jueves, 8 de noviembre de 2018



VERSIONES SOBRE TRUJILLO EN LA ANTIGUEDAD EN LOS TRATADOS DE DIVERSOS AUTORES




     Trujillo es el antiguo Turgalium romano, nombre de raíz celta. Es la denominación latina del topónimo correspondiente al primitivo castro indígena.
Los diferentes testimonios epigráficos y funerarios nos hacen pensar que la Turgalium prerromana se convirtió, durante la ocupación romana, en una población de suma importancia, muestra de ello son el elevado número de estelas funerarias romanas encontradas, algunas reaprovechadas por los musulmanes al construir el castillo  y la cerca de murallas.
      El núcleo urbano romano se erige como lugar central respecto a su territorio y ubicado dentro de la penillanura dominada por los terrenos pizarrosos sobre un batolito granítico, lo que le confiere una posicion preeminente y estratégica con respecto al resto de su territorio. El dominio de éste corresponde casi en absoluto a las tierras pardas meridionales sobre pizarra fundamentalmente y en menor grado sobre granitos, encontrándose manchas residuales de suelos pardos en el noroeste de su ámbito.
      Trujillo fue una prefectura dependiente de Augusta Emérita, para el control de unos territorios que se escapaban al gobierno directo de la metrópolis. Pero, fue ya un núcleo muy importante, con una rica historia antes de que fuese praefectura, evolucionando hasta alcanzar la ciudadanía de pleno derecho. Turgalium constituyó uno de los puntos intermedios en el Alio Itinere ab Emeritam
Caesaraugustam. La explotación del plomo y la plata fue importante en el territorio trujillano. Son dos metales que se encuentran combinados junto al azufre formando galenas argentíferas que son sulfuros de plomo y plata. En Trujillo los filones de este mineral se encuentran emplazados en las pizarras precámbricas del complejo esquisto‑grauwaquico, localizadas en las fincas "Alberguerías" y "Serafina", en algunos casos estos metales se encuentran dentro de las pizarras precámbricas en las proximidades de los batolitos graníticos, en la llamada "aureola de metamorfismo de contacto".  Esta zona extremeña había mostrado en la Antigüedad un buen número de peculiaridades subculturales cuyo progreso nos es casi desconocido por mediar una intrusión que trata de unificar y uniformar esa variedad cultural existente hasta ese momento en cierto modo abortiva mediante una auténtica colonización, al tratar de imponer por la fuerza pautas de comportamiento a los anteriores pobladores con repartos del suelo entre los recién llegados y la masiva explotación de sus recursos naturales, sobre todo los mineros, de tal manera que la siguiente cita del Libro de Macabeos es una auténtica realidad cuyo mejor paralelo está en posterior la acción colonizadora en América, ya en el siglo XVI: "Judas Macabeo oyó hablar de las grandes guerras que los romanos hicieron en España, de las minas que conquistaron donde se ocultaba el oro y la plata"[1].
     Gran parte de la información suministrada por las fuentes antiguas, con que contamos para llevar a cabo el análisis de los acontecimientos, proviene de grupos ideológicos afines y, como tales, subjetivas. Para que nos hablen con un mayor grado de sinceridad es preciso tamizarlas. A partir del siglo V a.C. podemos hablar de cultura vettona en Trujillo[2].
      La propia estructura defensiva de los castros o campos de piedras hincadas en los lugares más accesibles para la caballería confirma la importancia que pudo tener el caballo en la vida vettona, sobre todo en su vertiente militar, tal y como podemos apreciar en los castros trujillanos de la "Cerca de la Encina" y en las "Calderonas".
Las importantes actividades ganaderas se verían complementadas con las agrícolas que en la zona que nos ocupa jugaron un papel muy importante, principalmente en la recolección de las bellotas[3]. Entre las actividades artesanales, aparte del hilado y tejido, hay que destacar la metalurgia como lo muestran no solo la cantidad y calidad de sus armas sino también las abundantes escorias de fragua en los castros.  Dicha actividad no debe pasar de ser realizada en pequeños talleres, incluso en manos de artesanos itinerantes aunque no por ello hay que descartar la existencia de talleres establecidos o castros especializados como parece deducirse de la inmensa cantidad de escorias que se localizan en algunos de estos castros como El Pardal situado en el río Almonte (Trujillo).
      Los vettones, formaban unidades de caballería, debido a la enorme importancia que el caballo adquirió y que no solo lo utilizaron en sus ceremonias sacrificales[4], sino que lo incorporaron en su mitología, pues albergaban la creencia de que la rapidez que poseían, y que era motivo de admiración, se debía a que era el viento quien los fecundaba[5]. Trujillo es el lugar de mayor aglomeración de cultos y antropónimos grecorromanos y presenta dos de los pocos epígrafes en territorio vettón consagrados al culto imperial, uno al Caesar Philippos en Trujillo y otra a L. Septimio Severo en Conquista de la Sierra[6].
      Gracias al testimonio de ESTRABON, conocemos el armamento que utilizaron, se protegían los cuerpos con corazas de lino[7], material que abundaba en estas tierras[8], las cabezas con cascos y las piernas, con perneras. Un escudo pequeño en una mano, y con la otra empuñaban una lanza.
      Tras las revueltas del año 194  a. C. Roma llegó a la conclusión de que para salvaguardar las zonas conquistadas en la Península Ibérica necesitaba ampliar su dominio hacia la Meseta y así crear una zona freática que protegiera los territorios en explotación. La presencia romana puede dividirse en tres fases y hasta que no está avanzada la tercera no se puede hablar de asimilación de los modos y formas de vida romanos. La primera fase de instrucción militar, la segunda de auténtica colonización sobre todo a partir de la paz augustea con la fundación de ciudades y municipios, y la tercera, cuando ya la población indígena ha perdido el recelo inicial y se asimila tras un largo camino de más de 500 años.
      En año 27 a. C. Augusto procedió a dividir los territorios del Imperio en provincias senatoriales e imperiales quedando la Lusitania entre las segundas que a partir de ahora será gobernada por un delegado del emperador con el rango de propretor, "legatus Augusti pro preatore", residente en Emerita Augusta. En un momento posterior hubo una nueva división en dos circunscripciones administrativas: Lusitania y Vettonia de ahí que hallemos en la epigrafía algunos "procuratores provinciae Lusitaniae et Vettoniae".         Esta división administrativa parece clara al igual que la organización conventual, por el contrario la municipal presenta varios problemas debidos por una parte a la falsedad de algunos testimonios y por otra a la dificultad que entraña algunas localizaciones geográficas. Turgalium (Trujillo), aparece como importante foco romanizador como parece desprenderse del estudio de su epigrafía.
     A diferencia de lo que ocurre con los castros celtibéricos, los poblados vettones no presentan huella de destrucción violenta, incluso algunos como puede ser el caso de Turgalium es probable que se hubiera  ido paulatinamente transformando bajo los nuevos modos. Esto unido a la ausencia de enfrentamientos entre vettones y romanos en las fuentes ponen en duda la fuerte resistencia vettona al dominio romano.
      En época de los julio‑claudios entraron los vettones a formar parte del ejército romano para promocionarles socialmente y convertirlos en ciudadanos romanos, aunque siguieron manteniendo unas señas de identidad propias. Por César sabemos que en las guerras que sustuvo con Pompeyo, los vetones y lusitanos persistían en sus modos de lucha que durante años les había caracterizado, esto es, lanzándose contra el enemigo sin táctica preconcebida, con lo que sembraban el desconcierto en el propio ejército romano al que debían dar cobertura[9].
    
      Se ha querido ver en Trujillo a la "Castra Julia" que cita CAYO PLINIO SECUNDO, llamado "el Viejo" por su semejanza con la denominada "Turris Julia" de la iglesia de Santa María la Mayor, cuando en realidad se trata de una torre tardorrománica.  Plinio nació en Verona en el año 23 d. C. y murió en el 79 d. C., al producirse la erupción del Vesubio, se trasladó a Estabias para observar el fenómeno más cerca, pero pereció víctima de su curiosidad científica, dejándonos su obra magistral: Naturae historiarum Libri XXXVII, que es una auténtica enciclopedia que recoge 20000 datos importantes de más de 2000 libros.
      El testimonio de Plinio fue copiado por numerosos autores que le siguieron y realizaron sus comentarios sobre Trujillo, refiriéndose todos ellos a "Turris Julia" o a "Castra Julia", tal es el caso de JULIANO y de JUAN de  MARIANA que en su obra Historia general de España nos refiere : "Cuando vino la segunda vez a España, estableció su campamento en Trujillo Julio César y le dió el nombre de Castra Julia y el título de Colonia romana"[10]. También para PONZ, Trujillo fue la Torre Julia que mandó hacer César: "Casi en lo mas alto de la villa está la parroquia de Santa María, cuya antigua torre no tiene ninguna apariencia  de que la  mandase hacer Julio Cesar, ni de que sea la Turris Julia, que dió nombre á Truxillo. Quieren los naturales instruidos, que esta ciudad en la antigüedad mas remota se llamase Scalabis, y que despues por una torre, que Julio Cesar mandó hacer, tomó nombre de Truxillo; pero se cree ser la Castra Julia, que nombra Plinio. El arzobispo D. Rodrigo la llama Turgellum. El bulgo Truxillano tiene por indubitable que no ha muchos años se leía en cierta piedra de la fortaleza:
                     "Hércules me edificó,
                       Julio Cesar me rehizo
                       Sobre cabeza de zorro
                       En este cerro Virgillo".
Aunque existiese esta copla, nada probaria para el nombre de Truxillo, pues se conoce lo moderna que es"[11].
      VIU en sus Antigüedades de Extremadura opina que "Trujillo fue la Castra Julia de los romanos, pueblo contribuyente pero no municipio ni menos Colonia"[12]. MOYA  en su obra Armas y blasones de España nos refiere que "...de su blasón se deduce el nombre de Turris Julia por su fundador Julio César, derivándose el de Tru‑xillo del antiguo Torres de Julio"[13].
     Por tanto, durante un período largo de tiempo ha perdurado la polémica sobre el nombre de la población romana que se alzaba donde hoy se encuentra la actual población trujillana, llegando a la conclusión de que etimológicamente Trujillo significa "hinchazón", como se deduce del significado de la raíz del término indoeuropeo que es originario de Turaca. El significado se corresponde con la geografía del lugar, pues el solar trujillano es un batolito granítico intrusivo, cuya superficie es redondeada (monte‑isla), siendo un abultamiento o "hinchazón" de la penillanura trujillano‑cacereña. La evolución fonética completa del topónimo "Trujillo" es la siguente en época romana: "Turaca"  "Turaga" (tras la latinización) ‑  "Turagalium" y "Turgalium"[14].
      Las primeras impresiones sobre Trujillo provienen de los escritores romanos, que empezaron a adquirir ciertos conocimientos sobre la población a partir de los contactos comerciales y el establecimiento de la prefectura. Dentro de las fuentes clásicas hemos de considerar los textos literarios y, dentro de los mismos, las obras geográficas, que poseen un contenido muy desigüal y con puntos de vista diversos. Pero en las que el interés por la descripción hace de ellas una fuente primordial para completar la información específica sobre los lugares, paisajes e información específica sobre los itinerarios. Quienes escribieron acerca de Trujillo, salvo aquellos que nos visitaron, el resto lo hicieron desde las ciudades costeras más civilizadas como Ampurias o Sagunto. Su perspectiva y sus puntos de vista fueron parciales, pues no intentaron describir una realidad diferente de la que conocían y a la que estaban ya habituados como una forma de ampliar el conocimiento de las experiencias humanas, dentro de su gran variedad. Por el contrario, presentaron un relato repleto de curiosidades para sus lectores, despreocupándose muchas veces de su veracidad efectiva, y una especie de guía práctica para los futuros políticos y administradores de estos territorios.
      Los primeros testimonios literarios que hablan de Trujillo los encontramos en HIGINIO, agrimensor de tiempos de Trajano, que habla de dos prefecturas dependientes de la colonia de Augusta Emérita[15]: "In Emeritensium finibus aliquae sunt praefecturae, quarum decimant seque in orientem diriguntur, Kardines in meridianum: sed in praefecturis Mullicensis et Turgaliensis regionis decimani habent actus XX, Kardines actus XL"[16].          Datos del mayor interés para comprender la gran extensión del territorio de la colonia. Estas grandes superficies de 400 iugera (100 hectáreas) se asignarían a las familias para que fueran divididas proporcionalmente entre sus miembros. El territorio emeritense se podía haber extendido por el norte hasta el campo norbense, como demuestra la ausencia de epígrafes de la tribu Papiria en estos lugares, que fueron rabasados tanto a la izquierda como a derecha por la zona de Ammaia (Alburquerque) por un lado y por la de Turgalium (Trujillo) por otro. Por el este, consideramos la zona de Valdecaballeros como límite entre las tres provincias y, del territorio emeritense. En el límite sur consideramos a Montemolín como enclave emeritense en tierra bética, pues el lugar está rodeado de municipios que pertenecieron a conventus de esta provincia.

      Por otro lado, en el siglo VI el Ravennatis Anonymi Cosmographia, más conocido por el Anónimo de Rávena[17] compuesto por cinco libros, nos facilita el conocimiento de ciudades y núcleos de población de esa época, cita a Turcalion (Trujillo) como una mansio, situada a la vía romana a la que en el siglo III el Itinerario de Antonino denomina ab Emerita Caesaraugustam, como vía desde Mérida hacia Zaragoza, a través de Toledo, como punto anterior a Augustóbriga[18]. Dato interesante porque denota la continuidad  funcional más o menos urbana de Trujillo o como cabecera de comarca.  Los códices que nos han llegado hasta nosotros son de los siglos VII y XII, variando frecuentemente entre sí. Cambios que se deben a que los copistas transcribieron y multiplicaron los errores anteriores.   Otro de los documentos importantes que nos ha legado la antigüedad clásica sobre la red viaria como es la llamada Tabula Peutingeriana o mapa mundi de CASTURIUS, ya que constituye el mapa antiguo más preciso sobre comunicaciones y es la única copia que queda del documento original del siglo III, que puede fecharse en el siglo XII[19].
      Los datos sobre los caminos españoles del Itinerario de Antonino, auxiliados y completados por la información que pueda recogerse de CAYO PLINIO y de CLAUDIO PTOLOMEO, forman una de las fuentes mejores para obtener el conocimiento geográfico de los antiguos pueblos españoles. Como ya hemos referido, Plinio quiso escribir la Historia Natural de todo el orbe, compuesta por 37 libros[20], leyendo previamente todo cuanto se había escrito sobre el tema. Muy famosa ha sido también la Geographike Uphegenesis del astrónomo y geógrafo griego Ptolomeo (100‑170 d. C.) en la que describe en ocho tomos las tierras conocidas hasta entonces en el mundo occidental[21]. No obstante, hemos de advertir que contenía la latitud razonablemente exacta de unos cinco mil lugares, mientras que las longitudes era considerablemente erróneas debido a que Ptolomeo suponía que la longitud de un grado en el Ecuador era de 500 estadios en vez de los 604 que le corresponden. Con el descubrimiento de América quedó patente el error.
         En los últimos años de nuestro siglo F. COELLO y A. BLAZQUEZ  han vuelto a incidir en sus escritos acerca del trazado de la vía numero XXV del Itinerario de Antonino que enlazaba Mérida con Zaragoza, considerando que no pasaba por Trujillo[22].  Aquellas discrepancias que tenían sus raíces en lagunas y omisiones del propio itinerario propiciaron que la investigación sobre el trazado se abordara bajo una óptica especulativa en la que obstinadamente se insistía en buscar un camino que completaba las millas que faltaban en algunos tramos entre las mansiones que se intercalaban entre Mérida y Toledo donde las 121 millas quedaban bastante cortas en la realidad.
      Guiados con esa determinación sacrificaron el discurrir lógico de los caminos a costa de cubrir una distancia que se hacía imposible. Así aquellas hipótesis que no encontraron respuesta hoy se asumen como válidas siendo posible encontrar ya esas rutas. La vía parte de Mérida en dirección a Santa Amalia poco después se adentra en tierras cacereñas por Miajadas hacia el puerto de Santa Cruz[23]. A partir de aquí es cuando se plantea el dilema y surgen las discrepancias. Por ejemplo, Blázquez y Coello prefieren ignorar el Ravenate y  acortan el camino que les conduzca a Augustóbriga para ello enfilan en dirección a Herguijuela con el pretexto de que este pueblo recibía en la antigüedad el sobrenombre de "La Calzada" sin reparar en que la misma hace referencia a un camino NW‑SE atestiguado en numerosas crónicas entre ellas el Libro de la Montería de ALFONSO XI que no es precisamente la dirección que ellos llevan de SW‑NE. Buscan más adelante un puente construido en el s. XVI en Aldeacentenera, llamado del Conde, por el que cruzan el Almonte, para intentar penetrar por los desfiladeros de Cabañas un lugar tan fragoso y angosto que ni los Reyes Católicos ya en época moderna pudieron controlar debiendo pagar prebendas mobiliarias a los bandidos Golfines para que desarrraigaran aquellas montañas y se establecieran lejos de ellas. Es evidente por tanto que ninguno de los dos geógrafos visitaron este tramo que hasta hace algunos años era intransitable, como lo prueban relatos de viajeros españoles e ingleses como el Viaje por Extremadura del geólogo y capitán de navío de la marina inglesa S. E. COOK WIDDRINGTON que ya en la primera mitad del siglo XIX, viniendo de Logrosán se ve obligado a tomar el camino real hacia Trujillo porque en las Villuercas no existen caminos de rueda[24].  Este autor inglés conoce muy bien las obras más importantes de la historiografía académica española, particularmente a CEAN BERMUDEZ  y LLAGUNO[25]. Basándonos, además, en los Interrogatorios de la Real Audiencia de Extremadura,  ese camino quedó expedito para la circulación de hombres y ganados en el siglo XVIII. Samuel Widdrington y el Dr. Daubeny, en 1843 visitaron Trujillo y les pareció "a pesar de su ruinoso estado, una vieja ciudad de gran belleza"[26].
      Concluyendo, esta calzada Emerita a Cesaraugusta constituye el lazo de unión entre Emerita y Caesaraugusta con un centro de comunicaciones en Titulcia. Su trazado está integrado por dos tramos, el primero de los cuales iba desde la capital de Lusitania a Titulcia y del mismo, por la importancia estratégica  de Trujillo, sólo analizaré su recorrido por Extremadura. La calzada constituía la prolongación del decumanus maximus y desde Augusta Emérita  tenía salida y trazado común hasta San Pedro de Merida. Desde este punto la calzada continúa durante unos kilometros paralela a la carretera vieja, hasta llegar al río Búrdalo, en cuyo  puente conecta y se confunde con la carretera Nacional Madrid‑Lisboa[27].
      Continúa por las fincas La Asperilla y La Conquista y por la dehesa Cuadradillo, y sirve de límite de término entre Santa Amalia y el pueblo anterior para alcanzar la Venta de la Guía en cuyo espacio se ubica la mansio Lacipea, para pasar inmediatamente al espacio de Miajadas en donde la calzada se confunde con la carretera y se pierde su rastro en la finca Los Canchales. El recorrido por el término municipal de Miajadas se continua por las dehesas Alcantarilla, Dehesilla y Fuente de la Zarza, penetrando en Escurial por la finca Cancho y durante su trayecto por este término municipal continúa confundida con la N‑V.
      Después de Escurial cotinua por Villamesías, entre las dehesas de Egido Matorral, Pedro Gómez, Salmoral, Rodriga, Osarios, Lagunilla, Zorro y El Santo para pasar el espacio del Puerto de Santa Cruz en donde se ubica la mansio Leuciana, que identificamos con el importante yacimiento arqueológico de los Villarejos[28].
      Después del Puerto de Santa Cruz continuaría por Santa Cruz de la Sierra a través de las fincas La Magasquilla y Los Labrabos, entrando en el término municipal de Trujillo por Los Quintos de San Pedro y Aguas Viejas hasta el casco urbano de Trujillo donde se ubicaba Turcalion[29].
      Desde Trujillo, la antigua calzada atravesaría el término municipal de Trujillo, las localidades de Torrecillas de la Tiesa y Jaraicejo, después de salvar el Almonte y en cuyo espacio podría ubicarse Lomundo[30]. Desde Jaraicejo iría hacia Casas de Miravete hasta Almaraz. Salvando el obstáculo del Tajo por el puente de Almaraz, en otro tienpo denominado Albalat, dirigiéndose finalmente por Navalmoral de la Mata a la Calzada de Oropesa y donde el trayecto entre ambos pueblos partiría un ramal que conduciría hasta Augustóbriga, finalizando la vía su recorrido por Extremadura[31].
    Pero, por Trujillo pasaba otra vía que se relacionaba con el Iter ab Metellinum Norba Caesarina[32], y que constituye una de las calzadas romanas más antiguas de Extremadura y aprovecha en parte el trazado de un camino natural. Todos los indicios apuntan a que haría su salida de Metellinum a través de su puente romano sobre el Guadiana. Desde este punto su recorrido con una dirección S‑N se identifica con el Camino de la Plata, que después de atravesar los términos municipales de Medellín y Santa Amalia se dirigen a Miajadas en cuyo espacio atraviesa la dehesa de Los Canchales, en la que se han localizado importantes restos romanos. Desde aquí continúa hasta los términos municipales de Montánchez y Valdemorales, pasando antes por las fincas Las Mezquitas, Corchuelo y Vallehondo, rodeando la ladera Norte de la sierra del Saltillo y continua por las dehesas de La Tocona, Casajato, Los Palos, La Dehesa y Quebrada. Salva la Sierra de Montánchez por el puerto del Jabalí y se dirige hacia el pueblo de Torre de Santa María, Vadefuentes y la finca La Torrecilla, para después salvar el Salor por el denominado "Puente Nuevo" y continuar por el espacio de Torremocha por la finca El Castellar y volver a cruzar el río por las inmediaciones y al sur del casco urbano. Existe una desviación de este camino hacia Trujillo, desde Montánchez, para conectar después con Salvatierra de Santiago. Desde aquí de prolonga, durante otro trayecto, penetrando en Ruanes, cuyo casco urbano atraviesa, dejando constancia de ello en su calle principal que significativamente se denomina "Calle de la Roa" o también coloquialmente "Calle Empedrada".
Después del término municipal de Ruanes, penetra esporádicamente en pertenencias de Trujillo por la dehesa de Piedra Hitilla y se adentra en el espacio de La Cumbre entre las fincas de El Campillejo y Roa, sirve de límite a los pueblos de Santa Ana y La Cumbre, y penetra definitivamente en Trujillo con las dehesas de La Magascona y Solanilla[33].
      Es muy probable que existiera otra vía de comunicación secundaria por la importancia de los puntos a unir entre Norba (Cáceres) y Turgalium (Trujillo). Y como fiel testimonio de la misma es la existencia de dos puentes romanos sobre los ríos Tamuja y Gibranzo.
      La ciudad de Trujillo se constituyó por su posición geográfica en un nudo de comunicaciones de cierta importancia. De esto es testimonio, por una parte, que por ella pasasen el Alio Itinere ab Emerita Caesareaugustam y derivación de la Metellinum‑Norba, por otra, una serie de factores toponímicos y arqueológicos que nos ponen de relieve la entrada o salida de Turgalium de una serie de vías en varias direcciones.
      A este respecto señalar la presencia de un topónimo tan altamente significativo como la "Aldehuela de la Calzada" y la existencia de un miliario anepigráfico a cinco km. al Sur de Trujillo, formando parte de la Cañada Real de Ganados que atraviesa los espacios de Trujillo, Santa Cruz de la Sierra, Abertura, Escurial y El Campo, en cuyos límites, y concretamente en la dehesa de Los Palacios, se produce la unión de varios cordeles con la Cañada Real.   No cabe la menor duda que esta Cañada Real debió ser heredada de una primitiva vía de comunicación entre Medellín y Trujillo y de la que deben ser testimonios válidos la vereda de la Plata y el  miliario anepigráfico en las inmediaciones del puente sobre el Magasca y, finalmente, la "Aldehuela de la Calzada".
          También con arranque o salida en Trujillo debió existir otra vía, que ponemos de manifiesto por la exitencia de un puente romano sobre el Magasca en las inmediaciones de la carretera de Trujillo a Zorita y el hecho de que en tiempos pasados el pueblo de Herguijuela recibiese la denominación de Herguijuela de la Calzada.
      Las distintas cuestiones sobre comunicaciones de época romana han contado siempre con un gran número de investigadores a lo largo de una tradición ya centenaria, éstos han proliferado mucho más desde finales del siglo XIX y a lo largo del XX, como podremos estudiar en los diferentes capítulos de esta obra.
      Pero las investigaciones realizadas en esta última etapa ‑salvo excepciones‑ adolecen de una cierta parcialidad, con lo que se ha perdido la ventaja de una visión de conjunto. Por otra parte, en algunas ocasiones han sido suscitados por un criterio patriotista local que trataba de reivindicar para la patria chica el honor de una antigüedad venerable. En otros casos, el largo magistrado de una autoridad indiscutible ha llegado a dar por buenas interpretaciones que hoy nos parecen insostenibles o cuanto menos problemáticas.
      A pesar de ello, la labor de algunos estudiosos ha sido meritoria, pues también se convirtieron en viajeros y han tratado de concretar sobre artículos, planos y fotografías el resultado de sus impresiones, sus descubrimientos, y los datos que consiguieron reunir pueden considerarse como la última palabra. Hemos de tener presente que el análisis del trazado de las vias romanas en Extremadura, como en cualquier otro espacio no, sólo ha de tener en cuenta la investigación de las fuentes historicas, sino también otras más actuales.
      En definitiva, con el aprovechamiento de todas estas fuentes antiguas, modernas y contemporáneas, tenemos el material primario que es necesario interpretar y verificar en el terreno práctico.
      Ha de ser en último grado la arqueología la que ha de orientar acerca del estudio de las comunicaciones antiguas y ésta, apoyándose en todos los muchos y buenos auxiliares que la técnica contemporánea puede ofrecer hoy al investigador de la antigüedad como: estudios de toponimia, fotografía aérea, prospección sobre el terreno y cartografía, siendo fundamental en este último aspecto la utilización de las hojas a escala 1/50.000, del Mapa Topográfico Nacional, y las de 1/25.000, del Ministerio del Ejercito.
































[1]Macabeos, 1, 8, 3.
[2]Véase la obra FERNANDEZ CORRALES, J.M.: El asentamiento rural romano en torno a los cursos alto y medio del Salor: Su marco geográfico y su distribución", Norba 4, Cáceres, 1983, pp. 214‑217.
[3]Estrabon  II, 37.
[4]TITO LIVIO, Periochae, 49.
[5]Vide infra, cap. IV, p.131.
[6]Véase REDONDO RODRIGUEZ, J.A.: "Algunas consideraciones acerca de la romanización de los vettones en el sureste cacereño". Revista Norba‑historia, UEX, núm. 5 (Cáceres, 1984).
[7]ESTRABON, III, 3, 6.
[8]La descripción que hace Plinio de España está en los libros III y IV, capitulo II de su Naturae historiarum, p. 26. (Vid. PLINIUS: Historia Natural. Les Belles Letres, París, 1967 comienza por el río Guadiana ‑al igual que el escritor y geógrafo griego Estrabón en su Geografía, recopilada en diecisiete libros‑ y sigue hacia Oriente por el Estrecho.
[9]CESAR: De bello civili, I, 44.
[10]JUAN DE MARIANA: Historia general de España. Valencia, 1744, lib. XXIII, cap. XV.
[11]PONZ, A.: Viage a España. Tomo VII, 2ª ed. Madrid, MDCCLXXXIV, p. 166.
[12]VIU, J.A..: Extremadura: colección de sus inscripciones y monumentos seguidos de reflexiones importantes sobre lo pasado, lo presente y el porvenir de estas provincias. Madrid, 1852.
[13]MOYA: Armas y blasones de España, p. 333.
[14]REDONDO RODRIGUEZ, J.A. y GALAN SANCHEZ, P. J.: "El topónimo cacereño: Trujillo". Alcántara, núm. 12, Cáceres, 1987, pp. 105‑113.
[15]Fue la clásica colonia de veteranos de las legiones V y X, que tras una de las fases de las guerras cántabras fueron autorizados a establecerse en Lusitania, donde recibieron tierras como premio a sus servicios. Augusta Emerita será la capital de la provincia de Lusitania. DON CASIO, 53, 25, 2.
[16]HIGINIO: De constitutio limitum, 135, 15. Fontes Hispaniae Antiquae, VIII, p. 247.
[17]Anónimo de Rávena: Cosmographia. 312, 7‑l6. Recoge la forma Turaqua.(IV, 307, 19). Véase ROLDAN HERVAS, J.M.: Itineraria Hispana. Madrid, 1975, pp. 127 y 128.
[18]Itinerario de Antonino. 438, 2‑439, 4. Este documento data de época de Caracalla (196‑217 d. C.), aunque las copias que nos han llegado no son anteriores a Diocleciano, aproximadamente hacia el año 280. Es la guía esencial de los caminos de época romana. VON HAGEN, V.W.: Les voies romaines, Hachette, 1967, p. 10. KUBITSCHEK, J.W.: "Itinerarien". Realencyclopadie der clasischen altertumswssenschaft. Band, 9.2. p. 2343. Stuttgart, 1916. BLAZQUEZ, A.: "Nuevo estudio sobre el Itinerario de Antonino", 21, p. 55. BRAH. Madrid, 1892.
[19]Se conserva en la Biblioteca Imperial de Viena, y ha sido reconstruido por MILLER, K.: Die Peuntingerische Tafel, I. Sttutgart, 1916; Itineraria Romana, I, Stuttgart, 1916.
[20]Plinio, libros III y IV, capitulo II de su Naturae historiarum (Vid. PLINIUS, op. cit).
[21]Claudi Ptolemaei Geographia, I. Ed. K. Müller, París, 1883.
[22]En algunos estudios de Blázquez se hacen referencias a estelas funerarias romanas existentes en Trujillo. BLAZQUEZ, J.M.: Diccionario de las religiones prerromanas de Hispania (1975). También HURTADO DE SAN ANTONIO, R.: Corpus de Inscripciones Latinas en la provincia de Cáceres. Cáceres, 1977. VIVES, J.: Inscripciones latinas de la España Romana. Barcelona, 1971. REDONDO RODRIGUEZ, J.A.: "Nuevos epígrafes romanos de la Alta Extremadura". Vettonia, I (Cáceres, 1983), p. 42. IGLESIAS GIL, J.M.: "Genius Turgaliensis". Manifestaciones religiosas en la Lusitania. Simposio. Cáceres, 1984 (Cáceres 1986), pp. 127‑132. REDONDO RODRÍGUEZ, J.A. : Catálogo epigráfico latinode trujillo y su partido judicial. Tesina. Febrero 1983, Universidad de Extremadura (Cáceres). HUBNER, E.: Corpus Inscriptionum Latinarum. Berlín, 1899.
[23]Véase FERNANDEZ CORRALES, J.M.: Trazado de vías romanas en Extremadura. UNEX, Madrid, 1987.
[24]Vid. COOK WIDDRINGTON, S.E, que realizó sus viajes entre los años 1829 y 1832, el resultado fue la publicación de su obra Sketches in Spain during the years 1829, 30, 31 and 32; containing notices of some districtis very little known: of the manners of the people, gobernment, recent changes, commerce, fine arts, and natural history, Londres, 1834.
[25]CEAN BERMUDEZ: Diccionario histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes de España. Madrid, 1800.
[26]ROBERTSON, op. cit., p. 232.
[27]Vid. ROSO DE LUNA,M..:  "Las vías romanas del Nordeste de Merida", núm. 60, BRAH. Madrid,1912, p. 337.
[28]ALVAREZ MARTINEZ, J.M.: "El tiempo antiguo". Historia de Extremadura, I. Badajoz, 1985, p. 121. COELLO, F.: "Vías romanas entre Toledo y Mérida", 15. BRAH, Madrid, 1889, p. 9.
[29]An. Rav, 312, 14   
[30]An. Rav.312, 13.
[31]Las controversias sobre el trazado de esta calzada en general y sobre los problemas para indentificar su recorrido por Extremadura pueden consultarse, entre otros, en los autores siguientes: ALVAREZ MARTINEZ .J.M .:Tiempo antiguo, op.cit.:BLAZQUEZ.A y SANCHEZ ALBORNOZ,C: "Exploraciones en vías romanas: De Carrión a Astorga y de Mérida a Toledo". 29, MJSEA. Madrid, 1920. BLAZQUEZ. A :"Informe relativo sobre la vía romana número XXV del Itinerario de Antonino", 60, BRAH, Madrid, 1912, pp. 306‑317: PAREDES Y GUILLEN.V: Origen del mombre de Extremadura, Plasencia,1886, pp. 91‑92.; ROSO DE LUNA. M "Nuevas inscripciones romanas de la región norbense". 7. Rev. Extremadura. Cáceres, 1905, pp. 488‑500: VILLAGRASA. E :"La Augustobriga Vettona". Miliario Extravagante,13. París, 1967, pp 373‑ 374.
[32]Vid. CALZADO PALACIOS, M.: "Una calzada Cáceres‑Medellín y otros datos sobre el campo norbense". Miliario Extravagante, 14, París, 1968, pp. 394‑397.
[33]No hemos de desechar las menciones de Turcalion y Rodacis que se hacen en el Anónimo de Rávena (312, 14‑15).

lunes, 5 de noviembre de 2018


LA CORONACIÓN DE LA VIRGEN DE LA VICTORIA - PATRONA DE TRUJILLO- 


            En las fiestas de la Victoria de 1950, se realizaron audiciones radiofónicas que pudieron ser escuchadas por todos los trujillanos gracias a la megafonía instalada en la Plaza por generosidad de la firma comercial Eusebio González y Cía, S.A. En su alocución señaló el Sr. Alcalde que era el momento propicio de acometer las obras de restauración de la ermita del Castillo, animando a los trujillanos a colaborar. La idea es acogida favorablemente y el público congregado en la Plaza aplaude con entusiasmo. En efecto, de inmediato se abre una suscripción popular para que cada trujillano aporte lo que crea conveniente.
            En los primeros días del mes de marzo de 1951, comenzaron las obras de la Capilla o Santuario de la Virgen según los planos que el 18 de febrero anterior entregó el arquitecto de la Dirección General de Bellas Artes don José M. González Valcárcel, al entonces Alcalde de Trujillo don Julián García de Guadiana. Estas obras se realizaron por suscripción popular, la cual ascendió a 243.215 ptas. Esta Capilla sustituyó a la que entonces existía en la torre del homenaje, a la par que se construyó la casa del santero. Con motivo de las obras de restauración no solo de la ermita que cobija la imagen de la Patrona de Trujillo, sino también de la fortaleza, se hizo necesario trasladar la imagen a la iglesia de Santiago. Este traslado se efectuó solemnemente el sábado 21 de Abril de 1951 a las ocho de la tarde[1]. Una vez restaurada la fortaleza, la imagen de la Patrona retornó a su capilla. Fue coronada canónicamente en el año 1953 por el Cardenal Cicognani[2]. Los preparativos para la Coronación de la Patrona de Trujillo comienzan en el año 1952.  Concluidos los actos con motivo de las fiestas patronales del citado año. El Sr. Obispo comentó al Sr. Alcalde de Trujillo su deseo de que también, como ya lo había sido ese mismo año la Patrona de Plasencia (27 de abril de 1952), la Virgen de la Victoria fuera coronada, comentario que fue muy bien acogido y que se extendió por toda la Ciudad con una inmensa alegría.
            Los primeros actos oficiales pro Coronación se celebraron el día 1 de enero de 1953 y consistieron en una celebración religiosa en la iglesia de Santiago y, posteriormente, una reunión para comenzar las acciones hacia la Coronación. Así comenzaba La Opinión:


                                               ¡TRUJILL0! ¡TRUJILL0! ¡TRUJILLO!

            La Santísima Virgen de la Victoria os convoca en su morada Provisional de la iglesia de Santiago para bendeciros en el año de su Coronación. EI Sr Alcalde y el Sr Arcipreste, interpretando vuestros deseos, os invitan al acto inaugural de la campaña Pro Coronación. Mañana, día primero del año próximo, asistiremos gozosos todos a la referida iglesia y en ella y en sus alrededores nos congregaremos para cantar con el acompañamiento de la Banda, el Himno Salve a nuestra Patrona, en delicado homenaje de Año Nuevo, para ofrecerla nuestras oraciones, esfuerzo y sacrificios pro de su Coronación, y, sobre todo, para pedir su matemal Bendición, que haga fructificar esos esfuerzos y corone con éxito nuestros deseos y trabajos.

              ¡TOD05 MAÑANA A LA UNA A SANTIAGO!
                                   ¡TRUJILLO POR LA VIRGEN DE LA VICTORIA!
    

            Una vez más, los trujillanos acudieron masivamente a la iglesia de Santiago. Después de que el Arcipreste pronunciara una breve plática, se cantó el Himno "Salve". A partir de ese día, todos los esfuerzos estuvieron dirigidos hacia la Coronación de la Patrona.
            Por tanto, ya al comenzar el año 1953 se comenzó a pensar en organizar una adecuada infraestructura para la Coronación. En la organización de la misma contribuyó un numeroso personal, pero todo el trabajo organizativo estaba fundamentado en tres pilares: Ayuntamiento, Clero y Hermandad de Caballeros de la Stma. Virgen de la Victoria.

            El Ayuntamiento estaba formado por las siguientes personas:

            Alcalde Presidente: D. Julián García de Guadiana y Artaloytia
            Primer Teniente Alcalde: D. Fernando López Pedraza
            Segundo Teniente Alcalde: D. Julio Mateos
            Tercer Teniente Alcalde: D. Paulino Azores Naharro
            Concejales: D. Antonio Sánchez Cancho
                                     D. José Santiago Sánchez
                                     D. Manuel Gómez Santana
                                     D. Santiago Martín Mediavilla
                                     D. Santiago Mediavilla Nieto
                                     D. Antonio Murillo Ciudad
                                     D. Luis Pañero Blázquez
                                     D. Luis Andrada Aguilar
                                     D. Francisco Salazar Núñez

            El Clero estaba representado por:

            El Arcipreste y cura párroco de la iglesia de San Martín, D. Mariano Duprado Méndez; y por el cura párroco de la iglesia de Santa María la Mayor, D. Luis Buenadicha Cruz.

            Y la Junta Directiva de la Hermandad de Caballeros de la Virgen de la Victoria:

            Mayordomo: D. Manuel Gómez Santana Gil
            Vicemayordomo: D. José Terrones Domínguez
            Secretario: D. Francisco Carrasco Domínguez
            Tesorero: D. José Tercero Lozano
            Vocales: D. Agustín Sánchez Montero
                             D. Antonio Civantos Galeano
                             D. José Cisneros Joly
                             D. Diego Muñoz Mariño
                             D. Antonio Esteban Bernal


            El mismo día 1 de enero de 1953, después del acto religioso inaugural del año de la Coronación que se celebró en la iglesia de Santiago, tuvo lugar una reunión en la Casa Parroquial de San Martín en la que quedó constituida la Junta Ejecutiva pro Coronación, con la presencia del Sr. Alcalde y de los párrocos de las iglesias de San Martín y Santa María la Mayor.
            En la festividad de San Fulgencio, patrono de la Diócesis de Plasencia, en el Salón de "Millones" del Excmo. Ayuntamiento quedó constituida la Junta General y se ratificó la Ejecutiva. Al tiempo que se nombró la Junta de Honor compuesta por:

            Excmo. Sr. Obispo de Plasencia
            Excmas. Autoridades Provinciales
            Excmo. Sr. Embajador del Perú
            Excmo. Sr. D. Leónides Trujillo
            Excmo. Sr. D. Romualdo Hernández
            Ilmo. Sr. D. Manuel Rubio
            Ilmo. Sr. D. Juan Tena Fernández
            M.I. Sr. Deán de Plasencia
            Sra. Dña. María Caturla
            Rvdo. D. José Fernández

            Y la propaganda y Comisión de Prensa quedó formada por D. Juan Tena, D. Benjamín Moreno, D. Marcelino González y D. Lorenzo Palacios.
            Fue nombrada Presidenta de Honor de la Junta Ejecutiva la señorita Margarita Naranjo, en memoria de su tío M.I. Sr. D. Clodoaldo Naranjo Alonso. Esta señorita donó a la Stma. Virgen las insignias de la Orden del Sol del Perú, que le habían sido concedidas a su tío.
            Posteriormente, se fueron creando el resto de las comisiones. Fueron tantas las necesidades de organización, y el número de comisiones que se crean a estos efectos, que su coordinación tuvo que estar bien estructurada y la Ejecutiva llevar un control de todas las gestiones de este modo se cursó a todas una circular que regulaba su funcionamiento y que transcribimos textualmente:

      "Con el fin de facilitar las tareas de tipo administrativo unificando los diversos sistemas que podrían utilizarse, se ruega a todos los Presidentes de las Comisiones de Trabajo tengan en cuenta los siguientes puntos:

      1º.- La primera reunión de la Comisi6n será autentificada mediante acta extendida por el Secretario de la misma y autorizada con la firma del presidente. En la misma se hará constar los puntos tratados que serán, en líneas generales, la labor a realizar por la Comisión. Este documento se enviará al Secretario de la Junta para su debida constancia en el Archivo General. En sucesivas reuniones no será necesario levantar acta.


     2º.- La Comisi6n en la persona de su Presidente, mantendrá un contacto frecuente con la Ejecutiva, con quien resolverá personalmente o por escrito cualquier dura que se presente en el desempeño de su cometido. El programa de realizaciones que vayan elaborando será también objeto de estudio por la Ejecutiva.

     3º.- La Comisión de Presupuestos, deseosa de evitar un movimiento innecesario de dinero, está estudiando un plan que pondrá en práctica si merece el apoyo de la Junta. Para ello es necesario conocer de antemano el importe a que asciende el presupuesto de las diversas comisiones nombradas que procurarán facilitar teniendo en cuenta la tarea a realizar sin perjuicio de que sus cifras experimenten algunas variaciones con motivo de haber incorporado a su cometido un trabajo no previsto.
            Esta comisión unificará criterios en este aspecto y hará un estudio detallado de cada uno, enviando una copia con las enmiendas introducidas a las distintas presidencias. Si mientras necesitan algún dinero y hasta tanto se les facilite algunos modelos de facturas adecuadas, pueden solicitarlo mediante recibo, detallando destino del numerario con la firma del Presidente y el Vº Bº de un miembro de la Ejecutiva.
            Deben también precisar el número de impresos y demás material de escritorio que juzguen interesante para proveerles por mediación de esta Secretaría".

            (Fdo: D. Isidro Bermejo, Secretario).

            Todas las comisiones realizaron una actividad importante, cuyos miembros trabajaron sin descanso. Además, se nombraron representantes de la Junta en distintas ciudades a los que se les encomendaba las gestiones que hubiera que hacer en esas ciudades o simplemente relación de trujillanos que en ellas vivían.       
            El 25 de enero de 1953, la Junta General pro Coronación convocó a todos los trujillanos a asistir a una misa rezada en la iglesia de Santa María. Concluida la celebración, los asistentes se trasladaron a la iglesia de Santiago, en cuyo atrio estaba colocada la imagen de Ntra. Sra., donde se voceó el pregón conmemorativo de la aparición de la Virgen a las tropas cristianas y se cantó el Himno "Salve".
            De nuevo, el 31 de Mayo de 1953, se realizaron cultos extraordinarios a la Patrona con motivo del mes de la Madre. La celebración tuvo lugar en la iglesia de Santiago y comenzó la víspera con una solemne Vigilia de la Adoración Nocturna. Celebrada la misa a las seis de la mañana del domingo 31, quedó expuesto S.D.M. durante todo el día a la adoración de los fieles.
            A las siete de la tarde se rezaron las preces a María y pronunció unas palabras el párroco de Santa María la Mayor, D. Luis Buenadicha. Después de la bendición con el Santísimo, se cantó el Himno "Salve".
            Otros muchos actos religiosos tuvieron lugar en Trujillo durante el año 1953 y que sería prolijo narrar. No olvidaremos el de acción de gracia celebrada con motivo de la concesión del permiso Pontificio para celebrar la Coronación[3]. En todos ellos podemos resaltar tres notas comunes: masiva asistencia, se realizan ante la imagen de la Virgen de la Victoria y se canta el Himno "Salve", lo que demuestra la ilusión que los trujillanos pusieron en la Coronación de su Patrona.

            El permiso pontificio dice así:

            "FEDERICO TEDESCHINI por la misericordia divina Obispo de Frascati, Cardenal de la Santa Iglesia Romana, Arcipreste de la S.S. Basílica Patriarcal del Principe de los Apóstoles de Roma, Prefecto de la Sagrada Congregación de la Reverenda Fábrica de San
Pedro.
            Al Excmo. y Rvdmo. Sr. Don Juan Pedro Zarranz y Pueyo, Obispo de Plasencia: Salud en el Señor.

            Por las preces, hermosamente caligrafiadas, que enviaste hace poco a Nuestro Cabildo Vaticano hemos sabido con agrado que dentro de esa Diócesis española de Plasencia, en la muy ilustre ciudad de Trujillo existe, desde remotísimos tiempos, un venerable Santuario recientemente restaurado con todo esplendor en el cual se venera con peculiar devoción una Imagen de piedra bajo la advocación "DE LA VICTORIA", Patrona de la Ciudad de Trujillo, la cual, según antiquísima tradición, se apareció sobre las murallas entre dos torres a los cristianos que allí luchaban, a cuyas plantas los fieles, no solo de la Ciudad sino también de los pueblos comarcanos acuden ininterrumpidamente a pedir mercedes o a dar gracias por las recibidas. Y siendo ardiente deseo Tuyo y de los devotos, por los muchos prodigios de la mencionada Imagen, colocar sobre sus sienes una corona de oro, Nos, reunidos en Nuestra Sala Capitular el día 21 de Junio del año en curso, unánimemente, después de un cuidadoso examen de los documentos presentados, jubilosos hemos acordado y decretado que la Imagen de la Santísima Virgen de la Victoria, sea solemnemente coronada en Nuestro Nombre con corona de oro. Dignate llevar a cabo, Excmo. Prelado, el encargo de la Coronación en el día que eligieres, por Tí mismo o por otro Obispo en que quisieres delegar".

            Dado en Roma, desde el Vaticano, el día 30 del año del Señor de 1953, XIV Pontificado de Nuestro Santísimo Señor el Papa Pío XII. (Fernando Prosperini, Canónigo Secretario; y José Calderari, Canciller).

            El Sr. Obispo de Plasencia, delegó el acto de coronar a la Virgen en las manos del Pro Nuncio de Su Santidad, Cardenal Cicognani. En las vísperas de la Coronación la Junta Ejecutiva se había traslado a Plasencia para recibir de manos del Sr. Obispo el documento pontificio que contenía el permiso, y el Prelado de Plasencia, como tal y como Presidente de Honor de la Junta pro Coronación, lanzó a los trujillanos la siguiente salutación:

    "Ya en las gozosas vísperas de la Coronación Canónica
 de Santa María de la
Victoria, Patrona de Trujillo, bendigo con especial complacencia
 y efusión a todos los hijos
de la noble y amadísima Ciudad y en particular
 a cuantos por formar parte de la Junta
organizadora,
trabajan con infatigable y filial amor en preparación de las
 grandes jornadas
marianas próximas.
    Quiera el Señor que el fruto de las mismas
 sea cumplidamente lograrlo, para mayor
servicio Suyo y glorificación de su Madre"

(Fdo: Juan Pedro, Obispo de Plasencia, septiembre 1953)



            El viernes 16 de octubre tuvo lugar en el Teatro "Gabriel y Galán" el Pregón de la Coronación, pronunciado por el Excmo. Sr. D. Luis Morales Oliver, Catedrático de la Universidad Central y Director de la Biblioteca Nacional, que hizo una destacada oratoria sobre la Virgen de la Victoria como eje histórico de la vida trujillana. Este acto fue presentado por el historiador y sacerdote trujillano D. Juan Tena Fernández, el cual recordó la misión providencial que Dios había asignado a Trujillo en la historia universal y la participación en la gesta americana de los hijos de Trujillo.
            En la tarde del día siguiente, víspera de la Coronación, el público que esperaba la llegada del Pro Nuncio de S.S. podía observar cómo la Plaza se encontraba muy adornada con colgaduras y tapices. Junto a la Plaza de Abastos el Ministerio de Información y Turismo había levantado un templete que serviría al día siguiente de altar para la Coronación, y alrededor de toda la Plaza se habían colocado mástiles con la bandera de España.
            Llegó el Obispo de Badajoz, Excmo. y Rvdmo. Dr. D. José María Alcaraz. Seguidamente hizo su entrada en la Plaza el Excmo. Sr. Gobernador Civil D.Antonio Rueda acompañado de las autoridades locales. A las ocho llegó a la Plaza el Eminentísimo Cardenal Cicognani, acompañado por el Sr. Obispo de Plasencia, el Ilmo. Sr. Vicario y los dos párrocos trujillanos, D. Mariano Duprado y D. Luis Buenadicha. Todos ellos se habían adelantado a Navalmoral de la Mata para recibirle, entrando bajo palio en la parroquia de San Martín.
            Terminada la novena, se organizó la Procesión presidida por el Ilmo. Sr. Vicario, D. Rafael García López, que años antes había sido párroco de San Martín, dirigiéndose a la iglesia de Santiago para trasladar la imagen de la Virgen de la Victoria a la Plaza Mayor. Una vez colocada en el atrio de San Martín cara al pueblo, con el acompañamiento de las Bandas de Trujillo y Cáceres, y en presencia del Sr. Cardenal, los Sres. Obispo de Plasencia, Badajoz y Salamanca, que habían acudido a la solemne cita, se cantó el Himno "Salve", estando la Plaza llena a rebosar. La Procesión con la Virgen, portada en las nuevas andas, siguió a San Francisco, donde quedó expuesta toda la noche a la devoción de los fieles en espera del gran día.
            Amanece el domingo 18 de octubre de 1953 con repique de campanas en todas las iglesias y conventos de Trujillo anunciando el magno acontecimiento. En la iglesia de San Francisco, ante la imagen de la Virgen, ofició una Misa de Comunión el Sr. Obispo de Badajoz a la que asistieron numerosos fieles. Seguidamente, se formó el cortejo civil en el Ayuntamiento, figurando a la cabeza del mismo el Excmo. Sr. Gobernador Civil de Cáceres, a su derecha el Alcalde de Trujillo, D. Julián García de Guadiana y Artaloytia. A otro lado se situaron el Sr. Director General de Archivos y Bibliotecas, Sr. Sintes; el Secretario del Ministerio de Información y Turismo, Sr. Villar; los Exmos. Sres. Generales Gobernadores Militares de Badajoz y Cáceres,  Sres. Álvarez Serrano y Villalva; el Excmo. Sr. Presidente de la Audiencia Territorial, D. Luis R. Celestino; el Excmo. Sr. Inspector Fiscal del Tribunal Supremo, D. Romualdo Hernández Serrano, natural de Trujillo; Ilmo. Sr. Presidente de la Excma. Diputación de Cáceres, D. Luis Grande Baudessón; el Alcalde de Cáceres, Sr. Elviro; otras autoridades; y finalmente, el Ayuntamiento de Trujillo precedido por el estandarte de la ciudad.
            EI cortejo  religioso, se formó simultáneamente en San Francisco, compuesto por seminaristas de Plasencia; cerca de doscientos sacerdotes; las representaciones de los Cabildos de Plasencia, Badajoz y Coria; el R.P. Prior del Real Monasterio de Guadalupe; los Excmos y Rvdmos. Srs. Obispos de Plasencia, Badajoz, Salamanca y Coria, presididos por el Eminentísimo Sr. Cardenal Cicognani. Y en el centro de la comitiva, la imagen de la Patrona, precedida de su bandera, de los caballeros de la Hermandad y de su Mayordomo D. Manuel Gómez Santana quien, acompañado por los dos Tenientes Alcaldes, portaba en bandeja de plata la corona[4].  Ambos cortejos se unieron en la iglesia de San Francisco y, por las calles Herreros, Cuatro Esquinas y Tiendas, se dirigieron a la Plaza Mayor, que estaba muy bien adornada con colgaduras. El populoso público asistente llenaba el centro cívico, no solamente había trujillanos, sino que se habían dado cita muchos visitantes de los pueblos comarcanos y de otros puntos de la nación.
            Colocada la imagen en el trono que había sido instalado cerca de la Plaza de Abastos, comenzó la Misa Solemne oficiada por el Sr. Cardenal, mientras los coros, compuestos por 500 voces y reforzados por los seminaristas de Plasencia, cantaban la misa "Cum Jubilo". Las autoridades ocupaban las tribunas a ambos lados del altar.
            Todos los asistentes pudieron seguir la misa a través de los altavoces que había colocado en la Plaza y calles colaterales Radio Nacional de España.
            Pronunció la homilía el sacerdote D. Manuel Rubio Cercas, Prelado Doméstico de S.S. y párroco de la iglesia de San José de Madrid, quien resaltó el profundo sentido teológico del acto que se celebraba, así como los favores que los trujillanos habían recibido de la Patrona.
            Llegado el ofertorio, los coros, dirigidos por D. Andrés Orellana, D. Santiago Duprado y por el organista de la iglesia de San Martín D. Ramón Jiménez, cantaron el "Ave María" de Griesbacher. Al mismo tiempo, una cuadrilla de aviación, dirigida por el comandante trujillano D. Pedro de la Calle, realizó varias pasadas por el cielo de la Plaza.
            Al terminar la Santa Misa y con todos los asistentes arrodillados, el Cardenal impartió la Bendición Papal. Seguidamente, el párroco de la iglesia de Santa María, D. Luis Buenadicha, dio lectura al Decreto Pontificio por el que se concedía el privilegio de coronar canónicamente a la Patrona de Trujillo.
            Después, se procedió a la bendición de la corona y el Sr. Alcalde D. Julián García de Guadiana hizo la ofrenda en nombre de toda la ciudad de Trujillo.
            El Cardenal, ante un gran silencio, procedió a coronar la imagen mientras repicaban las campanas de parroquias, conventos y Concejo en salutación jubilosa a la Patrona de Trujillo.
            De nuevo se formó el cortejo en el mismo orden en el que había subido a la Plaza, y se dirigió al castillo para dejar en su morada a la imagen de Ntra. Sra. Con la procesión dio por terminado el solemne acto.





[1]TENA FERNANDEZ, J.: Trujillo histórico y monumental. Alicante, 1967, p. 463.
[2] Véase RAMOS RUBIO, J. A.: Historia del Culto a Ntra. Sra. de la Victoria y su Coronación Canónica. Ed. Hermandad de la Santísima. Virgen de la Victoria de Trujillo. Cáceres, 1994; ZUBIZARRETA SANCHEZ, M. T., RAMOS RUBIO, J. A., ZUBIZARRETA SANCHEZ, M: Trujillo, historia gráfica, editado por la Hermandad de la Virgen de la Victoria de Trujillo con motivo el cincuentenario de la Coronación Canónica de la Patrona (Cáceres, 2003).

[3]0El original está en la sede actual que la Hermandad de la Virgen de la Victoria tiene en la calle San Pedro.
[4]La Corona fue encargada a los talleres de orfebrería Granda, en Madrid. Resalta en la cúspide de la misma la paloma simbólica del Espíritu Santo formada por brillantes y las doce estrellas a semejanza de las que vio el Evangelista en el Apocalipsis coronando a la Virgen Gloriosa. Pero, no fue la única corona que se hiciera a la imagen. En una Junta General celebrada el 9 de agosto, y ante el temor de que la corona estuviera en las sienes de la Patrona en el castillo, un tanto aislada, se decidió confeccionar otra de plata sobredorada para uso diario, así como unas andas para las procesiones.

viernes, 2 de noviembre de 2018


EL CASTILLO DE TRUJILLO







            Trujillo se estructura en dos partes claramente diferenciadas: la villa y la ciudad, que separadas por la muralla, presentan evidentes diferencias arquitectónicas y urbanísticas. En la Villa, el Castillo está emplazado en la parte más elevada del promontorio trujillano, domina visualmente la ciudad. Construido originalmente en tiempos califales y reformado tras la reconquista, consta de un cuerpo cuadrado al que se adosan diferentes elementos de fortificación. El segundo cuerpo del Castillo lo forma el albacar, cuyo perímetro irregular alberga en su interior la ermita de San Pablo, edificada en el siglo XVI, que dispone de una sola nave dividida en tres tramos por arcos apuntados y cabecera poligonal.

            El castillo es uno de los diversos puntos de interés de la monumental y hermosa ciudad de Trujillo. Tiene origen árabe (siglo IX) y fue alzado sobre el extremo del recinto murado sobre la denominada "Cabeza del Zorro". Fue un edificio eminentemente defensivo pues no posee estancias residenciales, ni torre destacada en altura, de acorde con el hecho de que esta ciudad fue casi siempre realenga, por eso no tiene torre del Homenaje ni escudos de familias nobles. En tiempos de los Reyes Católicos Trujillo fue capital de la provincia de la Hermandad.

            El castillo consta de dos partes: el Patio de Armas y la Albacar. La planta del castillo se nos ofrece así con dos grandes recintos geométricos adyacentes[1]. Uno es el Patio de Armas, que se inscribe en un cuadrángulo levemente irregular de 52 m. S. x 56,80 E. x 56 N. x 56,20 W., y el otro, conocido como Albacar, forma en planta un hexágono de 92 x 90,40 m. El acceso al primer recinto se realiza por una puerta que se abre en arco de herradura al mediodía, defendida por dos torres albarranas, esta puerta fue reformada en el siglo XVI, cuando el Concejo ordenó el 21 de abril de 1531 que entre las torres de la fortaleza se construyera una bóveda para colocar una imagen de granito que representara la Virgen de la Victoria. En el año 1952 el arquitecto y restaurador D. José González Valcárcel, hizo un suplemento hacia el N. con el fin de levantar un cuerpo de edificación para construir un camarín a la Virgen. Por tanto, el lado N. de la puerta que actualmente se ve es falso y reciente, debiendo aceptarse sólo como auténtico el existente en el exterior, descubierto al retirar el antiguo camarín de la Virgen que se encontraba entre los dos cubos y detrás de la barbacana cristiana, destruida también al abrirse de nuevo la puerta.
            Con respecto a esta debemos hacer notar que en lo referente a su disposición los paralelos orientales son claros, como ocurre en Qasr Haraneh, Qasr al-Tuba Hirbat al mafyar y Qasr al-Hayr Al-Garbi paralelos que no se reducen a la puerta sino que atañen también al esquema de la planta de este primer recinto y otros aspectos.
La puerta principal del albacar tiene de ancho entre las dos torres 3,75 m. y de luz 3,40 m. El radio del arco es de l,70 m. El tipo parece arcaizante ya que la entrada es clarísimamente más simple aun que la del recinto principal similar en planta a las de Agreda y del castillo aun inédito de primera época de Osma. Fue localizada una inscripción árabe en este lugar, fechada en 1018. Es de notar que las impostas han sido rozadas haciendo el efecto de un arco de medio punto. Junto a esta puerta se construyó en la segunda mitad del siglo XVI un baluarte defensivo con amplias troneras con motivo de las guerras con Portugal. La otra puerta se vio destruida y reformada en el siglo XVI. Está al lado de la anterior, y no se la puede considerar como una poterna.

En el rincón N.E. del Patio de Armas se encuentran dos aljibes, sobreelevados respecto al suelo actual. Los aljibes son de clara raigambre islámica cuya cronología puede situarse entre los siglos XI y XII. Uno de ellos tiene planta regular y es geminado, con las claraboyas superiores como único modo de acceso. Está cubierto por bóveda de medio cañón y es iluminado por tres linternas, comunicándose de un lado al otro por dos arcos de medio punto apoyados en una columna. La obra es de ladrillo y piedra. Las claraboyas carecen de derrame interior o exterior. El otro aljibe es de planta irregular, aprovechando el espacio que hay entre el exterior del aljibe citado y los muros N. y W. del interior del recinto principal. Tiene escalera de acceso desde el exterior, que da a un andén. Está dividido en ocho cámaras distribuidas en forma de "L", siendo las dos últimas de planta cuadrangular irregular. Cada uno de los compartimentos se comunica con el otro mediante un arco de medio punto con estribos para reforzar las paredes contra el empuje del agua. 
            Por el lado de levante está el Albacar, que prolonga el conjunto macizo del castillo en forma de planta de hexágono irregular, por las características constructivas este espacio se adosó veinte años después al Patio de Armas. En su interior se encuentra una pequeña ermita del siglo XVI dedicada a San Pablo para conmemorar el día que se reconquistó Trujillo, el 25 de enero de 1233, día de la conversión del santo. Junto a la ermita hay un pozo con brocal de piedra, para suministrar agua  a los animales. La palabra “albacar” o “albacara” (del ár. Al-baqqara, la vaquería) define a un recinto murado en la parte exterior de una fortaleza, con entrada en la plaza y salida al campo, y en el cual se solía guardar ganado vacuno. Este edificio castrense se utilizó para albergue de la guarnición y se dedicó a los distintos servicios de mantenimiento de la tropa y almacén, por eso no existen dependencias, pues se realizarían con materiales más perecederos que la piedra. La Albacara está rodeada, en parte, por una barbacana de época cristiana. La inestabilidad del imperio almohade junto a la cercanía y belicosidad de los reinos norteños, justifican las reformas y mejoras de las defensas del castillo, así como la construcción del Albacar. El castillo presenta un refuerzo defensivo con  torres albarranas.
Realmente las fuentes árabes existentes sobre Trujillo son importantes como hemos estudiado en capítulos anteriores. Sabemos que en el 881 hay una incursión de Alfonso III contra los Nafza, que ocupaban la zona, que en el 317 Héjira/929-30 d. C. se nombra gobernador militar de Trujillo a Ahmad Ibn Sakan. Ibn Jaldun la cita al igual que Al Idrisi y al Himyari y entre las crónicas cristianas que lo citan está la Primera Crónica General de Alfonso el Sabio y los Anales Toledanos II, que citan su Reconquista en 1232. Estos datos históricos avalan una fecha de construcción del castillo en la segunda mitad del siglo IX, posterior al modelo emeritense. Las torres albarranas son posteriores, estuvieron unidas con los cubos del castillo mediante arcos de los cuales quedan hoy restos del lugar de sus enjarjes que se corresponden de lado a lado, y que son exactos  a los existentes en la Alcazaba de Mérida, no solo en obra sino también en similitud de dimensiones y de aparejo a base de grandes sillares romanos, reutilizados, fundamentalmente para establecer la cimentación a cota militar, dispuestos en hiladas calzadas de trozos de ladrillos y de lajas fragmentadas de pizarra. La altura de los cajones de obra es de 50 cm, con leves oscilaciones, medidas que es en principio básicas para modular las dimensiones básicas del castillo y del Albacar.  Paralelos de este tipo de aparejo tenemos los de Mérida, Gormaz y Agreda en España, y el de Qasr Harani en Palestina.
La fortaleza estuvo bajo la autoridad militar del Alcaide que representaba la máxima autoridad de la ciudad tanto de la defensa de la misma como de su término.
            Este recinto fortificado es muy visitado diariamente, aquí se venera la imagen de Ntra. Sra. de la Victoria, Patrona de la Ciudad. El concejo acordó desde 1531 que la imagen que en dicho año ejecutara el cantero Diego Durán, se colocase entre las dos torres del castillo, cumpliendo así con la venerable leyenda según la cual la Virgen se apareció con el Niño en sus brazos entre dos torres de la muralla, gracias a ella se reconquistó la ciudadela. Así se representa en el escudo de la Ciudad.
            El castillo fue construido con aparejo de sillares reaprovechados de construcciones romanas, alternando en sus muros y en sus ocho torres macizas la mampostería. Esta reutilización de sillares romanos es fundamental para establecer la cimentación a cota militar, dispuestos en hiladas calzadas de trozos de ladrillos y de lajas fragmentadas de pizarra. Modo de construcción típico en otras alcazabas de la misma época en Mérida, Gormaz y Agreda en España; y el de Qasr Harani en Palestina. De hecho aún se conservan inscripciones romanas embutidas en la pared formando parte del paramento. Tal es el caso de un cipo de granito con la transcripción: M(arcus) L(ucius) CATVL(us); traducido: “Marco Lucio Catulo…”; o el cipo sepulcral de granito que presenta la transcripción: CA(ecili VS IA / CRVSTENI F(ilius) / SEVERUS / AN(forum) XXV. H(ic) S(itus) E(st) / FRATRES/ F(aciendum) C(uraverunt); traducción: “Caecilio Severo, hijo de Iacrusteno, de 25 años, aquí yace. Sus hermanos procuraron hacerlo”. También se han localizado en el castillo varias monedas correspondientes a los períodos emiral y califal, que se encuentran depositadas en el Museo Arqueológico Provincial de Cáceres.

En tiempos de Pedro I fue elegido el castillo para que el tesorero del rey, el judío Samuel Leví, guardase las riquezas de la Corona, porque se la consideraba una de las fortalezas más seguras del reino.

            Aquí se refugió Juana La Beltraneja en su disputa con la reina Isabel I en una época de agitación familiar y social. Una vez entregado el castillo a la reina Católica, Juana tuvo que salir huyendo hacia Plasencia, donde se casó con Alfonso V de Portugal. El rey Fernando El Católico se interesó por las obras que se estaban llevando a cabo en el castillo cuando pasó por aquí camino de Guadalupe, hallando su muerte el 23 de enero de 1516 en Madrigalejo.
            En el recinto se venera la imagen de Ntra. Sra. de la Victoria, Patrona de la Ciudad. El concejo acordó desde 1531 –según documentación existente en el Archivo Municipal de Trujillo- que la imagen que en dicho año ejecutara el cantero Diego Durán, se colocase entre las dos torres del castillo, cumpliendo así con la venerable leyenda según la cual la Virgen se apareció con el Niño en sus brazos entre dos torres de la muralla, gracias a ella se reconquistó la ciudadela. Así se representa en el escudo de la Ciudad, creado en el año 1233 con motivo de la toma de Trujillo  por las tropas del rey Fernando III, que capitaneaban D. Pedro González Mengo, Maestre de Alcántara, en obsequio por la intercesión de Ntra. Sra. en la victoria final contra los árabes. En su origen se organizó de la forma siguiente: En campo de plata, una imagen de Nuestra Señora de la Victoria con el Niño Jesús en los brazos, puesta encima de una muralla almenada y acotada de dos torres, todo de gules y mazonado de plata. El uso de tal escudo fue confirmado por el mismo Rey D. Fernando III.
Cuando el Rey de Castilla y León D. Juan II concedió a Trujillo el titulo de Ciudad, el 12 de abril de 1430 en Astudillo, y fue confirmado el 4 de enero de 1432 en Zamora, esta ciudad extremeña con su asentimiento, timbró su escudo de armas con una corona igual a la de Marqués. Y, por último, el Rey D. Alfonso XII, a petición del Ayuntamiento de Trujillo, confirmó el escudo de armas, y mandó dar certificado de la Confirmación por D. Félix de Rújula Martín Crespo Busel y Quirós, Cronista de S.M.C., el 18 de mayo de 1880; ordenándose en él que la Ciudad de Trujillo pueda usar de las referidas armas, haciéndolas bordar, esculpir y pintar en sus   sellos, anillos, reposteros, Casas Consistoriales portadas, y demás partes acostumbradas.
            En dicho certificado de confirmación se define el emblema del escudo en la forma siguiente: "La plata significa pureza, integridad, obediencia, celo, firmeza y gratitud. La imagen de la Virgen, devoción y agradecimiento a la victoria conseguida a los sarracenos. El muro y las dos torres declaran el brío, firmeza, constancia, esfuerzo y osadía de los moradores y vecinos de Trujillo. Y el color gules (o rojo) demuestra la sangre que en su conquista y defensa derramaron los hijosdalgos y caballeros pobladores de ella".



[1] Yaqüt calificó Trujillo (Taryalah como Medina  y al-Himyari dijo que era un recinto inexpugnable. Inscripción. Yaqut, Mu´yam. Ed. Beirut, II. P. 22; AL-HIMYARI, RASD: Ed. Lèvi-Provençal. Cit. PEREZ ALVAREZ, op. cit., p. 277.