El patrimonio escultórico de la iglesia de San Martín de Tours de Trujillo
La
iglesia parroquial de San Martín es uno de los templos más antiguos de Trujillo
construido en lo que entonces se llamó arrabal de la villa y que con el tiempo
llegó a ser el centro neurálgico de la Ciudad. Su origen se remonta al siglo
XIV y debió ser una construcción sencilla porque sus bóvedas y su torre indican
haber sido levantadas sobre otros elementos más bajos y de época medieval. No
obstante aún quedan restos de la edificación primitiva, algunos de los cuales
se ha podido rescatar gracias a las obras de conservación, mantenimiento y
restauración que ha llevado a cabo en los últimos seis años. Una iglesia
parroquial que tuvo, como las de Santiago y Vera Cruz, párroco y beneficiados
para su servicio; con numerosas y ricas fundaciones para el sostenimiento de su
culto diezmando para esta parroquia algunas heredades del término y casi todos
los que labraban o poseían en su extenso berrocal.
La
importancia del espacio que actualmente ocupa la Plaza, tuvo su origen durante
la ocupación musulmana (713-1233) como lugar de encuentro mercado de ganados,
seguiría sirviendo para idénticos menesteres en la nueva situación
socioeconómica, que a partir de 1233 supondría para los habitantes de la villa
el acontecimiento de la reconquista cristiana[1].
El emplazamiento del otro mercado, donde se vendían verduras y productos
artesanales, estuvo puertas adentro de la villa, cerca del arco de San Andrés,
junto a la Alberca, y en un espacio suficientemente amplio para la concurrencia
de gentes. El mercado de ganados se ubicó fuera de la muralla, donde se
formaría, al correr de los años, la plaza del arrabal de San Martín[2],
es decir, la Plaza Mayor actual[3].
Fernando
III el Santo conquista Trujillo (1233), Medellín y demás
fortalezas extremeñas, internándose en Andalucía para ocupar el Valle del
Guadalquivir.
Tras
la Reconquista hubo que efectuar la Repoblación pues, al estar nuestra región
casi despoblada, los reyes se ven obligados a entregar extensos territorios a
las Órdenes Militares y a la nobleza (incluyendo a la Iglesia), lo que
repercutirá negativamente en los aspectos económicos y sociales de siglos
posteriores (formación de latifundios). Las propias ciudades, como necesitaban
atraer población cuando son fundadas o repobladas, recurren a la concesión de
Fueros. En 1256, Alfonso X otorga a Trujillo su Fuero, con las lógicas
repercusiones que tendría para la vida de una ciudad cristiana bajomedieval:
concejo, acotamiento del término, legislación, etc[4].
En
la zona que actualmente ocupa la Plaza Mayor, la toponimia hace referencia a
dos torres vigías (el Castillejo y otra en el camino de Fontalba), está claro
que una de ellas es la torre medieval conocida como “Torre del Alfiler” que se
encuentra entre la Plaza y la calle Ballesteros. Hasta mediados del siglo XIV
no tendremos documentos fiables de edificaciones importantes, existentes
extramuros de la villa y podamos conocer el desarrollo gradual de la Plaza
Mayor y la futura ciudad, que a partir de ella surgiría. La iglesia de San
Martín de Tours, objeto de nuestro estudio, se emplaza de forma exenta en el
lado Noreste de la Plaza Mayor de Trujillo, sobre una zona de especial
incidencia topográfica dado que a su vez resuelve en su alrededor los
importantes desniveles existentes en la propia plaza.
La
primera noticia que tenemos de la iglesia de San Martín data del 14 marzo del
año 1353, día en el que se reúne el Concejo en la iglesia para dar poder a
Gonzalo Fernández de Añasco para señalar y amojonar los ejidos en las aldeas en
nombre de Domingo Juan de Salamanca, alcalde enviado por el rey para tal
cometido, especificando en el documento que dicha
iglesia se encuentra en el arrabal de la Villa de Trujillo[5].
En repetidas ocasiones el Concejo se reúne en el portal de la iglesia de San
Martín, concretamente en la puerta de las Limas, dato importante para conocer
la estructura arquitectónica que tenía la primitiva iglesia de San Martín, en
varios documentos se especifica que era costumbre del Concejo reunirse en dicho
lugar[6].
El 18 de mayo de 1353, de nuevo se reúne el Concejo continuando los tratos
iniciados sobre el amojonamiento del berrocal y ejidos de las aldeas: “estando
juntados so el portal de la iglesia de sant Martin desta dicha villa segund que
lo avemos de uso e de costumbre a canpana repicada por mandado de Juan
Blasquez, alguazil en el dicho lugar por nuestro señor el rey e estando
presentes en el dicho conçejo Miguel Sanchez e Blasco Sanchez e Juan Sanchez e
Ruy Sanchez, …”[7].
Al
igual que ocurriera en la Edad Media con la iglesia de Santiago Apóstol, la de
San Martín fue durante cierto tiempo el lugar donde se reunía el Concejo de
Trujillo.
La
elección del concejo de este lugar – junto a una pequeña iglesia extramuros de
la villa- parece indicar que aquí se encontraba ya un primer centro de un
dinamismo social, cercano a los arrabales de Huertas y Belén, donde habitaba
una población netamente agraria-ganadera, sería el más adecuado para obtener
una asistencia importante de los campesinos, a quienes interesaba vivamente los
temas tratados en aquel concejo, y no nos extraña que esta práctica no fuera
del todo novedosa, sino consecuente con una tradición de origen árabe.
Este
primitivo núcleo urbano, mercado-iglesia, junto al que pronto se añadirían las
Casas Consistoriales, será el epicentro virtual de una ciudad, que desde aquí y
siguiendo los caminos se expandiera por irradiación.
Aparece
citada la iglesia de San Martín en un documento de 1440 donde se especifica que
era un templo de pequeñas dimensiones. Con el paso del tiempo se vio la
necesidad de ampliarlo[8].
Además, hemos de tener en cuenta que se ha localizado en el templo una
capillita con acceso en arco conopial decorado con dos motivos vegetales y en
su interior la tumba más antigua, tipología rectangular, hallada en el interior
del templo. En la capilla de Santa Bárbara, perteneciente a la primitiva obra
gótica, está el enterramiento de Gil Fernández, beneficiado de la iglesia de
San Martín con una extensa inscripción que data el mismo en el año 1439:
“DEPOSITO DEL/ ONRADO GIL FERNADES D FIGVEROA/BENEFICIADO EN LA IGIA. DE S. M./
FALLECIO ANO IV/ CCCCXXXIX”.
Del
año 1500 datan las Ordenanzas de la Cofradía de San Martín[9].
En un documento de 1526, se indica que se había iniciado la construcción de una
cabecera más amplia para cuya fábrica se solicita subvención pública: «que
por estar en la plaza desa Cibdad corre a ella muchas gentes, los dichos
parroquianos movidos por caridad y celo de servir a Nuestro Señor, acordaron
juntamente con al dicho cura, beneficiados e clérigos, la obra de la dicha
capilla mayor de la iglesia, y con las limosnas que para ello dieron, se
comenzó a labrar y está comenzada aquélla…«[10].
En
1529 aún no se había terminado la obra por lo que se reitera la petición de
ayuda al Concejo argumentando «…que dicha iglesia es de las principales
de la dicha Cibdad y que por estar en la plaza todos los forasteros y la mayor
parte de los vecinos desa Cibdad van a oir misa a dicha iglesia y que por esta
causa tiene necesidad de se reedificar acrecentar para que el culto divino se
pudiese celebrar con la reverencia y acatamiento debido y porque es
muy pobre…»[11].
El edificio que hoy vemos es esencialmente una fábrica del segundo y tercer
cuarto del siglo XVI. En sus muros llegaron a colocarse las medidas oficiales
del trigo, la cebada y otras mercaderías. El día 7 julio del año 1496, cuando
los Reyes Católicos hicieron donación del señorío de Trujillo a su hijo el príncipe
don Juan, un representante – Fernando Gómez de Ávila- tomó posesión de la
ciudad y la fortaleza en su nombre en la iglesia parroquial de San Martín[12],
motivo por el cual renovaron los cargos del Concejo: Corregidor y oficiales.
También, la iglesia San Martín juró los fueros, privilegios, buenos usos y
costumbres Carlos V en el año 1526 cuando iba camino a Sevilla para desposarse
con Isabel de Portugal en los Reales Alcázares[13].
El rey Felipe II estuvo presente la Santa Misa del día 13 de marzo de 1583 en
la iglesia de San Martín e igualmente lo haría Felipe V[14].
En
el siglo XVI se llevan a cabo las obras de ampliación de la pequeña iglesia de
San Martín hasta convertirla en un majestuoso templo. Existió ya en el año 1515
un interés por reformar y ampliar la primitiva Iglesia de San Martín,
concretamente la realización de una nueva capilla mayor que no se llevaría a cabo
en dicha fecha[15].
Al crecer el vecindario tras muros de la Villa, la iglesia de San Martín
quedaba pequeña para atender a los actos litúrgicos ampliándose la fábrica
desde el ábside a partir del año 1526, desapareciendo el cementerio que se
encontraba en las cercanías del templo[16].
Desde el año 1538 interviene en su fábrica el gran maestro trujillano Sancho de
Cabrera[17],
interviniendo también en ella los canteros Diego de Nodera, Juan de Fradua,
Pedro Hernández y Pedro Vázquez, el día 3 de octubre de 1540 se terminaba de
cerrar la capilla mayor[18].
Hemos de destacar que durante las obras ejecutadas entre los años 1538 y 1546
se realizó el escalonamiento que permite el acceso al templo por la puerta
meridional y extendiéndose hacia la puerta de los pies formándose un atrio con
el correr de los tiempos desde el que podemos disfrutar de una magnífica vista
del espacio placero, concretamente, muchas de las sillerías que se utilizaron
para su construcción fueron de acarreo, así nos podemos encontrar desde
inscripciones latinas[19] hasta
el juego alquerque de doce grabado en piedra[20].
Se finalizó lo fundamental del conjunto parroquial en el tercer cuarto del
siglo XVI. Algunos detalles son posteriores, como es el caso del chapitel del
reloj, cuyas trazas fueron realizadas por Sancho de Cabrera, en el que
intervino el maestro Hernando de Solís[21].
Torre-chapitel del reloj de San Martín, definida su traza por el maestro Sancho
Cabrera en 1554.
Por
tanto, el edificio que hoy vemos es esencialmente una fábrica del segundo y
tercer cuarto del siglo XVI[22].
Se levanta ante la Plaza Mayor con un aspecto austero derivado de la sobriedad
de los volúmenes y la sencillez que le confiere la mampostería y sillería de la
construcción.
OBRAS
ESCULTÓRICAS
Un
importante ajuar litúrgico, así como obras escultóricas enriquecieron esta
iglesia parroquial con el paso de los tiempos. Gracias a la ingente aportación
del mecenas trujillano don José María Pérez de Herrasti, la iglesia de San
Martín cuenta con un importante elenco de obras de arte que han sido donadas al
templo por el citado mecenas.
El patrimonio escultórico de la iglesia de San Martín
de Tours de Trujillo
Lám
1.- Imagen de Nuestra Señora de la Coronada antes de su restauración
Lám
2.- Imagen de Nuestra Señora de la Coronada después de su restauración
En
el muro del Evangelio, cobijada bajo una hornacina, se conserva la magnífica
talla de Ntra. Sra. de la Coronada con el Niño en brazos[23] (Lám
1 y 2). Pero, este no fue su emplazamiento primitivo, en la Edad Media fue muy
venerada en la ermita que lleva su mismo nombre, La Coronada[24],
situada a 10 kms. de Trujillo y, propiedad de la villa de Trujillo, fue
entregada a los caballeros Templarios hasta la extinción de dicha Orden, por el
Papa Clemente V con la bula “Vox in excelso” (3 de abril de 1312), volviendo la
villa de Trujillo a correr con la dotación y culto de esta ermita y por voto
solemne del pueblo, recordando la victoria sobre los árabes (1233)[25],
iban los trujillanos con el Concejo todos los años en procesión a dicha ermita
el lunes de Pascua de Resurrección y se celebraba una suntuosa fiesta en honor
de Ntra. Sra. de la Coronada. Esta costumbre duró hasta el año 1687, fecha en
la cual tuvo lugar la celebración del Sínodo placentino, la Constitución VIII
dice: «Que ninguna procesión se haga à iglesia, ò Hermita, que diste
mas de media legua del Lugar, salvo à algun Santuario celebre en tiempo de
urgentissima necesidad«[26].
Desde entonces se perdió el culto en la ermita de la Coronada.
En
el año 1809, los franceses destruyeron la ermita[27] y
la imagen de la Virgen con el Niño, fue trasladada a la parroquia de Santiago
en Trujillo[28],
ya que la ermita era aneja a dicho templo[29].
En la actualidad se encuentra en estado ruinoso[30].
Se
nos ofrece Ntra. Sra. de la Coronada sedente sobre un trono decorado con
molduras y elementos curvilíneos, es un escaño típico de la región aragonesa,
como ponen de manifiesto la Virgen de la Colegiata de Daroca o la del Santuario
oscense de Salas. Ntra. Sra. sostiene con la mano derecha lo que parece una
alcachofa, mientras que con la izquierda sostiene a su Hijo. Este está sentado
sobre la rodilla izquierda de su Madre, pero se gira con suavidad hacia su
derecha, en un deseo de humanidad y naturalismo típico de la escultura
tardorrománica[31].
En cualquier caso, el grupo humanizado que relaciona a María con el Niño
alcanza su mayor esplendor en la Virgen de la Sede de Sevilla y en la del
Sagrario de Plasencia.
El
Niño de la imagen trujillana lleva corona mayestática, como es propio de la
imaginería arcaica, sujeta el Libro de los Siete Sellos (alusivo a su segunda
venida apocalíptica) con su mano izquierda y está en actitud de bendecir. Este
lleva túnica talar de color marrón oscuro, con las bocamangas, los ribetes del
cuello y la corona dorados. La policromía de la cara, al igual que la de su
Madre, son modernas (retocadas en la restauración de 1979). Además, lleva los
pies desnudos. Por su parte, la Virgen María, es hueca por detrás,
característico de las imágenes de campaña. Viste túnica de color blanco-marfil,
con adornos de color rojizo, el cuello que ostenta la túnica es muy ajustado,
rasgo típico de la estatuaria antigua[32].
Sobre la túnica lleva un manto de color azul decorado con flores cuatripétalas[33],
cuyos pliegues son muy rígidos, de enorme influencia románica, caen pesados y
paralelos, sin naturalismo, dejándonos ver los zapatos puntiagudos con los que
calza sus pies la Virgen.
Los
trujillanos siempre han profesado especial devoción a esta imagen, celebrando
solemnes misas en su altar en sufragio de difuntos, indulgencias por rezar ante
la imagen[34],
limosnas por agradecimientos, etc.[35].
El único Inventario que se conserva en la parroquia de Santiago corresponde al
año 1857, en éste se da cuenta detallada de los ornamentos pertenecientes a
Ntra. Sra. de la Coronada.
En
el año 1964 fue llevada al Casón del Retiro, en Madrid, para ser restaurada,
según consta en el fichero de entrada del mismo. Su restauración fue
desafortunada, ingresando en 1979 en el Taller de Restauraciones Artísticas de
don José Gómez, en Trujillo. Durante el segundo proceso de restauración[36],
se levantaron los repintes de color ocre, descubriéndose en la túnica
blanca-marfil unos dibujos a modo de estampaciones en carmín y verde que se
completan y desgastan para su entonación con los primitivos. En el manto color
azul-verdoso, se descubrieron unas rudimentarias rosetas en carmín que rompen y
dan encanto al monocolor. Respetados y completados estos detalles se procedió a
la consolidación y entonación de su policromía en túnica y manto con carácter
definitivo.
No
pudo realizarse del mismo modo la restauración de la cabeza y cara de Ntra.
Sra. por haber perdido de forma total el tallado del velo que la cubriera y los
rasgos del rostro. Continuando los restos de pliegues que se advirtieron en la
parte superior de la cabeza y estudiadas algunas imágenes de la época, se
procedió al retallado de un nuevo velo en madera. Este añadido no se realizó
definitivamente, como se hizo con el resto de la escultura, sino de forma
provisional y pendiente de unos datos ciertos que se ajustasen a su estado
original.
También,
durante la restauración, se agrandaron los ojos, dado que los que presentaba no
eran los originales. Fueron repuestos los dedos de las manos derechas de Madre
e Hijo. Se sustituyó la peana vieja, muy fina y carcomida, por una de mayor
grosor que entonara con el trono.
Con
esta restauración la escultura ha ganado en belleza y dignidad, pudiendo volver
al culto en el templo de San Martín de Trujillo.
Según
lo contenido en los párrafos anteriores, nos encontraríamos ante una talla de
la Virgen con el Niño fechable en la primera mitad del siglo XIII, ligada a la
Orden del Temple, como es también el caso de Ntra. Sra. de Montfragüe. Estas
dos imágenes citadas son probablemente las más antiguas representaciones de la
Virgen María en Extremadura, después de la de Guadalupe.
Formó
parte destacada, junto con la talla de Ntra. Sra. de la Luz y el Cristo de las
Aguas, en la Exposición: Patrimonio Histórico de Extremadura: Edad Media y
Renacimiento, celebrada en Cáceres, en el año 1990[37].
En
la capilla de Santa Bárbara hay un retablo de sobria arquitectura clasicista,
obra de la segunda mitad del siglo XVII, se ilustra con pinturas cuyo tema
central es la Imposición de la casulla a San Ildefonso y varios santos en el
banco, figurando San Juan Bautista, Santa Catalina de Alejandría, San Gregorio
Magno, San Francisco y Santa Apolonia. El retablo está presidido por hermosas
esculturas de la primera mitad del siglo XX que representan a la Sagrada
Familia, en cuya peana puede leerse su procedencia: “Escultor Romero Alboraya,
Valencia”. Ha sido restaurado recientemente por Virginia Chacón y María Teresa
Puy, bajo el patrocinio de don José María Pérez de Herrasti.
En
un lateral de la capilla, concretamente en el sepulcro de Francisco de Mendoza,
se conserva una interesante talla de San Antonio Abad, obra de principios del
siglo XVI. San Antón fue abad y gran guía espiritual de los monasterios de
Egipto. Viste hábito talar, con manto o cogulla y capuchón, propio de los
monjes antonianos, que le consideran fundador. Lleva báculo abacial que termina
en forma de tau griega, otro tributo personal es el libro
abierto. Como patrón de los animales domésticos, suele estar rodeado frecuentemente
por algunos, en este caso le acompaña un cerdito.
Junto
a esta talla, hay dos imágenes que han sido donadas recientemente a la
parroquia, una imagen de San Blas de principios del siglo XVI y una excelente
imagen románica de la Virgen con el Niño, ambas procedentes de la ermita de
Nuestra Señora de la Vega (Campo Lugar), perteneciente a la tierra de Trujillo.
Esta imagen recibía culto en un oratorio de una finca particular conocida como
«Casa de la Vega» a kms. y medio de Campo Lugar. Se trata de una escultura que
representa a Ntra. Sra. (78 x 39 x 41 cms.) con el Niño (30 cms.), en madera
policromada. En el año 1374 de la era cristiana, el Infante don Sancho hizo
donación de la dehesa y ermita de Santa María de la Vega al Monasterio de
Guadalupe, tras la desamortización de 1836, pasó a manos particulares.
Lám
3.- Imagen de Nuestra Señora de la Vega
Se
nos ofrece María entronizada, sentada en un elemental trono, constituido por un
madero, sobre una peana en la cual se lee: «Nª. Sª. DE LA VEGA Aº. D. 1786». En
su mano derecha porta la fruta esférica, porque María fue por voluntad divina
la Nueva Eva, la Perfecta Eva, mientras que con la izquierda sostiene
delicadamente al Niño. Este se dirige al fiel cristiano, a quien bendice con la
diestra, mientras que con la izquierda sostiene la bola del mundo, símbolo del
poder universal. No existe comunicación entre Madre e Hijo, este tiene una
actitud rígida, arcaica (Lám 3).
Ntra.
Sra., se cubre con un velo de color marfil. Viste túnica de color jacinto,
ceñida al cuerpo con un cíngulo dorado, que cae hasta los pies con amplios
pliegues, no dejándonos ver los zapatos que calza la Virgen. El cuello de la
túnica ya no es tan ajustado, como es característico en esculturas más
arcaicas. Podemos apreciar por algunas zonas de la escultura, una decoración
geométrica a base de cuadrados que tienen inscritas flores cuatripétalas, y en
el cuello y bocamangas, presenta adornos vegetales entrelazados. Se cubre con
un manto de color azul-verdoso, con adornos geométricos a base de cuadrados y
flores cuatripétalas.
El
Niño viste túnica de color jacinto, con similares adornos geométricos, ya
descritos, y tiene los pies descalzos. Esta policromía no es la original,
seguramente fue modificada en el año 1786, fecha en la cual se añadió la peana,
como consta en una inscripción en la peana. Los paños se pliegan con gran
elegancia y soltura, como es característico de un estilo gótico algo avanzado;
incluso las violentas angulaciones de la primera época han desaparecido para
dar paso a un tratamiento más suave. La espalda de Ntra. Sra. no está vaciada o
desbastada, pero posee un elemental tallado, lo cual prueba que estas imágenes
tenían un punto de vista único, el frontal. Por todas estas características,
consideramos que pueda tratarse de una obra de principios del siglo XIV, pero
muy modificada, de lo que podría suponer su aspecto primitivo.
La
mentalidad religiosa y popular que dio vida tanto a esta escultura como al
resto de efigies que estamos estudiando, se basó en la filosofía, teodicea,
teología y exégesis de la Baja Edad Media, en las más antiguas
cronológicamente, o sea en el pensamiento escolástico, aristotélico-tomista,
que fecundó el naturalismo gótico. La Virgen está representada, en esta obra de
la finca de la Vega, como Madre de Jesús, con toda la fuerza realista que se
deriva de los escritos de Gonzalo de Berceo, las Cantigas de Alfonso X y del
culto de hiperdulía tributado a la Señora, se venera a la Madre de Dios, a la
Teotocos o Deipara, en cuanto ello era asequible a la humana contemplación.
La
capilla de Pedro Suárez de Toledo[38] –obra
de mediados del siglo XVI- se cubre con una bóveda de crucería con combados
ricamente policromada y decorada con rosetas y tallos en flor; y sobre el arco
de la capilla las armas de los Orellana-Ulloa. Preside la capilla el retablo de
la Virgen del Carmen con las Ánimas, de principios del XVIII, posee un cuerpo
con hornacina de arco de medio punto entre pares de columnas salomónicas
cubiertas por ornamentación vegetal y remata con el lienzo de la Coronación de
la Virgen, del siglo XVIII. En un lateral del retablo una pintura al óleo sobre
lienzo representando a San Jerónimo penitente[39],
obra del siglo XVII del acreditado artista Antonio de Pereda sobre original de
Ribera. Fue adquirido en Madrid, donación de un particular a don Mariano
Duprado, Arcipreste y sacerdote de esta iglesia. La obra representa un tema muy
difundido en el programa artístico del pintor, un San Jerónimo penitente, de
anatomía corpulenta, cubierto con un manto rojo de pliegues ampulosos[40].
El pintor no ha renunciado a sus inclinaciones naturalistas, describiendo con
analítica y rigurosa precisión, con una minuciosidad táctil, volúmenes y
superficies, arrugas y deformidades, así como objetos: los libros, la calavera.
Su preocupación por la intensidad de las reacciones procuradas por la extensión
firme y natural de las luces sobre las densas superficies cromáticas, una
atmósfera nada oscura, ni misteriosa, sino de una verdadera y profunda
humanidad, de altísima pero controlada y concentrada tensión interior, de
reacciones emotivas casi sofocadas por apariencias de contenido cuando San
Jerónimo alza su mirada sorprendido por la aparición de la trompeta del Juicio
Final que lo distrae de sus oraciones. Aparecen en la obra sus atributos: la
pluma, el libro y las hojas sueltas, que aluden a su actividad de estudioso de
los textos sagrados. También la calavera, símbolo iconográfico vinculado al
santo. Destaca en el lienzo las luces y los tonos cromáticos, la postura del
santo permite imaginar la profunda concentración en que debía encontrarse antes
de la llegada del sonido trompetero. Restaurado en octubre del año 2008 por la
empresa de Conservación y Restauración de Bienes Culturales ATRIUM C.R.B.C
S.L., bajo el encargo y patrocinio de Don José María Pérez de Herrasti.
La
iglesia de San Martín cubre el testero con un retablo que en principio estuvo
adosado en el muro colateral del Evangelio. Sustituye al que regaló a comienzos
del siglo XX doña M.ª Juana Durán Rey, y que en la actualidad se encuentra en
la iglesia de Garciaz. Es importante citar que, según las Cuentas de Fábrica
del templo, existió otro retablo mayor cubriendo el ábside y dos colaterales
que son obra de Juan de Trujillo y se colocaron en el año 1573[41].
El que hoy cubre el testero de San Martín está dedicado al Santísimo Cristo de
la Agonía, trasladado desde la antigua iglesia de la Sangre[42].
En alzado, la obra se divide en banco, cuerpo y ático, con templete emergente
del centro de un frontón curvo partido. Una pareja de columnas corintias sobre
ménsulas enmarca la hornacina que alberga al Cristo de la Agonía, soberbia
talla de gran realismo. Desde el ático domina San Pedro sentado en Cátedra, y
sobre la hornacina avenerada que cobija al santo, una cartela elíptica y
policromada, con las armas papales (de plata, dos llaves en aspa, una de oro y
otra de plata; brochante una tiara). Todo el conjunto se puede fechar en torno
al primer tercio del siglo XVII. Algunos autores han considerado que era obra
del escultor cordobés Juan de Mesa y Velasco, que nació en Córdoba en el año
1583. Fue bautizado el 26 de junio de 1583 en la parroquia de San Pedro de
Córdoba. Pertenecía a una familia de pintores y se inició a la escultura con
Francisco de Uceda. Cuando contaba con veintitrés años ingresó en el taller de
Martínez Montañés, en Sevilla, siendo un discípulo leal y ordenado que inició
sus estudios en humanidades mientras olía a madera tallada. Es un artista poco
conocido, su importancia arranca a finales del siglo XIX gracias a la obra de
José Bermejo y Carballo, Glorias religiosas de Sevilla (1882):
«El bellísimo Jesús, en el acto de pronunciar desde la Cruz sus Siete Últimas
Palabras, construido según se cree, por Juan de Mesa, discípulo insigne de
Montañés.» Luego Hernández Díaz aportó una documentación fundamental[43].
Consideramos, más bien, que esta magnífica talla del Crucificado es obra de
Alonso de Mena (1587-1646), padre de Pedro de Mena, que se haría cargo del
taller a partir de 1622. Se le atribuyen obras como el Cristo del Desamparo de
la iglesia de San José de Madrid (1635) que muestra rasgos de ejecución y
estilo semejante al del Cristo de Trujillo, igualmente presenta las mismas
características estilísticas el Cristo de la Sangre y de la Vera Cruz, conocido
popularmente como El Señor de la Caja, como referencia a una urna de madera y
cristal donde se expone en su capilla de la iglesia parroquial de la
Encarnación de Vélez-Rubio (Almería), obra de Pablo de Rojas[44],
maestro de Alonso de Mena.
Juan
de Mesa fue un hombre muy vinculado a las Cofradías y Hermandades, perteneció a
la hermandad del Silencio, siendo miembro activo de su Junta de Gobierno de
dicha hermandad, la cual albergaba entre sus hermanos a numerosos sevillanos
ilustres. Falleció a los cuarenta y cuatro años víctima de una tuberculosis,
fue enterrado en la Iglesia de San Martín de Sevilla, donde reposan sus restos.
Le podemos considerar uno de los máximos representantes del realismo sevillano,
dedicándose casi en exclusividad a las imágenes procesionales, realizando
estudios anatómicos de los procesos premortales y observaciones de cadáveres
que le permitieron plasmar en la madera obras llenas de realismo. Realismo,
éste, que instó a la propagación del culto a Jesús por parte de una población
que veía «más cerca» los momentos pasionales de Jesús y su sufrimiento,
acrecentando la devoción entre el pueblo cristiano, podemos destacar entre sus
obras la talla del Cristo del Amor, el Cristo de la Buena Muerte o el
mundialmente conocido Jesús del Gran Poder pueden servir de ejemplo, sin
menospreciar ni mucho menos a otras de sus obras. Muchas de sus imágenes hoy en
día procesionan durante la Semana Santa en Sevilla.
El
Inquisidor fray Gabriel Pizarro de Hinojosa, natural de Trujillo, encargaría la
obra del Cristo que presidiría el altar mayor de la iglesia de la Sangre de
Cristo (fundada el 15 de octubre 1625) a Juan de Mesa y Velasco, durante su
estancia en Andalucía como Inquisidor de Córdoba y Granada. La hechura de un
crucificado de la agonía. Este, detallaría en el contrato que debía ser una
talla, en la que Jesús estaría clavado en la cruz y coronado de espinas.
Esta
obra fue concebida para dar culto a los fieles de Trujillo, ya que era
costumbre que frailes o miembros de la nobleza hicieran donaciones de este
tipo, para ganar prestigio social y además a la vez que invierte en la
salvación de su alma.
La
obra se ejecuta en madera de cedro y la policromía era tarea de pintores
supervisados por los imagineros. Este Cristo de la Sangre de Mesa, destaca por
su corpulencia, movimiento desgarrador, posición y gesto conmovedor y la clara
influencia plástica que Mesa imprime en sus obras. Aparece Jesús con una gran
corona de espinas, la mirada suplicante y la boca abierta, representando así la
dramática expresión.
El
estilo del maestro procede de la escuela de su maestro Juan Martínez Montañés,
pero los detalles violentos son clara señal del imaginero cordobés (el
imaginero del dolor).
Mesa
se distingue de sus predecesores, por que imprime una gran intensidad en sus
obras, dotándolas de un realismo íntimo y doloroso, que ha sido y sigue siendo
copiado en la actualidad por muchos artistas de la madera.
Jesús
de la Agonía aparece suspendido en la cruz con una cruel tensión, reflejando el
dolor y calvario del momento de la crucifixión, este detalle muy característica
en las obras de Mesa junto a una muy estudiada anatomía del cuerpo y que lo
diferencia del estilo clasicista de su maestro Montañés (Lám 4 y 5). La
anatomía de la obra es de un impresionante verismo idealizado y que lo
convierte en un apolíneo exento de descomposiciones patéticas. De un movimiento
sobrecogedor, la obra invita a la devoción y al fervor.
Este
crucificado de Trujillo está traspasado por tres clavos sobre una cruz arbórea,
hecha de un tronco sin devastar, lo que acentúa el naturalismo, y llevan corona
de espinas de un bloque con la cabeza o postiza. Responde a los tipos de
Crucificados de su gubia, sus cuerpos aparecen agitados por un sentimiento
interior que rima con la angustiada expresión de los rostros de pómulos
salientes, en los que las cejas se curvan hacia el entrecejo como signo de
dolor intenso, los ojos se abultan cuando están abiertos y los párpados se
ondulan cuando cerrados; el cabello y la barba se ordenan en madejas finas y
simétricas, el pecho aparece hundido, sin fuerza, y toda la anatomía se hace
minuciosamente descriptiva: los clavos retuercen los dedos y arrugan la piel. El
paño de pureza deriva del utilizado por Montañés y forma grandes masas de
pliegues finos y profundos, con cuerda o sin ella, atado con dos moñas
laterales.
En
el año 1921 se trasladaron los bienes muebles de la iglesia de la Sangre de
Cristo a la parroquia de San Martín según disposición del párroco don Rafael
García López, según documentación existente en el Archivo de la parroquia de
San Martín: “Encontrándose sin fondos la fábrica de la parroquia de San
Martín, por las múltiples y costosas reparaciones q en ella se han hecho; el
Sr. Cura de la misma solicita de sus feligreses que por su piedad, y
desprendimiento se han distinguido en amor a su parroquia en otras ocasiones,
presten cooperación con la limosna que estimen suscribirse para el traslado del
Stmo Cristo de la Sangre y Retablo del mismo, a su parroquia, lo que se hace
para evitar el deterioro del mismo, dado el estado ruinoso de su capilla, y
para darle el debido culto del que ha estado privado por espacio de muchos años
(seguidamente viene la relación de personas que participaron económicamente en
los gastos del traslado, realizado por el maestro alarife don Manuel Diz Ramos
el 30 de noviembre de 1921, costó 161,05)”.
Lám
4.- Crucificado de la Agonía que preside el retablo central
Lám
5.- Crucificado de la Agonía, detalle
El
Crucificado de la Sangre de Cristo preside el retablo de la parroquia de San
Martín. Se eleva sobre un sencillo banco, mostrando una caja flanqueada por un
par de columnas estriadas en cada lado y encima hay un frontón partido que
aloja una hornacina con San Pedro en cátedra. Según don Clodoaldo Naranjo en el
año 1675 el artista Manuel Ruiz ejecutó su dorado y pintura a costa del Cabildo
de Capellanes de Trujillo[45].
La imagen del Crucificado, de la misma cronología, es una obra realista de
cierta calidad. Antes tuvo, lógicamente, otros retablos el presbiterio de la
iglesia. En el banco de la obra advertimos la presencia de los escudos de don
Gabriel Pizarro de Hinojosa y Arévalo († 1625), quien llegó a ser Inquisidor
General de Córdoba y Granada[46].
En el banco del retablo advertimos la presencia de los escudos de don Gabriel
Pizarro de Hinojosa y Arévalo († 1625), quien llegó a ser Inquisidor General de
Córdoba y Granada[47].
Cabe decir de este retablo que es una de las mejores obras de estilo clasicista
que se conservan en la Diócesis. Hasta los años 80 del siglo XX, presidía el
espacio ochavado un moderno retablo que fue trasladado a la parroquia de
Garciaz por el sacerdote don Ramón Núñez. Se trata de un retablo del año 1903,
de estilo neogótico, que donó al templo doña Juana Durán Rey, vecina de
Madroñera, en cumplimiento del testamento de su difunto esposo don Manuel
Pablos Miguel. Según consta en una inscripción del retablo. Juntamente con las
imágenes de San Martín y la Virgen de la Victoria –obras del escultor Romero-
que presiden en sendas hornacinas laterales, en los años que preceden a la
Coronación Canónica de la Virgen granítica que está en la capilla del castillo,
esta imagen de la Patrona de la iglesia de San Martín procesionó en los días de
la Festividad de la Virgen de la Victoria, en cumplimiento del testamento de su
difunto esposo don Manuel Pablos Miguel. Esta es la efigie a la que se refería
el poeta trujillano don Gregorio Rubio «Goro» en su poesía
cuando nos dice «que la imagen de colores tan vivos que está en la
iglesia de San Martín no es la Virgen que quiere el pueblo sino la que está en
el castillo, que es la que Trujillo venera como verdadera Patrona».
A
ambos lados del retablo mayor destacamos dos tondos[48] o
composiciones escultóricas-pictóricas en forma de disco que representan a San
Pedro y a San Pablo, del siglo XVI.
Lám
6.- Imagen de la Virgen de la Victoria que presidía una hornacina de la
plazuela del Reposo
En
la sacristía se conserva la Virgen de alabastro que presidía la hornacina de la
plazuela del Reposo (Lám 6). Colocándose recientemente en dicho lugar una
réplica. Virgen coronada con el Niño desnudo. Viste la Virgen María túnica y
manto, inclinando suavemente la cabeza y posando sus pies sobre un serafín de
alas explayadas. Es obra de la segunda mitad del siglo XVI, en el año 1569 en
el testamento de Francisco de Sotomayor, una de las cláusulas especificaba: “Item
mando que se eche un chapitel de madera forrado de hoja de lata en la imagen de
Nuestra Señora del Reposo que está a las espaldas de la capilla de Sant Martín
de tal manera que la ymajen no reçiba daño con el hostigo del agua y que se
pague lo que para ello fuere menester”.
Lám
7.- Cristo de la Salud
En
este sepulcro de los Bejaranos se conserva el Cristo de la Salud (Lám 7),
magnífica imagen en madera policromada del Crucificado, recibe culto bajo la
advocación de Cristo de la Salud[49].
En esta imagen se pone de manifiesto la representación de un Cristo doloroso
que destaca por su belleza plástica. Está tratado con una suavidad de formas
muy lejanas a las representaciones del Cristo del Dolor en las que todos los
detalles anatómicos estaban en función de la expresión acrecentada de dolor.
Este Cristo de la parroquia de San Martín presenta un carácter menos dramático
y unas líneas más suaves que el Cristo de las Aguas, de esta misma ciudad.
Está
clavado en la cruz, con la cabeza inclinada hacia su hombro derecho, tiene los
ojos cerrados y la boca entreabierta. Su larga cabellera cae por la espalda y
barba bífida, además de llevar una corona trenzada sobre la cabeza. Tiene muy
bien talladas las costillas y los tendones. Su figura se cubre con perizoma
corto, anudado en el centro, formando variados pliegues. Podemos fechar esta
obra en el siglo XV. Curiosamente, en un documento que hace referencia a las
disputas mantenidas entre los Chaves y las tropas del Marqués de Villena
menciona la existencia de un Crucificado en la iglesia que sufrió duros
desperfectos[50].
Ha sido restaurado entre los meses de junio – julio del año 2011 por la empresa
de Conservación y Restauración de Bienes Culturales ATRIUM C.R.B.C. S.L,
contando con el patrocinio de don José María Pérez de Herrasti.
Lám
8.- Crucificado del s. XVIII
La
capilla de los Regodones la preside un Crucificado del siglo XVIII sobre cruz
de madera tallada, dorada y policromada a la que está clavado con tres clavos
de hierro (Lám 8). La cruz tiene el INRI pegado al brazo horizontal. El
Crucificado está representado joven, delgado, moreno, de media melena hacia
atrás de la que un mechón se separa avanzando por el hombro derecho hasta el
pecho. Su barba no es continua, está dividida en dos por la barbilla. Su cabeza
ladeada a la derecha cae ligeramente hacia abajo. Sus ojos están semiabiertos.
En su cabeza lleva una corona de espino apoyada en unas espinas incrustadas en
la cabeza, entre sus costillas derechas hay una herida de lanza. De estas
heridas emanan chorretones de sangre. También presenta diversas señales de
latigazos, está cubierto por un manto blanco de pureza de pequeñas dimensiones,
sujeto por un gran y sencillo nudo a su izquierda. La imagen, con el paso del
tiempo ha sufrido importantes deterioros. Es una imagen tallada en madera, de
bulto redondo, policromado en las carnaciones y estofada en el paño de pureza.
La cruz, como se ha descubierto durante la intervención, estaba estofada
originalmente, ha sido magníficamente restaurado entre los meses de abril-mayo
del año 2011 por la empresa de Conservación y Restauración de Bienes Culturales
ATRIUM C.R.B.C. S.L. contando con el patrocinio de don José María Pérez de
Herrasti.
Lám
9.- Imagen de San Donato
Lám
10.- Imagen de San Hermógenes
En
la capilla de los Bejarano, lugar de enterramiento de don Luis de Camargo
Paniagua hay un retablo rococó, obra de mediados del siglo XVIII, preside la
capilla. Tiene columnas adornadas con telas y rocallas, que muestra las
esculturas de los mártires San Donato (Lám 9) y San Hermógenes (Lám 10),
esculturas de la segunda mitad del siglo XVII[51],
efigiados en pie y arrodillado, respectivamente sobre un pequeño pedestal
marmolizado, con las manos cruzadas sobre el pecho, atadas, degollado, mira
hacia arriba. La devoción a los santos mártires fue implantada en época barroca
al considerar que eran trujillanos tales Santos y que fueron martirizados,
junto a otros compañeros, en Mérida. Debió fabricarse hacia la misma fecha que
aporta la inscripción que leemos a los pies: «LAUDA DE DON LUIS DE CAMARGO
PANIAGUA/CAPITÁN DE CABALLERÍA DE LOS EXERCITOS DE/ SU MAGESTAD (…) AÑO DE
1755». Se deduce de esto que la obra vino a sustituir el retablo que había
construido la parroquia en honor de los dos mártires en 1673: en este año
tenemos documentada una paga de 275 reales en favor del carpintero Francisco
Acedo, autor del mismo. Lo doró el pintor Manuel Ruiz entre 1678 y 1679 a
cambio de 925 reales[52].
Entre los meses de febrero y marzo del año 2011 fue restaurada la imagen de San
Hermógenes por la empresa de Conservación y Restauración de Bienes Culturales
ATRIUM C.R.B.C. S.L., y bajo el patrocinio de don José María Pérez de Herrasti.
Hemos de indicar que esta capilla se la conoció hasta las obras de restauración
efectuada en el templo en el año 1979 como capilla de la Virgen de la Victoria,
pues presidía dicho retablo en su hornacina central una imagen de la Virgen de
la Victoria[53].
Incluimos
la imagen de la Virgen de la Piedad, actualmente preside dicho retablo. Fue
depositada en el año 2012 en el templo parroquial de San Martín[54].
Este tipo de esculturas se las conoce como imagen de vestir. Tiene
el tronco apenas detallado (se prolonga hasta la cintura o las caderas); brazos
articulados, sin forma anatómica, que terminan en manos de talla y un bastidor
troncocónico que forma la parte inferior de la imagen, al que se le llama
caballete o candelero. Es obra de madera, yeso y está policromía. La cara, el
cuello y las manos están realizados en madera tallada, con una base de estuco
(masa de yeso blanco y agua de cola) y policromía. Bellísima imagen que
representa a una joven María de rostro sereno y mirada ensimismada, presentando
una policromía con delicioso brillo a pulimento, y el complemento de ojos de
cristal y los cabellos pintados. Presenta características estilísticas muy
parecidas a la Virgen de la Paz del Convento de San Pedro de Trujillo. Lleva en
su mano izquierda al Niño Jesús. Ha sido restaurada recientemente por la
empresa de Restauraciones Artísticas ATRIUM, bajo el patrocinio de don José
María Pérez de Herrasti.
Nota.-
El resto de fotografías de este trabajo puede consultarse directamente en
nuestro archivo.
[1]La reconquista de Trujillo tuvo lugar el 25 de enero
de 1233, como ya advirtió el profesor J. González en su obra Reinado y
diplomas de Fernando III, Córdoba, 1982-1983, p. 318. El problema
radica en un defecto de una unidad en la fecha con numeración romana y que
también ha sido defendido por el Académico Manuel Terrón Albarrán en su trabajo
“En torno a los orígenes de la Tierra de Trujillo (1166-1233)”. Actas
del Congreso “La Tierra de Trujillo desde la época prerromana a la Baja Edad
Media”. Badajoz, 2005, p. 300; y en su libro Extremadura
musulmana, Badajoz, 1991, p. 213. Interesante es también el estudio de
Jesús Ruiz Moreno: “1233 la reconquista cristiana de Trujillo”, presentado en
los XLII Coloquios Históricos de Extremadura, 2013. Como señalan
los cronistas (fuentes árabes y la crónica cordubense de Fernando Salmerón) y
no en el año 1232 como se ha venido insistiendo al seguir a los Anales
Toledanos, es evidente que la fecha exacta es la de 1233 dada la fuente árabe
de Al Himyari, ed. Leví Provençal p. 63. que afirma que tuvo lugar en Rabi I
del 630 H. y en el Cronicón cordubense de Fernando Salmerón.
[2] SOLIS RODRÍGUEZ, C.: “La Plaza Mayor de
Trujillo”. Actas del VI Congreso de Estudios Extremeños. Tomo I.
Historia del Arte, Badajoz, 1981.
[3] RAMOS RUBIO, J. A.: “Recuperación histórica de
la Plaza Mayor de Trujillo”. Cimbra, revista del Colegio de
Ingenieros Técnicos de Obras Públicas, año XL, número 358, mayo-junio de 2004,
pp. 46-57. RAMOS RUBIO, J. A: La Plaza Mayor de Trujillo. Excmo.
Ayuntamiento de Trujillo. Imprenta Moreno (Montijo), 2003.
[4] Archivo Municipal de Trujillo, legajo 5,
documento 1, fol. 123 y ss.
[5] “Sepan quantos esta carta vieren como en
Trugillo, jueves catorze días de março, era de mil e trezientos e noventa e un
años, como nos el consejo de Trugillo estando ayuntado en la eglesia de sant
martin, que es el arraval de la dicha villa, a canpana repicada por mandado de
Pero Martines juez en la dicha villa por nuestro señor el rey e estando
presentes en el dicho conçejo…..”. Archivo Municipal de Trujillo,
legajo 1.1, número 30, fols. 92r-94r.
[6] También hemos de indicar que el Concejo no sólo
se reunía en el portal de la iglesia de San Martín, también se reunieron en
otras ocasiones en las peñas próximas a la iglesia de Santa María y en el atrio
de la iglesia de Santiago. “Sepan quantos esta carta vieren como nos el
conçejo de Trugillo, estando yuntados en conçejo en las peñas çerca de la
eglesia de Santa María del dicho logar a canpana repicada por mandado de Johan
Blasquez, alguazil por nuestro señor el rey en esta dicha villa…”. Carta
de poder del concejo de Trujillo alargando el poder concedido a Gonzalo
Fernández Añasco, para entender en los pleitos existentes sobre los ejidos de
las aldeas. Archivo Municipal de Trujillo, legajo 1.1, número 30, fols.
104r-105r. “Sepan quantos esta carta de poder vieren como nos el
conçejo , justicia, regidores, cavalleros, escuderos de la muy leal çibdad de
Trugillo, estando ayuntados en la yglesia de Santiago que es de los muros
adentro de la dicha çibdad, a canpana tañida según que lo avemos de uso e de
costumbre para semejantes actos e negoçios, a nonbre de conçejo, …”. Cartas
de poder del concejo de la ciudad de Trujillo y vecinos de ella a Juan de
Chaves, Álvaro de Hinojosa, Cristóbal Pizarro, Pedro Calderón Altamirano,
Francisco de Loaisa y Martín de Chaves, vecinos de la ciudad, para que actúen
en su nombre en el pleito existente entre la ciudad y sus vecinos y el obispo
de Plasencia sobre el cobro de diezmo de las hierbas, pleito en el que las
partes se comprometen a aceptar la sentencia que dicte en la reina del obispo
de Oviedo. 21 a 28 de abril de 1500. Archivo Municipal de Trujillo, legajo 3.
1, fols. 6r- 14r. Son varios los documentos existentes en el Archivo Municipal
que nos indican el lugar principal donde se reunía frecuentemente el Concejo
era en el portal de la iglesia de San Martín. Arrendamiento de la guarda de los
prados, alcaceres, fuentes, alberca y muladares (febrero de 1384). Archivo
Municipal de Trujillo, legajo 1. 1, número 1, fols. 1r- 1v.; Acuerdo del
concejo de Trujillo y que los nuevos alcaldes de Trujillo Guadalupe intenten
llegar a un acuerdo sobre los debates existentes entre el concejo de Trujillo y
el monasterio de Guadalupe en algunas ocasiones de Madrigalejo (12 noviembre de
1484). Archivo Municipal de Trujillo, legajo 4. 9.; Carta de censo sobre unas
casas de Juan López de Santa Cruz, del concejo de la ciudad por 700 maravedíes
y cinco gallinas cada año (3 agosto de 1498). Archivo Municipal de Trujillo, legajo
3. 1, fols. 353 r- 355 v.
[7] Archivo Municipal de Trujillo, legajo 1. 1,
número 39, fols. 137r- 137v.
[8] 19 enero de 1526, ante Francisco de los Cobos.
Archivo Municipal de Trujillo, legajo 4, carpeta 4, fols. 66v- 67r. Cit. TENA
FERNÁNDEZ, J: Trujillo, histórico y monumental. Gráficas Alicante,
1967, 1ª ed, p. 296.
[9] Ordenanzas de la Cofradía del señor San Martín.
Año 1500, legajo 65, carpeta 13, tiene 8 folios. Archivo Municipal de Trujillo.
[10] Archivo Municipal de Trujillo, Acuerdos, número
18, 1525-1526, fols. 86-87 vº. Cédula de Carlos V el concejo de la ciudad de
Trujillo para que pueda dar por una vez de los propios de la misma 200.000
maravedíes para las obras de la capilla de la iglesia de San Martín. En Toledo
a 19 enero de 1526, ante Francisco de los Cobos. Archivo Municipal de Trujillo,
legajo 4, carpeta 4, fols. 66v- 67r.
[11] Real Provisión de don Carlos y doña Juana al
concejo de la ciudad de Trujillo para que pueda dar 12.000 maravedíes para la
obra de ampliación de la parroquia de San Martín, a cuenta de los 500.000 que
tiene acordado dar en cinco años. Dada en Toledo a 15 marzo de 1529, refrendada
de Francisco de Salmerón. Archivo Municipal de Trujillo, legajo 4, carpeta 4,
fols. 127v- 128r.
[12] Presentación en el Consejo de la ciudad de
Trujillo de la merced que los Reyes Católicos hacen a su hijo, el Príncipe don
Juan, de esta ciudad así como de tres cartas del príncipe comunicando dicha
concesión a Trujillo, dando poder a Fernando Gómez de Ávila para que tome
posesión de la misma en su nombre y confirmando a Juan Rodríguez de Mora como
corregidor de Trujillo. Archivo Municipal de Trujillo, legajo 6.6.
[13]Cédula de Carlos V en Toledo a 26 de febrero
refrendada de Francisco de los Cobos comunicando a Trujillo que por esta Ciudad
pasará su esposa la Emperatriz Isabel y mandando que se le hagan los honores y
recibimientos correspondientes a su persona. Archivo Municipal de Trujillo, año
1526. 1-3-78-1, fol. 89.
[14] Testimonio de la visita del rey Felipe II a la
ciudad de Trujillo. En Trujillo, a 13 de marzo de 1583. Actas de Acuerdos,
1576-1583. Actas del Concejo de Trujillo. Del 10 de octubre de 1576 al 2 de
abril de 1583. 571 folios. Archivo Municipal de Trujillo, años: 1576 a 1583.
1-1-30-1.
[15] “…porque el pueblo es crecido e se
multiplican en feligreses de quince o veinte años acá, así por los infieles de
moros e judíos que se convirtieron en la ciudad, que son casi todos feligreses
de la Iglesia… y no puede acoger a los que acuden a los actos religiosos, que
tiene muy estrecha capilla, tanto y en tal manera que a esta causa e al
concurrir en ella mucha gente, por estar en la plaza del arraval, no cabe gente
en ella los días de fiesta….”. Archivo General de Simancas. Cámara de
Castilla. Memoriales (16 diciembre de 1515), legajo 128, número 31. Cit. SANZ
FERNANDEZ, F: Paisaje, percepciones y miradas urbanas de una ciudad del
Renacimiento: Trujillo . Badajoz, 2009, p. 295.
[16] Fueron necesarias por parte del Ayuntamiento la
compra de algunas casas. Archivo Municipal de Trujillo, Cédula de Carlos V al
concejo de la ciudad de Trujillo para que pueda dar por una vez de los propios
de la misma 200.000 maravedíes para las obras de la capilla de la iglesia de
San Martín en la plaza de esta ciudad (19 enero de 1526), legajo 4, carpeta 4,
ff. 66v-67r. Véase el importante trabajo de SOLIS RODRÍGUEZ, C: “El arquitecto
trujillano Sancho de Cabrera”. Actas del V Congreso de Estudios
Extremeños, Badajoz, 1976, p. 143. Las obras continuaban en el año
1529. Real Provision de don Carlos y doña Juana al Concejo de la ciudad de
Trujillo para que podar 12.000 maravedíes para las obras de ampliación de la
parroquia de San Martín, a cuenta de los 500.000 que tiene acordado dar en
cinco años ( 15 marzo de 1529). Archivo Municipal de Trujillo, legajo 4,
carpeta 4, fols. 127v- 128r.
[17] Sería una importantísima obra para el maestro,
avecindado en sus proximidades y quedando constancia en su Testamento de su
voluntad de ser enterrado en la citada iglesia. Testamento de Sancho de
Cabrera, 31 de mayo de 1574. Archivo de Protocolos de Trujillo. Francisco de
Villatoro, 1574, legajo 19, fols. 334-336. En Apéndice documental. Documento 1.
[18] “…dí la comida a los oficiales de acabada de
cerrar la capilla”. Archivo parroquial de San Martín, Cuentas de
Fábrica (1538-1590).
[19] Junto al osario del atrio de San Martín: “h(ic)
s(itus) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis) TEMISON (…) uxs(or) f(ecit)”. Falta
el nombre y la edad del difunto. Se ha conservado la fórmula funeraria y el
parentesco que unía a la dedicante con el difunto. Al igual que la anterior
(perdida): “h(ic) s(itus) e(st) s(it) t(ibi) t(erra) l(evis)”. Inscripción
funeraria: “…an(norum) IL (,…) hic. S(it) t(ibi) t(erra) l(evis). ESTEBAN
ORTEGA, J: Corpus de Inscripciones Latinas de Cáceres. II Turgalium.
Cáceres, 2012, pp. 237 y 270. CIL, II. 528A y 528 B y 639.
[20] El rey Alfonso X mencionó este juego en su obra
Libro de los Juegos. Popular juego, muy antiguo, originado en el Medio Oriente,
nombre que proviene del árabe al qirkat, preservándose
tableros grabados en piedras de varios templos del Mediterráneo. Llevado por
los árabes a la Península Ibérica, al llegar a Occitania se fusionó con el
tablero de ajedrez y dio lugar a las damas.
[21] Archivo Municipal de Trujillo. Acuerdos, núm.
34, fol. 492 vº.
[22] En la visita celebrada en el año 1573 se
especifica que la iglesia ya estaba bendecida.
[23] RAMOS RUBIO, J. A: “Imaginería Medieval mariana
en la Tierra de Trujillo”. Actas del Congreso “La Tierra de Trujillo desde la
época prerromana a la Baja Edad Media”, Real Academia de Extremadura de las
Letras y las Artes. Trujillo, 2005, pp. 137-169. RAMOS RUBIO, J. A.: Escultura
Medieval y Tardomedieval en la Diócesis de Plasencia. Fundación “Palacio de
Alarcón”. Imprenta Moreno, Montijo, 2004.
[24]Construida por el maestre Gil de Cuéllar, autor de la
Sala Capitular de la catedral placentina o capilla de San Pablo. Esto lo afirma
por primera vez NARANJO ALONSO, C.: Trujillo y su tierra, p. 110.
Es importante ver el estudio del Catedrático de la Univ. de Valladolid, Dr. don
Salvador Andrés Ordax sobre esta ermita y este arquitecto, en B.S.A.A.,
tomo LIII, Valladolid, 1987, pp. 304-309. En los años 80, el párroco de la
iglesia don Ramón Núñez trasladó esta imagen que se encontraba en la iglesia de
Santiago (filial) al templo de San Martín.
[25]La imagen tiene vaciada su espalda, característico de
las imágenes fernandinas que acompañaban a los ejércitos. Es probable que esta
imagen llegara a Trujillo con las tropas cristianas traídas por los templarios,
en la reconquista definitiva del 25 de enero de 1233. Estableciéndose su culto
enseguida. Según los Anales Toledanos, Trujillo fue reconquistado
por el Maestre de Alcántara, ayudado por el obispo de Plasencia y algunos
caballeros del Temple y Santiago. Vid. Anales Toledanos I y
II, ed. Julio Porres Martín-Cleto, Toledo, 1993. TERRON ALBARRAN, M: “En torno
a los orígenes de la tierra de Trujillo (11666-1233)”. Actas del
Congreso “La Tierra de Trujillo desde la época prerromana a la Baja Edad
Media”. Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes,
Trujillo, 2005, pp. 211-302; GONZALEZ, J: “Reconquista y repoblación de
Castilla, León, Extremadura y Andalucía (siglos XI y XIII)”, en La
Reconquista española y la repoblación del país. Zaragoza, 1951;
GONZALEZ, J: “Repoblación de la Extremadura leonesa”. Hispania, tomo
XI, Madrid, 1943; GONZALEZ, J: Reinado y diplomas de Fernando III, Córdoba,
1980-1983.
[26]Synodo Docesana del Obispado de Plasencia, celebrada
por el Ilvstrissimo y Reverendissimo Señor Don Fr. Joseph Ximenez Samaniego,
Obispo de Plasencia. En la Civdad de Plasencia, los días XI al XV del mes de
mayo del año de M.DC. LXXXVII. En Madrid, Oficina de Melchor Alvarez. Año M.DC.LXXXXII,
fol. 255.
[27]La agresión francesa en Trujillo y sus alrededores
(ermitas y arrabales) fue muy violenta. Es muy explícita la nota del sacerdote
trujillano don Tomás Martín de Prado en el Libro de Bautismos del año 1809: «Debe
hallarse con reparación las partidas que pueden suponerse desde primeros de
agosto de 1806 hasta veinte y tres de julio de 1809 por haberse perdido las
partidas comprendidas en este tiempo a causa de la invasión francesa y el total
abandono de la ciudad acaecida en 19 de marzo de 1809«. Libro de Bautismos,
1809-1833. Arch. Parroq. Santa María. Trujillo.
[28]NARANJO ALONSO, op. cit., pp. 110 y 111. TENA
FERNANDEZ, J.: Trujillo histórico y monumental, op. cit., p. 423.
Aquí estuvo depositada la Virgen de la Coronada hasta el año 1989, fecha en la
cual comenzaron las obras de restauración de la iglesia de Santiago,
trasladándose la imagen a la parroquia de San Martín.
[29]Capellanía que fundó Diego de Orellana en la hermita
de nra. sra. de la Coronada, aneja a la parroquia de Santiago, 15 de febrero de
1729. Libro de Capellanías de la iglesia parroquial de Santiago, 1729-1908,
fol. 21.
[30]Lo más característico de esta ermita es su portada,
que se abre en arco de medio punto y está decorada con siete cabezas humanas y
de animales, muy a tono con los bestiarios medievales. En el
salmer derecho, se leía una inscripción que fechaba la ermita: «MASTRE GIL/ dE
CullaR M/E FECIT ERA DE MIL E CC/C ANNOS/DOZE». La fecha de la era hispánica
(1312) equivale al año 1274 de la era cristiana. Hablamos en pasado, pues en la
actualidad esta portada forma parte de una chimenea de la finca cercana de don
Miguel Tovar.
[31]Se observan similitudes en este desplazamiento lateral
de Niño con la Virgen de Santa María la Real de Nájera, que se atribuye al
siglo XIII. SPENCER COOK, W.W., y GUDIOL RICART, J.: Ars Hispaniae Historia
Universal del Arte Hispánico. T. VI. Pintura e Imaginería Románicas,
ed. Plus Ultra. Madrid, 1980., p.380, dicen al respecto: «La Virgen de la
iglesia de Santiago de Trujillo, es una ingenua representación del modelo de
Nájera, que llegaría a región tan apartada a través de infinitas copias y
adaptaciones».
[32]El escote de la túnica lleva una abertura con la
guarnición llamada «orfrés», similar al que ostenta la Virgen del Carrascal, de
Logrosán, propia de los vestidos lujosos del siglo XIII, es una pervivencia
románica que desaparece en el siglo XIV. BERNIS, C.: BERNIS, C: Trajes
y modas en la España de los Reyes Católicos I (los Hombres), II (Las mujeres). Instituto
Diego Velásquez, C.S.I.C. Madrid, 1978-1979, p. 207.
[33]Estas flores están presentes en muchas de las orlas
que circundan las viñetas de las Cantigas de Alfonso X. Vid.
GUERRERO LOVILLO, J.: Las Cantigas. Estudio arqueológico de sus
miniaturas. Madrid, 1949.
[34]El Ilmo Sr. don José Avila, obispo de Plasencia,
concedió «cuarenta días de indulgencia a todos los fieles por cada vez que rezasen
un Padrenuestro o un Credo ante la imagen de Jesucristo Crucificado denominado
de las Aguas y otros cuarenta a los que lo verifiquen rezando un Ave María o
una Salve ante la imagen de Ntra. Sra. de la Coronada, y otros
cuarenta a los que recen un Padrenuestro por el Apóstol Santiago». Libro de
Cuentas, parroquia de Santiago de Trujillo, 1849. Santa Visita del 18 de mayo
de 1854, f. 14 vº.
[35]Libro de Cuentas, fols. 4 vº (año 1849), 17 (1855), 18
vº (1855) y 30 (1862). Archivo Parroquial de Santiago de Trujillo. Los altares
más importantes del templo de Santiago eran el mayor dedicado al Santo Patrono,
el altar del Cristo de las Aguas y el de Ntra. Sra. de la Coronada.
[36]Durante la restauración se pudo verificar que la
efigie había recibido una primera restauración en el siglo XVIII, momento en el
cual le colocaron ojos de cristal al rostro de la Virgen María, luego
sustituidos por unos tapones de madera retallada que son los que se le han
dejado, pero abriéndolos más.
[37]PIZARRO GOMEZ, F. J. (Comisario) y otros: Catálogo
de la Exposición: «Patrimonio Histórico de Extremadura: Edad Media y
Renacimiento». ERE. Mérida, 1990, pp. 42-45 y 54-55.
[38] “..Queremos e mandamos que la capilla e
enterramiento que tenemos en la iglesia del Señor San Martin en la Capilla
Mayor de la dicha iglesia ande junta con todo ello por Mayorazgo..”. TENA
FERNÁNDEZ, Trujillo, histórico y monumental, op. cit., p. 341.
[39] San Jerónimo, uno de los grandes Padres latinos
de la Iglesia, junto a las figuras de San Agustín de Hipona, de San Ambrosio de
Milán y de S. Gregorio Magno, ha sido considerado como el «príncipe de los
traductores» de la Biblia y el exegeta, por excelencia, de los Padres de
Occidente.
[40] PIZARRO GOMEZ, F. JAVIER y ANDRES ORDAX,
S.: El Patrimonio Artístico de Trujillo (Extremadura). Salamanca,
1987. TENA FERNÁNDEZ, J.: Trujillo, histórico y monumental, op.
cit.. PEREZ SÁNCHEZ, A. E: Antonio de Pereda y la pintura madrileña de
su tiempo. Madrid, 1978. TERRON REYNOLDS, M. T: Patrimonio
pictórico de Extremadura en los siglos XVII y XVIII. Universidad de
Extremadura. Salamanca, 2000.
[41] Archivo de la iglesia parroquial de San Martín.
Cuentas de Fábrica (1538-1590), año 1576. El Altar Mayor fue obra de Francisco
Rodríguez (año 1576), “…Antonio Rodríguez cura de Arroyomolinos y
Tejeda, a nombre de su padre Francisco Rodríguez que hizo el retablo de San
Martín, recibió 23 familias de trigo y 20 ducados”. En las cuentas del
año 1578 recibe 100 ducados en una partida y 1200 maravedíes en otra. En el año
1579 Inocencio Hernández, carpintero, puso los andamios para colocar el
retablo.
[42] Fue trasladado en el año 1921 siendo Cura
Ecónomo de la parroquia de San Martín don Rafael García, por su interés en
dotar al suntuoso templo de nuevos elementos que valoren su mérito.
[43] HERNÁNDEZ DÍAZ, J: Juan de Mesa.
Escultor de imaginería (1583-1627), Colección Arte Hispalense, 1,
Diputación de Sevilla, 2ª ed., Sevilla, 1983, p. 22; VILLAR MOVELLÁN, Alberto,
“Juan de Mesa y Alonso de Mena: enigmas e influencias”, Apotheca,
3, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Córdoba, Córdoba, 1983.
[44] Libros de la Cofradía titulada de la Sangre de
Cristo de la villa de Vélez-Rubio, 2t, 1602-1804. Archivo parroquial.
[45] NARANJO ALONSO, C.: Trujillo sus hijos y
monumentos. 2ª ed. Serradilla, 1929. NARANJO ALONSO, C.: Trujillo, sus hijos y
monumentos. Espasa-Calpe. 3ª ed. Madrid, 1983.
[46] CORDERO ALVARADO, Pedro: Trujillo. Guía
Monumental y Heráldica. Cáceres, 1996, p. 54
[47] Hijo de Alonso Pizarro de Torres y de Teresa de
Grado, falleció en Trujillo en el año 1625.
[48] El término proviene del italiano rotondo,
«redondo».
[49] RAMOS RUBIO, J. A: “La imaginería medieval en
Trujillo”. Actas del Congreso Trujillo Medieval, Real Academia de Extremadura
de las Letras y las Artes. Trujillo, 2002, pp. 77-95. RAMOS RUBIO, J. A: Escultura
Medieval y Tardomedieval en la Diócesis de Plasencia, op. cit.
[50] “Con motivo de los duros enfrentamientos entre
los seguidores del marqués de Villena desde la fortaleza y los Chaves que se
defendían desde la iglesia de San Martín, ésta quedó bastante destrozada. En
una ocasión (año 1476) sufrió destrozos el crucificado, y una parte de ella,
según cuentan testigos presenciales como Juan Núñez, Nuño de Chaves, Francisco
Dávila. Los daños causados ascendieron a 100.000 maravedíes”. Archivo General
de Simancas. Cámara de Castilla. Pueblos, legajo, 20. Cit. FERNANDEZ-DAZA
ALVEAR, C.: La ciudad de Trujillo y su tierra en la baja Edad Media.
Badajoz, 1993, p. 124.
[51] Flórez cita veinticuatro mártires de Trujillo,
entre ellos a San Hermógenes y a San Donato. FLOREZ, E: España Sagrada,
tomo XIII, Madrid, 1756, p. 120. FLOREZ, ENRIQUE: España Sagrada.
Editorial Agustiniana. Madrid, 2001. Santos mártires que murieron en Mérida en
tiempos de la dominación romana, y aparecen citados por Baronio en su Martirologio. Retablo
de los Mártires San Hermógenes y San Donato. Archivo parroquial de la iglesia:
L.C. y V. de la Cofradía de los Mártires San Hermógenes y San Donato, de 1673 a
1762, foliado. 1673. Hechura del retablo dedicado en la iglesia a los Santos Mártires
titulares de la congregación de San Hermógenes y San Donato. Aditamentos
posteriores. Cuentas de 1673: «Yten doçientos y doçe reales que costó
la madera que se compró para haçer el retablo de los Santos». (Fol. 3
vt.º) «Yten doçientos y setenta y cinco reales que pagó a Françisco Azedo,
carpintero, por la hechura del dicho retablo como constó de su recibo que
exivió dicho mayordomo y en cuya cantidad se conçertó dicha obra por el alcalde
y demás ofiçiales». (Fols. 3 vt.º. 4) «Yten çiento y setenta y
siete reales que gastó en la fiesta que se hiço el día que se colocaron los
santos en la capilla, en haçer el altar, sermón, cohetes y otras cosas como se
contiene en las partidas del libro del borrador». (Fol. 4) Cuentas de
1679, ref. a 1677-78: «Yten mil trecientos y sesenta maravedís a
Francisco Azedo por la hechura del altar». (Fol. 24) 1678-1679.
Pintura y dorado del retablo de los Santos, obra concertada con el pintor Manuel
Ruiz. Cuentas de 1681, ref. a 1678-1679: «Yten noveçientos y
veinte y çinco reales que pagó a Manuel Ruiz, pintor, en que se concertó el
dorar y estofar el retablo de los Santos, como consta del ajuste que se hiço
con el susodicho y reçibos que entregó». (Fol. 28)
[52] Vid., A.D. de Trujillo, Documento 4.
[53] ROCHA PIZARRO, F.: Explicaciones
Litúrgicas de la Consagración de las iglesias, Toledo 1936; Pág. 48,
aparece una fotografía del retablo con una imagen central de la Virgen de la
Victoria y nombra a la capilla que lo alberga como Capilla de la Victoria.
[54]Existió una ermita dedicada a la Virgen de la Piedad
(próxima a la Plaza de Toros), de gran devoción entre los trujillanos, fundada
en el año 1528 (la imagen titular de la ermita desapareció, al igual que la
primitiva ermita). Una Cofradía se encargaba de su culto. Cuando cesó el mismo
se trasladó a la iglesia de Jesús y, posteriormente, a la de San Francisco.
Véanse nuestros estudios RAMOS RUBIO, J. A: “La Ermita de la Piedad se
construyó en el año 1528. Aportaciones documentales”. Revista La Piedad,
Trujillo, 2000, pp. 9 y 10; RAMOS RUBIO, J .A: “Las Fiestas a Ntra. Sra. de la
Piedad”. Revista La Piedad, 1990; RAMOS RUBIO, J. A: “Nuevos datos
sobre la advocación de Ntra. Sra. de la Piedad en Trujillo”. La Piedad,
1992, p. 9; RAMOS RUBIO, J. A: «Las Fiestas de La Piedad según el Libro de
Ordenanzas del Cabildo de Trujillo, año de 1573». LA PIEDAD,
Trujillo, 1993, pp. 31-33.
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