del convento. El día 26 de enero de 1603 tomaban los frailes posesión de la dicha ermita de manos del obispo y en nombre de la Provincia Fr. Andrés de Plasencia, antiguo Provincial y actual Definidor, los moradores de esta casa fueron los frailes del convento de la Viciosa que vinieron, clausurándose entonces el otro convento([21]). Pero, qué lugar ocupa el convento de nuestro estudio situado en la finca de los Arcabuces. Si en 1506 abandonan el convento de la Luz. En el capítulo 2, pp. 16 vº nos refiere lo siguiente tras la visita que realizó fray Pedro de Melgar a Roma ante el Papa para solicitarle licencia para construir conventos: “El Papa concibió en su ánimo deseo de favorecerlos, teniendolos como verdaderos hijos del glorioso padre nuestro san Francisco, de quiera era devotisimo, y asi mismo de toda la orden, les dio nuevas letras y Breve para que de nuevo edificasen casas y fuese custodia como de antes, haciendo della prelado al religioso varon fray Pedro de Melgar, autorizando todo lo que el ministro general avia hecho y confirmando en custodio al sobredicho. El qual contentisimo se volvio con sus compañeros a España y llegados a sus casas (conventos) hallaron que los padres observantes les avian derribado las casas de junto a Truxillo, Villanueva y Salvaleon. Por lo qual se recogieron en nuestra Señora de la Luz, y la de Trujillo no osaron reedificarla por aver en la dicha ciudad convento de la orden (se refiere al de la Luz)”.

 

Este dato es crucial, dado que el convento de la Luz se funda en 1500 y se destruye en 1506, que el convento de la Magdalena no se funda hasta 1603 –tal y como hemos estudiado-. ¿Dónde habían vivido fray Juan de Guadalupe y fray Pedro de Melgar con los otros frailes descalzos en los años finales del siglo XV.

 

El único convento franciscano descalzo que existía masculino en Trujillo podría haber sido el de la finca de los Arcabuces, y sería el que encontró fray Pedro de Melgar destruido por los Observantes cuando llegó a Trujillo y tuvo que refugiarse en el de la Luz, que había sido fundado en 1500-, tal y como nos refiere Juan Bautista Moles. Hemos de tener en cuenta que son los frailes Observantes y no los Descalzos los que vivían en el Hospital de la Caridad y se trasladaron al convento de San Francisco en Trujillo en el solar de la mezquita extramuros, según la Crónica de la Provincia de San Miguel de la Orden Franciscana escrita por fray José de Santa Cruz en 1671 y según las provisiones reales en los primeros años del siglo XVI y Facultad de Fernando el Católico para que el Concejo de Trujillo pueda dar al guardián del convento de San Francisco 50.000 marvedíes para comprar el solar de la Iglesia y Huerta de dicho convento. En Segovia a 21 de agosto de 1505[22].

 

El convento está situado en la vertiente de un pequeño cerro que rebaja en su descenso hacia un riachuelo, lugar agreste. El convento no tiene grandes dimensiones, está construido con gruesas paredes de mampostería, utilizando escasamente la piedra sillar en los dinteles y jambas de las puertas de acceso al mismo y a la huerta, las columnas del claustro y las escasas ventanas y rosetón que aún se conservan.

 

Se accedía por una puerta en el lado Sur que aún conserva el hueco de la tranca, se encontraba en el interior la portería, seguidamente en el lado Oeste estaban las celdas que aún conservan las ventanas pequeñas, estrechas hacia el exterior –son en forma de aspillera, sin rejas ni puertas y su estrechamiento servía para evitar que penetraran las distintas alimañas del campo- , y al otro lado, el de profundis y el refectorio. De frente al pasillo de la entrada principal (porque existió otra entrada Norte) estaba el claustro formando un cuadrado que tenía –a disposición de las basas que aún se conservan como testigos- tres columnas por cada lado, los arcos debían ser de medio punto. Próxima al claustro en dirección Oeste estaba la sacristía pequeña y la capilla, conservando aún un sencillo rosetón, de magnífica factura. En dirección Este al claustro estaba la cocina –existe un pozo cegado- y otras dependencias. En el huerto existen dos piezas de granito que pudieran haber sido fregaderos primitivos con su desagüe. Frente al convento se encontraba el huerto del convento, que aún conserva su magnífica entrada. Todo con la máxima sencillez y materiales pobres para que “en nuestros edificios resplandezca toda pobreza, aspereza y vileza[23]. En estos conventos franciscanos el arte grandioso brilla por su ausencia, la grandiosidad hay que buscarla en la sencillez. La legislación de Villacreces y de los Descalzos era clara a ese respecto “ninguna pared de las casas, aunque sean fuertes, sean de cantería labradas, y toda madera de la casa sea tosca y no labrada a cepillo”[24]. Otras de las ordenanzas hacían referencia a las medidas que debían tener las dependencias, que en este convento trujillano se cumplen totalmente, recogemos de fray Martín de San José las siguientes ordenanzas para los descalzos del siglo XVI: “Ordenamos que las casas que de aquí en adelante se tomasen, sean pobres y pequeñas, queremos que las iglesias sean pequeñas, que no tengan de ancho más de ocho pies y de largo tres tantos, y no se tenga respecto a los que puedan venir a ellas para que por eso se hagan mayores, salvo si sus moradores tuviesen cerca nuestras casas y no tuvieran iglesia… El cuarto a donde ha de estar el refectorio y los demás de la casa, tenga ocho pies a lo menos de ancho y nueve a lo más. Y en ellos se reparta la sacristía, portería y una enfermería…Los tránsitos de toda la casa, bajos y altos de las celdas, tengan tres pies y medio de ancho. ..En los altos de estos cuartos se hagan celdas y sean de siete palmos de vara y las camas de siete pies…, los atajos y tabiques sean de ladrillo o adobes (aún se conservan entre las piezas de mampostería múltiples ladrillos). Tengan todas las piezas alacenas con puertas (en los muros existen los vanos de las alacenas, concretamente en la dependencia que hemos considerado como cocina y en las celdas).. Ninguna casa tenga más de ocho celdas y las puertas tengan dos pies de hueco y seis de alto y los cuartos desde el suelo hasta el maderamen pies y medio, y siete a lo más. La iglesia tenga de alto lo mismo que la casa, porque sea toda cuadrada y de un alto[25].

 

 



[1] Agradecimiento a don Francisco Pérez Solís y a don Manuel Martín Avís.

[2] Almeida, Justino Mendes de e Ferreira, Fernando Bandeira, «Varia epigraphica», Revista de Guimarães 76, 1966, 339-358, nº 17.

[3] Véase nuestro trabajo en Esteban Ortega, Julio  y Ramos  Rubio, José Antonio: "Un Tongativs en Trujillo (Cáceres)". Ficheiro Epigráfico, suplemento de Conimbriga, 163, inscripción 637, Coimbra, 2018.

[4] Véase la obra de Salvador Oyonate (ed), Higinio el Agrimensor. El establecimiento de los límites, ed. Aceab, 2015, 38. El establecimiento de ciertas regiones de Mérida puede derivar de la división provincial realizada por Augusto entre el 16 y el 13 antes de nuestra era. La frontera entre las nuevas provincias de laBaetica  y laLusitania estaban fijadas por el ríoAnas el Guadiana (Plinio.Natural Historia., 3, 1, 6; 4, 22, 11), lo que hubiera podido significar perder paraEmeritaAugusta  la parte meridional de su territorio; situación que hubiera podido ser resuelta por laconcesión de prefecturas en este sector. Otras prefecturas han podidoexistir desde el primer periodo de organización del territorio emeritense, como la prefecturaTurgaliensis (Trujillo), donde se asentaron veteranos con la primeradeductiorealizada por P. Carisius, paralelamente a la fundación de la colonia, alrededor del 25 a. C.

[5] Conocido también popularmente como Ravennate, es un texto compilado por un cosmógrafo cristiano,  manejando documentación de siglos anteriores. Añade al Itinerario de Antonino nuevos nombres de ciudades o "mansiones" (lugares con posada) nacidas posteriormente y seguramente tuvo la misma fuente de inspiración que la Tabula Peutingeriana, aunque a veces el Anónimo de Rávena incluye datos más completos que la Tabula. Vid. Sagredo San Eustaquio, 2006.

 

[6] Hipólito Amez Prieto: Los Descalzos de San Francisco en Extremadura desde fray Juan de Guadalupe a San Pedro de Alcántara, en “San Pedro de Alcántara, hombre universal”. Congreso de Guadalupe, 1997, pp. 113-222.

[7] Bullarium Fratrum Ordinis Minorum Sancti Francisci strictioris Observantiae Discalceatorum (Madrid, 1744), tomo I, part. I, pág. 13-15.

[8] Op. Cit., p. 15-18.

[9] Ibídem, tomo I, part. I, págs. 20-25.

[10] Fr. Juan Baptista Moles: Memorial de la Provincia de San Gabriel (Madrid, 1592), cap. X, fol. 42 v.

[11] Waddingo: Annales Minorum. Tomo XV, año 1498, pá. 167.

[12] Fundado en 1500 y destruido en 1503. Ramos Rubio, José A: "Aportaciones documentales del convento de Ntra. Sra. de la Luz de Trujillo". XXI Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo entre los días 22 al 27 de septiembre de 1992.

   Ramos Rubio, José A: "Ntra. Sra. de la Luz en Trujillo. Orígenes y proyección del franciscanismo en Extremadura". Revista Guadalupe, 1991, núm. 709, pp. 24-27.

[13] Zacharias Boverio: Annales Fratrum Minorum Capuccinorum (Lugduni, 1632), tomo I, p. 34. Waddingo, op. Cit, tomo I, pág. 47 y tomo VII, pág. 95.

[14] Bullarium Discalceatorum, op. Cit., tomo I, part. I, pp. 26 ss.

[15] Fray Juan de Santa María en su Chronica de la Provincia de San Joseph (Madrid, 1615) y a Fray Juan de San Bernardo: Chronica de la vida admirable del s. Padre Pedro de Alcántara (Nápoles, 1667).

[16] Gonzaga: Crónica General Latina. Part. I. pág. 62. y Waddingo, op. cit., tomo V, pág. 257.

[17] Véase Francisco de Madrid: Bullarium Fratrum Minorum Sancti Francisci strictioris Observantiae Discalceatorum. Madrid, 1744, t. I, p. 7. Juan de Trinidad: Crónica de la provincia de San Gabriel de frailes descalzos de la apostólica orden de los menores y Regular Observancia, de nuestro Seráfico padre San Francisco. Sevilla, 1652, cap. XLIX, lib. 2, p. 450. Angel Uribe: “Espiritualidad de la descalcez franciscana”, en Archivo Iberoamericano, 85-86, 1962, p. 148. Martín de San José: Primera parte de la historia de los padres descalzos franciscanos, Arévalo, 1644, libr. I, cap. 6, pp. 36-39.

[18] Juan Bautista Moles: Memorial de la Provincia de San Gabriel, 1592. Reproducción facsimilar por Publicaciones de Archivo Ibero-Americano, colección Crónicas Franciscanas de España. Madrid, editorial Cisneros, 1984.

[19] Trinidad, en su Crónica de la Provincia de San Gabriel, op. cit., I. c. 735.

[20] Barrado Manzano, A: "Algunas Actas Capitulares", A.I.A., 79 (1960), pp. 350-354.

[21] J. Trinidad, op. cit.,tomo I, c. 737.

[22] Archivo Municipal de Trujillo. 1-2-70-1.

[23] Uribe, Ángel: Espiritualidad de la descalcez.., op. cit., p. 148.

[24] Uribe, op. cit., p. 148. Juan de Santa María: Crónica de la provincia de San José. I parte, libr. I, cap. VIII, fol. 45.

[25] Martín de San José: Primera parte de la Historia de los padres descalzos franciscanos. Arévalo, 1644, libro I, cap. 6, pp. 36-39.

 

SOR MARIANA DE SANTA CLARA Y LA DEVOCION A LA VIRGEN DE GUADALUPE EN TRUJILLO

 

 

Sor Mariana de Santa Clara fue la primera abadesa del Real Monasterio de la Madre de Dios de Mula (Murcia)[1].

Nació en Trujillo el 17 enero del año 1631, sus padres fueron don Juan Orozco Carrasco y doña María Alarcón Pizarro, nobles por su linaje. Su padrino fue su tío don Fernando de Alarcón, del que recibió las aguas del bautismo el día 5 febrero del mismo año, en la parroquia de San Martín[2]. Vistió el hábito franciscano el 12 agosto del año 1643 en el convento de San Antonio de Trujillo, en cumplimiento de un voto de sus padres, profesando con gran júbilo el 21 enero 1647.

Gracias a la crónica de Molina y Castro conocemos algunos datos de su biografía. Padeció una enfermedad muy grave que fue desahuciada por los médicos, incluso su familia la vieron agonizar. Su padre se fue desconsolado al convento de San Antonio, religiosas descalzas de Santa clara, de quien era especial bien hecho, y en aquella época Síndico. Refirió a las monjas su dolor, afirmando que se hallaba en tan lastimoso estado la niña que no sería posible hallar la vida cuando volviese a su casa. Le oyó una religiosa y le consoló afirmando sanar a la niña si él hacía voto de consagrar la Dios en aquel monasterio, y que vistiese luego el hábito de religiosa, como prenda que asegurarse el cumplimiento de su palabra en tiempo oportuno.

La proximidad de la muerte de esta santa religiosa, anunciada por ella misma al padre de la niña, con la singularidad de que no moriría mientras Suiza no entran en el convento, resolvió definitivamente a dar cumplimiento a la promesa.

Procesa ya en el convento desempeña a pesar de sus años, diversos oficios, incluso el de Prelada. Con fecha 9 mayo del año 1677 la destino el reverendo padre Samaniego para fundadora y abadesa del proyectado monasterio de Mula, con Sor Juana de la Cruz (Vicaria), Sor Juana María de Santa Teresa (Tornera y Maestra de Novicias) y Sor María de San Pablo. En cumplimiento de la obediencia salieron juntas del convento de San Antonio con dirección al de las Descalzas Reales de Madrid, donde habían de esperar el término de la epidemia que asolaba por entonces el territorio de Murcia. En Madrid, fue maestra de novicias de Teresa Herrera, Margarita de Cantos, Francisca de las Heras, Catalina García de Torrealta, Manuela Martínez, María Luisa Ortiz de la Torre, Francisca de Cabra y Manuela Sarmiento, que con las anteriores partieron para Mula el día 19 febrero 1678, donde establecieron la más estrecha observancia de la primitiva Regla de Santa Clara.

Sor Mariana de Santa clara realizó un viaje en romería a visitar la Virgen de Guadalupe en su monasterio de Las Villuercas. Según su biógrafo el padre Molina y Castro[3] “Como andaba el demonio solícito contra la vida de esta criatura, apenas había salido de su susto, cuando daban como otro. A los cinco años le preparó una caída tan terrible, que se abrió todo el casco de la cabeza, y quedó toda lastimoso me levantada. Examinadas las heridas por los cultivos, se negaron a su curación, declarando, sólo Dios por conocido milagro la podía remediar. En este desamparo recurrió al Padre, lleno de fe, a la Madre de Misericordia por su milagrosa imagen de Guadalupe, a quien pidió salud para Suiza, prometiendo llevar la a su casa para darle gracias. Oyó la Divina Reyna su oración, y alcanzó salud instantánea, y milagrosa tanto, que no pudieron negar la evidencia del milagro, aún los más escrupulosos, admirando la prontitud y solidez de la curación. Por toda su vida conservó las cicatrices en la cabeza, para perpetuo testimonio de su gratitud por el favor. Cumplió el padre de su voto llevando la niña aquel célebre santuario, donde ofreció dones y sacrificios, y dio afectuosa gracias a la patrona”.

Hemos de tener muy en cuenta que en la huerta del convento de San Antonio de Trujillo, había una ermita consagrada a la Virgen de Extremadura.

Continúa el biógrafo: “ caminando un día con la Cruz al hombro, y el crucificado en el pensamiento, se le apareció Cristo en forma de Nazareno, quien tomando la Cruz de los hombros de Mariana, la colocó en los suyos, y mandó seguir. Caminaba el Divino Redentor llevando la Cruz, y le seguía Mariana toda absorta, hasta entrar en una Hermita que había en la huerta, dedicada a María Santísima, en su imagen de Guadalupe. Aquí aparecieron ángeles que quitaron la Cruz de los hombros del Redentor, y Mariana como otra Magdalena, llena de lágrimas, confusión y vergüenza se postró a sus pies”[4].

Aquí terminó la visión, y ante la virgen de Guadalupe, prometió resueltamente desechar las tibiezas, y emprender una vida santa, como lo hizo. De suerte que a la virgen de Guadalupe fue cierto modo deudor a de la santidad de su vida.

 



[1] MOLINA Y CASTRO, P. Angel: Crónica del religioso, observantísimo Real Monasterio de María Santísima de la Encarnación. Murcia, 1779.

[2] Libro III de Bautizados de la parroquia de San Martín de Trujillo, folio 217. Según certificación firmada por don Juan Loro Peña, presbítero.

[3] Molina y Castro, op. Cit.., pp. 424-425.

[4] Molina y Castro, op. Cit., pp. 610-611.

domingo, 3 de marzo de 2024

 

Un recorrido por la Extremadura de los Reyes Católicos

 

“Tampoco habían olvidado los reyes el eficaz

apoyo que recibieran de los extremeños

en los primeros días de su reinado,

conteniendo la frontera con los portugueses”

José Antonio Ramos Rubio

 

“Vivían en Trujillo Fernando e Isabel, en el palacio de Luís de Chaves, cuando acordaron unificar sus reinos y llamarse en lo sucesivo Reyes de España. Luego, para evitar suspicacias entre los vasallos, vino aquel lema Tanto Monta”, escribió el zoriteño Sánchez Loro en el siglo XVI. En Extremadura fue concebida, recogen algunas crónicas, la unidad de España. También aquí se puso punto y final a su reinado y a su época: en Madrigalejo, al sur de la provincia de Cáceres, falleció Fernando el Católico el 23 de enero de 1516. Entre Trujillo y Madrigalejo infinidad de localidades, porque los Reyes Católicos cruzaron sin cesar las tierras extremeñas entre 1477 y 1479, además de volver en posteriores ocasiones, sobre todo a Guadalupe.

 

‘Isabel’, la serie emitida por TVE, ha puesto de actualidad la relación de la reina con Cáceres, ciudad en la que se grabaron varios capítulos, y por extensión de su marido. Y la idea de hacer turismo siguiendo los pasos de estos monarcas medievales tomó forma en la cabeza de Antonio Bueno, escritor de turismo. “La idea de La Ruta de Isabel surgió pensando en aprovechar la serie. Aquí contamos con muchos restos históricos y aquí también se han forjado hechos de la historia de España. Para los Reyes Católicos Guadalupe era su paraíso y allí se forjó la aventura hispanoamericana. Hay muchos recursos que son importantes en la historia de España y que han tenido mucha repercusión en América”, relata Bueno, que lleva un tiempo tratando de materializar su ruta. De momento cuenta con el respaldo de Viajes Caja Extremadura, pero el hecho de que en la serie no se mencione a Cáceres como lugar de algunos de los exteriores supone un hándicap a la hora de dar a conocer el proyecto, reconoce. “Ya hay gente de Hispanoamérica interesada en este viaje y tenemos algunas ideas para cuando se comience a rodar la segunda temporada”, añade con entusiasmo Bueno, que ya ha grabado varias recreaciones para hacer videos explicativos para los turistas.

 

Plasencia, primera parada

Su propuesta de ruta de fin de semana -a la que califica como histórica, gastronómica y divertida-, comienza en Plasencia, ciudad que se puso de parte de Juana la Beltraneja, sobrina de Isabel, en la cruenta guerra civil que enfrentó a ambas para conseguir el trono y en la que también intervino Portugal. Y es que fue en Plasencia donde La Beltraneja, que ya había vivido en el castillo de Trujillo, contrajo matrimonio con el rey Alfonso V de Portugal en 1475.

 

La ciudad medieval ofrece un interesante paseo entre sus calles, su muralla, sus puertas, palacios (como el de los Marqueses de Mirabel, descendientes de Álvaro de Zúñiga que apoyó a Isabel al final de la contienda y se convirtió en uno de los principales nobles del reino), casones, conventos, monasterios e, incluso, catedrales porque tiene dos unidas.

 

Cáceres, plató de televisión

De ahí la ruta llega a Cáceres, ciudad en la que se grabaron varios capítulos de la serie que ha generado un gran interés de público y crítica, aunque en la televisiva trama no aparece Extremadura. “La Ruta de Isabel surgió pensando en aprovechar la serie, aunque estamos encontrando un inconveniente y es que no se dice que sea Cáceres sino que figura ser Ocaña u otros lugares”, explica y lamenta Antonio Bueno. En la parte antigua de la ciudad Patrimonio de la Humanidad se grabó, por ejemplo, el bautismo de Isabel y su coronación como reina de Castilla, hechos que no ocurrieron en Extremadura.

 

Lo que sí se desarrolló en Cáceres fue una visita muy especial de la reina en 1477, que pacificó la ciudad de los constantes enfrentamientos entre los nobles de los bandos leonés y castellano, que la habían repoblado tras la reconquista cristiana. Ese año la villa pasó a ser de realengo: ante la Puerta Nueva juró la reina los fueros y privilegios de la ciudad, otorgados siglos antes por Alfonso IX. Durante esta primera visita se aloja en el Palacio de los Golfines de Abajo y se determina el escudo actual de la ciudad, formado por un castillo y un león. Cuenta la tradición que la reina se ocupó en Cáceres de reparar con su aguja los desperfectos que el tiempo cometió en la enseña que trajo Alfonso IX a la conquista, el Pendón de la Villa, que se pasó a llamar de San Jorge, por ser el 23 de abril cuando fue ganada Cáceres a los musulmanes. También cuentan los correveidiles que a la reina le gustaban, y escuchaba con gran sentimiento, los romances de los Carvajales.

 

“Quiero fomentar lo que hizo la reina cuando vino a Cáceres: dio las ordenanzas y puso paz entre los bandos que había, y organizó el ayuntamiento. Fue muy importante para la ciudad”, resume el escritor de turismo, empeñado en sacar esta ruta adelante. “A ver si la conseguimos poner en marcha”.

 

También en esta época nace la historia de las ‘torres mochadas’ de Cáceres. Y es que la reina ordenó cortar las torres de los palacios de aquellos nobles opuestos a su causa. Los únicos apoyos que tuvo la reina en la guerra por el trono fue la de García Golfín (rama de la familia que construyó el palacio de los Golfines de Arriba) y la del capitán Diego Cáceres de Ovando, que construyó la Torre de las Cigüeñas en 1478 con permiso expreso de los Reyes Católicos. El famoso capitán se casó con Isabel Flores, camarera mayor de Isabel la Católica, y uno de sus hijos, Nicolás Ovando, fue el primer gobernador de la isla la Española (hoy República Dominicana y Haití) y el primer gran extremeño que llegó a América.

 

Los pasos del rey

La segunda visita de la soberana a Cáceres es en 1479 y entonces llega con su esposo, Fernando el Católico, que juró los fueros de la ciudad ese año. El rey visitó varias veces más la región: en 1484 de paso para Andalucía y en 1488 con motivo de la reducción de Plasencia; en diciembre de1508 (la reina había fallecido en 1504) estuvo también en Cáceres. “Hemos podido comprobar que desde el 23 de diciembre hasta el 2 de enero siguiente estuvo en Cáceres muy obsequiado por el concejo, el 6 en Galisteo, el 9 en la Oliva, el 11 en la Abadía…”, recoge una investigación de José Antonio Ramos Rubio, Cronista Oficial de Trujillo.

 

El historiador también relata el último viaje del rey a la región, emprendido a finales de 1515: “Salió de Madrid el 12 de noviembre y el 28 del mismo o a primeros días de diciembre le encontramos en Plasencia, el 6 en la Abadía, el 17 en Galisteo y el 14 de regreso a Plasencia, donde celebró las bodas de su nieta doña Ana de Aragón con don Álvaro Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia”. Y el relato continúa: “Salió de Plasencia el 27 de diciembre para Trujillo, donde se detuvo hasta el día después de Reyes del año siguiente. De allí fueron a Abertura (…). Desde allí se dirigió a Madrigalejo donde murió el 23 de enero”. Era el año 1516.

 

“Allí en una ‘casita desguarnecida e indecorosa’ –según Pedro Mártir-, tuvo que convencerse de inmediata muerte y se apresuró a dejar en claro los últimos trámites necesarios para la sucesión de sus Estados y la recepción de los últimos sacramentos”, recoge el libro Los Trastámara y la unidad española (1369-1517). Falleció a pocos kilómetros de Trujillo.

 

Trujillo, símbolo de unidad

El recorrido real lleva a Trujillo, eje de los viajes de los soberanos por esta tierra (al menos siete veces estuvo la reina aquí) y ciudad que alcanzó su mayor esplendor en esta época. Como anticipo a la unión de los Reyes Católicos con este municipio, capital de la provincia de Extremadura por entonces, existe un dato curioso: el rey Enrique IV estaba en Trujillo cuando recibió una misiva de su hermana para informarle de que se casaría con el infante de Aragón, don Fernando.

 

Las noticias llegaban constantes a la penillanura extremeña y los hechos se sucedían con rapidez. En Trujillo los reyes recibieron la noticia, en 1479, de la muerte de Juan II de Aragón, padre de Fernando II de Aragón. Tras celebrarse los funerales en la iglesia Santa María la Mayor y finalizar el luto, “los Reyes convocan a la Corte, al clero y la nobleza a un consejo que resultó de la mayor importancia y trascendencia, en el que se resolvieron importantes problemas de Estado. En él fue designado don Fernando para suceder a su padre a la corona de Aragón y Sicilia. Más como doña Isabel era reina de Castilla, León, Toledo, Valencia, Mallorca, Sevilla, Cerdeña, Córdoba, Córcega, Murcia, Jaén, Los Algarbes, Algeciras y Gibraltar, y poseía ducados, marquesados y condados, aconsejaba la unión de todos estos territorios bajo el cetro de Isabel y Fernando, lo que sí se acuerda, pues dijeron y escribieron ‘Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”, escribe Ramos Rubio.

 

Fue en Trujillo, por tanto, donde se sentaron las bases de la unidad de la península y donde se gestó la Hispanidad. Se escribió, de hecho, que Trujillo fue la primera capital de España. También en la localidad cacereña se firmó el primer documento de cancillería donde aparecen por primera vez unidos Castilla y Aragón, figurando ya como Reyes de España, con fecha 29 de diciembre de 1479.

 

Volviendo atrás, hay que situar la primera visita en 1477: “Isabel hizo un largo viaje de pacificación por Extremadura, desde abril de 1477 teniendo a Sevilla como final de etapa”, apunta el libro sobre los Trastámara anteriormente citado. Antes de llegar a Trujillo, relata Ramos Rubio, hizo una parada en Guadalupe (10 de mayo de 1477), para implorar el auxilio de la patrona de Extremadura para la arriesgada empresa que iba a comenzar: la lucha contra los portugueses que apoyaban a su sobrina y dominaban las tierras extremeñas.

 

Unos de los golpes decisivos a los vaivenes de la guerra tuvo lugar en la heroica población pacense de La Albuela, donde se batalló el 24 de febrero de 1479 logrando una importante victoria (no confundir con la batalla de la guerra de la Independencia que se teatraliza cada año). Recuerda el Cronista Oficial de Trujillo que la contienda fue sangrienta y que los portugueses sufrieron una derrota definitiva. Para premiar la lealtad de esta población Isabel ordena la construcción de los conventos de la Encarnación, San Pedro y San Miguel, las Casas Consistoriales, la Santa Hermandad y el Rollo, según la misma fuente.

 

Guadalupe, puerto de salida a América

La ruta extremeña de los Reyes Católicos tiene otro importante pilar: la villa de Guadalupe, punto final de la ruta propuesta por Antonio Bueno. En primer lugar, en el Monasterio de la Puebla está enterrado el rey Enrique IV, hermano por parte de padre de la reina Isabel, y la madre de éste, María de Aragón. En segundo lugar, porque la reina acudió a la villa por primera vez en 1464, con motivo del intento de acordar su boda con Alfonso V de Portugal, finalmente esposo de La Beltraneja. Lo que sí salió de aquí fue la pasión de la reina por la Virgen y por el Monasterio, patente en sus numerosas visitas. En tercer lugar, porque aquí fue custodiado su testamento por los monjes hasta que se trasladó al Archivo General de Simancas.

 

En la localidad de Las Villuercas se dispusieron las órdenes para que Cristóbal Colón partiera a su búsqueda de las Indias. El 20 de junio de 1492, los Reyes Católicos firmaron las cartas a los alcaldes de Palos y Moguer para pedirles que ayudaran a Colón en el aprovisionamiento y preparación de sus carabelas para la travesía. La estancia sirvió además para agradecer a la Virgen la reciente rendición de Granada. Colón también estuvo varias veces en la Puebla, trayendo incluso a dos indios que fueron bautizados en la pila que hoy se encuentra en la fuente de la plaza de Santa María.

El Real Monasterio de Guadalupe es un conjunto arquitectónico de gran armonía en el que predominan los estilos gótico y mudéjar, aunque también tiene pinceladas renacentistas, barrocas y neoclásicas. Además de las bellezas de la Puebla y del Monasterio, los parajes de las Villuercas son otro atractivo que sumar al histórico. Una ruta senderista que une Cañamero con Guadalupe lleva el nombre del Isabel la Católica y recorre el antiguo camino que utilizaban los Reyes Católicos para acceder al Palacio de Mirabel, en el que se alojaban.

La ruta propuesta por Antonio Bueno acaba aquí, tras recorrer Plasencia, Trujillo, Cáceres y Guadalupe; es decir dos ciudades Patrimonio de la Humanidad y otras dos que han optado a este reconocimiento de manera conjunta. Para que el recorrido sea completo, además de Madrigalejo y La Albuera, hay que incluir Valencia de Alcántara, donde se casó la primogénita de los Reyes Católicos con el rey de Portugal Manuel I. Esta población ha sabido exprimir su pasado histórico desde un punto de vista turístico (turismo histórico, dicen) con una representación anual de esa ‘boda regia’.

Isabel de Aragón y Castilla llegó, acompañada de sus padres, a Valencia de Alcántara para celebrar el día 30 de septiembre de 1497 un bello desposorio. La muerte de su hermano la llevó de Portugal a Guadalupe, donde se reunió de nuevo con sus padres al convertirse en su heredera; pero la muerte también le llegó temprana y el futuro del trono quedó en manos de su hermana Juana y, por extensión, de su sobrino Carlos. El emperador Carlos I de España y V de Alemania también tuvo un apego especial por Extremadura. Pero eso ya es otra historia… Y otra ruta.

 


sábado, 17 de febrero de 2024

 

LA RELIGIOSA TRUJILLANA SOR FILOMENA MARIA DEL PATROCINIO

 

  

Trujillo, solar de conquistadores, lo es también de fundadores. En el mes de enero se ha creado una Comisión en Fuente del Maestre –población donde fundó un convento en 1896- para iniciar los trámites oportunos para la beatificación de la Madre Sor Filomena María del Patrocinio, una ilustre hija de Trujillo.

En un breve bosquejo intentaremos trazar los rasgos más importantes de su personalidad  Su nombre bautismal fue María de Bustamante Bisel Saldaña y Orozco. Nació el 18 de octubre de 1825. Fueron sus progenitores los Marqueses de San Antonio y Condes de Saldaña -don Manuel de Bustamante Saldaña y doña Jacinta Bisel Orozco-, pertenecientes a noble familia trujillana.

 Partida de bautismo de sor Filomena María del Patrocinio (libro V de bautismo de la parroquia de Santa María la Mayor de Trujillo, 1809-1833, fol. 114vº): “En la ciudad de Trujillo en diez y nueve dias del mes de octubre del año de mil ochocientos veinte y cinco. Yo Thomás Martín de Prado cura rector de Sta. María la mayor de esta, baptizé solemnemente a una niña que nació el día diez y ocho de este mes y año, a quien puso por nombre María Ramona, hija legítima del señor don Manuel de Bustamante Marqués de San Antonio y doña Jacinta Risel, naturales y vecinos de esta ciudad. Abuelos paternos don Manuel Antonio de Bustamante, natural de Aldea de Zentenera y doña María Antonia de Saldaña, Marquesa de San Antonio, natural de Madrid y vecinos de Trujillo. Abuelos maternos don Antonio Risel y Tapia, natural de Aldea de Zentenera, y doña María Josefa Orozco y Treviño natural de esta ciudad y ambos vecinos de ella. Fue su madrina doña María Ramona de la Hoz, soltera, hija de don Francisco de la Hoz y natural de Alburquerque aquí advertí el parentesco espiritual y su obligación testigos don Juan García, Pbro, don Joaquín Rodríguez y don Leonardo Risel, vecinos de esta. Y por verdad lo firmé: Thomás Martín de Prado” (literal).

 

María Ramona, huérfana a los tres años, confió su padre la crianza y formación de su pequeña hija a Sor Paula Maria Risel Orozco y a Sor Ana María,  que antes habían sido religiosa en el de San  Pedro, refugio de la nobleza que recibía la divina vocación al retiro y oración, privilegio de las almas escogidas.

     Don Cipriano Sánchez Varela, prelado de la diócesis de Plasencia- la rigió durante mucho tiempo, desde 1826 a 1848 y ocupa el número 78 en el "Episcopologio placentino"- autorizó el ingreso de la niña Maria de Bustamante en la clausura monacal. Debido a enfermedad, salió  del convento de la Puerta de Coria a los pocos años de su ingreso. Pero a esta  temporal salida sucedió su vuelta definitiva, lo que ella narró en su autobiografía. Hay que especificar que sucedía esto antes de la exclaustración de las monjas de San Francisco el Real el 30 de abril de 1836, las cuales fueron trasladadas al convento de San Ildefonso de la ciudad de Plasencia, marchando con ellas, en calidad de educanda, la niña María de Bustamante. Allí permaneció quince años, interrumpidos por una breve ausencia motivada por enfermedad.

  El día 2 de abril de 1850 vistió en el convento  de San Ildefonso el hábito de la Tercera Orden Claustral (vulgo “isabeles”) y comenzó el noviciado en Trujillo por haber regresado la comunidad de San Francisco el Real  a esta ciudad el 30  de abril del 1851. Las penalidades que pasaron las monjas a su regreso a Trujillo en 1851 aparecen recogidas testimonialmente en la “Autobiografía” de Sor Filomena María: “Cuando llegó el momento de cerrar la clausura, allí se quedaron las religiosas consumiendo, angustia suma y el tremendo interrogante de qué ocurriría tras haberse comprometido al gasto de la reparación. La Iglesia solamente tenía la mesa el altar y al frente una tela donde colocamos al Cristo de las Maravillas, que se había guardado en Huertas de Ánimas hasta nuestro regreso. Al día siguiente, colocamos un Sagrario que habíamos traído del convento de la Coria, y dispusimos el altar para celebrar misa, como lo hizo el señor secretario del obispado a las siete de la mañana; pero al no haber campanas ni órganos, impidió que se entonara el Tedeum. Concluida la ceremonia, empezamos a trabajar, quitar los escombros y comenzar la reparación del edificio”.

Por tanto, las religiosas se instalaron en el convento de San  Pedro, - ya que el de la Puerta de Coria  había sido bárbaramente arruinado - y allí emitió su profesión de votos religiosos el 11 de mayo del mismo año Sor Filomena María Bustamante, en la fiesta del Patrocinio de San José; cambió su nombre de pila (María Ramona) por el de Filomena María del Patrocinio.

   Esta monja trujillana fue durante muchos años Abadesa de la Comunidad Franciscana de San Pedro.

  Es obligado reflejar, aunque sea brevemente, la obra que llevó a cabo. Restauró la iglesia y toda la fábrica conventual, que se hallaba en deplorable estado. Restauró la disciplina  de la vida de observancia y la formación de nuevas religiosas, que incrementaron en número  los miembros de la Comunidad, a la que impulsó con sus medidas.

    En el año 1864 llevó a cabo la iniciativa de fundar un monasterio en Mula (Murcia), partiendo del convento trujillano de San Antonio sor María de Santa clara y sor Juana de la Cruz con una sobrina educanda que se llamó en el claustro sor María de la Encarnación. Todas ellas pertenecientes al linaje Orozco, que cuenta entre sus miembros Alfonso Orozco, agustino, predicador de Felipe II, fundador, escritor, y fue beatificado por León XIII el 15 enero de 1882. En el año 1865 fue nombrada Abadesa Sor Filomena María, por el obispo don Gregorio María López, llevando a cabo una gran actividad restauradora del convento trujillano. Es de admirar en la Madre Filomena su espíritu inquieto no sólo como promotora en la restauración del Convento de San Pedro, sino alternándolo con su vida espiritual y la formación de nuevas religiosas, a pesar de su poca salud.

     Cuarenta y cinco años llevaba Sor Filomena en el convento de San Pedro, cuando movida del espíritu  de Dios y previos los requisitos canónicos marchó a los 70 años de edad, el 17 de enero de 1896 a fundar el convento de Franciscanas de Fuente del Maestre, localidad de la diócesis de Badajoz acompañadas por cinco religiosas.

    Poco menos de un año hacía que Sor Filomena estaba rigiendo con singular acierto y venerada edificación para todos estas nueva Comunidad cuando guiada por nuevos impulsos divinos obtuvo de la Santa Sede autorización para que  ella y sus  monjas presentes y futuras pasaran de Franciscanas a religiosas Concepcionistas (cambiando el hábito pardo por el blanco y azul). Solemnemente se realizó  el tránsito el 8 de diciembre de 1896.

   Durante diecisiete años aproximadamente, el convento de Concepción de Fuente del Maestre asentó  su vida religiosa y observante en las santas y sabias enseñanzas de la Madre Filomena, quien a los 88 años de edad llenos de méritos ante Dios y ante los hombres descansó en la paz de  los juntos tan santamente como había vivido. Era el 22 de noviembre de 1913, mientras la comunidad participaba en la misa; en el momento de la consagración le llegó la mejor recompensa a toda una vida de sacrificio, entrega y amor a Dios y a los demás.

El día 7 junio 1987, coincidiendo con la apertura del Año Mariano fueron exhumados y nuevamente inhumados en el coro de la iglesia de la Concepción, de la localidad de Fuentes del Maestre, los restos de la Rvda. Madre Filomena María de Bustamante Risel-Orozco, mujer providencial en los planes de Dios y en palabras del padre Juan Tena: “ Eminente por sus dotes naturales que fueron muchas, pero más eminente a un por sus extraordinarias virtudes y por las altas mercedes y Dios la concedió”.

Conocemos datos precisos de su estancia en el convento de San Francisco el Real de la puerta de  Coria de Trujillo y de la grave enfermedad que pasó gracias a su “Autobiografía de la Madre Filomena: una víctima de amor divino”, todo no juventud larga y penosa, llena de entrega a Dios y de sacrificio por la iglesia y los necesitados. Autobiografía escrita por ella misma, recopilada y terminada por una religiosa concepcionista del convento de Fuentes del Maestre, en el año 1925.

 



sábado, 10 de febrero de 2024

 OBRA INÉDITA DE JULIO TIZÓN

 

 

Capeando

 

Técnica: Óleo sobre lienzo

 

Medidas: 78 x 57 cm.

 

Firmado ángulo inferior derecho

 

Procedencia: Colección Collado-Díaz

 

 

En la colección Collado-Díaz de Cáceres hemos localizado una obra inédita del pintor gallego Julio Tizón, el artista que desde su nacimiento fue sordo, deficiencia física que no le impidió situarse como uno de los más acreditados artistas que se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando en los duros días de la posguerra, época que utilizó para realizar dibujos del Madrid castizo, le gustaba mucho callejear. Por las características tipológicas y pictóricas, los mozalbetes que aparecen en escena, considero que esta obra que hemos titulado “capeando”, puede pertenecer a la etapa comprendida entre 1955- 59.

Aclamado artista que pasó varios años de su vida en Cáceres, concretamente entre los años 1968 y 1988. En el año 1968 se casó con la cacereña María Victoria, veinte años menor que él.

Esta obra que presentamos tiene las características artísticas de este genial pintor, que tenía aspecto de vagabundo, con su largo abrigo. Era un hombre impredecible, con sus ritmos rápidos, trazos nerviosos, de características constantemente cambiantes pero con un impecable dominio de la técnica pictórica que aprendió en la Escuela de Bellas Artes madrileña de que fue nombrado Académico Correspondiente.