viernes, 18 de agosto de 2023

 

LA IGLESIA PARROQUIAL DE NTRA. SRA. DEL BUEN VARÓN DE HOYOS

 

 

El centro neurálgico de Hoyos se dispone en el entorno de la iglesia parroquial, articulando un plano radioconcéntrico, que abre a tres plazas: La Constitución, Mayor y Gabriel y Galán. Son plazuelas medievales, de trazado irregular, dispuestas asimétricamente en los cruces de las calles más importantes.

La iglesia parroquial de Nuestra Señora del Buen Varón es una construcción que tiene sus inicios en el siglo XIII, época en la que se construyó una pequeña iglesia. A finales del siglo XV se amplió la capilla mayor, tal y como denotan los pometados de la imposta del ábside. Según fue aumentando la población de la Villa se fue ampliando la iglesia, siendo la nave más ancha que la capilla mayor, en las obras intervino el maestro Pedro de Ybarra, entre los años 1545 y 1560, al igual que lo hiciera en las parroquias de Acebo y Gata, fecha en la que se levantaría el tramo de los pies. En fechas más tardías, en el siglo XVII, se levantaría el coro, la sacristía y el remate de la torre y su chapitel revestido de azulejos tala veranos, interviniendo los trabajos Juan Bravo, Diego de Barreda, Diego González y Juan de Alviz[1], continuando superando con los proyectos de Ybarra, a juzgar por la similitud que presentan con otras obras conocidas y documentadas del maestro salmantino, personalidad destacada de la arquitectura española del siglo XVI, particularmente en Extremadura, donde centró su actividad como maestro mayor del obispado de Coria y de la Orden Militar de Alcántara, cargos que ostentó durante casi veinticinco años. Entre los años 1759-1781 se ejecuta el presbiterio y se pavimenta la iglesia. Algunas obras menores continuarán realizándose en el templo.

Entre los años 2002-2007, se acometen una serie de intervenciones de rehabilitación en la iglesia, de entre ellas destacamos las ejecutadas en la cubierta del ábside y de la nave. Tales obras consistieron en la sustitución de la estructura de madera de los citados espacios, por otra cubierta mixta compuesta por elementos metálicos lignarios.

La fábrica eclesial está construida con piedra de sillar, de gruesos muros, manteniendo en algunos paramentos las hiladas a soga y tizón. Tres contrafuertes sostienen los empujes, uno en cada costado y otro en la esquina suroeste y que son iguales a los de la cabecera, salvo en la ausencia de pometeados.

Tiene tres portadas abiertas a cada una de sus plazas dando acceso al templo. La puerta principal es obra tardorrománica. En cuyo lateral encontramos tres aras romanas, una de ellas presentando inscripción, y otras dos piedras que llevan grabadas cruces, situadas una a cada lado del vano de acceso. Destaca el arco de medio punto que se abre con arquivoltas y con dos columnas a cada lado de fustes cilíndricos y capiteles con ornamentación vegetal y geométrica, e imágenes que aluden a la Virgen María. en el muro, por encima de la arcada, destacan encanecidos y figuras románicas. También destacamos la decoración de bolas o bezantes en la archivolta exterior y en las jambas, y flores de seis y ocho pétalos en la archivolta del interior. Encuadrando el arco en la línea de imposta hay dos figuras, la que destacó José Ramón Mélida como una sirena[2]. Según el profesor García Mogollón, en el capitel de la izquierda se observa una serpiente que es alegoría del mal, enroscada entre hojas y una arpía que simboliza las pasiones viciosas[3]. Además, observamos en un lateral de la puerta de entrada la figura de la Virgen María portando un cetro y, al otro lado de la puerta, la figura de un ángel, lo que nos lleva a pensar en la posibilidad de que se trate de una representación muy ruda y lignaria de la Anunciación.

El hecho de encontrarnos con una portada con claros elementos estilísticos y estructurales medievales y una imagen románica, la del Buen Varón, nos anima a pensar que el primitivo templo tuviese sus orígenes en el siglo XIII, tras la reconquista cristiana a los musulmanes. Teniendo en cuenta que la dominación musulmana perduró en Extremadura hasta bien entrado el siglo XIII y no se extinguió hasta el año 1492 con la conquista de Granada, está claro que los pocos ejemplares románicos que tenemos sean de transición, y estén saturados de elementos mudéjares. Con un relativo retraso respecto a los focos principales creadores del arte, los edificios religiosos de la Diócesis placentina se nos ofrecen con modalidades tardorrománicas y protogóticas.

 

Según Bullón de Mendoza: "Tras la reconquista cristiana del siglo XIII, las manifestaciones marianas muestran como tipificados, unos esquemas devocionales e históricos, que proyectan a su vez manifiestas analogías para la comprensión del fenómeno religioso. Ejemplo de ellos son las relaciones existentes entre las imágenes de María y las Ordenes Militares, la principal fuerza cristiana; o el ocultamiento de las mismas por el peligro musulmán, para aparecerse milagrosamente a los cristianos"[4].

 

Por el proceso repoblador y reconquistador, y el desarrollo propagandístico de la fe católica, el siglo XIII fue propicio para la creación intelectual y artística. Será en este siglo cuando Extremadura[5]se incorpore definitivamente a la España cristiana, el estilo románico ha dado ya sus mejores frutos en el resto de España, por lo cual las manifestaciones escultóricas de este arte en Extremadura serán escasas y mediocres, en la mayoría de los casos se observan influencias o importaciones de lo leonés o castellanos, así como, probablemente del portugués; siendo todo el arte hispano medieval deudor del francés, italiano, etc.

 

Estilísticamente, en el arte extremeño nos encontraremos con un gótico final que se prolonga hasta 1525 y que manifiesta el arraigo que las soluciones artísticas góticas tuvieron en regiones como la extremeña, en la que pervivirá con lo renaciente hasta las fechas finales del siglo[6].

 

La Alta Extremadura tuvo una gran importancia cultural, acrecentada por su proximidad a Salamanca, importante centro comercial lanero en el siglo XV. Esta influencia se deja sentir en una serie de núcleos de irradiación cultural que contrastan con el debilitamiento que por las mismas fechas conoce la parte meridional de la región extremeña. La cronología de los acontecimientos político-militares y la tardía consolidación de la reconquista en Extremadura, nos permiten comprender las razones por las que no existe un verdadero arte románico extremeño, aunque algunas obras del siglo XIII contengan detalles arcaizantes del mencionado estilo. Los siglos XIV y XV representan para el arte extremeño, un importante momento de desarrollo. Pero, la situación marginal del territorio extremeño y su lejanía con respecto a los focos de creación artística van a propiciar tanto la austeridad del arte como su escasa inclinación a la introducción de novedades artísticas, hasta el punto que, podemos apreciar cómo las soluciones constructivas góticas se mantendrán hasta bien avanzado el siglo XVI.

 

Desde el punto de vista eclesiástico, la reconquista cristiana permite la restauración de las sedes episcopales de Coria (1142) y Badajoz (1230), y la creación de la de Plasencia (1188, confirmándose al año siguiente). Los territorios asignados a cada uno de los tres obispados apenas tienen transformaciones a lo largo de la Edad Media[7]. Se intenta la restauración de la sede emeritense y el arzobispo don Bernardo de Compostela llega a elegir como obispo al Maestro Alfonso, en el año 1234, pero se niega a consagrarlo y consigue que se anule la elección por sentencia del Cardenal Otón que confirma Gregorio IX, en 1236. El Papa se reserva la futura provisión que nunca llega a intentarse. Con el fin de evitar una nueva restauración de la sede, se va a ceder Mérida a los caballeros de la Orden de Santiago, que establecieron en ella la cabeza de la Provincia de León de dicha Orden[8].

 

Volviendo al templo parroquial de Hoyos, las otras dos portadas mantienen los elementos característicos del estilo gótico y corresponden a los años finales del siglo XV y primer cuarto del siglo XVI. La portada del norte es más sencilla, se abre en arco apuntado con baquetones góticos y se encuadra con un alfiz quebrado.

 

Ofrece mayor riqueza la meridional, con arco apuntado, presentando arquivoltas trasdosadas en conopio y alfiz quebrado en medio punto peraltado. Entre el conopio y el alfiz hay tres peanas que debieron servir para soportar imágenes. La fachada se remata engárgolas con formas tubulares y de animales, así como ocho curiosos pináculos adornados con bolas situados en la zona alta, que decoran y bordean la iglesia.

 

La iglesia tiene dos construcciones adosadas, la sacristía al sur de la cabecera y la torre al norte de los pies. A la torre se accede desde el coro, mediante unas escaleras de caracol, culmina en un puntiagudo chapitel piramidal que, en su momento, estuvo revestido de azulejos talaveranos del siglo XVII. Desde el campanario –cuatro vanos de medio punto en cada lado- se divisa una excelente panorámica de la Villa. En uno de los frentes del campanario subsisten restos del escudo con las armas del Duque de Alba y señor de la Villa de Hoyos[9]. Próxima a la cornisa de la fachada norte hay un interesante reloj solar o cuadrante solar, instrumento usado desde tiempos muy remotos con el fin de medir el paso de las horas, minutos y segundos (tiempo). El reloj tiene forma circular y está dividido por radios con el centro en un punto en común de las líneas. 

 

El interior del templo presenta nave única rectangular de dos tramos cubiertos con bóvedas de terceletes exhibiendo el primero de los tramos en las claves un sol de sonriente rostro, esterilizaciones geométricas de flores y representaciones de los Padres de la Iglesia. Tres ventanas se abren en sus muros, conopiales las dispuestas a oriente y occidente; la meridional es cuadrangular y cierra un primitivo vano más amplio formado por un medio punto. El segundo de los tramos se cubre también con bóveda de terceletes apreciándose en las claves una decoración con temas florales y geométricos y la jarra de azucenas que constituye el motivo de la clave central. Un arco triunfal separa la nave de la capilla mayor, ésta es cuadrada y con testero plano, cubierta con una bóveda con doble serie de nervios de terceletes que descansan columnas adosadas y en cuyos capiteles figuran los símbolos de los cuatro Evangelistas. Las claves de la bóveda adoptan forma trilobulada y en la central está el escudo con jarrón de azucenas alusivo a la Virgen Maria y una inscripción alrededor: AVE MARIA GRATIA PLENA DOMINUS TECUM (Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo). repartiéndose en otras claves con incrustación de diminutos pometeados las inscripciones: BENEDITA TU IN MULIERIBUS BENEDITUS FRUCTUS VENTRIS TUIS SANTA MARIA MATER DEI ORA PRONOBIS PECATORIBUS AMEN IESUS (Dios te salve María, llena eres de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús). La capilla mayor es profunda y algo más estrecha que la nave, se abre a través de un gran arco triunfal apuntado formado por finos baquetones, basas molduradas y capiteles que responden a los modelos estilísticos del gótico final. A los pies se levanta el coro sobre columnas de fuste liso y capitel jónico.

 

Existió en el presbiterio otro retablo de la segunda mitad del siglo XVI, de madera y pintura cuyos trabajos corrieron a cargode Lázaro Corneto y Juan de Flandes; y el retablo fue obra del entallador Juan de Hurrutia, que también realizó trabajos para el convento franciscano. Este retablo fue trasladado a la ermita de San Lorenzo al colocarse el actual retablo en 1723[10].

 

El barroco retablo mayor se eleva en el presbiterio sobre un sotobanco de piedra de granito. El retablo se adapta perfectamente al testero, rematado en un ático a modo de cascarón. Tiene tres calles decoradas con cuatro columnas salomónicas ornamentadas con motivos vegetales, y en el remate del retablo se encuentra la representación de la Crucifixión del Señor, junto con María y San Pedro, obras del siglo XVII, en un fondo pictórico. En la calle central del retablo está la custodia, y sobre ella una imagen de la Inmaculada del siglo XVIII que procede del extinguido convento del Espíritu Santo. Por encima, presidiendo otra hornacina está la imagen lignaria de Nuestra Señora del Buen Varón, obra de la primera mitad del siglo XIII, y debajo de esta, otra hornacina con la talla de la Inmaculada Concepción. A ambos lados las imágenes de San Ramón Nonato (siglo XVIII) y San Bartolomé (siglo XVII). También destacan los patronos del pueblo San Lorenzo a la izquierda, y San Lino a la derecha, cuyas fiestas locales se celebran en los días finales de agosto y primeros de septiembre. El retablo se terminó de ejecutar y asentar  en diciembre del año 1723[11]. Según opinión fidedigna del profesor García Mogollón[12], fue realizado en el taller de los Churriguera, encontrando paralelos estilísticos con las obras de José Benito Churriguera que falleció en 1725, en especial con el retablo de San Esteban de Salamanca o Manuel de Larra Churriguera que realizó una intensa actividad en Extremadura, autor del retablo de la ermita de Nuestra Señora de la Montaña, patrona de Cáceres (año 1724).

 

Merece especial atención la imagen románica de la Virgen del Buen Varón, cuya policromía fue retocada en 1570 por Juan de Flandes[13]. Imagen románica (67 cm) que atiende a la tipología del modelo de Virgen Madre, sedente con el Niño en su regazo, aunque algo desplazado hacia el lado izquierdo, de tan amplia vigencia en el mundo románico, y según la tipología fundada en la Theotocos bizantina, que tuvo gran repercusión en los ambientes populares cristiano occidentales en la Baja Edad Media, respondiendo al tipo iconográfico de Virgen sedente en un elemental escaño donde reposan los pies, sobre una masa informe o pedestal. La talla de la Virgen está totalmente hueca por la espalda.

 

La Virgen viste túnica y calza zapatos puntiagudos, ofreciendo al Niño una fruta esférica aludiendo a su concepción inmaculada, de esta manera se convierte en el trono desde el cual el Hijo bendice a la humanidad y recibe su homenaje. El Infante, Viste túnica talar, con su mano derecha bendice mientras que con la izquierda porta la esfera del universo. Los ojos de cristal corresponden a la reprobación que sufrió la imagen en el año 1759, fecha en la que también se realizaron las encarnaciones "a pulimento"[14].

Este el grupo escultórico está contemplado con ella de manifestar la Maternidad divina de María, por este motivo niño aparece sentado en el regazo aunque un tanto desplazado hacia su la rodilla de su Madre y con la mano derecha extendida actitud de bendecir. Es una obra de la segunda mitad del siglo XIII.

En la sacristía se conservan obras de platería de interés artístico, tales como dos cálices neoclásicos, fabricados en Salamanca a principios del siglo XIX por el maestro Francisco Fernández Clemente y contraste de Antonio Román; un copón renacentista y otro, de comienzos del siglo XVIII, proveniente de talleres salmantinos. También se conserva un juego de altar de estilo neoclásico de 1823. La obra más importante es una custodia de tipo sol y estilo barroco, en plata dorada, proveniente de talleres sevillanos, realizada en el último tercio del siglo XVII[15].

El púlpito de granito está situado en la capilla mayor, encastrado en el arco toral, es obra del primer decenio del siglo XVI. presenta una interesante decoración de sus paños ornamentados con relieves a candelieri, querubines y medallones, y pometeados. En uno de sus paños está representado don Fadrique Álvarez de Toledo y Enríquez; y, en otro de los paños, puede tratarse de San Lino, sucesor de San Pedro.

En los laterales de la nave se encuentran varios retablos barrocos, que albergan imágenes de los siglos XVII y XVIII: San Lorenzo, Virgen del Carmen, San Antonio, San Francisco. El retablo del muro del Evangelio es de un solo cuerpo que apoya en banco adornado con ménsulas con motivos vegetales y está presidido por el Sagrario. Dos columnas salomónicas enmarcan una hornacina central de medio punto, que remata un ático curvo, coronado por un broche vegetal. Preside el nicho central, una escultura de madera policromada del siglo XVII, que representa a San Juan Nepomuceno. Porta en su peana una inscripción: “ES DE FRANCISCO AMOR DE LA PVENTE”. En el ático, un lienzo de la Dolorosa. El retablo tiene una inscripción que data el dorado del mismo: "ESTA MESA Y RETABLO SE DORO A EXPENSAS DE FRANCISCO REQUIJO ROJO CONSTANTINO COMO POSEEDOR Y SU MUGER DOÑA CATHALINA GODINES DE PAZ. AÑO DE 1792".

Por el lado de la Epístola, junto al arco triunfal, hay otro retablo similar al anterior. Remata el retablo un ático curvo, con medallón que contiene una representación pictórica. Es obra del primer tercio del siglo XVIII.

En el muro de la Epístola hay un retablo del siglo XVIII presidido por la escultura en madera policromada de San Antonio de Padua, obra del siglo XVII, procedente del convento del Espíritu Santo que, en 1755, se traslada a esta iglesia[16].

Enfrentados a los lados de la nave se disponen otros dos retablos del siglo XVIII. Con la advocación de San Lorenzo, el del lado del Evangelio. Sobre un banco, se levantan dos columnas salomónicas centrales y otras dos pilastras hacia el exterior; es de un solo cuerpo, organizado en tres calles, en la central un medio punto con las enjutas decoradas con querubines; preside una imagen de San Lorenzo del siglo XVII. Remata en ático curvilíneo que acoge una talla policromada de la Virgen del Carmen. A ambos lados de San Lorenzo, las imágenes representativas de San Francisco de Asís y San Juan Bautista, ambas del siglo XVII.

El otro retablo está dedicado a San Lino papa, cuya imagen lo preside. Compuesto de banco, se dispone aquí el sagrario, decorado con ménsulas vegetales y querubines, un único cuerpo de cuatro columnas salomónicas que flanquean un medio punto cubierto por bóveda de cuarto de esfera; remata en ático cupuliforme de profusa decoración vegetal. Se fecha en torno a 1740.

Tres retablos más, en pésimas condiciones de conservación, se encuentran en el espacio del coro. Uno de ellos es de estilo rococó, fechado a finales del siglo XVIII. Otro se data hacia 1740. Destacando una escultura de San Pedro, obra del siglo XVI; las esculturas de Santa Catalina, obra del siglo XVII, y San Juan Bautista, siglo XVII.

El coro es obra renacentista, en este espacio litúrgico aún se conservan algunos retablos en mal estado de conservación que proceden del Convento del Espíritu Santo.

En el sotocoro destacamos a la Dolorosa, imagen de vestir del siglo XVIII, que sale en procesión en Semana Santa. Destacamos otras obras de interés como una escultura de Cristo yacente, Cristo amarrado a la columna del siglo XVII, un Nazareno de vestir de finales del siglo XVII. De valor es también una talla de madera policromada del Niño Jesús del siglo XVII y un Crucificado del siglo XVIII.

Fueron varias las ermitas que tuvo Hoyos. Consta documentalmente que a finales del siglo XVI estaban abiertas al culto las ermitas de San Lorenzo, Santa Catalina, Los Mártires, San Blas y el Humilladero[17].

La ermita de San Lorenzo aún estaba abierta al culto a finales del siglo XVIII, según consta en el Interrogatorio de 1791: “Hay una hermita que se dice de San Lorenzo, situada en lo alto de el pueblo y en el dia del santo se aceprocesion, misa y sermon que pagan sus maiordomos, sin que esta funcion sirva de desazon; la que reparan dos vezinos de este pueblo por carga que para ello se dexaron sus ascendientes”[18], y más adelante apostilla: “Hay tres hermitas, a una de ellas se concurre el dia de San Lorenzo con procesion, misa y sermon; a las otras dos no se concurre con funcion alguna. Su subsistencia consiste, la de San Lorenzo en dos o tres pensiones que han dejado algunos bienhechores y la otra esta arruinada, es del pueblo; no reside hermitaño alguno en ellas”.

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[1] SÁNCHEZ LOMBA, 1991, 21.

[2] MELIDA, 1924.

[3] GARCÍA MOGOLLÓN, 2009, 233.

[4]BULLÓN DE MENDOZA, 1959.

[5]Extremadura nació con la reconquista. Su nombre, sus dimensiones y su estructura socio-económica, base determinante de toda la evolución posterior, proceden de esta época. A medida que se baja en la reconquista, aumenta la despoblación y la rapidez de la misma, y por tanto, las bases de propensión al latifundismo. Factores que influyeron en la orientación ganadera que tomó la región, ya que la ganadería requería un menor grado de ocupación y una mano de obra menos numerosa.

[6]SÁNCHEZ LOMBA, 1988, 69.

[7]Mientras Coria es la prolongación ultramontana del reino de León, Plasencia desempeña el mismo papel con relación a Castilla. Aquella sede se restaura tras la conquista de la ciudad en 1142, señalándosela un territorio que por el S. se extenderá hasta los límites de Cáceres y de Alcántara, aún en poder de los musulmanes. La jurisdicción de Plasencia abarcó hasta Barco de Ávila y Piedrahita, por el S. los límites alcanzaban más allá del Guadiana, y el límite occidental respeta la frontera política con León hasta el punto de que Baños de Montemayor y Aldeanueva del Camino, han tenido parroquias pertenecientes a las diócesis de Plasencia y Coria según se situaran en una zona u otra de la Calzada.   El territorio más reducido correspondía a Badajoz, que no sobrepasaba por el S. los límites de la actual Extremadura y por el E. había surgido sin poder ejercer el control de las poblaciones dependientes de Plasencia; por el N. y el W. mantenían en lo eclesiástico las fronteras políticas con Portugal y con el término de Cáceres, aunque inicialmente también le correspondieron algunos lugares portugueses. MARTÍN MARTÍN y GARCÍA OLIVA, 1985, 282-283.

[8]La Orden Militar de Santiago y el Arzobispo de Santiago se otorgan mutuamente carta de hermandad, el 14 de febrero de 1171, por la que el Arzobispo entra en la Orden como "freile honorario" y el Maestre como canónico de Compostela, y se cede a la Orden "la cuarta parte de la ciudad de Mérida, con una de sus mejores capillas y la mitad de su término". La Orden Militar termina siendo dueña absoluta el 22 de abril de 1254, ya que el Arzobispo otorga la posesión total de la ciudad a la Orden a cambio de algunas posesiones. El 4 de mayo de 1254, Alejandro IV extiende una Bula aprobando esta cesión.

[9] "Es mui buena la iglesia, de piedra toda la sillería, con torre muy hermosa y más moderna que la iglesia. La torre tiene en medio un escudo con las armas del Duque de Alba". TORRES PÉREZ, 1988, 59.

[10]Archivo parroquial de Hoyos. Libro de Visitas y Cuentas de Fábrica de 1563 a 1587. GARCÍA MOGOLLÓN, 1993, 330 y 331..

[11] Archivo parroquial de Hoyos. Libro de Visitas, Memorias, Capellanías y vínculos de 1702 a 1755, fol. 25, visita del 8 de abril de 1723; visita de 17 de diciembre de 1723.

[12] Cit. GARCÍA MOGOLLÓN, 1993, 328.

[13] Cobró cinco ducados, Vid. GARCÍA MOGOLLÓN, 1987, 113.

[14] Según inscripción en el hombro de la Virgen. GARCÍA MOGOLLÓN, 1987, 116.

[15] GARCÍA MOGOLLÓN, 2009, 261.

[16] GARCÍA MOGOLLÓN, 2009, 255.

[17] Archivo parroqual de Hoyos, libro de Visitas y Cuentas de 1563 a 1587. Archivo Diocesano de Coria-Cáceres. Cit. GARCÍA MOGOLLÓN, 2003, 265.

[18]28 de febrero de 1791, 271.


miércoles, 12 de julio de 2023

 

ALQUERQUE DE NUEVE Y ALQUERQUE DE DOCE, JUEGOS MEDIEVALES GRABADOS EN PIEDRA EN TRUJILLO Y SU TERRITORIO.

 

 

 

 

El  juego denominado de “alquerque de doce”, es el antecesor del juego de las damas.

Analizaremos este juego apoyándonos en el Libro de los Juegos de Alfonso X el Sabio.

Alquerque es la palabra española por la que se conoce el quirkat, un antiguo juego de los árabes que se adaptó a nuestra cultura a raíz de la presencia musulmana en la península ibérica. Según algunos cronistas, el quirkat fue practicado durante varios milenios en Egipto y Oriente Medio. Existe un diagrama inacabado de este juego grabado en una de las losas del templo de Kurna en Egipto, construido unos 1400 años a.C.
Alfonso el Sabio describió varias versiones del alquerque en su Libro del ajedrez, dados y tablas. Una de ellas, el alquerque de doce, se parece mucho al que todavía hoy es practicado en muchos establecimientos públicos de España. El alquerque es, esencialmente, una forma primitiva del juego de las damas.

 

Hemos encontrado varios repartidos por Trujillo y en el berrocal. Concretamente, en la finca “Casa Casco” y, en Trujillo, hay un fragmento de sillar reutilizado en el muro de contención del atrio de la iglesia de San Martín, que preside con toda su grandeza la Plaza que se extiende a sus pies. El sillar en cuestión está colocado en posición vertical y pegada al citado muro, poseemos una amplia escalera de acceso a la mencionada iglesia.
Este, en concreto, es la representación de un tablero de juego de un "alquerque de doce", con dos cazoletas bien definidas, una más grande que la otra. Como decimos no está completo el diseño geométrico, pero por la composición grabada que cada hoy día se trata del tipo de juego que apuntamos.

 

El otro juego, se encuentra grabado en la zona subterránea de los calabozos del denominado "Palacio de la Conquista"  y es similar al existente en las Casas Consistoriales, cercanas al citado palacio, corresponde igualmente a un tablero de un “alquerque de doce”.

 

En la calle "Cambrones", exactamente en el número 6, que ocupa actualmente la "Posada dos Orillas", empotrado en la pilastra (del lado izquierdo) que sostiene un arco de ladrillo, en la recepción de este atractivo hotel, contemplamos un sillar granítico de unos 60 X 44 centímetros, en el cual se encuentra perfectamente grabado un gran tablero de juego del tipo "alquerque de doce", midiendo el lado del cuadrado unos 38 centímetros. Es curioso señalar que en la mayoría de las intersecciones de las líneas, posee unas pequeñas cazoletas. Podemos ver como el sillar en su parte inferior, conserva parte de pintura antigua, a modo de zócalo. El edificio data del siglo XVI.

 

En otros lugares, como en la Villeta de Azuquén, a 15 kms. de Trujillo, próximo al río Tozo, hemos descubierto varios tableros sobre piedra del juego denominado "Alquerque de Nueve", también llamado "Triple Recinto".

En la Villeta, concretamente, es donde más testimonios se conservan de este grabado en piedra. La Villeta fue una importante fortificación musulmana, conquistada por las tropas de Alfonso VIII, siendo donada esta villa el 6 de marzo de 1195 a la Orden de San Julián del Pereiro (posteriormente Alcántara) por los servicios que su maestre, D. Gómez Fernández, había prestado al rey en la memorable batalla de Alarcos, 1195.

El juego "Alquerque de Nueve" fue practicado durante varios milenios en el Norte de Africa y Oriente Medio, e incluso es probable que uno de los juegos practicados por el hombre del Neolítico, en petroglifos encontrados en los Alpes y en Galicia, fuese el Alquerque.

Durante la Edad Media fueron los árabes los que difundieron este juego por la Península Ibérica. No en vano, el nombre del juego proviene del árabe al-qariq (sitio plano), siendo mencionado en el libro Kitab-al-Aghani y, después, en el Libro de los Juegos de Alfonso X. En este libro el Alquerque es comparado al Ajedrez en cuanto a la técnica a utilizar, pero el juego es similar al nuestro de Damas, teniendo cada jugador doce o nueve fichas –según sea el tablero- e incluso tres en la forma más simple, mediante las que se tratará de saltar sobre su contrario, para irle capturando las suyas. Son varios los significados que podemos extraer de los tableros de juego. Una primera interpretación nos llevaría a considerarlos como símbolos gremiales de los  constructores medievales, como si se tratara de una marca de cantero, estando relacionados con el complejo simbolismo de los gremios.

Los griegos pasan por ser los míticos inventores del Alquerque, considerando que lo crearon para matar el aburrimiento durante el asedio a la ciudad de Troya- Este juego era designado "Las Mérelles", que, traducido, significa "madre de la luz", designa también la concha de Compostela, el emblema de los peregrinos que se dirigen a Santiago, y también es el símbolo esquemático de aquella pata de oca adoptada por los constructores medievales que recorrían el Camino de Santiago, el símbolo de la pata se sincretizó en la vieira.

Otra interpretación nos orienta hacia un sentido mágico. Los tableros de juego pudieran ser talismanes mágicos que protegerían contra las influencias maléficas defendiendo los edificios, tal y como utilizaban los asirios los triples recintos grabados sobre tablas. Pero ni las consideraciones de orden histórico, ni el posible papel de marcas de constructores, o la faceta mágico-supersticiosa, deben hacernos perder de vista una explicación ligada a la naturaleza misma del objeto: los tableros de juego pueden ser considerados como símbolos cósmicos, instrumentos de meditación. Este aspecto de interacción parece ser el que rige una variante del juego, denominada en Francia "mérelle" -derivado del nombre griego del Alquerque-, realizado sobre un tablero de Alquerque de Nueve. Se juega con un peón por personas y los dados, el juego consiste en que, partiendo del punto central y realizando un recorrido espiral, el jugador debe llegar el primero al punto final del recinto más exterior. Cada punto del tablero ostenta una denominación astronómica, empezando por el central, que corresponde al Sol y continuando hacia el exterior por los recintos sucesivos: Venus, Neptuno, Mercurio, Urano, Saturno, Júpiter, Marte, Tierra, Libra, Virgo, Leo, Piscis, Acuario, Capricornio, Sagitario, Escorpio, Pegaso, Orión, Hércules, Cáncer, Géminis, Tauro, Aries y Aguila. Se trata de llegar a dominar los mundos astronómico o astral y terrestre, partiendo llegar a dominar los mundos astronómico o astral y terrestre, partiendo del mundo celeste (sol).

No olvidemos que el Medievo se sustenta en el principio constante del símbolo que une al objeto con el significado espiritual que está en el fondo de la materia, siendo el medio para pasar de un plano a otro. El "Alquerque de Nueve", por tanto, es algo más que un juego.

Grabados con esta representación, además de la Villeta de Azuquén, los hemos localizado en las escalinatas próximas a la puerta de las Palomitas, como piedra de acarreo. Existe otra en la muralla del Espolón, hay otro en una casa particular en la calle Huertas, numero 7.

 

                                       


                               

 





                                                                      

 

 

martes, 11 de julio de 2023

 

LA CASA-FUERTE DEL “TANTO MONTA, MONTA TANTO”

 

Los Reyes Católicos tuvieron una intensa relación con la ciudad de Trujillo y gran amistad con algunos de sus habitantes, especialmente con Luis Chaves el Viejo, en cuya casa fuerte los monarcas acordaron firmar, de allí en adelante, todos sus documentos con las rúbricas de ambos, dando lugar al famoso lema Tanto Monta Monta Tanto, que suele acompañar a las flechas y al yugo. También en el palacio de los Chaves la reina Isabel firmó el tratado de Alcaçovas, que ponía fin al conflicto con el país vecino el 27 de septiembre de 1479. Aquí vivieron  los monarcas en la decena de ocasiones que Católicos visitaron Trujillo.

 

Custodiando   la  Puerta  de  Santiago  y   lindando  con la muralla de la Villa,  se  levanta  la  casa-fuerte  de  los  Chaves  el  más  importante  de  los  alcázares  trujillanos  y  uno  de  los  más  notables  ejemplos  extremeños  de  esta  tipología  arquitectónica  cívico-militar.

A partir de la reconquista cristiana de 1233, tanto el castillo de Trujillo como la muralla experimentan reformas y ampliaciones significativas, incidiendo unas y otras en el paisaje urbano y arquitectónico del Trujillo bajomedieval. De las siete puertas que permitían el acceso al interior de la Villa, en la puerta de Santiago se ubica la Casa-Fuerte de Luis de Chaves “El Viejo”[1], cuya situación junto a la Puerta de la Villa garantizaba la defensa de la misma. Es un palacio austero pero de grandes dimensiones, cuyos perfiles exteriores están protagonizados por las altas torres que, junto con las de la muralla, formaban parte del sistema defensivo de la Villa y de los accesos al interior de esta.

Los  orígenes  del  edificio  se  remontan  a  la  primera  mitad  del  siglo  XIV  y  se  deben  a  la  iniciativa  de  Juan  Alfonso  de  la  Cámara,  del  linaje  de  los  Altamirano,  que  fue  camarero  del rey Alfonso  XI. El nieto de Fernán Ruiz de Castro, Alfonso Mateos de Altamirano cambió su apellido por Mateos de Trujillo, se casó con Teresa Sandoval y fueron padres de Juan Alfonso de la Cámara. Preparó este alcázar como vivienda familiar donde se iniciará el mayorazgo de Orellana la Vieja reparando la puerta de Santiago en tiempos de Alfonso XI tal y como reza en la inscripción:

EN LA ERA DE MIL E CCC E LX E IX AÑOS (1331)
EN EL MES DE EL MUY NOBLE REY
DON ALFONSO VNCENO TRUGLLO
LA SEGUO DEL ALLO QUE EL MURO
DESTA VILLA QUE ES DADA ONDO... (mandó reparar la muralla)
(hay un escudo de Castilla y León, y otro de Altamirano. Fuera, en la hornacina ahora vacía, había una imagen de Santiago en piedra y al lado otro escudo Altamirano).
Anexa otra inscripción donde podemos leer:

ALFONSO MATHEOS DE AL
POSO MATEO DE TRUGSELLO
E EL DIGNO SONAR AL DORSO
E OMENEOL ALABRAR
MEDES PRIMERO DIA DE AGOSTO
DE LA DIGNA ERA SONAR DE CORDOVAR.





Alfonso Matheos de Trujillo tomó el título "de Trujillo" por derecho de familia ya que en tiempos de Fernando II de León su antepasado Fernando Rodríguez de Castro se convertirá en señor de Trujillo por apresar en 1169 (batalla de Badajoz) al portugués Gerardo Sempavor que le entrega Trujillo, Montánchez, Santa Cruz y Monfragüe. Por esta causa el apellido de Trujillo tiene las mismas armas que los Castro: trece roelas.

En  esta  casa  viviría  hasta  que  se  traslada  a  otra  vivienda  de  su  propiedad,  dejando  el  alcázar  a  su  hija  Marina  Alfonso  de  Orellana,  la  cual  había  casado  con  Nuño  García  de  Chaves[2].  Los  nuevos  inquilinos  del  edificio,  sobre  el  que  Juan  Alfonso  de  la  Cámara  les  había  otorgado  mayorazgo,  lo  ampliaron  para  incrementar  su  nobleza,  aunque  sería  el  nieto  de  éstos,  Luis  de  Chaves,  quien,  mediante  importantes  obras  de  remodelación,  consiguió  dar  al  edificio  el  empaque  que  hoy  presenta  y  que  hizo  de  él  en  el  siglo  XV  uno  de  los  edificios  más  importantes  de  Trujillo.

 Tras la batalla de La Albuera, 24 de febrero la reina Católica negoció la paz desde Trujillo que se firmó en el Tratado de Alcaçovas firmado el 4 de septiembre y confirmado en Trujillo el 27 del mismo mes. Suponía el fin de la guerra, la confirmación de doña Isabel como reina de Castilla.  Testimonio de esta importancia que tuvo Luis de Chaves en la vida política de los monarcas Católicos, es el hecho de que su Casa-fuerte fuera residencia de los Reyes Católicos durante sus visitas a la ciudad en 1477 y 1479. En los escudos que aparecen en diferentes ámbitos del palacio muestran las cinco llaves de los Chaves, y la tres bandas ajedrezadas horizontales de los Sotomayor, desde que Luis de Chaves se casara con la hija del maestre de Alcántara, don Gutierre de Sotomayor.

Por tanto, los Reyes Católicos tuvieron una estrecha relación con nuestra ciudad, durante sus estancias en Trujillo residieron en el Palacio de Luis de Chaves, ocupando un primerísimo plano en acontecimientos entre los años 1474-1480, cabe citar: el famoso "Tratado de Trujillo", que cerró el enfrentamiento contra los portugueses en la batalla de la Albuera, y cómo la lealtad de Trujillo para con Isabel fue premiada con la construcción de los conventos de la Encarnación, San Pedro y San Miguel, las Casas Consistoriales, la Santa Hermandad y el artístico Rollo; las exequias por Juan II de Aragón, en la parroquia de Santa María la Mayor. En un total de siete veces estuvieron los Reyes en Trujillo, según la documentación existente en el Archivo Municipal, en Crónicas y en documentos del Archivo Diocesano de Badajoz, Histórico Nacional de Madrid y de Simancas, firmados por los mismos monarcas.

La relación de Isabel con Trujillo surgen cuando no era más que Princesa, como lo atestigua la siguiente carta dirigida a Luis de Chaves, por D. Juan Duque de Estrada:  "La Princesa. Sabed que por la gracia de Dios soy alumbrada de una Infanta he por su inmensa bondad quedé bien dispuesta de mi salud, lo cual por la confianza que de vos tengo, que deseáis mis servicios y prosperidad, acordé facervos lo sabe, como es razón, con Juan de Castañoso, mi aposentador, llevador de esta, el qual me dio por merced le mandase dar para vos cerca de ello, porque soy bien cierta habréis dello placer. De Dueñas a dos de octubre de 1740.-Yo la Princesa.- Por la Princesa- Alfonso Dávila"[3].

La mayoría de los historiadores modernos y antiguos, entre los que se encuentra Francisco de Hinojosa, con su obra "Extremadura en el siglo XV", coinciden en afirmar que en 1474, era señor de Trujillo don Diego López Pacheco. Enrique IV le encomendó que cuidase a su hija la Beltraneja. Las Cortes aclamaban a la hermana del rey, doña Isabel; más con la tercería de don Diego, se concierta en Trujillo el enlace de doña Juana la Beltraneja con el rey de Portugal, Alfonso V. Acudieron al festejo el 1 de mayo de 1475 seiscientas lanzas y mil infantes, para reforzar la guarnición del castillo. Don Luis de Chaves fue fiel servidor de Isabel, a su lado se pusieron también Alonso de Monroy y su hermano "El Bezudo", cuyas espadas eran las más temidas de Castilla. La Beltraneja marchó a Plasencia para tener más seguridad en sus desposorios. Precisamente, Gonzalo Fernández de Córdoba, defendió los derechos de Isabel contra la Beltraneja.

Fue eficaz la presencia de soldados trujillanos a favor de los reyes en los primeros días de su reinado, conteniendo en la frontera a los portugueses, mientras ellos los aniquilaban en los campos de Zamora y Toro. Influyeron eficazmente en el resultado de aquella guerra, y con notable ventaja para las armas castellanas, el Comendador de León y Diego Ramírez de Segarra, se apoderaron de la fortaleza de Nodar; el famoso Clavero de Alcántara D. Alonso de Monroy, que conquistó la plaza de Alegrete. Uno de los más destacados hombres que colaboraron estrechamente en la unidad de Castilla fue el trujillano Luis de Chaves (en cuyo palacio de Trujillo pernoctaban los monarcas católicos durante sus estancia en la ciudad). La batalla entre España y Portugal quedó bajo el bando de Castilla. El rey decidió alzar en Toledo un monasterio que conmemorase el triunfo castellano: San Juan de los Reyes. Sin embargo, la guerra no acabó hasta el Tratado de Trujillo por el cual el monarca portugués renunciaba a sus títulos sobre Castilla. Aquel mismo año murió Juan II de Aragón, a quien heredó su hijo Don Fernando. Quedaban tres núcleos independientes en la península: Portugal, Navarra y el reino de Granada.

El 22 de enero de 1478 estaba la Reina en Trujillo, cuya Ciudad habían escogido para su resistencia el Cardenal Mendoza y los del Consejo, como punto céntrico para atender a la guerra y de fácil comunicación para la Infanta Dña. Beatriz de Portugal, tía de Dña. Isabel. En esta Casa-Fuerte tuvieron lugar las honras por el Rey de Aragón, se firmó la tregua con el Rey de Francia y se acordó la fórmula de encabezamiento de las Cartas y Provisiones de los Reyes.

De nuevo, residían en Trujillo Fernando e Isabel, en el palacio de Luis de Chaves, cuando acordaron unificar sus reinos y llamarse en lo sucesivo Reyes de España. Luego, para evitar suspicacias entre los vasallos, vino aquel lema TANTO MONTA. Por tanto, en el recinto palaciego de los Chaves fue concebida la unidad de España. Es la hora de plenitud histórica para los trujillanos que partieron en masa de la ciudad hacia el Nuevo Mundo. Plasmando en América jirones del ser hispano: Orellanas, Pizarros, Paredes, Loaisas y Vargas; cuyos hechos gloriosos pasaron los límites de la más loca fantasía.

 



[1] Luis de Chaves, era cabeza de la oligarquía trujillana. Los Chaves, son originarios de tierras norteñas. Su origen se sitúa en la ciudad de Chaves (Portugal) de donde tomaron el nombre. Pasaron más tarde a poblar Ciudad Rodrigo, donde los reyes de León les concedieron la merced de proveer los cargos de esta ciudad. El primero que llegó a Trujillo en el siglo XIV fue García López de Chaves quien se casó en esta ciudad con Marina Alfonso de Orellana, miembro del linaje Altamirano, el más destacado de la ciudad. Por este matrimonio quedan los Chaves unidos a todos los avatares que protagoniza este linaje en la ciudad. Vid. FERNANDEZ-DAZA ALVEAR, C: La ciudad de Trujillo y su tierra en la Baja Edad Media, 2.ª ed. Badajoz. Junta de Extremadura, 1993, pág. 172.

 

[2] Juan Alfonso de la Cámara se había criado con el Rey, de ahí le venía el apellido, y en 1325 Alfonso XI le concede el señorío de Orellana la Vieja que de hecho poseía pues en el documento le permite cincuenta pobladores más de los veinte existentes... tiene potestad para nombrar alcalde, aguacil y escribano para que le pechen sus vasallos. Las armas de los Orellana y Altamirano tienen diez roelas por su origen de los Castro, rodelas de oro que significan las aficiones bancarias de la familia. Juan Alfonso se casó con María Gil y en 1330 establece el mayorazgo Orellana la Vieja en su hijo primogénito Pedro Alfonso de Orellana que vivirá en este alcázar. María Gil se quedó viuda casándose de segundas con el hermano de fray Nuño Pérez de Monroy. Tienen también a Marina Alfonso que se casa con Hernando García de Chaves, mayorazgo Chaves de Ciudad Rodrigo, de estos nacen Chaves Herrera que sigue "in situ" heredando al padre; el segundo hijo, Nuño García de Chaves viene a Trujillo buscando la herencia de su madre Marina, que al quedarse viuda había vuelto a Trujillo para habitar en unas casas que llamaban "El Solar de la Dueña Trujillana", aquellas casas eran de la abuela María Gil. El famoso fray Nuño Pérez de Monroy fue arcediano de Trujillo y de Campos, abad de Santander y canciller de la reina Doña María de Molina. El Rey le concede en 1326 el señorío de Valverde en la sexmería de la Vera. Era hijo de Pedro Fernández de Monroy y de Mayor Saavedra, su hermano Hernán Pérez de Monroy se casó con una viuda trujillana y principal, doña María Gil, que había sido esposa de Juan Alfonso de la Cámara y tuvieron a Hernán Pérez de Monroy al que en 1348 le confirma Alfonso XI el mayorazgo con el señorío de Valverde y la sexmería de la Vera heredadas de su tío el Abad. La viuda trujillana repartió bien su sangre y vitalidad.  Pedro Alfonso de Orellana se casó con una tal Juana la Beata y hubieron varios hijos e hijas dejando el Señorío y Mayorazgo al mayor, Fernando Alonso de Orellana, que se había casado con Juana González Carvajal, Fernando fue comendador de Santiago en Mérida y su hermana Teresa Gil de Trujillo se casó con el mayorazgo de los Orellana de la Sierra-Bejarano, Diego García Bejarano alias "el Rico o el de Orellana". Un sexto hijo y tocayo, Pedro Alfonso de Orellana, sería hombre de confianza y gobernador del Castillo con los Infantes de Aragón cuando llegó don Álvaro de Luna requiriendo la fortaleza en nombre del rey Don Juan II.

 

[3] MS. de la Bibliot. Nac. Z 89.