sábado, 11 de julio de 2026

 

CRUCES DE TÉRMINO Y CRUCEROS DE ABERTURA (CÁCERES)

 

 

Abertura es un municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39° 14’ de latitud norte y los 5° 48’ de longitud oeste, sobre materiales pizarrosos y graníticos, característicos de la penillanura cacereña. Pertenece a la macrocomarca y comarca funcional de Don Benito-Villanueva de la Serena.  El casco urbano está situado a 398 m de altitud.

Los restos más antiguos localizados en la población corresponden a la dominación romana: monedas e inscripciones.

El primer documento que encontramos en el Archivo Municipal de Trujillo que hace referencias a la aldea de Abertura está fechado en el año 1353. Consiste en una sentencia dada por don Gonzalo Fernández Añasco concediendo el monte y dehesa de Alcollarín al concejo de Trujillo y señalando los mojones que delimitan la dehesa y también el derecho de propiedad que tienen los vecinos de la aldea de Abertura sobre heredades existentes en los límites de la dehesa citada[1].

En 1594 f[15941ormaba parte de la Tierra de Trujillo[2] en la Provincia de Trujillo[3].  A la caída del Antiguo Régimen la localidad de constituye en municipio constitucional en la región de Extremadura que desde el año 1834 quedó integrado en Partido Judicial de Logrosán. Si bien los rollos constituían un signo de jurisdicción, en los cami­nos que conducían a algunas poblaciones, a poca distancia de la misma, estaban las cruces de término o cruceros, ante los cuales, los caminantes se postraban en oración y desde los cuales, se impartía La bendición al término municipal; otros, eran punto de reunión o partida hacia una ermita, bien proce­sionalmente o en romería.  En Abertura, y más concretamente en caminos colindantes quedan varias.

 

I.- Cruz del Pilar

Esta sencilla y, a la vez, original cruz situada sobre un cancho se encuentra a la salida del municipio en la Cañada Real Leonesa, en el paraje “El Pilar”, de ahí su nombre y en el antiguo camino a Santa Cruz de la Sierra. La mayor parte del itinerario transcurre por la recuperada cañada que parte de la Plaza de España y continúa por la calle Real Alta y tras pasar por debajo de un puente, en un lateral del camino está la Cruz del Pilar, posteriormente continuamos el camino pasando por un abrevadero y seguimos por la vía pecuaria hasta la carretera comarcal de Herguijuela en dirección a Santa Cruz de la Sierra[4].  Se encuentra encima de un pequeño penedo rocoso, que existe en la zona, en un extremo de un cruce de caminos. El emplazamiento es muy original, pues la superficie de la roca presenta algunas huellas de haber podido poseer grabados rupestres que el tiempo ha hecho desaparecer. La cruz de forja es moderna, sencilla y cuadrangular, se levanta sobre una tosca grada cúbica tallada en todos sus lados.

 

II.- Cruz de la ermita de Santa Ana

 

Situada en el sendero “El Venero”, donde iban antiguamente los vecinos de la población a las tareas de lavandería en las abundantes pilas existentes en los márgenes del arroyo Caballero; un paraje histórico y religioso por encontrarse la Ermita de Santa Ana donde se venera la imagen gótica de Santa Ana Triple[5], un recorrido que nos lleva al antiguo camino de Zorita por el “Cerro de la Cuesta” donde podemos deleitarnos de un agradable paisaje fluvial compuesto de pilas, piedras y un molino hidráulico que aprovechaba las aguas del arroyo mediante un sistema de acequias y compuertas, transformando el cereal en harina.  El fuste es de sección cuadrada y se va estrechando según llega a su coronación, se eleva sobre unas gradas cuadrangulares de cantería y sobre una base de piedra rebajada en sus extremos. Es obra de la primera mitad del siglo XVIII, excepto la cruz, propiamente dicha, que es moderna y de forja. 

 

III.- Cruz o crucero de la Vega

La Cruz es uno de los símbolos más antiguos y universales. Desde épocas precristianas se utilizó como símbolo religioso, representando la unión del cielo y la tierra y los cuatro puntos cardinales. El cristianismo la adoptó aludiendo a la crucifixión de Cristo y su victoria sobre la muerte, y por tanto a la salvación de la humanidad. El culto a la cruz surgió en el año 326 cuando Santa Elena, madre del emperador Constantino I, ordenó excavar en el Monte Calvario para encontrar la Cruz de Cristo. Halló tres cruces y para saber cuál era la de Jesús, hizo traer a un hombre muerto que al entrar en contacto con la Vera Cruz, resucitó.  La devoción a la Cruz de Cristo hizo proliferar las reliquias desde la Edad Media, pues además de su valor espiritual, fueron un motor económico que generaba riqueza a través de las visitas de los peregrinos que buscaban su protección.

La cruz de la Vega se levanta sobre tres gradas circulares. La columna octogonal se alza sobre una base alta y cúbica, con los ángulos superiores rebajados en cada esquina. Sobre la base aparece, muy erosionada la columna y cubierta de líquenes, no teniendo ninguna decoración adicional. Ha desaparecido la cruz. Por las características tipológicas es obra del siglo XVIII.

 

IV.- Cruz en el camino a Alcollarín

En el antiguo camino a Alcollarín localizamos otra Cruz de término de características semejantes al Crucero de la Vega. Con la salvedad de que aquí se conserva el capitel cilíndrico de vaso liso y ricamente trabajado sobre el que se apoyaría la cruz que ha desaparecido. Se levanta sobre tres gradas circulares. La columna cilíndrica, lisa, se alza sobre una base alta y cúbica, con los ángulos superiores rebajados en cada esquina. Sobre la base aparece, muy erosionada la columna, en este caso presenta decoración adicional en su base mediante un rebaje en la moldura.  Es obra de finales del siglo XVIII.

 

 

V.- Cruz en el camino a Santa Cruz de la Sierra

 

En el camino a Santa Cruz de la Sierra nos encontramos con este bello ejemplar de crucero o cruz de término ejecutado en cantería. Descansando en una gran lancha de piedra se alza la cruz sobre una alta y rudimentaria base, sobre la que se eleva una columna de sección cuadrada con capitel cilíndrico de vaso liso y rematado en una cruz moderna de hierro. El conjunto pétreo posiblemente date de finales del siglo XIX. Por una parte marcaban los límites jurisdiccionales, las fronteras del municipio.  Por otra parte, suponían un límite sanitario, ya que hasta allí podían acercarse los enfermos y hasta allí podían salir los vecinos en caso de cuarentena, por eso muchos se situaban cerca de hospitales. Además, eran el último lugar donde el caminante que dejaba la localidad podía encomendarse para tener un buen viaje y evitar los peligros que suponía salir fuera del recinto urbano.

 

 

VI.- Cruz en la iglesia parroquial

 

Esta cruz se encuentra en un lateral del templo parroquial, elevada sobre una rudimentaria base sobre la que se alza un recio fuste cilíndrico de gran diámetro muy erosionado, que ha sido reutilizado ya que se trata de una columna romana con alguna decoración y un soporte en cantería de base exagonal haciendo las funciones de columna y que se completa directamente con la cruz de hierro.

Probablemente haya sido trasladada a este lugar procedente de algún camino. Las cruces de término son cruces de piedra situadas, generalmente, en las encrucijadas de caminos, en las entradas y salidas de pueblos, entradas a lugares sagrados y como hitos para delimitar los términos o municipios y,  para indicar que aquel pueblo ya era cristiano durante y después de la reconquista. Si bien actualmente aun quedan muchas cruces de término en pie, la mayoría de ellas han sido reubicadas debido a las transformaciones de los pueblos o viales, y otras reconstruidas o reemplazadas ya que un importante número de ellas fueron destruidas durante la Guerra Civil. Es obra de los inicios del siglo XX.

 

 



[1] Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 1.1, núm. 18, Fol.. 49 vº-51r. 28 de mayo de 1353. Vid. LOPEZ ROL, M. L. Archivo Municipal de Trujillo, catálogo I (1256-1599). Badajoz, 2007; SÁNCHEZ RUBIO, M. A.: Documentación medieval. Archivo Municipal de Trujillo (1256-1516), tres tomos. Institución Cultural “El Brocense”. Cáceres, 1992-1995.

[2] Libro de los Millones o Censo de los Millones de población de las provincias y partidos de la Corona de Castilla en el siglo XVI. Libro del repartimiento que se hizo de los ocho millones (de donativo) en virtud de las averiguaciones que se hicieron de las vecindades del Reino el año 1591 para desde el año 1594 en adelante. Real Archivo de Simancas, Contadurías Generales, 2ª época, Inventario 2º de la Contaduría de Rentas, Libro núm. 2970. Recopilado por Tomás González (archivero de Simancas), tras el saqueo de las tropas napoleónicas, y publicado por la Imprenta Real de Madrid, en 1829.

[3] La Provincia de Trujillo fue una provincia de Extremadura (de la Corona de Castilla), vigente entre los años 1528 y 1804 y cuyos territorios estaban situados en las actuales provincias de Cáceres, Badajoz y en el Condado de Belalcázar, actualmente en la de Córdoba. La organización fiscal llevada a cabo en las Cortes celebradas en Madrid en 1528 y en Segovia en 1532, en la que el rey Carlos V y obtuvo del Reino la concesión de servicios pecuniarios extraordinarios que habrían de obtenerse por repartimiento entre las ciudades, villas y aldeas. Para ello se acordó que fuesen precisamente los representantes de las dieciocho ciudades que tenían derecho a procuradores en Cortes los que actuasen como receptores del impuesto, para lo cual se procede a adoptar dos medidas: delimitar los territorios en que cada uno de estos receptores había de recaudar el servicio y proceder al recuento de vecinos de cada territorio para realizar un encabezamiento equitativo. Salamanca como ciudad con voto en Cortes formó una de esas 18 primeras provincias de la Corona de Castilla de la que se desgaja Trujillo en 1653, provincia que da origen a la de Extremadura, reinstaura como intendencias en 1718 por el Cardenal Alberoni.

[4] GIL DURAN, MARIA DEL CARMEN: Abertura, nuestra historia. Cáceres, 2014, pp. 81 y 82.

[5] Vid. nuestro trabajo RAMOS RUBIO, J. A: “Grupo escultórico de Santa Ana Triple (Abertura)”. Revista Guadalupe, núm. 822, año 2011, pp. 27 y 28.

 







 



CRUCERO Y CRUZ DE TÉRMINO DE ALCÁNTARA

 

 

Municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39° 43’ de latitud norte y los 6° 53’ de longitud oeste. Pertenece a la comarca funcional de Cáceres. El término municipal tiene una extensión de 552 km² y el casco urbano está situado a 232 m de altura, un término municipal que se asienta sobre la penillanura cacereña-alcantarina caracterizado oro su monotonía en el paisaje y el encajamiento del río Tajo.

Fue una importante población de la que quedan interesantes restos urbanos del Medievo, por ser una población fronteriza estuvo fortificada: el castillo dominaba el puente, junto con la denominada “Torre del Oro”, situada en la orilla opuesta; además de contar con fortificaciones del siglo XVII con baluartes defensivos sobre el río.

En su término se ha localizado sepulcros megalíticos y un poblado fortificado de la Edad del Hierro en “Villavieja del Castillejo de la Orden”, situado en un meandro del río Jartín, encontrándose en el transcurso de las excavaciones arqueológicas una necrópolis con tumbas de cremación con a Juárez cerámicos y armamento fechados en el siglo IV a. C.  la fecha más reciente del asentamiento viene dada por una inscripción en bronce del 104 a. C., consistente en un tratado entre el Consejo del poblado y el pueblo romano[1].

Fue muy importante la presencia romana en la zona, destacando el Puente romano que cruza el río Tajo, construido en el año 105, según una inscripción en el centro del puente indica que fue construido en honor al emperador romano Trajano, nacido en Hispania[2]. La inscripción dice lo siguiente: "Imp(eratori)· Caesari· Divi. Nervae·(filii)·Aug(usto)·Pont(ifici)·Max(imo)·trib(unicia)·potest(ate); En su entrada meridional se deja constancia en otra inscripción de que su ingeniero fue Cayo Julio Lacer, el mismo arquitecto que también construyó el arco triunfal y templo votivo in antis de planta rectangular y una sola cámara. El puente de Alcántara fue construido gracias a los impuestos de siete villas lusitanas y pretendía unir la calzada de Norba Caesarina (Cáceres) a Conimbriga (Portugal). También hemos de destacar las importantes inscripciones  romanas, algunas de ellas honorífica-monumental  han sido localizadas en esta población[3].

Durante la dominación musulmana existió un poblamiento defensivo que permitía controlar el interesantísimo puente romano, uno de los pasos que comunicaba los territorios del norte y del sur del Tajo, muy utilizado para el desplazamiento de soldados y ganado. Abdalla Mohamed “El Idrisi” en su obra, denomina a Alcántara como “La maravilla del mundo”, debido a que durante la dominación musulmana era una de las plazas más apetecidas, a causa de su posición estratégica y por la solidez de su baluarte defensivo[4].

Este baluarte defensivo requirió importancia cuando los cristianos ocuparon la Transierra, a partir del siglo XII, disputaron a los árabes la estratégica fortaleza. En el año 1143 fue conquistada por el rey Alfonso XII, volviéndose a perder y recuperándola en el año 1166 el rey Fernando II de León y se la entregó a la Orden de San Juan, la cual no pudo retenerla y volvió a caer en poder musulmán. En el año 1213 fue conquistada definitivamente por Alfonso IX de León. La villa fue entregada a los caballeros de San Julián, los cuales trasladaron aquí su convento mayor y adoptaron el nombre de Orden de Alcántara.

El 2 de marzo de 1476, tras las batallas de Toro y Albuera, se eligió esta villa fronteriza para negociar la paz entre los Reyes Católicos y Alfonso V de Portugal. Aquí se diseñaron los preliminares de la paz y se redactó el tratado, firmado posteriormente en Alcaçovas el 4 de septiembre del mismo año; por el cual, Alfonso V y Juana la Beltraneja dejaban de titularse reyes de Castilla y, en reciprocidad, los Reyes Católicos renunciaban a todas sus pretensiones en el reino de Portugal[5]. En el año 1499 nació en esta localidad Juan Garavito Villela de Sanabria, conocido como San Pedro de Alcántara, que alcanzaría una enorme dimensión testimonial y evangélica. El Papa Juan XXIII le proclamó patrono de Extremadura en el año 1962[6].

Alcántara sufrió mucho durante la guerra de la Independencia en la primavera de 1809. El general Lapiche entró en la población y la saqueó e incendió[7]. La reforma administrativa liberal mantuvo a este municipio como cabeza de partido judicial, eminencia que alcanzaría bajo la Restauración al considerarla distrito electoral.

A finales de los años 60 del siglo XX la compañía eléctrica de Iberdrola construyó un embalse con sus 90 km de longitud, acaparar 3.177 metros cúbicos, lo que supone 500 litros de agua por cada habitante del planeta Tierra, siendo uno de los mayores de Europa y el segundo de producción de energía eléctrica de España.

 

 

 1.- Cruz de La Batalla

A tan solo 4 km del término municipal de Alcántara y con unas vistas privilegiadas al pantano del rio Tajo y el Puente Romano, se encuentra la Finca La Batalla. Una de las Fincas de recreo más representativas de la zona y que da nombre a la Cruz que se alza en sus inmediaciones. Son frecuentes las cruces en las bifurcaciones próximas a las poblaciones, que eran aprovechadas para encomendarse al iniciar el camino o para dar gracias al finalizar el trayecto. Del acto de arrodillarse o humillarse ante la cruz deriva el vocablo humilladero con el que se designan las cruces y el entorno en que se levantan. Unas veces fueron los concejos quienes costearon la erección de cruces, pero por lo general fueron los particulares o las cofradías locales quienes acudieron a levantarlas como una obra más de misericordia. La cruz está situada en la salida al antiguo camino a Zarza. Es una cruz relativamente moderna de base cuadrangular, de granito, con amplios brazos y elevada sobre una base rectangular de cantería rebajada por los extremos, sin decoración adicional. El graderío circular que la rodeaba ha desaparecido, aunque quedan algunos restos. 

 

II.- Crucero en la ermita de Ntra. Sra. de los Hitos

La ermita de los Hitos se encuentra a 3 km. al sureste de la población. En la explanada de la ermita de los Hitos se conserva un magnífico crucero. Es importante destacar que hito, en la mayoría de los casos hace referencia a piedra hincada, miliario..

El cronista de la Orden, Frey Alonso Torres y Tapias, indica que ya existía en 1235[8]. A finales del siglo XIV el maestre Yáñez de la Barbuda fue aconsejado por Yago, ermitaño de la Virgen, para que emprendiera una cruzada con el fin de recuperar Granada de manos infieles. Barrantes Maldonado[9], apunta que a finales del siglo XIV se reformó la antigua ermita por otra "de nueva cantería pues la anterior era de mampuesto. Esta obra finalizó el 15 de abril de 1402". Las costas de la reconstrucción fueron sufragadas por el Concejo de Alcántara, devotos de la Virgen y los bienes de la ermita.

Tras las guerras con Portugal la ermita fue destruida al explotar un polvorín instalado en ella. No se vuelven a tener noticias hasta 1768, año en que se reedificó en el mismo enclave. El patronazgo de Nuestra Señora de los Hitos siempre lo ostentó el concejo de Alcántara, que nombraba mayordomo todos los años. Éste mayordomo administraba sus rentas y daba cuentas al término de su mandato.

El crucero posiblemente date del año 1768, aunque no hay inscripción que lo confirme ni datos en los libros de la Cofradía de Ntra. Sra. de los Hitos, pero la tipología de la cruz corresponde a ese período. Se alza sobre un graderío circular de tres escalinatas de cantería, con fuste cilíndrico y rematado en capitel fasciculado sobre el que se apoya una cruz muy deteriorada.   La cruz, como señal del cristiano, aunque a veces se haga por costumbre, se sigue utilizando por algunas personas piadosas, más o menos practicantes, pero siempre confiadas en el rito y en el símbolo. En definitiva, el resultado final es la construcción de una ermita en una encrucijada, o junto a un camino, con una cruz en su frente levantada sobre un podio escalonado que servía para reposo del viajero y la plegaria. Las cruces erguidas en la segunda mitad del siglo XVIII tienen la particularidad de que la escala de la cruz se reduce y los brazos se tornean imitando labores de orfebrería: son la traducción en piedra de las cruces procesionales barrocas.

 

 



[1] ONGIL VALENTÍN, M. I.: “Excavaciones arqueológicas en el poblado prerromano de Villavieja del Castillejo de la Orden (Alcántara, Cáceres) 1ª Campaña”. Extremadura Arqueológica, I. Mérida, 1988, pp. 103- 108.

[2] ARIAS DE QUINTANADUEÑAS, J: Antigüedades y santos de la noble villa de Alcántara. Madrid, 1661, ed. de 1852 (Madrid).

[3] CORRALIZA, V. J: “El puente de Alcántara”, Revista de Estudios Extremeños, 30, 1, Badajoz, 1974, pp. 153- 171; GIMENO, H: “La inscripción del dintel del templo de Alcántara”. Epigraphica,  57, 1995, pp. 87-145; ABASCAL PALAZÓN, J. M: Los nombres personales en las inscripciones latinas de Hispania, Murcia, 1994, p.  284; VIU, J: Extremadura, sus inscripciones y monumentos. Madrid, 1852, p. 57; HURTADO DE SAN ANTONIO, R: Corpus Provincial de inscripciones latinas, Cáceres. Cáceres, 1977, pp. 50-56; MÉLIDA, J. R: Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres. Madrid, 1924, tomo II, pp. 118-138.

[4] Abū Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī, fue un cartógrafo, geógrafo y viajero musulmán que vivió y desarrolló la mayor parte de su obra en la corte de Roger II, establecida en Palermo. Su obra recopilar una cantidad de información geográfica e histórica incomparable.

[5] CISNEROS DE LINDE-TORRE, A: Síntesis, historia y fe en Alcántara. Alcántara, 1989; VILLARROEL ESCALANTE, J. J.: Alcántara, puente y frontera. Núm. 47:  ERE. Mérida, 1991.

[6] ANDRES ORDAX, S: Arte e iconografía de San Pedro de Alcántara. Diputación Provincial de Avila, Institución Gran Duque de Alba. Avila, 2002; BARRADO, ARCANGEL: San Pedro de Alcántara. Madrid, 1965; GONZALEZ RAMOS, V: Biografía de San Pedro de Alcántara. Plasencia, Gráficas Sandoval, 1982.

[7] ALONSO PLANCHUELO, S: Temas de Historia de Alcántara. Alcántara, 1986; CISNEROS MONTEMAYOR, A: Alcántara ante la historia, glorias extremeñas. Diputación Provincial de Cáceres, 1975.

[8] Lic. Frey D. Alonso de Torres y Tapia: Cronica de la Orden de Alcantara. Impresa de orden del Rey N. S.or a consulta de su real y supremo consejo de las Órdenes Militares. Imprenta de Gabriel Ramírez, Madrid, 1763, p. 155 y 278.

[9] B.N.E. Mss.-17.996. Noticias de Alcántara escritas por Pedro Barrantes Maldonado en 1572, recogidas y anotadas en 1722 por don Fabián de Cabrera y Barrantes fol. 6.

jueves, 11 de junio de 2026

 

EL REAL DE A OCHO: La moneda que unió el mundo antes de la era moderna

Mucho antes de que el dólar estadounidense se convirtiera en la moneda dominante de los mercados internacionales, una pieza de plata acuñada por la Monarquía Hispánica ya había logrado lo que ninguna otra divisa había conseguido hasta entonces: circular por los cinco continentes, servir de referencia para el comercio mundial y convertirse en el patrón monetario de una economía cada vez más interconectada. Se trataba del real de a ocho, conocido también como peso duro, peso español o, en el ámbito anglosajón, "Spanish Dollar".

Durante más de tres siglos, esta moneda fue el auténtico motor financiero de la primera globalización. Desde las minas americanas hasta los puertos asiáticos, pasando por las principales plazas comerciales de Europa, el real de a ocho facilitó intercambios económicos a una escala nunca antes vista en la historia.

Los orígenes del real de a ocho se remontan a finales del siglo XV. En 1497, los Reyes Católicos impulsaron una profunda reforma monetaria destinada a unificar y fortalecer el sistema económico de sus reinos. De aquella reorganización surgió una moneda de plata cuya importancia crecería de forma extraordinaria con el paso del tiempo.

Sin embargo, el verdadero impulso del real de a ocho llegó tras el descubrimiento de América y la incorporación al Imperio español de inmensos territorios ricos en metales preciosos. Las minas de plata de Potosí, en el actual territorio de Bolivia, y Zacatecas, en México, comenzaron a producir cantidades colosales de metal que alimentaron la acuñación masiva de moneda.

A diferencia de muchas divisas de la época, cuyo valor podía variar considerablemente según el lugar de emisión, el real de a ocho mantenía una pureza y un peso relativamente constantes. Cada moneda contenía aproximadamente 27 gramos de plata de alta calidad, una característica que generó confianza entre comerciantes y gobiernos de todo el mundo.

La estabilidad era un bien escaso en una época marcada por las guerras, las crisis dinásticas y las frecuentes alteraciones monetarias. Por ello, el real de a ocho pronto adquirió una reputación de fiabilidad que trascendió las fronteras del Imperio español.

La moneda de la primera economía global

Durante los siglos XVI, XVII y XVIII, España articuló una extensa red comercial que conectaba Europa, América y Asia. El real de a ocho se convirtió en la pieza fundamental de ese sistema.

Desde los puertos americanos, cargamentos de plata cruzaban el Atlántico rumbo a Sevilla y Cádiz. Al mismo tiempo, a través del célebre Galeón de Manila, enormes cantidades de monedas españolas atravesaban el océano Pacífico para llegar a Filipinas y desde allí a los mercados de China.

Aquella ruta comercial constituyó uno de los primeros circuitos económicos verdaderamente globales de la historia. Mercancías europeas, productos americanos y bienes asiáticos circulaban continuamente gracias a una moneda aceptada por todos.

Los comerciantes chinos desempeñaron un papel esencial en este proceso. La economía del Imperio Ming, y posteriormente la del Imperio Qing, tenía una enorme demanda de plata para sostener su sistema fiscal y comercial. Debido a su calidad y abundancia, el real de a ocho español se convirtió en el medio de pago preferido por los mercaderes asiáticos.

Numerosos documentos históricos muestran que muchos comerciantes chinos rechazaban otras monedas extranjeras, mientras aceptaban sin reservas los pesos españoles. La confianza depositada en esta divisa era tan grande que algunas piezas eran marcadas con pequeños sellos conocidos como "chop marks", aplicados por comerciantes y banqueros orientales para certificar su autenticidad.

Así, una moneda acuñada en América bajo autoridad española podía terminar circulando en Cantón, Calcuta, Ámsterdam, Londres o Boston, algo sin precedentes para la época.

El éxito del real de a ocho fue tan notable que incluso territorios ajenos a la soberanía española lo adoptaron de forma habitual.

En las colonias británicas de Norteamérica, por ejemplo, la escasez de moneda inglesa favoreció el uso masivo de pesos españoles. Los comerciantes los empleaban diariamente para pagar mercancías, salarios y deudas.

La situación llegó a tal punto que el real de a ocho se convirtió en una referencia monetaria oficial dentro de las Trece Colonias. Su valor era conocido por toda la población y su circulación estaba plenamente integrada en la vida económica cotidiana.

También fue ampliamente utilizado en las Antillas, Brasil, las colonias francesas, diversos territorios africanos y numerosas regiones asiáticas. Ninguna otra moneda había alcanzado semejante extensión geográfica.

Muchos historiadores consideran que el real de a ocho fue la primera moneda verdaderamente global porque logró algo que hoy se asocia a las grandes divisas internacionales: ser aceptada universalmente más allá de las fronteras políticas de su país de origen.

El origen del símbolo del dólar

Una de las herencias más curiosas del real de a ocho se encuentra en el símbolo monetario más famoso del mundo: el signo del dólar ($).

Una teoría ampliamente aceptada sostiene que dicho símbolo procede de las columnas de Hércules representadas en las monedas españolas. Estas columnas aparecían acompañadas por una banda ondulante que las rodeaba, formando una imagen que con el tiempo evolucionó hasta transformarse gráficamente en el signo "$".

Las columnas de Hércules simbolizaban el estrecho de Gibraltar y llevaban inscrito el lema "Plus Ultra", expresión latina que significa "más allá". Este lema representaba la expansión ultramarina española y la apertura hacia nuevos horizontes comerciales.

Con el paso de los siglos, la iconografía de aquellas monedas quedó asociada a las transacciones económicas internacionales, contribuyendo al nacimiento de uno de los símbolos financieros más reconocibles del planeta.

La influencia del real de a ocho no se limitó al aspecto gráfico. También inspiró directamente la creación del dólar estadounidense.

Cuando Estados Unidos alcanzó su independencia tras la guerra contra Gran Bretaña, sus dirigentes debieron establecer un sistema monetario propio. En aquel momento, la moneda más conocida y utilizada por los ciudadanos seguía siendo el peso español.

Por ello, en 1785 el Congreso de los Estados Unidos adoptó oficialmente el dólar como unidad monetaria nacional, tomando como referencia el valor y las características del real de a ocho.

La elección no fue casual. Los estadounidenses estaban familiarizados con aquella moneda desde hacía generaciones y confiaban en ella como instrumento de intercambio.

De hecho, los pesos españoles continuaron circulando legalmente dentro de Estados Unidos durante décadas. No fue hasta 1857 cuando una ley federal eliminó definitivamente su estatus de moneda de curso legal.

Pocas divisas pueden presumir de haber servido de inspiración directa para la creación de la moneda que dominaría la economía mundial durante los siglos XX y XXI.

A comienzos del siglo XIX, el panorama político internacional comenzó a transformarse profundamente. Las guerras napoleónicas, la crisis de la monarquía española y los procesos de independencia en Hispanoamérica alteraron las estructuras económicas que habían sostenido al real de a ocho durante siglos.

La fragmentación de los antiguos territorios españoles dio lugar a nuevos estados que empezaron a emitir sus propias monedas nacionales. Paralelamente, el ascenso económico y financiero del Reino Unido impulsó la expansión internacional de la libra esterlina.

Con el tiempo, otras divisas ocuparon el espacio que durante siglos había pertenecido al peso español. Sin embargo, su influencia histórica permaneció viva en numerosos sistemas monetarios de todo el mundo.

El propio término "peso", utilizado actualmente en países como México, Argentina, Chile, Colombia, Cuba, Filipinas y República Dominicana, constituye una herencia directa de aquella moneda universal.

La historia del real de a ocho demuestra que la globalización económica no nació en el siglo XX ni con la revolución digital. Mucho antes de internet, de los mercados financieros electrónicos o de las transferencias instantáneas, ya existía una moneda capaz de conectar continentes enteros y facilitar intercambios comerciales a escala planetaria.

Durante más de trescientos años, el real de a ocho fue la principal herramienta financiera de una economía mundial emergente. Su estabilidad, prestigio y aceptación internacional lo convirtieron en la primera moneda global de la historia moderna.

Su legado continúa presente en el dólar estadounidense, en numerosos sistemas monetarios nacionales y en la propia idea de una moneda de referencia internacional.

Aquella pieza de plata acuñada en los territorios americanos del Imperio español no fue simplemente una moneda. Fue el lenguaje común del comercio mundial y uno de los pilares sobre los que se construyó la primera globalización económica de la historia.

 



viernes, 5 de junio de 2026

 

La Plaza de Toros de El Castañar: La Ancianita

 

En un enclave privilegiado de la sierra bejarana, rodeada de frondosos castaños y situada junto al santuario de la Virgen del Castañar, patrona de Béjar, se alza uno de los monumentos taurinos más singulares de España: la Plaza de Toros de El Castañar. Considerada una de las plazas de toros más antiguas del país, este coso constituye un excepcional testimonio de la evolución de la arquitectura taurina española y del arraigo de las celebraciones populares vinculadas al mundo del toro en Castilla y León.

La historia de esta plaza refleja más de tres siglos de transformaciones arquitectónicas, acontecimientos festivos y manifestaciones culturales que han contribuido a consolidar su prestigio dentro del patrimonio histórico español. Conocida popularmente como “La Ancianita”, la Plaza de Toros de El Castañar representa un símbolo de identidad para la ciudad de Béjar y un referente para el estudio de la tauromaquia tradicional.

1.- Los orígenes de la actividad taurina en El Castañar

Las primeras referencias documentales relacionadas con la celebración de festejos taurinos en El Castañar se remontan al año 1667. En aquella fecha se solicitó autorización al alcalde de Béjar, Juan de Carpio y Gijón, para la organización de corridas de toros en dicho paraje. Las celebraciones se desarrollaban en una plaza provisional construida en madera y protegida mediante cercados y enrejados, una práctica habitual en numerosas localidades españolas durante los siglos XVII y XVIII.

Estos primeros festejos se integraban dentro de las celebraciones religiosas y populares vinculadas al santuario de la Virgen del Castañar, convirtiéndose rápidamente en un acontecimiento de gran relevancia social para los habitantes de Béjar y su comarca. La creciente popularidad de estos eventos llevó a las autoridades locales y a la nobleza a plantear la construcción de una instalación permanente.

2.- La construcción de la primera plaza permanente

El impulso definitivo para la creación de un coso estable llegó en 1706 bajo el patrocinio del duque Juan Manuel II de Zúñiga y Sotomayor. Este noble decidió sustituir la antigua estructura de madera por una construcción más sólida y duradera realizada en piedra.

La nueva plaza presentaba inicialmente una planta cuadrangular, característica poco frecuente desde la perspectiva actual, aunque relativamente habitual en las primeras instalaciones taurinas permanentes. La inauguración práctica de este recinto tuvo lugar durante el verano de 1707, coincidiendo con las celebraciones organizadas por el nacimiento del príncipe Luis de Borbón, heredero de la Corona española, quien posteriormente reinaría brevemente con el nombre de Luis I.

Aquellos festejos constituyeron uno de los primeros grandes acontecimientos celebrados en la nueva plaza, consolidando la importancia del recinto dentro de la vida festiva y social de la ciudad.

3.- La inauguración oficial de 1711 y las reformas del siglo XVIII

Aunque la construcción estaba ya en uso desde 1707, la inauguración oficial de la plaza tuvo lugar en 1711. Durante los años posteriores se llevaron a cabo importantes modificaciones arquitectónicas que transformaron significativamente su aspecto original.

La más destacada consistió en la sustitución de la planta cuadrada por una estructura octogonal, una solución arquitectónica que permitía mejorar la visibilidad del espectáculo y acercaba progresivamente el recinto a las formas circulares que acabarían imponiéndose en las plazas de toros españolas.

En 1713 fueron inaugurados dos elementos fundamentales del conjunto: los denominados toriles de “La Virgen” y “La Pedriza”, espacios destinados a la salida y manejo de las reses. Estas mejoras evidencian el proceso de especialización funcional que experimentó el recinto a lo largo del siglo XVIII.

4.- Evolución arquitectónica y configuración actual

La Plaza de Toros de El Castañar constituye un magnífico ejemplo de arquitectura popular adaptada a las necesidades de los espectáculos taurinos. A lo largo de los siglos fue evolucionando desde sus formas primitivas hasta alcanzar la configuración actual.

Hoy en día se presenta como un polígono exento que alberga un ruedo circular de aproximadamente 41 metros de diámetro. La capacidad del recinto alcanza las 4.200 localidades, lo que la convierte en una instalación de tamaño considerable dentro de las plazas de tercera categoría.

A pesar de las numerosas reformas realizadas, todavía se conservan vestigios de su primitiva estructura rectangular, especialmente visibles en la zona oriental del graderío. Estos restos constituyen un importante testimonio material de las distintas fases constructivas que ha experimentado el edificio.

Entre los elementos arquitectónicos más destacados sobresale el inmueble de tres plantas construido durante la segunda mitad del siglo XIX. Este edificio alberga el palco presidencial, las taquillas, los servicios sanitarios, la enfermería y diversos palcos destinados a las autoridades e invitados.

5.- La plaza durante el siglo XIX

Durante el siglo XIX la plaza vivió una etapa de gran actividad taurina. Numerosos matadores de renombre participaron en los festejos celebrados en Béjar, contribuyendo al prestigio nacional del coso.

Especial relevancia tuvo la corrida celebrada en 1854, cuyo cartel estuvo integrado por destacadas figuras del toreo como Curro Cúchares, Lucas Blanco y Julián Casas, conocido artísticamente como “El Salamanquino”. Este acontecimiento constituye uno de los episodios más recordados de la historia taurina de la ciudad.

La presencia de estos toreros refleja la importancia que la plaza había alcanzado dentro del circuito taurino español, siendo considerada una referencia obligada para los aficionados de la región.

6.- Julián Casas “El Salamanquino”: figura emblemática de Béjar

Entre los numerosos toreros vinculados a la Plaza de El Castañar destaca especialmente Julián Casas, conocido como “El Salamanquino”. Nacido en Béjar el 16 de febrero de 1818, era hijo de un militar y de una familia acomodada vinculada a la industria textil local.

Inició su carrera taurina en 1838 en Salamanca, integrándose en la cuadrilla de José Santos. Su habilidad y carisma le permitieron alcanzar rápidamente una extraordinaria popularidad. Durante décadas fue una figura imprescindible en los festejos celebrados en Béjar, hasta el punto de que muchos matadores consideraban fundamental contar con él en sus cuadrillas para obtener el favor del público local.

Su despedida de los ruedos tuvo lugar durante las corridas reales organizadas con motivo de las bodas de la infanta Isabel de Borbón. Compartió cartel con figuras legendarias como Lagartijo, Frascuelo, Currito, Cayetano Sanz y Manuel Hermosilla.

Falleció en Salamanca el 14 de agosto de 1882, dejando tras de sí el recuerdo de un torero respetado y admirado por su profesionalidad y dignidad.

7.- Restauraciones y conservación patrimonial

La conservación de la plaza ha requerido diversas intervenciones a lo largo del siglo XX. Una de las más importantes tuvo lugar en 1962, cuando se acometieron obras destinadas a garantizar la estabilidad estructural del recinto y adaptar algunas de sus instalaciones.

Sin embargo, el paso del tiempo provocó un progresivo deterioro que llevó al cierre temporal de la plaza durante varios años. Tras un largo periodo de inactividad, se emprendió una profunda restauración destinada a recuperar el valor histórico y funcional del monumento.

Las obras respetaron cuidadosamente los materiales originales, especialmente la piedra tradicional utilizada en la construcción. Asimismo, se incorporaron nuevos elementos imprescindibles para la celebración de espectáculos taurinos modernos, entre ellos el callejón que rodea el ruedo.

8.- La reinauguración de 1996

El 9 de agosto de 1996 marcó un momento histórico para la ciudad de Béjar con la reinauguración oficial de la Plaza de Toros de El Castañar tras veintisiete años sin actividad taurina.

La corrida inaugural contó con la participación de destacados matadores del panorama nacional como Emilio Muñoz, José Miguel Arroyo “Joselito” y José Ignacio Sánchez, lidiando reses de la ganadería de Manuel San Román.

El acontecimiento congregó a miles de aficionados y simbolizó la recuperación definitiva de uno de los monumentos más representativos del patrimonio bejarano.

9.- El Museo Taurino de Béjar y celebraciones

Como complemento a la función cultural de la plaza, en 1998 se instaló en el edificio principal el Museo Taurino de Béjar. Este espacio reúne una importante colección de objetos relacionados con la historia de la tauromaquia local y nacional.

Entre las piezas expuestas destacan trajes de luces, carteles históricos, fotografías, documentos, utensilios taurinos y recuerdos de las principales figuras que han pasado por el coso de El Castañar.

El museo desempeña una importante labor de conservación, investigación y difusión del patrimonio taurino, contribuyendo a preservar la memoria histórica de la plaza.

La relevancia histórica y cultural de la Plaza de Toros de El Castañar fue reconocida oficialmente mediante su declaración como Bien de Interés Turístico Cultural el 7 de mayo de 1998.

Posteriormente, en 2011 se celebró el tricentenario de la inauguración oficial del coso. Con motivo de esta efeméride se organizaron numerosas actividades culturales, exposiciones, conferencias y festejos que pusieron en valor la importancia histórica de la plaza.

Las celebraciones permitieron proyectar la imagen de Béjar a nivel nacional y reforzar el reconocimiento de “La Ancianita” como uno de los monumentos taurinos más emblemáticos de España.

Entre los actos conmemorativos del tricentenario destacó la inauguración de una estatua dedicada a Julián Casas “El Salamanquino”, situada en la entrada principal de la plaza.

El monumento constituye un homenaje permanente a uno de los toreros más representativos de la historia local y simboliza el vínculo entre la ciudad, la plaza y las generaciones de aficionados que han contribuido a mantener viva esta tradición.

La Plaza de Toros de El Castañar constituye una de las construcciones taurinas más antiguas y valiosas de España. Su historia, iniciada en el siglo XVII, refleja la evolución de la tauromaquia, de la arquitectura popular y de las tradiciones festivas de Béjar.

Las sucesivas reformas, restauraciones y actuaciones de conservación han permitido preservar un monumento singular que combina valores históricos, artísticos, arquitectónicos y etnográficos. Gracias a ello, “La Ancianita” continúa siendo un referente patrimonial de primer orden y un símbolo inseparable de la identidad cultural de la ciudad de Béjar.

Más allá de su función como escenario de espectáculos taurinos, la plaza representa un legado histórico que permite comprender la evolución social y cultural de la España moderna y contemporánea, manteniéndose como uno de los testimonios más significativos de la tradición taurina española.