jueves, 9 de junio de 2022

 

 

El paraje arqueológico de El Cercal, Andarromero (Trujillo, Cáceres)

 

  

Al sur de Trujillo,  a 4.500 metros de su Plaza Mayor, flanqueado al levante a 3 km por la cañada real del puerto de Miravete y al poniente por el cordel de Montánchez, que cruza el río Magasca por el llamado puente del camino la Cumbre se encuentra el paraje de El Cercal, Andarromero (39º 25,24' 51'' latitud norte y a 5º 54,04' 32'' de longitud oeste y a 492 m de altitud).

 

El sur de este paraje está delimitado por este río Magasca, y el norte por el arroyo del cercal, en la ribera norte de este arroyo, nos encontramos con una interesante resbaladera, que cuenta con un pequeño abrigo decorado con cazoletas, y a escasos 20 m el Convento franciscano de los Arcabuces. Relacionamos la peña resbaladera con los ritos de fecundidad. Se trata de una peña que ofrece una superficie lisa e inclinada, entre los 25º y los 40º. En esa superficie se observa una acanaladura, que mide 30 cm de ancho, que es la huella del desgaste por roce producida al haberse resbalado miles de veces por esa superficie de la peña. Esta acanaladura es el elemento que caracteriza las “peñas resbaladeras”, pues permite identificar el rito practicado en ellas, para el que se aprovecha la altura y la inclinación de la pared, cuyo uso prolongado ha producido esa acanaladura. Este tipo de peñas está relacionado con un rito de fecundidad que antiguamente practicaban las mujeres para casarse o para tener hijos.

 

En un afloramiento granítico hemos encontrado una epigrafía de Toncatius, en el lado oriental del paraje y en el centro de la misma, junto a una pared de piedra que delimita un pequeño camino de norte a sur desde el río hasta unirse pasado el arroyo Cercal con un cordel secundario denominado de Solanilla, y que nace del de Montánchez una vez cruzado el puente de La Cumbre, finca que colinda al oeste con la que versa nuestro estudio[1]. En algunas paredes de la cerca, próxima al cancho que presenta en epígrafe romano hay embutidos ortostatos, presumiblemente de un dolmen destruido y que se encontraba en la zona. El antropónimo Tongatius o Toncatius es muy raro en la

epigrafía peninsular. Con sorda solo se conoce un testimonio más, procedente de la localidad de La Encina (Salamanca)4; y, con sonora, tenemos dos casos, localizados en las freguesías portuguesas de Idanha-a-Velha (Idanha-a-Nova, Castelo Branco)y Moncorvo (Bragança)[2]. Nosotros localizamos otro epígrafe con este antropónimo Tongatius depositado en la Fundación "Xavier de Salas" de Trujillo[3], nombre que se repite en la regio Turgaliensis. Por la fórmula funeraria completa se fecharía en el siglo I o en el II d. C.

 

En la misma cerca encontramos numerosos restos de habitabilidad, como tégulas y otras piezas; así como en el afloramiento cuarcítico junto a la inscripción, unas rocas que presentan numerosas cazoletas. Además de estos restos y de la resbaladera, un  convento franciscano en la cercana finca de los Arcabuces y también restos de columnas y un ara empotrada en una de las construcciones de la finca norteña a esta de El Cercal.

 

Este territorio perteneció a la provincia de Roma conocida como Lusitania, desde que finalizaron las guerras lusitanas, cuya capital era Emérita Augusta (Mérida), que se fundó en el año 25 a.C, sobre el río AnasDesde aquí partían calzadas importantes, por ejemplo la que iba hacia Toletum (Toledo) pasando por Turgalium. Según manifestaciones del padre Fidel Fita y estando de acuerdo con él, es probable que los antiguos habitantes de Turgalium pactasen con los romanos, no llegando de esta forma a luchar contra ellos. Los romanos respetarían la primitiva población indígena, romanizándola después, y gozando de esta forma de los favores del pueblo invasor, por tanto si esto sucedió así Turgalium sería una de las ciudades federadas de la Hispania.

 

Trujillo y su territorio es el antiguo Turgalium romano, nombre de raíz celta. Es la denominación latina del topónimo correspondiente al primitivo castro indígena. Los diferentes testimonios epigráficos y funerarios son prueba fehaciente que la Turgalium prerromana se convirtió, durante la ocupación romana, en una prefectura de cierta importancia,  al igual que lo fue Montánchez como cabeza de la prefectura Mullicense que junto a la de Mérida formaban los tres grupos del municipio romano. Augusto integra Turgalium en la nueva capital de Lusitania como prefectura.

 

En los escritos del agrimensor Higinio[4], se cita a la regio turgaliensis, juntamente con la regio Mullicensis, como prefecturas de Emérita. El territorio de Turgalium estuvo muy densamente poblado, sobre todo en la porción meridional, donde se han reconocido un total de veintidós asentamientos, con restos constructivos y epigráficos que parecen  confirmar la existencia de villas, agrupadas en la zona de mejor calidad de tierras. La ocupación  del terreno parece realizarse en fechas tardía, no anterior al siglo III de Era, y el patrón de asentamiento romano está basado, en toda la lógica, a partir de las tierras de mejores recursos agrícolas y comunicaciones fáciles, dado que el campo era la base vital y económica, los romanos introdujeron métodos muy perfeccionados de cultivo. La prosperidad que trajo la romanización se tradujo en ricas villas, como la asentada en Casillas, una importante explotación agrícola y ganadera que se autoabastecía. La presencia romana queda atestiguada por numerosos epígrafes localizados en el término municipal de Trujillo. A partir del año 69, Vespasiano dio un gran paso en el proceso de romanización al conceder el derecho de ciudadanía latina a todos los habitantes de la Península Ibérica, facilitando de este modo el que los hispanos pudieran acceder a un cargo público. En el siglo III d. C. los germánicos saquearon la provincia a su paso, algunas ciudades fueron fortificadas con murallas. La fortaleza turgaliense como podemos observar por su cimentación ciclópea ya existía en épocas prerromanas, con la Pax de Augusto se restaura el viejo oppidum. En el siglo IV el Anónimo de Ravena[5] cita a Trujillo como Turcalion; en el Itinerario de Antonino de Mérida a Zaragoza por Toledo: Mérida, Lacipea, Rodacis, Turcalion, Lomundo, Augustobriga, Lebuna y Toletum. Esta vía no pasaba por Jaraicejo al puerto de Miravete (camino creado por los árabes para unir Trujillo con Albalat en el Tajo).

 

En el siglo V, los romanos abandonaron las ciudades y villas, con la invasión de los alanos y suevos.

 

El paraje objeto de nuestro estudio ha sido habitado desde el Calcolítico hasta la construcción del convento de los Arcabuces en los primeros años del siglo XVI, donde los frailes del Capucho eligieron este territorio para construir y asentarse en un convento construido cerca de un cordel. Entre los frailes extremeños más importantes que llevaron a cabo la Reforma, el mas representativo de todos es sin duda fray Juan de Guadalupe (nació en Guadalupe en 1450), que profesó en el Real Monasterio de Guadalupe como religioso jerónimo y a los pocos años pasó a la Orden Franciscana, donde se distinguió como reformador, lo que le llevó a Roma para proponer al Papa una profunda transformación de su orden[6]. El no quería estar sujeto al Provincial de Castilla. Tal dependencia,  a su modo de ver, los llevaba fatalmente de la mano al más absoluto anquilosamiento. Mientras permanezca sometidos a un Provincial, todo les será supervisado y fácilmente con criterios opuestos, cualquier Superior  poco amigo de novedades puede impedirles  aquellos rigores y estrecheces  y, los Conventos de Castilla a los frailes reformistas, mezclándolos con los otros y deshaciendo de un golpe la naciente obra.

 

Desde el convento de Ntra. Sra. de los Ángeles en Robledillo de Gata emprendió camino a Roma. El 25 de Septiembre de 1496, se presentó ante el Santo Padre. Mediante  la Bula Sacrosanctae Militantis Ecclesiae[7], por la que Alejandro VI accedía a casi todas sus peticiones, podía  edificar una casa en absoluta pobreza, vivir en ella con seis compañeros, y admitir novicios con tal que prometieran observar la Regla de San Francisco en su mayor rigor y aspereza, pudiendo usar hábito vil y despreciable, con capucho acuminado, tal  como lo llevo el Serafín de la Verna. Y sobre todo –esto era lo más importantes – quedaban exentos de los Prelados de la Orden, tanto Conventuales como Observantes, sujetos tan solo al Ministro General de Roma.

 

El 27 de Febrero de 1497 consiguen los Prelados de la Orden un decreto del Pontífice[8], prohibiendo bajo pena de excomunión a los frailes de la Observancia al paso al movimiento secesionista del religioso extremeño. Equivalía esto a cegar de un golpe el manantial de donde iba a brotar la corriente mas abundante de frailes  con que nutrir la reforma. Pero, no se paró fray Juan de Guadalupe y conseguido el permiso pontificio se trasladó al reino de Granada, donde fundaría varios eremitorios regulados por una regla estricta que le enfrentaría con los frailes observantes de su propia orden. En 1497, el Arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, también franciscano, viendo en peligro la unidad interna de la orden, prohibió a fray Juan de Guadalupe fundar más conventos, por lo que éste se marcharía a Guadalupe para seguir su obra reformadora con nuevas fundaciones franciscanas.

 

Pero, no se paró ahí, tras muchos esfuerzos y tentativas, logra por su mediación la Bula Super familiam domus ([9]), fechada en Roma  a 25 de Julio de 1499, en virtud de la cual queda facultado para recibir, no ya seis, sino cuantos religiosos  precise -tanto de la Conventualidad como  de la Observancia – los cuales deben pedir  licencia  a sus Superiores  en señal  de respeto, pero podrán  pasarse a los Guadalupenses  aunque les negaran dicho permiso (petita licentia, licet  non obtenta ). Se le concede , además, el título de Custodio  a Fray Juan de Guadalupe, confirmándolo en la sola sujeción al Ministro General, y quedando la reforma  perpetuamente garantizada por el derecho que se otorga a sus frailes  de elegir sucesor, con idénticos privilegios, al fallecimiento de aquel. Aquel  era, sin duda, el más importante documento dado por el Papa en muchos años a  la Orden Franciscana. En la Bula no se menciona  ningún lugar determinado al que deba adscribirse la fundación, sino que deja  libertad para escoger sitio y ocasión  propicios.

 

Fray Juan de Guadalupe deseoso de abrir conventos en Extremadura, se pone en contacto con el prelado diocesano en Plasencia, este le informa que otro franciscano natural de Valencia de Alcántara –llamado fray Pedro de Melgar y Bobadilla- quiere fundar un convento en Trujillo, y fray Juan de Guadalupe se pone en contacto con él[10]. Fray Pedro de Melgar estuvo primero algún tiempo en la Provincia  franciscana de Santiago, pero añorando su  patria chica, marcho a  Plasencia  donde  contaba  con buenos amigos  que le ayudaría  a realizar  su intento. En efecto,  Don  Gómez  Fernández  de Solís,  Don   Juan  de Chaves  y Don Álvaro de Hinojosa, sus  valedores , se dirigen   en Febrero  de 1498 al Romano  Pontífice  suplicando  facultad  para edificar  un convento  franciscano  en las proximidades de Trujillo, que se deseaba   poner en manos  de religiosos  dispuestos a vivir  la Regla  de San Francisco  con toda  su pureza , sin usar  de privilegios  y mitigaciones[11].

 

Conseguida  la licencia de Roma  pusieron  mano a la obra  y en poco menos de un año quedaba  rematada la edificación. Pero, surge  un  problema  espinoso y molesto. El Concejo  trujillano  estaba  resentido  con los nobles placentinos  por no haberle  dado cuenta  de nada, además los frailes  de la Provincia  de Santiago  trataran  de impedir  que  Fray  Pedro  de Melgar  y se  pusiera al habla con  las autoridades  de Trujillo, el caso  es que  éstas acuden  al Romano  Pontífice  con una  súplica: pretenden  que el Santo  Padre  autorice  la creación  de un Convento  de franciscanos  Observantes  en la villa, y faculte  al Obispo  de Plasencia  para que,  mientras  se construye , proporcione  a dichos  frailes  alguna  casa con  iglesia , cementerio, claustro, dormitorios, refectorio y huerta, que  pueda haber  deshabitada  en el recinto o en sus contornos . La  jugada  era magnifica: el nuevo  Convento estaba  ciertamente  sin habitar  como recién  terminado, pero  no se hace ninguna mención  de él; conseguido el permiso, el Concejo, Gobernador  y el pueblo en pleno  pedirían  que fuesen  Observantes los frailes  que llegaran , y  de este modo  la tentativa  de los nobles placentinos  y de Fray  Pedro  quedaría sin efecto.

 

La Provincia, sin embargo, los  protege, pendiente  el asunto de Roma, es cuando llega  Fray Juan de Guadalupe a Trujillo y se instala con  la reducida comunidad en dicho Convento el día 24 de Marzo  de 1500, festividad de la Anunciación y le dieron por titulo el de Nuestra  Señora  de la Luz[12]. Los primeros religiosos que acuden son Fray Juan Pascal, el celebre  predicador  Fray Ángel de Valladolid , Fray  Sebastián  de Paris , Fray Miguel  de Córdoba  y Fray  Francisco  de Fregenal, de los primeros  como columnas  fundamentales  de la Descalcez. Fray Juan  Pascual será  el hábil  diplomático, valedor de San  Pedro de Alcántara. De momento no creen  oportuno  redactar  unas Constituciones  minuciosas. En todos  alientan  una misma  idea  y es su  espíritu el que  conviene  vivir , condicionado a experiencias  subsiguientes  la redacción  definitiva  de  Estatutos . Eso  si ,  por unaminidad  se comprometen  a guardar  la regla  franciscana  en su mas  estricta  interpretación . Vestirán , como autentico  pobres , un simple  saco  con remiendos  por todo  habito , Irán  totalmente  descalzos , y  resucitaran  el capucho  angulado  que llevo San Francisco  y que abandono  la Orden  en tiempos  ya de  San  Buenaventura[13]. Y así nacieron en la Alta  Extremadura  estos frailes del Capucho  a quienes  podemos admirar  como propulsores  de las cuatro  grandes  reformas  en que se  asienta  el Renacimiento  franciscano  del siglo XVI.

 

El 24 de Marzo  de 1500 quedó  instalada la Comunidad  en el Convento  de Nuestra  Señora  de la  Luz  junto a  Trujillo, autoridades  y pueblo  habían  acudido  al Romano  Pontífice  con una  petición  engañosa  para atentar  contra ellos,  movidos  sin duda  por la fuerte presión  de la Provincia  de Observantes  de Santiago. La Bula  “Piis fidelium votis”[14], fechada  en Roma  a 31 de Octubre  del mismo año, accedía  generosamente  a las peticiones  cursadas  y , aunque  el Papa  estaba bien  ajeno  de que  con ella  pudiera  perjudicar  a la naciente  reforma , lo cierto es  que los Observantes  de Santiago  tomaran  pie  de la misma  para  gestionar  la expulsión  de los frailes  del Capucho  y adueñarse del Convento.

 

Se inicia un duro enfrentamiento  entre ambas partes, Fray Juan de Guadalupe  y los suyos  disponen  resistir en el  Convento  trujillano  cuanto sea posible , pero  es  preciso  ver la manera  de erigir  otros Conventos  para  el caso  de que fuesen  arrojados  de la casa madre[15], tales como los conventos de Villanueva  del Fresno, al que llamó  Convento  del Santo  Evangelio , otro  en Salvaleon; el de  Nuestra Señora de la Luz  de Moncarche  junto  a Alconchel , y el de Arroyo de Mérida  con titulo  de la Madre de Dios . El propio fray Francisco Jiménez de Cisneros, confesor entonces de la reina católica, y la misma Isabel de Castilla vieron con desconfianza la división entre los franciscanos provocada por el frailes extremeño, escribiendo al Cardenal de Santa Cruz, el también extremeño natural de Plasencia Bernardino de Carvajal, para que instara al Papa que revocara los permisos de fundación y reforma de la Orden de Fray Juan, que llegó a ser procesado por Cisneros en el año 1505 por su contumacia. En septiembre de dicho año moría en Roma cuando esperaba obtener de nuevo el beneplácito papal[16].

 

La descalcez franciscana se inició en Extremadura en 1500. Pretendía –tal y como hemos estudiado- el retorno al espíritu y la letra de la Regla de la Orden tal como la escribió el Seráfico padre San Francisco y mandó observarla en su Testamento, sin dispensas pontificias. La orden franciscana, desde su aparición en Extremadura hasta el siglo XVI, dependía de la Provincia de Santiago de Compostela. Sólo a finales del siglo XV se empiezan a levantar algunos conventos de la Custodia de los Ángeles, fundada en 1489 y elevada a provincia en 1517, en tierras extremeñas que dan su obediencia al provincial de Castilla y después al ministro de la Provincia de los Ángeles.

 

Los franciscanos proyectaran las dos tendencias de concebir la espiritualidad que marcarían en la Orden: la conventualidad y la observancia, que en 1517, por disposición del papa León X, solicitada por la Orden, quedaron admitidas como dos órdenes distintas: de los frailes menores conventuales y Orden de los frailes menores de la observancia de San Francisco. Dentro de la Observancia surge la reforma más importante de la orden: la descalcez franciscana promovida por fray Juan de Guadalupe en 1500 y que será continuada por San Pedro de Alcántara en 1557. Surgiendo eremitorios en los descampados (viene de eremus, desierto). Extremadura será el centro de la descalcez, siendo sus principales conventos el de Ntra. Sra. de la Luz en Trujillo, Ntra. Sra. de la Luz en Moncarche –Alconchel- y Montesión en Salvaleón. Considero que el convento que vamos a describir situado en la finca de los  Arcaduces de Trujillo es un convento franciscano descalzo por sus características arquitectónicas, elementos constructivos, ubicación, período de construcción y porque su estructura cumple con las disposiciones de las ordenanzas provinciales para los descalzos[17]. Además, un dato importante, en los mojanos cercanos se conservan restos de molduras con el típico cordón franciscano.

 

Los frailes edifican el conventito en la misma tierra de Trujillo a escasos kilómetros del de Ntra. Sra. de la Luz, en la finca pública de los Arcabuces, próximo a un riachuelo y en la encrucijada de dos cañadas. He estudiado las investigaciones llevadas a cabo por Juan Bautista Moles, fraile que nació en Nápoles en 1542 y vino a España en 1557, llegó a Coria con la familia del Duque de Alba, que fue su gran valedor. En los conventos de San Miguel de Plasencia, Coria y Belvis, tuvo acceso a la documentación franciscana de los siglos XV y XVI, dejándonos su Memorial de la Provincia de San Gabriel que editó en 1592[18].

 

En Trujillo se había fundado el convento de descalzos en 1500 aprovechando una ermita existente como capilla conventual bajo la advocación de Nuestra Señora de la Luz (en la iglesia de San Francisco se conserva la talla románica de la Virgen con el Niño), cuando la provincia de San Gabriel era solo la custodia del Santo Evangelio. Pero este convento fue destruido por los padres de la familia de la Observancia durante las luchas contra los Descalzos y no se había intentado reedificar después ([19]). Los descalzos sí intentarían hacer una nueva fundación dentro del casco urbano. Para conseguir más fácilmente la autorización se intentaba disfrazar la fundación de simple traslado del convento cercano de San Juan Bautista de la Viciosa a Trujillo, pero tropezó con la negativa del Ayuntamiento, según las Actas Capitulares ([20]), hecho que no se consiguió hasta 1603. Cuando doce principales de la ciudad de Trujillo se dirigieron al padre General provincial reunidos en Capítulo Provincial de Las Brozas, ofreciéndoles su apoyo y con beneplácito del obispo de Plasencia D. Pedro González de Acevedo, que les cedió la ermita de Santa María Magdalena, extramuros, pero junto a al ciudad para la fundación del convento. El día 26 de enero de 1603 tomaban los frailes posesión de la dicha ermita de manos del obispo y en nombre de la Provincia Fr. Andrés de Plasencia, antiguo Provincial y actual Definidor, los moradores de esta casa fueron los frailes del convento de la Viciosa que vinieron, clausurándose entonces el otro convento([21]). Pero, qué lugar ocupa el convento de nuestro estudio situado en la finca de los Arcabuces. Si en 1506 abandonan el convento de la Luz. En el capítulo 2, pp. 16 vº nos refiere lo siguiente tras la visita que realizó fray Pedro de Melgar a Roma ante el Papa para solicitarle licencia para construir conventos: “El Papa concibió en su ánimo deseo de favorecerlos, teniendolos como verdaderos hijos del glorioso padre nuestro san Francisco, de quiera era devotisimo, y asi mismo de toda la orden, les dio nuevas letras y Breve para que de nuevo edificasen casas y fuese custodia como de antes, haciendo della prelado al religioso varon fray Pedro de Melgar, autorizando todo lo que el ministro general avia hecho y confirmando en custodio al sobredicho. El qual contentisimo se volvio con sus compañeros a España y llegados a sus casas (conventos) hallaron que los padres observantes les avian derribado las casas de junto a Truxillo, Villanueva y Salvaleon. Por lo qual se recogieron en nuestra Señora de la Luz, y la de Trujillo no osaron reedificarla por aver en la dicha ciudad convento de la orden (se refiere al de la Luz)”.

 

Este dato es crucial, dado que el convento de la Luz se funda en 1500 y se destruye en 1506, que el convento de la Magdalena no se funda hasta 1603 –tal y como hemos estudiado-. ¿Dónde habían vivido fray Juan de Guadalupe y fray Pedro de Melgar con los otros frailes descalzos en los años finales del siglo XV.

 

El único convento franciscano descalzo que existía masculino en Trujillo podría haber sido el de la finca de los Arcabuces, y sería el que encontró fray Pedro de Melgar destruido por los Observantes cuando llegó a Trujillo y tuvo que refugiarse en el de la Luz, que había sido fundado en 1500-, tal y como nos refiere Juan Bautista Moles. Hemos de tener en cuenta que son los frailes Observantes y no los Descalzos los que vivían en el Hospital de la Caridad y se trasladaron al convento de San Francisco en Trujillo en el solar de la mezquita extramuros, según la Crónica de la Provincia de San Miguel de la Orden Franciscana escrita por fray José de Santa Cruz en 1671 y según las provisiones reales en los primeros años del siglo XVI y Facultad de Fernando el Católico para que el Concejo de Trujillo pueda dar al guardián del convento de San Francisco 50.000 marvedíes para comprar el solar de la Iglesia y Huerta de dicho convento. En Segovia a 21 de agosto de 1505[22].

 

El convento está situado en la vertiente de un pequeño cerro que rebaja en su descenso hacia un riachuelo, lugar agreste. El convento no tiene grandes dimensiones, está construido con gruesas paredes de mampostería, utilizando escasamente la piedra sillar en los dinteles y jambas de las puertas de acceso al mismo y a la huerta, las columnas del claustro y las escasas ventanas y rosetón que aún se conservan.

 

Se accedía por una puerta en el lado Sur que aún conserva el hueco de la tranca, se encontraba en el interior la portería, seguidamente en el lado Oeste estaban las celdas que aún conservan las ventanas pequeñas, estrechas hacia el exterior –son en forma de aspillera, sin rejas ni puertas y su estrechamiento servía para evitar que penetraran las distintas alimañas del campo- , y al otro lado, el de profundis y el refectorio. De frente al pasillo de la entrada principal (porque existió otra entrada Norte) estaba el claustro formando un cuadrado que tenía –a disposición de las basas que aún se conservan como testigos- tres columnas por cada lado, los arcos debían ser de medio punto. Próxima al claustro en dirección Oeste estaba la sacristía pequeña y la capilla, conservando aún un sencillo rosetón, de magnífica factura. En dirección Este al claustro estaba la cocina –existe un pozo cegado- y otras dependencias. En el huerto existen dos piezas de granito que pudieran haber sido fregaderos primitivos con su desagüe. Frente al convento se encontraba el huerto del convento, que aún conserva su magnífica entrada. Todo con la máxima sencillez y materiales pobres para que “en nuestros edificios resplandezca toda pobreza, aspereza y vileza[23]. En estos conventos franciscanos el arte grandioso brilla por su ausencia, la grandiosidad hay que buscarla en la sencillez. La legislación de Villacreces y de los Descalzos era clara a ese respecto “ninguna pared de las casas, aunque sean fuertes, sean de cantería labradas, y toda madera de la casa sea tosca y no labrada a cepillo”[24]. Otras de las ordenanzas hacían referencia a las medidas que debían tener las dependencias, que en este convento trujillano se cumplen totalmente, recogemos de fray Martín de San José las siguientes ordenanzas para los descalzos del siglo XVI: “Ordenamos que las casas que de aquí en adelante se tomasen, sean pobres y pequeñas, queremos que las iglesias sean pequeñas, que no tengan de ancho más de ocho pies y de largo tres tantos, y no se tenga respecto a los que puedan venir a ellas para que por eso se hagan mayores, salvo si sus moradores tuviesen cerca nuestras casas y no tuvieran iglesia… El cuarto a donde ha de estar el refectorio y los demás de la casa, tenga ocho pies a lo menos de ancho y nueve a lo más. Y en ellos se reparta la sacristía, portería y una enfermería…Los tránsitos de toda la casa, bajos y altos de las celdas, tengan tres pies y medio de ancho. ..En los altos de estos cuartos se hagan celdas y sean de siete palmos de vara y las camas de siete pies…, los atajos y tabiques sean de ladrillo o adobes (aún se conservan entre las piezas de mampostería múltiples ladrillos). Tengan todas las piezas alacenas con puertas (en los muros existen los vanos de las alacenas, concretamente en la dependencia que hemos considerado como cocina y en las celdas).. Ninguna casa tenga más de ocho celdas y las puertas tengan dos pies de hueco y seis de alto y los cuartos desde el suelo hasta el maderamen pies y medio, y siete a lo más. La iglesia tenga de alto lo mismo que la casa, porque sea toda cuadrada y de un alto[25].

 

 



[1] Agradecimiento a don Francisco Pérez Solís y a don Manuel Martín Avís.

[2] Almeida, Justino Mendes de e Ferreira, Fernando Bandeira, «Varia epigraphica», Revista de Guimarães 76, 1966, 339-358, nº 17.

[3] Véase nuestro trabajo en Esteban Ortega, Julio  y Ramos  Rubio, José Antonio: "Un Tongativs en Trujillo (Cáceres)". Ficheiro Epigráfico, suplemento de Conimbriga, 163, inscripción 637, Coimbra, 2018.

[4] Véase la obra de Salvador Oyonate (ed), Higinio el Agrimensor. El establecimiento de los límites, ed. Aceab, 2015, 38. El establecimiento de ciertas regiones de Mérida puede derivar de la división provincial realizada por Augusto entre el 16 y el 13 antes de nuestra era. La frontera entre las nuevas provincias de laBaetica  y laLusitania estaban fijadas por el ríoAnas el Guadiana (Plinio.Natural Historia., 3, 1, 6; 4, 22, 11), lo que hubiera podido significar perder paraEmeritaAugusta  la parte meridional de su territorio; situación que hubiera podido ser resuelta por laconcesión de prefecturas en este sector. Otras prefecturas han podidoexistir desde el primer periodo de organización del territorio emeritense, como la prefecturaTurgaliensis (Trujillo), donde se asentaron veteranos con la primeradeductiorealizada por P. Carisius, paralelamente a la fundación de la colonia, alrededor del 25 a. C.

[5] Conocido también popularmente como Ravennate, es un texto compilado por un cosmógrafo cristiano,  manejando documentación de siglos anteriores. Añade al Itinerario de Antonino nuevos nombres de ciudades o "mansiones" (lugares con posada) nacidas posteriormente y seguramente tuvo la misma fuente de inspiración que la Tabula Peutingeriana, aunque a veces el Anónimo de Rávena incluye datos más completos que la Tabula. Vid. Sagredo San Eustaquio, 2006.

 

[6] Hipólito Amez Prieto: Los Descalzos de San Francisco en Extremadura desde fray Juan de Guadalupe a San Pedro de Alcántara, en “San Pedro de Alcántara, hombre universal”. Congreso de Guadalupe, 1997, pp. 113-222.

[7] Bullarium Fratrum Ordinis Minorum Sancti Francisci strictioris Observantiae Discalceatorum (Madrid, 1744), tomo I, part. I, pág. 13-15.

[8] Op. Cit., p. 15-18.

[9] Ibídem, tomo I, part. I, págs. 20-25.

[10] Fr. Juan Baptista Moles: Memorial de la Provincia de San Gabriel (Madrid, 1592), cap. X, fol. 42 v.

[11] Waddingo: Annales Minorum. Tomo XV, año 1498, pá. 167.

[12] Fundado en 1500 y destruido en 1503. Ramos Rubio, José A: "Aportaciones documentales del convento de Ntra. Sra. de la Luz de Trujillo". XXI Coloquios Históricos de Extremadura, Trujillo entre los días 22 al 27 de septiembre de 1992.

   Ramos Rubio, José A: "Ntra. Sra. de la Luz en Trujillo. Orígenes y proyección del franciscanismo en Extremadura". Revista Guadalupe, 1991, núm. 709, pp. 24-27.

[13] Zacharias Boverio: Annales Fratrum Minorum Capuccinorum (Lugduni, 1632), tomo I, p. 34. Waddingo, op. Cit, tomo I, pág. 47 y tomo VII, pág. 95.

[14] Bullarium Discalceatorum, op. Cit., tomo I, part. I, pp. 26 ss.

[15] Fray Juan de Santa María en su Chronica de la Provincia de San Joseph (Madrid, 1615) y a Fray Juan de San Bernardo: Chronica de la vida admirable del s. Padre Pedro de Alcántara (Nápoles, 1667).

[16] Gonzaga: Crónica General Latina. Part. I. pág. 62. y Waddingo, op. cit., tomo V, pág. 257.

[17] Véase Francisco de Madrid: Bullarium Fratrum Minorum Sancti Francisci strictioris Observantiae Discalceatorum. Madrid, 1744, t. I, p. 7. Juan de Trinidad: Crónica de la provincia de San Gabriel de frailes descalzos de la apostólica orden de los menores y Regular Observancia, de nuestro Seráfico padre San Francisco. Sevilla, 1652, cap. XLIX, lib. 2, p. 450. Angel Uribe: “Espiritualidad de la descalcez franciscana”, en Archivo Iberoamericano, 85-86, 1962, p. 148. Martín de San José: Primera parte de la historia de los padres descalzos franciscanos, Arévalo, 1644, libr. I, cap. 6, pp. 36-39.

[18] Juan Bautista Moles: Memorial de la Provincia de San Gabriel, 1592. Reproducción facsimilar por Publicaciones de Archivo Ibero-Americano, colección Crónicas Franciscanas de España. Madrid, editorial Cisneros, 1984.

[19] Trinidad, en su Crónica de la Provincia de San Gabriel, op. cit., I. c. 735.

[20] Barrado Manzano, A: "Algunas Actas Capitulares", A.I.A., 79 (1960), pp. 350-354.

[21] J. Trinidad, op. cit.,tomo I, c. 737.

[22] Archivo Municipal de Trujillo. 1-2-70-1.

[23] Uribe, Ángel: Espiritualidad de la descalcez.., op. cit., p. 148.

[24] Uribe, op. cit., p. 148. Juan de Santa María: Crónica de la provincia de San José. I parte, libr. I, cap. VIII, fol. 45.

[25] Martín de San José: Primera parte de la Historia de los padres descalzos franciscanos. Arévalo, 1644, libro I, cap. 6, pp. 36-39.

martes, 7 de junio de 2022

 

Por mi declarada afición al mundo taurino, voy a relatarles uno de los festejos más enraizados entre los trujillanos, ya que las páginas de este periódico otros autores se encargarán de poner de manifiesto el valor histórico de otros festejos, como la fiesta de San Andrés, desde el Medievo; las fiestas en honor a la Virgen de la Asunción y, después entroncando con la Patrona la Virgen de la Victoria.


Los primeros festejos taurinos de los que se tienen noticia celebrados en la localidad son los juegos de cañas y toros, una mezcla de ejercicios militares y toreo a caballo, que se celebraban en la Baja Edad Media extramuros de la villa. En la literatura de la época está presente la fiesta taurina en multitud de textos. En la Cantiga número 144 de Alfonso X el Sabio se recogen los festejos taurinos como uno de los más populares que tenían lugar en las ciudades. La afición festiva más arraigada en las localidades de la diócesis de Plasencia es la taurina. Incluso, a veces, se recurría a corridas de toros para conseguir los fondos necesarios para reparar iglesias y ermitas.A lo largo de los siglos se celebraron en Trujillo capeas y corridas de toros, cuando los conquistadores se marcharon a América entre los siglos XVI y XVII llevaron esta tradición a Perú y México. De hecho, la primera corrida de toros que presenciaron los limeños en abril de 1538, para celebrar la batalla de las Salinas, fue organizada por Pizarro.

El primer dato documental del que existe constancia de la celebración de juegos de toros en Trujillo corresponde la crónica del rey Enrique II. En abril de 1430, con motivo del nombramiento de Trujillo como ciudad, por el rey Juan II, se lidiaron toros en el espacio placero. Las fiestas más extraordinarias fueron las celebradas en 1519 con motivo de la elección de Carlos I de España como Emperador de Alemania. En la segunda mitad del XVI se formuló una prohibición papal de Pío V de las fiestas taurinas, lo que provocó su declive, aunque no en Trujillo, que continuó con la afición a los toros. Clemente VIII, en 1516, levantó todas las prohibiciones sobre los festejos taurinos. El 21 de noviembre de 1575 firmó el famoso voto para “correr toros” en las fiestas del Corpus y el día de Nuestra Señora de Agosto, en la fiesta de la Natividad y en las fiestas de san Andrés.

El 13 de marzo de 1583, el rey Felipe II estaba en Trujillo, lidiándose seis toros en su honor. Trujillo siempre ha tenido una gran afición a los toros. En el primer tercio del siglo XX, los toreros destacados en la ciudad fueron: Juanito Díaz Trespalacios, Julio Sagasta “Sagastilla” y Jacinto Ramos “El Curro”. En 1912 se restaura la capilla de la Virgen de la Victoria en el castillo y con tal motivo tuvo lugar un festejo taurino. A partir de 1916 tuvo especial protagonismo en la organización de las becerradas la Sociedad La Protectora para ayudar a la clase obrera. Fue muy popular la celebrada el 25 de julio de 1919, en la que se dieron cita los cojos de la ciudad. A lo largo de los años se celebraron becerradas en las fiestas de san Cristóbal o el día de Santiago para los soldados. En 1926 se celebraron capeas durante cuatro días. En 1930, con motivo de las fiestas patronales, se celebraron capeas en la plaza mayor, en las que comenzó a destacar un torero trujillano: el célebre Oliva. El 25 de julio de 1931 se organizó un importante festival para remediar la crisis obrera en la ciudad. Entre 1932 y 1934, el gremio de los artesanos organizó el mayor número de becerradas. En 1944 se celebraron las primeras capeas tras la Guerra Civil.

A lo largo de los años no han faltado las tradicionales capeas como divertimento durante las fiestas patronales en honor a la Virgen de la Victoria y la Virgen de la Piedad. En 1958 hubo capeas extraordinarias con motivo de las fiestas de la Hispanidad. Asimismo, hay que destacar los celebrados en junio de 1965 con motivo del VII Festival Folclórico Hispanoamericano y las capeas extraordinarias celebradas en 1968 con motivo de los 25 años de la estancia en Trujillo de los hermanos de La Salle del colegio Santiago y santa Margarita. El 11 de agosto de 1995 se fundaba el Club Taurino de la localidad, que en 1997 dio una cena a Joselito y el 22 de diciembre de 1999 entregó a José Tomás el trofeo al diestro triunfador de la temporada.

Dada la enorme afición que tenían los trujillanos a la fiesta taurina, era lógico que la ciudad tuviera una plaza de toros fija. Existen documentos que acreditan que hubo una plaza de toros en la antigüedad, junto a la ermita de Nuestra Señora de la Piedad, en el área que hoy ocupa la actual plaza de toros. El 19 de marzo de 1809 los franceses entraron en Trujillo y destrozaron la ermita y la cercana plaza de toros. En 1846 se formó una sociedad para reedificar la actual plaza de toros. De la construcción de la nueva plaza se hizo cargo el arquitecto Calixto de la Muela. Las obras costaron 236.000 reales, aunque su precio final fue de un millón. La plaza de toros de Trujillo fue inaugurada el 8 de junio de 1848, con toros del conde de Trespalacios, para el torero Antonio Sánchez “el Tato”. La última que menciona el libro es la celebrada el 5 de junio de 2021, con cuatro novillos de “La Buitrera” para José Rojo, de Trujillo, y Miguel Zarzo.

 

José Antonio Redondo Rodríguez

Alcalde de Trujillo

 

TRUJILLO EN FIESTAS

 

 

 

Son muchas de las fiestas que a lo largo de la historia se han celebrado en Trujillo.

Algunas hoy perviven y han adquirido mayor dinamismo.La fiesta que verdaderamente ha alcanzado su mayor esplendor es la Semana Santa. Numerosas cofradías de hermanos, encargadas de imágenes distintas no escatiman en derroche de flores, luches en la orna de los pasos , riqueza en las túnicas, etc; para sacar los “pasos” a la calle. Estas imágenes son verdaderamente obras de arte, entre las que podemos destacar La Piedad, del taller de Alejandro carnicero; y un Cristo atado a la columna, de la escuela de Gregorio Fernández.Las procesiones que en la actualidad recorren las calles de Trujillo durante los días de la Semana Santa, constituyen un gesto de hondo sentido religioso.

La celebración de la Semana Santa en Trujillo viene de tiempo inmemorial. Podemos partir de la primera mitad del siglo VII, el recuerdo y la contemplación de los Misterios de la Pasión en la basílica visigoda de Trujillo, tras muros de la Puerta romana de Coria. El Cristianismo enalteció por medio de celebraciones litúrgicas las diferentes escenas de la Pasión, con toda la trama que emanan de los hechos acaecidos en tierras de Palestina. Partiendo de que la celebración de la misa es la rememoración del punto culminante del sacrificio, la Iglesia representó tales hechos en las fiestas del Triduo Sagrado: Jueves, Viernes y Sábado Santo, dentro del recinto sagrado.

La dominación musulmana, durante centurias, hizo caer sobre Trujillo el velo del abandono. Pero, la posición estratégica de nuestra ciudad la convirtió en centro apetecido por los cristianos. Fueron aquellas Semanas Santas anticipo de otras, conmemoradas en un ambiente religioso y guerrero.

La creación de las Ordenes Militares en el alborear de la Baja Edad Media es un aspecto de suma importancia desde el punto de vista histórico-artístico, aparte de las connotaciones sociológicas, políticas y económicas, como es evidente. La finalidad de éstas es concreta y específica, los caballeros de Cristo, han de cumplir la defensa de la cristiandad frente a los poderes islámicos que son los enemigos de la Cristiandad(1).

La reconquista definitiva de Trujillo se produce el 25 de enero del año 1232. La defensa de la villa le volvió a ser otorgada a las Ordenes Militares(2). La Hermandad más antigua existente en Trujillo, del tipo de las militares era la de los caballeros de la Orden Truxillense, en la que aparecen reguladas reuniones anuales para adorar a Dios y rendir culto al patrón San Andrés, estableciendo prescripciones religiosas, de paz y de caridad. Así todos acudían a misa en común, para luego acusarse públicamente de sus culpas y recibir el castigo corporal adecuado, en una iglesia sita en el lugar de la actual parroquia de San Andrés, de la que aún se conserva la torre.

Debieron de existir otras cofradías semejantes en esos tiempos oscuros medievales; pero sírvanos ésta como exponente y reflejo del espíritu de fraternidad cristiana.

Hemos de mencionar en la Baja Edad Media los Vía Crucis que, traídos a Occidente por los franciscanos que se instalan en el convento de la Luz en Trujillo, en virtud de la bula pontificia Super Familiam Domus, de Alejandro VI (25 de julio de 1499), era la liturgia importada de Jerusalén(3). Es secular la consoladora devoción del Vía Crucis, que primeramente contemplaba solo siete estaciones, hasta que el franciscano Leonardo de Porto Mauricio las elevó a catorce, en la forma que, poco más o menos, meditamos ahora.

Los “oficios”, íntimamente ligados a la vida municipal trujillana, renacen el día en que los Concejos arraigan en el suelo español. Por el Fuero conocemos que una de las atribuciones primitivas del Concejo era la política de la industria y el comercio(4), lo que prueba que los menestrales y mercaderes formaban los “oficios”, ya constituidos y que se agrupaban en las calles colindantes a la Plaza y que irán adquiriendo un fuerte protagonismo en la vida social de nuestra ciudad.

Una efervescencia cofradiera vive Trujillo en los años finales del siglo XV, dirigida por los franciscanos fray Pedro de Melgar y fray Juan de Guadalupe, y propiciada en Castilla y León por los Reyes Católicos en un deseo de restaurar la maltrecha moralidad pública, imprescindible para crear el ambiente religioso que propiciase el de cruzada para culminar con éxito el último bastión que quedaba en España, la conquista de Granada. Esos gremios participaban en celebraciones masivas en Trujillo en Autos Sacramentales. De los textos escritos por los evangelistas se pasaba a obras compuestas exprofeso, representadas en las naves de las iglesias de San Martín y Santa María. Posteriormente, denostados por la censura eclesiástica que llegó a prohibir su representación en el interior de los templos, tuvieron que trasladarse estos dramas litúrgicos al atrio de la iglesia de San Martín(5).

Los atrios llegaron a ser pequeños, así el sentimiento de caridad que despertaban los impedidos que no podían asistir a estas representaciones que duraban hasta bien entrada la madrugada, consiguió que estos actos salieran a la calle. Serán los gremios artesanos existentes en Trujillo, acogidos cada uno a la advocación de una imagen procesional, los que llenen las calles de “pasos” (del latín “passus”, sufrimiento). los que se encarguen de organizar procesiones religiosas en estos tiempos medievales. Sus reglas están presididas por la obra de misericordia que supone enterrar a los muertos, ya sean hermanos cofrades, pobres o ajusticiados, atendiendo a su inhumación, exequias y sufragios.

La economía agrícola de los siglos XIV y XV, con frecuentes años de malas cosechas, las sucesivas epidemias que diezman la población española, junto a la mortalidad ocasionada por las guerras, inducen a actos penitenciales públicos, pidiendo favores celestiales como remedio de los diversos males. Así, se van configurando las cofradías de penitencia, uno de cuyos rituales es la celebración de un Vía-Crucis, que partiendo de la iglesia de la Vera Cruz, pasaba por la plazuela de los Descalzos, llegaba a la iglesia de Santiago, para regresar de nuevo a la Vera Cruz por la calle Gargüera.

Por tanto, la constitución de Hermandades o Cofradías en Trujillo, tal y como las entendemos hoy día, surgen en los años finales del siglo XV, un antecedente de las mismas podría ser la Gilda germánica, asociación que tenía por objeto la defensa y asistencia de sus miembros, el establecimiento y posterior desarrollo de los artesanos debio determinar el florecimiento de las Hermandades, en primer lugar, y, posteriormente, las Cofradías, según el derecho canónico.

La fidelidad a la temática religiosa, constituía la base esencial de los artistas en los tiempos medievales y así cuando un artista se disponía a tallar una imagen, su interés se cifraba en la forma o líneas intrínsecas dejando como secundaria la manifestación extrínseca. No era el propósito de aquellos artistas alcanzar la belleza sensible por el arte, sino el manifestar la verdad sentida.

Tras la prohibición del pontificado de Aviñón de las prácticas expiatorias y colectivas que llevaban aparejado el derramamiento de sangre, los cofrades comienzan a utilizar un ropaje amplio y a cubrirse la cabeza con un capirote o capuz. Desde los orígenes de las estaciones de penitencia hasta el Concilio de Trento, se van diversificando los tejidos y los colores de las túnicas y se generaliza el capirote alto.

La representación plástica de los momentos de la Pasión y Muerte de Cristo se multiplicarán de modo impresionante en Trujillo en los años finales del siglo XVI, imágenes que saldrán en procesión con un profundo sentido de religiosidad. Con el arte religioso como factor perceptible de la facultad sensitiva-humana puesta al servicio de la fe movió a más almas sencillas que la dialéctica de sus apologistas y así el efecto trágico de un Cristo en la cruz, llevaron a muchos corazones a una mayor compunción que algunas pláticas carentes de fondo.

En la floración del espíritu cofradiero está la devoción más sincera. En los estatutos de estas primitivas cofradías se regulaba la actividad interna: sistema de ingreso, constitución de cabildos y las periódicas reuniones a campana tañida, elección de los cargos (alcaldes y mayordomos). En consideración de la cuota pagada se distinguía entre Hermanos normales y Hermanos oficiales, entre los que se establecía una graduación más. Estos estatutos evolucionarán al ritmo de los tiempos.

Tras el Concilio de Trento (1546-1563) se multiplican en nuestra localidad estas conmemoraciones multitudinarias, con la formación de hermandades y cofradías, que se encargarán del ornato y culto de una imagen o “paso” en concreto. Los viejos estatutos de las Cofradías se hacen tremendamente exigentes al señalar las condiciones de ingreso en las mismas.

A partir de la Contrarreforma vamos a asistir a una potenciación del interés estético en todo lo que concierne al vivir religioso en las localidades. La pomposidad del culto y la búsqueda de emociones son inseparables de una imaginería procesional dirigida a mover a la devoción. Es la influencia del Concilio de Trento que adquiere importancia en los años finales del siglo XVI.

El Concilio de Trento y sus decretos exigían a la jerarquía el cuidado de todo tipo de expresión de religiosidad popular con objeto de conformarla de manera que sirviera de misión evangelizadora de cara al pueblo. Así, las cofradías eran un vehículo para mover a una religiosidad externa. Pero, para no desvirtuar el sentido de la Pasión, en un principio las salidas procesionales se limitaban a los días estrictamente conmemorativos, Jueves y Viernes Santo, siendo posterior la incorporación de los restantes, en función del número e importancia que han ido tomando los desfiles procesionales.

De mediados del siglo XVI data la Cofradía de la Caridad de Trujillo que comenzó a edificar en 1578 un hospital e iglesia en la Plazuela de la Encarnación bajo la advocación de San Lorenzo, siendo favorecidos por el Ayuntamiento que colaboró en la edificación de la obra con 20.000 maravedís y Gonzalo de Sanabria otros 20.000 maravedís(6). El 6 de enero de 1586 el Concejo y la citada Cofradía concertaban por Escritura Pública, ante Juan Velardo, recibir ésta de los Propios de la ciudad trescientos ducados con Facultad Real para terminar en el plazo de breves días las obras, a las que con otras menores limosnas, ya había subvenido el Ayuntamiento(7). La iglesia estuvo bajo el patrocinio y advocación de San Lorenzo. El Hospital era conocido con el nombre de la Caridad, por la Cofradía a quien se debía tal construcción.

El espíritu de fraternidad cristiana que les movía a ejercitar la caridad no sólo con ellos, sino con el prójimo, está reflejado en estas palabras de los estatutos: “Extendamos y ejercitemos sus obras, a saber: la limosna con todos los pobres de Cristo, y, principalmente, con nuestros cofrades de la Santa Caridad, que a diario trabajando en el servicio de Cristo y de sus pobres soportan el peso en invierno y en verano”.

Gran importancia tuvo en nuestra ciudad a lo largo del siglo XVI la Cofradía de la Vera Cruz, la única que tenía disciplinantes. En la tarde del Viernes Santo, anualmente, concurrían a la iglesia de la Vera Cruz, confesados, jurando ante el mayordomo hallarse perdonados y contritos. Llevaban preparadas sus disciplinas y sus cuerpos despojados, cubiertas sus caras y exentos de cualquier signo que pudiera identificarles. La procesión que organizaba la Cofradía citada, el Viernes Santo, partía de la parroquia de la Vera Cruz, seguía por la plazuela de los Descalzos, bajaba por la cuesta de San Andrés y pasando por la calle del Paso (antes Olleros), en cuya plazoleta se tenía lugar el encuentro de la Virgen del Mayor Dolor, de la Cofradía de Caballeros de San Martín, procedente de la parroquia de San Martín(8), con el Cristo Crucificado que venía del templo de la Vera Cruz, continuaban juntos hacia la iglesia de la Encarnación(9). La calle que corre paralela a este templo, se la conocía como vía del Mayor Dolor, por un acto de flagelación que realizaban los disciplinantes que acompañaban a estas imágenes en la procesión del Viernes Santo. Todos los penitentes llevaban los pies descalzos y algunos aumentaban la mortificación atados a un grueso madero, recibiendo los nombres de aspados. Cuando los disciplinantes regresaban a la iglesia de la Vera Cruz, el mayordomo tenía preparadas esponjas y toallas para lavar las heridas(10).

Un acuerdo concejil del 13 de abril de 1581 nos habla de esta procesión: “E luego el señor Corregidor dijo que la cuesta y paso que está desde la puerta de la Vera-Cruz hacia la Encarnación está muy agrio y mal empedrado, y como pasan por allí las procesiones y disciplinas del Jueves y Viernes Santo, que se conviene que se aderece y repare, y así se acordó que el señor Melchor González lo haga traer en pregones y de razon dello a esta ciudad, para que se haga como mejor y más barato sea y con brevedad”(11)

El día 26 de marzo de 1582 era ensanchada la calle de la Vera-Cruz por disposición del Ayuntamiento, tomando terreno de un cercado de Pedro Calderón Altamirano.

En los años finales del siglo XVI es cuando se establece la costumbre del Desclavamiento o Descendimiento en Trujillo(12). Aún se conserva una imagen de este período del Crucificado, con sus brazos articulados. Su función se orienta a que el “pueblo pecador” crucifique al Nazareno cada año y luego, también, cada año, acabe llorando y arrepintiéndose de su delito. Pero, la teoría se aleja mucho de la práctica y la pretendida funcionalidad queda en entredicho(13).

En la literatura ascética hispana, influyó mucho la traducción a fines del siglo XVI del libro medieval: La Imitación de Cristo, del venerable padre Tomás de Kempis, cuyo capítulo XII del libro II, que trata del camino real de la Santa Cruz, produjo y sigue produciendo hondo impacto en los cristianos. También, fueron consultadas las obras del padre Fr. Luis de Granada, como secuela del ambiente religioso conseguido, sirviendo -entre otras obras exegéticas- de fuente a los imagineros.

El siglo XVII va a constituir un hito decisivo de los desfiles procesionales pasionistas. El Barroco, como nueva modalidad cultural, en su afán de realismo y de gran teatralidad, desarrollará en España la escultura procesional, favorecido por una religiosidad que lo inundaba todo y por la propia Corona. A mediados del siglo XVII, surge la Cofradía de Jesús de Nazaret, que piden la oportuna licencia al Sr. Obispo de Plasencia don Diego de Arce Reinoso para hacer la procesión, adquirir la imagen de Jesús Nazareno que era venerada en la iglesia de San Lorenzo, e incorporarla, como un capítulo más, a sus Ordenanzas. Esta imagen de Jesús Nazareno, se conserva actualmente en el coro de la iglesia de San Francisco. A esta procesión asistían todos los cofrades con túnicas moradas, ceñidas con cordones de esparto y cruces al hombro. La procesión visitaba las parroquias para hacer estación ante el Santísimo Sacramento, expuesto en ellas.

En la segunda mitad del siglo XVII, los gremios trujillanos acogidos a la Cofradía de la Santa Caridad y Cofradía de Jesús de Nazaret organizan la Semana Santa(14). El 11 de enero de 1671, ante el escribano Francisco Márquez, se otorgó escritura pública de “Contrato y Concordia entre la Cofradía y Hospital de la Caridad y la Cofradía de Jesús de Nazaret en razón de poner un retablo en el Altar Mayor de la dicha iglesia”. En dicho retablo estuvieron colocadas las imágenes que salían en procesión en Semana Santa. En el centro del retablo estaba la imagen de Jesús de Nazaret, debajo de ella el Sagrario para el Santísimo Sacramento, para que los enfermos del Hospital de la Caridad pudieran recibirlo. A ambos lados, las imágenes de la Verónica y San Juan Evangelista, y en el ático del retablo, la imagen de San Lorenzo. En un lateral, la Coronación de espinas, y frente de él se haga otro para el Señor atado a la columna(15). Ese mismo año la iglesia de San Lorenzo cambia su nombre por iglesia de Jesús(16).

De todas estas imágenes, en la actualidad solamente se conserva la imagen de Jesús de Nazaret, en lamentable estado; el Señor atado a la columna y San Lorenzo, éste se encuentra en la iglesia de Ibahernando, pues cuando cesó el culto en la dicha iglesia de Jesús en el año 1923, las imágenes que allí había fueron repartidas por los templos de Trujillo y su comarca.

En los Estatutos de las Cofradías se citan algunas condiciones muy exigentes sobre el ingreso a las mismas; las obligaciones del alcalde (de la cofradía) para convocar juntas, imponer multas a cofrades desobedientes, encargas obras para reparar la fábrica de la iglesia, el orden de los pasos en las procesiones, etc. Por otra parte, uno de los derechos del Concejo por su Patronazgo sobre los conventos era que uno de sus caballeros Regidores llevase colgado al cuello la llave del Sagrario durante el Jueves Santo hasta los oficios del siguiente día(17).

Estas celebraciones multitudinarias florecen en toda España en los siglos XVII y XVIII, a pesar de contar con detractores como los economistas liberales y los enciclopedistas, que abogaban por la extinción de las cofradías sacramentales con el achaque de que eran contrarias a la Ley 4, tít. 14, Lib. 8 de la Nueva Recopilación(18).

La Semana Santa tanto en Trujillo como en el resto de España, conmemorativa de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, es como un mensaje recordatorio de la Redención, en que por medio de imágenes más o menos artísticas se evoca con un profundo sentido espiritual este Misterio, que es lo esencial en las procesiones, mientras que algunas corrientes del siglo XVIII, dirigidas por los llamanos “Cristiano-progresistas”, pretendieron atacar esta manifestación de fe, con la pretensión de que suprimiéndolas quedaran solamente los actos litúrgicos, cuando en realidad se pueden complementar recíprocamente los actos litúrgicos con las procesiones. Además, eran muy populares entre los ciudadanos de Trujillo las representaciones teatrales que la Cofradía de la Caridad hacía en la Casa de Comedias(19).

En el siglo XVIII, los abusos seudorreligiosos que incluso entran en la superstición crean las primeras crisis, Carlos III publica en 1777 una Real Cédula en la que prohibe la presencia de disciplinantes, empalados o aspados y otros espectáculos en las procesiones de Semana Santa. Es, precisamente, por estos años cuando se acrecienta el uso de los hábitos, quizás para preservarse de las manchas de cera o tal vez para evitar el deterioro de la ropa en la estrechez de las callejuelas. Hasta entonces, la única cofradía que marchaba en las procesiones con túnica y capa era la de Jesús Nazareno. Los nuevos hábitos tendran el color característico del mandil gremial al que representaban, naciendo así el cromatismo en los hábitos de la Semana Santa que fue desapareciendo en nuestra ciudad a lo largo de los años.

Tras el Decreto de Carlos III, en 1783, en el cual ordena la extinción de hermandades gremiales y todas las erigidas sin autoridad real o eclesiástica, decretando que únicamente podrán subsistir las aprobadas por ambas jurisdicciones y las Sacramentales, desaparecen por completo las cofradías de la Vera Cruz y de Caballeros de San Martín, que en la práctica de la realidad casi eran inexistentes, se limitaban a acompañar en los desfiles procesionales a las cofradías de la Caridad y de Jesús Nazareno, éstas sí continuarán organizando la Semana Santa.

Las cofradías trujillanas ven como su acervo espiritual se enriquece con la concesión de nuevas indulgencias o ratificación de otras antiguas, con el consiguiente aumento del fervor de sus miembros y mayor veneración de sus advocaciones titulares. Todo este auge se va a ver interrumpido con la Guerra de la Independencia. Precisamente, en Trujillo, se suspenden los desfiles procesionales de 1809, ante la proximidad de las tropas francesas y el consiguiente abandono de la ciudad por parte de sus vecinos(20). Sin duda, fue el momento más difícil tanto para la población como para algunas de nuestras antiguas cofradías.

Con la invasión francesa, en 1809, desapareció la Cofradía de la Caridad con la destrucción del Hospital. La iglesia no corrió la misma suerte, quedó abierta al culto y continuó en ella la Cofradía de Ntro. Padre Jesús que siguió celebrando los cultos de Semana Santa a partir del año 1811, fecha en la que se fundará la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad.

El día 12 de diciembre de 1820, un grupo de representantes de los ciudadanos de Trujillo acudieron al Jefe Político Superintendente de la Provincia, en súplica de que la Caja de Crédito Público no se incautase de los bienes y rentas del Hospital de la Caridad, pues aunque estaba arruinado el edificio que servía para curar a los enfermos a causa de la guerra de 1809, proyectaba el Concejo destinar los bienes para la creación de un Hospital Municipal. En 1856 un vecino de Trujillo adquiere el Hospital de la Caridad por 8.200 reales(21). Por Real Orden de 1874, El Jefe Político accedió a la creación de un Hospital Municipal, que fue creado en la plazuela de los Descalzos(22).

A las funciones que anualmente celebraba la Cofradía de Ntro. Padre Jesús acudían un gran número de cofrades y devotos. Oradores sagrados ocuparon el púlpito de la iglesia de Jesús predicando en sucesivos Miércoles de cuaresma y en riguroso orden los hechos más destacados de la Pasión: Oración en el Huerto, venta, prisión de Jesús, bofetada, azotes, colocación de la corona de espinas, cruz a cuestas, concluyendo todos estos actos con el canto del “Miserere”, a excepción del último Miércoles que era santo y al concluir la predicación, a las cinco de la tarde, se iniciaba la procesión a las cinco de la tarde de Ntro. Padre Jesús y los demás pasos que componían el desfile de ese día: Oración en el Huerto, Verónica, Señor atado a la Columna, Señor de las Espinas, San Juan Evangelista, Bendita Magdalena. El Jueves Santo a las ocho de la noche tenía lugar el sermón de la Pasión(23). La procesión del Viernes Santo era organizada por la Cofradía de la Soledad que tenía sus propios estatutos y actuaba ajena a la otra Cofradía.

En Noviembre de 1846 los hermanos de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno acuerdan llevar un distintivo en los actos públicos a los que asistan, éste consistirá en un escapulario con la imagen de Nuestro Padre Jesús llevando la cruz a cuestas, estampada en tafetán, color morado y en el reverso una inscripción (N.P.J.N.)(24).

El 28 de marzo de 1847, las Cofradías de Ntro. Padre Jesús y la Soledad acuerdan organizar las procesiones y las funciones religiosas en común, pero aún habría que esperar un año para la unión de ambas cofradías. Todas estas reuniones tenían lugar en la sacristía de la iglesia de Jesús. Se solicita al Ayuntamiento ayuda económica ante la precaria situación de la población a raíz de la Desamortización para las funciones religiosas(25).

La Cofradía de Ntro. Padre Jesús organizaba la procesión del Miércoles Santo y la de la Soledad, el Viernes Santo. En Junta celebrada el Domingo de Ramos, 28 de marzo de 1847, se avienen a que la procesión que hace la Cofradía de Ntro. Padre Jesús el Miércoles Santo asistan los hermanos de la Soledad con sus insignias, estandarte y seis velas; participando también éstos, en la procesión que el Viernes Santo hace la de la Soledad. Y que los hermanos de ambas Cofradías asistan a los actos religiosos que en la Semana Santa se celebran en el templo de San Francisco, siendo uno de ellos el Sermón de las Siete Palabras, Descendimiento y Soledad, el Viernes Santo(26).

Los pasos que salían en la procesión del Miércoles Santo: Oración en el Huerto, la Verónica, el Señor atado a la Columna, el Señor de las espinas, Jesús Nazareno, la Magdalena, San Juan y la Soledad(27). El recorrido procesional era el siguiente: De la calle Encarnación a la calle Nueva, en dirección a la plazuela de San Miguel, subía por la calles Sofraga y Sillerías hasta la Plaza Mayor, en donde daba la vuelta alrededor de la misma, seguidamente bajaba por las calles Carnicerías y Herreros hasta el templo de San Francisco, en donde concluía. Las imágenes eran trasladadas el Jueves Santo a la iglesia de Jesús, después de sermón de Pasión.

En el año 1848, se agrega la Cofradía de la Piedad a la de Jesús, considerando además que la imagen de la Virgen de la Piedad se venera en la iglesia de Jesús, desde la destrucción de su ermita con motivo de la invasión francesa de 1809(28). Desde entonces, la divisa de la Piedad iniciará el desfile procesional del Miércoles Santo junto con el estandarte de la Cofradía de Jesús. Atendiendo a los beneficios que producían los miembros de la Cofradía de la Piedad a la de Jesús Nazareno, se acordó que en obsequio y culto a la Virgen se haga una fiesta el domingo siguiente al día de la Asunción de Ntra. Sra. el 15 de agosto(29).

El día 5 de febrero de 1848 se unen las Cofradías de Jesús y la Soledad(30), que se habían reorganizado aún con mayor fuerza que antes de que fueran extinguidas con motivo de la Desamortización. En el siglo XIX, la Cofradía de Ntro. Padre Jesús adquirió algunas imágenes que vendrían a sustituir a otras homónimas que se encontraban en mal estado de conservación, como es el caso de la imagen de San Juan.

En 1923 cesó el culto en la iglesia de Jesús. Su retablo fue depositado en la parroquia de San Francisco. Un año después, la Cofradía de Ntro. Padre Jesús fue reorganizada bajo el título de Cofradía de Jesús del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad, que obtenía el título posesorio de la iglesia de Jesús ante el Juez de Primera Instancia don Rufino Gutiérrez. De esta manera el espíritu cofradiero de Trujillo conoció una renovación espiritual, intensificando los cultos a sus advocaciones titulares.

Tras una tímida paralización de las procesiones de Semana Santa en los años 30, volvieron las imágenes a las calles, aumentando el recorrido de las mismas de acuerdo con el ensanche de la población. Sin ninguna duda podemos asegurar que una de las épocas más brillantes de las procesiones de Trujillo fue la que corresponde a la década de los cincuenta, no solo por la brillantez que adquieren entonces los desfiles procesionales sino por el número de personas que se reune en los cultos que se realizan en la parroquia de San Francisco.

En los sesenta, por el contrario, suponen cierto retroceso de las procesiones de Trujillo. La emigración desvinculó de la ciudad a muchas personas tradicionalmente ligadas a la Cofradía del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad. Algunas imágenes dejaron de salir en procesión, tal es el caso de San Juan o la Bendita Magdalena. Parte de la juventud vive el síndrome del Mayo del 68 parisino. Influye también, la creación de nuevos barrios en todo ello, con la consecuente desvinculación de las familias a sus antiguas parroquias.

En los años ochenta se inicia una recuperación de cofradías y desfiles. En el año 1984 se funda la Cofradía de San Juan y un año después se actualiza la Hermandad del Cristo del Perdón con la renovación de sus estatutos (fundada en el año 1952). En el corto espacio de dos años irán surgiendo nuevas cofradías en Trujillo que se sumarán con sus hermanos de paso y luz, imágenes, estandartes y bandas de música, a los desfiles procesionales. De esa recuperación fueron protagonistas un buen número de personas jóvenes que se incorporaron a las tareas cofradieras. Al mismo tiempo que se alejaba el miedo, vivido en los setenta, de tener que dejar en el templo, por falta de hermanos de carga, alguna imagen.

En el año 1992, se crea con renovadas ilusiones la Junta de Cofradías y Hermandades Penitenciales de Trujillo que tiene encomendada la tarea de la organización de las procesiones de Semana Santa. Se reanudan los famosos pregones en la voz carismática de don Agustín Villanueva, que habían decaido en los años setenta parejos a las procesiones, y la Cofradía de Ntra. Sra. de las Angustias editan nuevas guías y carteles. En la actualidad, estas cofradías y hermandades han llevado a cabo la loable labor de restaurar sus imágenes e influyen decisivamente en la brillantez de los desfiles procesionales.

ESTUDIO ARTISTICO DE LAS IMAGENES PROCESIONALES

1.- DOMINGO DE RAMOS

Este paso, conocido popularmente como “La borriquita” sale en procesión el Domingo de Ramos. Es imagen de Olot adquirida por la parroquia de San Martín en 1952.

2.- ORACION EN EL HUERTO

Es una obra un poco alejada del dramatismo con que los evangelistas describen esta escena, ésta se halla inundada de serenidad y calma, quedando marcada por ese ángel de apolínea belleza, en contraste con la figura más pequeña de Cristo, cuya cabeza se alza, elevando los ojos hacia el cáliz.

Fue adquirida en el año 1917 en un taller valenciano para incorporarla a las que ya salían en procesión. La iniciativa partió de la familia Blázquez Mediavilla que la donó a la parroquia de San Francisco para tal fin. Este paso ha sido restaurado en 1992 en el Taller de Restauraciones Artísticas de Trujillo.

3.- CRISTO AMARRADO A LA COLUMNA

Es, probablemente, obra de hacia 1678, realizada por algún discípulo del taller madrileño de Pedro Alonso de los Ríos, imitador tardío de Gregorio Fernández. Esta imagen es semejante al Cristo atado a la Columna del Convento de las Bernardas del Sacramento. Es obra de buena calidad artística, con líneas serenas, modelado de sobrio realismo y ampuloso paño anudado a la cadera. El artista ha sabido expresar en esta imagen de Trujillo el gusto popular por lo emotivo como cauce de expresión religiosa. Esto justifica también la tendencia realista que se manifiesta con gran crudeza. Es evidente la acentuación de los valores puramente formales y la fuerza con que está tratado un tema de tanta hondura dramática.

Es obra anónima de la escuela castellana del siglo XVII. Perteneció a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús y se veneró en la iglesia de Jesús. Hoy es propiedad de la iglesia parroquial de Santa María la Mayor y se encuentra en su filial San Francisco.

4.- CRISTO CAUTIVO

Vulgarmente conocido como “Cristo de Medinaceli”, por exponerse en besapiés el primer Viernes de marzo, a imitación del célebre Nazareno madrileño. Esta imagen sustituyó en el siglo XIX a una notable obra artística de Jesús Nazareno, del siglo XVII, que aún se conserva en la iglesia de San Francisco, aunque en muy mal estado de conservación. Esa imagen del Nazareno era la titular de la iglesia de Jesús en la que se daban cita la mayor parte de imágenes procesionales de la Semana Santa, antes de que cesara el culto en ella.

5.- “JESUS NAZARENO”

En nuestra nomenclatura piadosa reservamos el título de Jesús Nazareno a las representaciones de Cristo cargado con la cruz, camino del Calvario, aunque en sí mismo el apelativo sea en cierto modo gentilicio por haber vivido Jesús en Nazareth.

La figura de Jesús Nazareno, que se conserva en el Convento de San Pedro de Trujillo, obra del siglo XIX. Fue donado al citado Convento por los hermanos Vázquez, del capital que debían(31). Es una imagen que invita a la profunda y participativa conmiseración y delata los carismas de su anónimo autor, que estaba formado evangélicamente para ejecutar esta obra con acierto.

6.- CRISTO DEL PERDON

Recibe culto en la iglesia parroquial de Santa María la Mayor, en la capilla de los Loaisas. Es obra de la segunda mitad del siglo XVIII, presentando paño de pureza anudado al lado derecho, y rostro doliente, bien tallados los huesos y las venas. Se halla dentro de la línea barroquizante del realismo del siglo XVIII, aunque éste es moderado, dotado de una expresión patética pero sin extremismos, de modelado correcto.

Esta obra no aparece documentada en los libros de fábrica de la parroquia, es muy probable que se trate del mismo Crucificado que estaba en la dehesa de los Quintos de Bobadilla. Esta dehesa fue propiedad de la iglesia de Santa María, hasta el 23 de junio de 1800. En dicha fecha se vendió al conde de Torres Arias y Marqués de Santa Marta en 930.000 reales. En esta dehesa había una ermita en la que era muy venerada una imagen de Cristo crucificado(32).

7.- NUESTRA SEÑORA DE LAS ANGUSTIAS

Este notable grupo escultórico procede de la iglesia de Jesús y fue trasladado a la parroquia de San Francisco, en cuyo retablo mayor fue colocado, cuando cesó el culto en aquélla iglesia.

Es obra de fina ejecución y gran nobleza. Es un conjunto escultórico de exquisito realismo, según el tipo de Alejandro Carnicero, de mediados del siglo XVIII.

8.- SAN JUAN

Perteneció a la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno que lo adquirió en 1884 para sustituir a otra imagen del siglo XVIII que se encontraba en mal estado de conservación. La efigie antigua de San Juan fue entregada a doña Paz Orellana, en atención a los beneficios que esta señora estaba haciendo a la Cofradía de Ntro. Padre Jesús(33).

La imagen de San Juan formó el Calvario junto a la imagen de la Soledad y la Magdalena, y con el Cristo de Limpias, que actualmente se encuentra en la sacristía de San Francisco, retirado del culto.

9.- CRISTO YACENTE

Es una de las imágenes titulares de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro y Ntra. Sra. de la Soledad. Esta talla moderna, de los talleres de Olot, fue donada a la Cofradía por doña María Guillén Cano en el año 1923. El modelado del cuerpo es de una gran belleza plástica, que se concentra en la cabeza, de honda expresividad, pero sin concesiones a efectismos dramáticos de facilón realismo. Presenta rasgos bien definidos de una cabeza noble, ojos sermicerrados, boca entreabierta, con los cabellos y la barba extendidos en cuidados mechones.

Esta imagen vino a sustituir a una talla de principios del siglo XVII, castellana de bastidor, obra del último tercio del siglo XVII, que se conserva en el coro alto del Convento de San Pedro. Es propiedad de la Ilustre Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad. Está retirada del culto.

10.- OTRAS IMAGENES

En este apartado vamos a estudiar el resto de imágenes que en otras épocas formaban parte de las procesiones de la Semana Santa y que en la actualidad se conservan en templos y conventos de la ciudad.

Tal es el caso de la Magdalena, imagen de tambor, que solamente tiene talladas la cabeza, manos y pies. Es obra del siglo XIX, fue adquirida por la Cofradía de Ntro. Padre Jesús Nazareno(34). Esta imagen podía venerarse hasta los años 60 en un retablo que había en el muro de la Epístola de la parroquia de San Francisco, y procedía de la iglesia de Jesús. En la actualidad se encuentra en el coro de la citada iglesia de San Francisco.

En el convento de San Pedro se conserva una imagen de Ntra. Sra. de la Soledad. Es obra de estimable factura del último tercio del siglo XVII, de bastidor, tiene talladas la cabeza, las manos y los pies. Estuvo en la iglesia de Jesús. Con motivo de la Desamortización, se extinguieron las Cofradías de Ntro. Padre Jesús y Ntra. Sra. de la Soledad, que fue reorganizada algunos años después(35).

La imagen de Ntra. Sra. del Mayor Dolor, de estimable factura y expresivo realismo, es obra castellana del primer tercio del siglo XVIII, llegó al monasterio de San Miguel de Trujillo en el año 1836. Procedía del extinguido Convento de la Encarnación, hoy conocido como Colegio de la Salle.

Culminando la Semana con el Domingo de Pascua, conocido a nivel nacional. Las mujeres visten el traje típico de pastora y los hombres el traje de pastor o el típico pañuelo rojo, bailan y entonan en la Plaza las tradicionales canciones compuestas por el poeta trujillano “Goro”, con música del grupo “Claveles”, canciones como el famoso “Chíviri”.

Los trujillanos y trujillanas tienen su forma peculiar de festejar este acontecimiento. Ataviados con el traje regional, o con un pañuelo rojo al cuello, muchos de ellos, sobre todo los niños, acompañados por un cordero o un cabrito; se reúnen en la Plaza Mayor que se viste de un gran colorido y mucha alegría. Comienzan los acordes y todo el mundo canta y baila canciones populares que han ido pasando de padres a hijo durante generaciones. Desde hace pocos años este festejo ha comenzado a celebrarse desde el sábado a las doce de la noche, aunque el gran colorido de refajos, corpiños, pañuelos, aderezos...lo disfrutamos el domingo a partir de las doce de la mañana.

Ya saben, como dice la canción si quieren “pasar un buen rato, como Trujillo no hay nada”.

En Mayo se celebra las fiestas al patrón de Trujillo, el Cristo de la Salud, en la ermita de San Lázaro. La fiesta religiosa se basa en la novena y en la fiesta que se celebra el primer domingo de mayo y que consiste en una popular y ancestral puja de objetos donados al Cristo y la Misa Mayor.

La feria de junio en Trujillo era importantísima a nivel nacional, incluso se la menciona en la popular zarzuela “Luisa Fernanda”, según han ido pasando los años ha ido perdiendo toda su celebridad. No obstante, han surgido con gran ímpetu la Feria Agroganadera, construyéndose en Trujillo el Mercado Regional de Ganados, y la Feria del Queso, otorgándose a Trujillo el privilegio de tener la “Feria Nacional del Queso”.

La fiesta de mayor tradición que se celebra en Trujillo es la Asunción de María, el 15 de Agosto. El centro festivo se localiza en torno a la parroquia de Santa María la Mayor. Para conocer la enorme trascendencia de esta festividad, hemos de remontarnos al 25 de Enero de 1232, fecha de la reconquista de Trujillo.

Todo el ejército cristiano aclamó a la virgen con el título de la Victoria por patrona y especial abogada de la reconquista.

La mezquita árabe se purificó, alzándose sobre un solar el majestuoso templo de Santa María, en donde se daba culto a la imagen de Ntra. Sra.

Coincidiendo con estas fiestas, la barriada de La Piedad celebrada también sus fiestas religiosas en honor a Santa María. Las festividades lúdicas consisten en verbena, vaquilla del aguardiente y actividades adaptadas a los niños: marionetas, juegos como la gynkana, etc...

Celebrándose las fiestas patronales en honor a Santa María de la Victoria a finales de agosto, principios de septiembre.

Nuestra ciudad es uno de los solares de más valiosa y sugerente riqueza monumental; vibran en sus viejas callejuelas, como en parte alguna, las voces elocuentes de una casta señorial, aventurera, luchadora y mística. Estas callejas fueron testigos mudos, en los años oscuros del Medioevo, de una empresa militar y mítica que fue la base de nuestra historia mariana, del tesoro artístico, histórico y religioso más importante que conserva nuestra Ciudad, y que se corona como su columna vertebral, su Patrona: la Virgen de la Victoria.

La participación de unos guerreros en la batalla contra los árabes y su creencia en Ntra. Sra. como su salvadora fue crucial para poder comprender la historia y la tradición de una ciudad que a lo largo de los años fue la más importante de Extremadura y sus hombres cumplieron una meta encomendada allende de los mares, convirtiéndose Trujillo en “Ciudad Universal”.

El culto a la Virgen con el Niño se inició en la parroquia de Santa María, bajo la advocación del Misterio de la Asunción. Fue la imagen de mayor devoción en Trujillo, hasta el año 1531, fecha en la cual el concejo acordó construir una capilla en el castillo para venerar en ella a la imagen que ejecutara Diego Durán, de vara y dos tercios, bien dorada y lucida, adornos que estuvieron a cargo de Antón Torino y Juan Notario. Esta imagen sería la Patrona de Trujillo, la Virgen de la Victoria, estando colocada entre las torres del castillo en el escudo de Trujillo. El hecho de situar a la imagen de esta manera responde con la tradición que afirma la intervención milagrosa de la Virgen en la conquista de la villa, pues se apareció entre dos torres concediendo la victoria a las tropas cristianas. Es una imagen de gran belleza, que muestra a la Virgen en pie, con el Niño desnudo en su izquierda; tratada con formas blandas, constituye un buen ejemplar de arte renacentista.

En 1809, con motivo de la entrada de las tropas francesas en Trujillo, D. Agustín Serrano, criado del Marqués de la Conquista, escondió la sagrada imagen en el Palacio de la Conquista. En 1854 fue devuelta la imagen de la Patrona a la fortaleza. En la festividad del año 1912, se inauguró la nueva capilla del castillo, la obra fue costeada por el Excmo. Sr. Marqués de Albayda. Coincidiendo con este hecho se quitó la policromía a la imagen de la Patrona.

En 1921 fue fundada la Cofradía de Mujeres del Stmo. Cristo de la Salud y de la Stma. Virgen de la Victoria, que será el germen de la futura Hermandad “Virgen de la Victoria”.

El día 8 de marzo de 1944, se firmaban los estatutos para el régimen y administración de la Hermandad de Caballeros de la Stma. Virgen de la Victoria de Trujillo. La comisión la formaron don Rafael García López, don Pedro Lozano Degea, don Manuel Gómez-Santana Diz, don Valentín Pérez Palomino, don José María Muñoz Martín, don Galo de Santa Eduvigis Rubio, don Sebastián Flores Tapia, don Damián Rubio Toribio, don Mariano Montero Cabanillas y don Agustín Grande Candelo. También colaboró mucho el entonces Alcalde don Julián García de Guadiana.

En 1950 se realizaron nuevas ampliaciones en la ermita del castillo. Mientras tanto la imagen de la Patrona fue venerada en la iglesia de Santiago.

El 18 de octubre de 1953, el Nuncio de S.S. en España, el Eminentísimo Cardenal Cicognani colocó sobre las sienes de nuestra Patrona la corona labrada por D. Félix Granda en Madrid, realizada con el dinero y las joyas de todo un pueblo.

La ciudad de Trujillo ha profesado a lo largo de los años una entrañable devoción a la Stma. Virgen, concretada en la advocación e imagen de Ntra. Sra. de la Victoria, en cuyos orígenes se entremezclan la historia y la leyenda. Cada trujillano llevamos grabados desde niños en la retina del corazón la imagen maternal de nuestra Patrona. Recordar es volver a pasar por el corazón algo acontecido previamente para recrear gratitudes y reavivar amores.

GORO, EL CREADOR DE LAS COMPOSICIONES POPULARES TRUJILLANAS
Gregorio Rubio Mariño, popularmente conocido como “Goro” es el autor de la letra del “Chíviri” entre otras. Nació en Trujillo el 30 de mayo de 1893, hijo de Gregorio Rubio Tercero y Sofía Mariño Jiménez. Se casó con Justa García Parra el 28 de abril de 1917. Murió el 30 de julio de 1965.

Fue redactor de LA OPINIÓN (periódico local que ya no existe) y corresponsal de ABC, por lo que se le ofreció un homenaje en el año 1931.

Las poesías y coplas de Goro reflejan el sentir , el vivir de su época; las costumbres son relatadas con humor ; algunas de sus coplas se han convertido en canciones populares, de ellas la más conocida el por supuesto el Chíviri, canción que ha dado nombre a esta fiesta popular declarada de interés turístico. Poesías dedicadas a carnavales, a política, a la patrona de Trujillo, nuestra Virgen de la Victoria,...nos pasean por los años 20, 30, 40 y 50 haciendo revivir el pasado, siempre con humor y alegría.

En el pleno del Ayuntamiento de Trujillo, el 28 de febrero de 1978, se adoptó el acuerdo de solicitar la concesión de una calle a su nombre, siendo concedido por el Excmo. Gobernador Civil de Cáceres el 21 de junio de 1978.

En 1982 recibe un homenaje póstumo por la Comisión de Carnavales.

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NOTAS

(1) AZCARATE RISTORI, J. Mª de: “Las Ordenes Militares y el Arte”. Actas del Simposio: El Arte y las Ordenes Militares. Cáceres, 1985, p. 27. Sobre la participación de las Ordenes Militares en la Reconquista, véase LOMAX, D. W.: La Reconquista. Barcelona, 1984, p. 153.

(2) PALACIOS MARTIN, B.: Alfonso VIII y su política en la frontera de Extremadura. A.E.M. 1989, p. 160. Ya, en la primera reconquista de Trujillo por parte del ejército cristiano, en 1186, el rey Alfonso VIII la había entregado a la Orden de Trujillo, nacida expresamente para la defensa de esta plaza. MONTAÑA CONCHIÑA, J. L.: La Extremadura Cristiana. Memoria de Licenciatura, Cáceres, 1990, p. 38.

(3) Vid. sobre la existencia del franciscanismo en Trujillo. RAMOS RUBIO, J.A.: Estudio sobre los conventos de la T.O.R.F. en Trujillo. Cáceres, 1991.

(4) Fuero concecido por el rey Alfonso X el 27 de julio de 1256, 1-1-5-1, fol. 123, num. 33. Archivo Municipal Trujillo.

(5) Libros de Cuentas de las citadas parroquias. Cit. RAMOS RUBIO, J.A.: Estudio histórico artístico de la iglesia parroquial de Santa María de Trujillo. Cáceres, 1989.

(6) Archivo Municipal de Trujillo, 1-2-70-95, 2 fols.

(7) Archivo Municipal de Trujillo, 1-1-14-154-8, fols. del 13 al 15.

(8) Ordenanzas de la Cofradía de San Martín, erigida para caballeros, en la parroquia de este mismo nombre en Trujillo. 8 fols. 1-2-72-10. Archivo Municipal de Trujillo.

(9) TENA FERNANDEZ, J.: Trujillo histórico y monumental. Alicante, 1967, p. 522.

(10) Fue Carlos III, en el año 1777, el que prohibió los disciplinantes y todo tipo de mortificación sangrienta en cualquier procesión penitencial.

(11) TENA FERNANDEZ, op. cit., p. 523.

(12) La inauguración del Concilio tuvo lugar bajo el pontificado de Lucio III, quien hace convocatoria para 1545 y 1546. Es este Papa el que mediante bula autoriza la celebración del Descendimiento en Bercianos de Aliste (Zamora). Arch. Parroq. Es el primer dato escrito sobre esta costumbre. Siguiéndole el resto de poblaciones en los años finales del siglo XVI.

(13) Sobre la práctica del Desclavamiento véase a DOMINGUEZ MORENO, J. Mª: “La Crucifixión y el Desclavamiento en el norte de Cáceres”. Antropología Cultural en Extremadura. Mérida, 1989, p. 143.

(14) Contrato y Concordia entre la Cofradía de La Caridad y la de Nuestro Padre Jesús, 1674. Archivo Municipal de Trujillo.

(15) Contrato y Concordia entre la Cofradía y Hospital de la Santa Caridad y la Cofradía de Jesús de Nazaret, 11 de enero de 1674. Francisco Márquez, escribano. Arch. Municipal de Trujillo, fol. 1.

(16) Archivo Municipal de Trujillo, 1-4-157-9, 13 fols. Traslado a 11 de enero de 1671.

(17) Acta de sesiones del Ayuntamiento, 24 de diciembre de 1707. Arch. Municipal de Trujillo.

(18) Dictámenes enviados al Consejo de Castilla, 23 de abril de 1789. Archivo Histórico Nacional. Sala de Gobierno de Castilla, leg. 827.

(19) Archivo Municipal de Trujillo, Legs. 240 y 244, Acuerdos del 1 de julio y 5 de agosto de 1709.

(20) Es muy explícito el fol. 1 del Libro de Bautismos, 1809-1833. Arch. Parroquia de Santa María. También, hay varios libros en el Arch. Municipal de Trujillo que recogen la situación precaria de la población tras la invasión francesa. Leg. 444. Acuerdos, 1842, fol. 138. Leg. 962. Libro 3. MADOZ, P.: Diccionario geográfico-histórico de España y sus posesiones en Ultramar. Madrid, 1846, t. XV, pp. 169.

(21) A.D.H. Leg. 56. Bienes Nacionales. Expediente de ventas núm. 202.

(22) Sobre las vicisitudes que tuvo que pasar el Hospital de la Caridad véanse varios documentos existentes en el Archivo Municipal de Trujillo. Leg. 469. Libro de Acuuerdos de 25 de marzo de 1867, fol. 30 y vº; Leg. 1215, libro 3. Expediente de subasta para la reedificación de parte del edificio del Hospital Municipal de Trujillo.

(23) Desde el año 1847 comenzó a predicarse el Jueves Santo en la iglesia de San Francisco. Con anterioridad, se celebraba en la madrugada del Viernes. Pero, al cometerse muchas irreverencias en la noche del Viernes, se cambió al día anterior. Libro de Acuerdos de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 1847, fol. 8. Arch. Parroquial de Santa María de Trujillo.

(24) Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 1846, fols. 1 y 5 vº.

(25) Arch. Municipal de Trujillo, leg. 449. Acuerdos del 12 de marzo de 1847, fol. 21.
(26) Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 1847, fol. 13.

(27)Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 1847, fols. 15 y 16.

(28) Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 7 de enero de 1848, fol. 20 vº. Archivo Parroquial de Santa María de Trujillo.

(29) Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 14 de febrero de 1876, fol. 99.

(30)Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 1846-1884, fol. 11 y 22.

(31)RAMOS RUBIO, J.A.: Estudio sobre los conventos de la T.O.R.F. de Trujillo. Cáceres, 1991, p. 81.

(32) Cláusula que se encuentra en el Libro Misas de Difuntos, 1707. Archivo Parroquial de Santa María de Trujillo.

(33) Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 27 de febrero de 1884, fols. 135 y 137 vº.

(34) Libro de Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Ntro. Padre Jesús, 1846-1884, fol. 11 y 22.

(35) Acuerdos y Concordias de la Cofradía de Jesús de Nazaret. Arch. Parroquial de Santa María de Trujillo.