jueves, 26 de noviembre de 2020

 

OBRA INÉDITA DE JOSE DE PAEZ EN CÁCERES

 

 

 

En colección antigua de Cáceres, he localizado una obra inédita del pintor José de Páez, con taller establecido en México.

 

 

San Pedro Apóstol. Oleo sobre lienzo. Firmado en el ángulo inferior derecho, Jph.de Paez fecit. D. El cuadro mide: 62x50 cm.

 

San Pedro, primer Papa de la Iglesia, aparece con dos llaves, una dorada y otra plateada que simbolizan la acción de abrir y cerrar el Reino de los Cielos, refiriéndose al poder que tiene el santo de absolver los pecados y de excomulgar. Aparece vestido con túnica azul y un manto ocre y dirige la mirada al cielo, parece recibir la luz divina desde la parte superior de la composición y sus ojos están vidriosos, pudiendo hacer referencia a la iconografía de las Lágrimas de San Pedro, un episodio narrado en la Biblia donde el santo, tras haber negado a Cristo en tres ocasiones, derramó sus lágrimas con el canto del gallo. Las artes se inspiraron con frecuencia en la persona de Pedro. Su llamado al seguimiento de Jesús de Nazaret, la entrega a él de las llaves del Reino de los Cielos, el lavatorio de los pies durante la Última Cena, sus negaciones durante la pasión de Jesucristo y su martirio en Roma son algunos de los motivos más representados. Se lo caracteriza iconográficamente con las llaves que simbolizan el reino de Dios, el gallo que recuerda sus negaciones, la cruz que es emblema de su martirio, el báculo que se le atribuye como pastor, y también el pez, símbolo de la promesa de Jesús de Nazaret de hacerlo "pescador de hombres".

 

José de Páez (Ciudad de México, 1727 - c. 1780) es uno de los artistas más reconocidos en el ámbito de la pintura culta del siglo XVIII en la capital del virreinato fue José de Páez, que pintó obras de gran calidad pero que han sido aun menos estudiadas que las de Miguel Cabrera, por lo que poco se sabe del pintor. Este artífice tiene una gran producción que se ha supuesto tanto local como de importación a otros virreinatos e incluso en España, como cuando realizó varias series de pinturas de mestizaje que mostraban el resultado de la unión de distintas castas y razas en la Nueva España. Aunque los datos sobre su formación son escasos, se ha supuesto que pudo ser al lado del pintor Nicolás Enríquez, porque el padre de Páez fue testigo de un matrimonio al lado de dicho artífice cuando José tendría cerca de 11 años.[1]

 

Páez fue in pintor muy prolífico perteneciente a la generación posterior a Miguel Cabrera, que realizó excelentes retratos y pinturas de castas, así como composiciones religiosas que fueron en tamaño desde los escudos de monja hasta telas enormes que cubrían paredes enteras. Aunque sus obras están esparcidas en iglesias a través de México y Perú, parecería que su taller en la ciudad de México exportó mucha de su producción.

 

 



1.Dra. Paula Mues Orts en Historia del Arte por la UNAM (Museo del Amparo, México)

 

sábado, 21 de noviembre de 2020

 

LA ERMITA DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ DE CÁCERES

 

Junto a la torre de Bujaco se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la Paz. Su origen hay que buscarlo en la cesión que hizo el Ayuntamiento en el año 1724 de la antigua ermita de San Benito[1], a la cofradía de Nuestra Señora de la Paz, para que se reedificase la existente ermita ruinosa para el culto de su Virgen titular; construyéndose también una casa para el ermitaño, junto a la misma, con acceso frente al Arco de la Estrella.

Se debía tener una gran devoción a la imagen de Nuestra Señora de la Paz en la ciudad de Cáceres ya que en el año 1712 por iniciativa del beato Lázaro Lasso se colocó una imagen bajo esta vocación en la parte alta del Portal Llano, sobre el escudo de armas de la entonces Villa, alumbrada por dos faroles, que se encargaron de mantener iluminado los vecinos, evitándose de esta forma también ahuyentar con la luz a los posibles malhechores[2]. Es un dato importante según el cual entendemos que por eso la recién fundada Hermandad de Nuestra Señora de la Paz, una vez que el señor obispo Sancho II Antonio de Velunza de Corcuera aprobase sus Ordenanzas en el año 1720, acudieran posteriormente los hermanos al Concejo alegando que en el sitio en el que estaba el cuadro con la imagen de Nuestra Señora de la paz no podría decirse misa, y para tal fin le pidieron la existente ermita de San Benito, que se encontraba en deplorable estado (hoy ermita de la Paz) a lo que el Concejo accedió en la sesión del día 24 abril 1724. Construyéndose la citada ermita sobre los restos de la anteriormente citada ermita de San Benito y se colocó en el altar mayor una imagen tallada que mandó hacer la Hermandad.

Finalmente en el año 1736 está concluida la obra, se colocó un retablo procedente del Convento de San Francisco y se realizó una talla de la Virgen de la Paz, por el artista vallisoletano Pedro Correa, costando cuatrocientos reales, era por entonces Mayordomo Pedro Sarmiento y Pizarro. Es la imagen que en la actualidad está en su ermita, talla policromada, siendo bendecida por el Obispo de Coria don Miguel Vicente Cebrián y Agustín, la Capilla la bendijo don Juan de la Mata y Vivero, vicario eclesiástico y cura de Santa María, el 28 de diciembre de 1736, festividad de los Santos Inocentes. La noche del 23 de enero de 1737 en procesión solemnísima se trasladó a la imagen de la Virgen de la Paz, desde Santa María hasta su nueva ermita, acompañada por las imágenes de San Benito y San Juan Evangelista, anteriores titulares de aquella recién restaurada ermita.

Ya, en el año 1733 el Concejo en sesión municipal había donado una campana que servía para convocar a los ediles a reunión, a fin de que fuese colocada en el tejadillo, con la única condición que pudiese utilizarla el Concejo cuando lo necesitase[3]. La imagen de la Virgen de la Paz, que estaba situada en la parte alta del Portal Llano, no fue trasladada a la ermita, continuó recibiendo culto hasta nuestros días en el mismo lugar. En el año 1739 se acuerda construir la casa para el ermitaño en el sitio que anteriormente se utiliza como toril. Años después se realizó el portal aprovechando las piedras de granito de la muralla.

Recibió importantes obras de restauración en los años 60 del siglo XX, como anteriormente se habían efectuado en la escalerilla de acceso a la zona monumental por el Arco de la Estrella, ejecutada en el año 1741 y modificada después con tramos a izquierda y derecha de una fuente pública, desaparecida para hacer las amplias escalinatas que actualmente existen[4]. El ilustrado sacerdote don Simón Benito nos refiere lo siguiente: “Es de tres bajas y pequeñas naves, pero con bastante adorno, y tres altares, en que se celebran misas todos los días de precepto, y la fiesta anual en 24 de enero, como también la del santísimo Rosario, que sale cantado desde el 3 de marzo de 1754, y también se reza diariamente[5]. También, el referido sacerdote nos indica que de esta ermita, por costumbre inmemorial, sale la procesión para publicar la bula de la Cruzada, desde que fue titular de ella San Juan Evangelista[6].

Don Miguel Ángel Ortí, Cronista de la Ciudad, nos refiere lo siguiente: “ En el año 1568 fue instituida canónicamente en Cáceres la cofradía de Nuestra Señora de la Paz y Caridad y adscrita a la parroquia de Santa María. Su fin era el socorro y actos preparatorios para la asistencia de los reos puestos en capilla. Con fecha 2 febrero 1794 solicitaba de la Hermandad en la Virgen de la Paz que se le abriera su iglesia, la de la plaza, para que los días que se hiciera justicia con algún reo, en su portal se pudieran cumplir los fines de la institución, concediendo a los cofrades lo que éstos habían solicitado de la Hermandad. Esta cofradía existe todavía –esto lo escribe el Cronista en el año 1949- con su reglamento cuyos fines son: fomentar el amor y veneración que de antiguo viene atribuyéndose la ciudad a la santísima virgen de la paz y caridad que se venera la parroquia de Santa María la mayor, hacer obras de caridad y misericordia por todos los necesitados y en particular con los condenados a pena capital”[7].

Es una construcción de sillarejo, con una nave de un tramo y presbiterio recto, y una capilla en el lado del Evangelio. Todos los arcos son de medio punto y las bóvedas de arista en la nave y la capilla, y semiesférico en el presbiterio.

Se accede al interior por una puerta en arco de medio punto situada a los pies, precedida de un pórtico con triple arquería medio punto, cerrada con verja de hierro en la que consta la siguiente inscripción: ESTA CAPILLA ES DE NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ. SE IZO ESTA OBRA AÑO DE 1756. En la parte superior tiene dos escudos con un rosario y una cruz; las otras verjas se rematan en águila bicéfala coronada en el anagrama IHS; se conoce la intervención, al menos en los remates, del artista rejero Juan de Acedo[8]. El edificio fue construido entre los años 1733 y 1734.

Hoy no se conservan las obras del pintor vecino de Alcántara, Juan Cordero fue el encargado de realizar en el año 1764 nueve cuadros (cuatro de ellos representaban a los Evangelistas), para colocarlos en los arcos de la ermita, costaron 211 reales incluyendo los soportes para traerlos desde la vecina población de Alcántara, donde tenía taller establecido, del dorado de los nueve cuadros se encargó Joaquín Rodríguez, que también realizó el plateado de la lámpara y pintura y dorado de los muros y columnas, se le abonaron por todo ello 808 reales y 24 maravedíes, aparte de 25 libras de oro[9].

En el presbiterio destaca una mesa de altar, tallada por el tallista Rafael Sayago en el año 1784, costó 1563 reales y 16 mavaredíes, 770 reales por la hechura y la madera, fue dorada por Joaquín Rodríguez y Andrés Gallardo[10].




Hemos de destacar la imagen de San Benito, obra de la segunda mitad del siglo XVIII, realizada en madera policromada por el escultor José Proenza[11]. Retablo mayor dorado, del año 1750, rococó; tiene columnas estriadas con rocallas en las que se representan motivos de la Pasión, y hornacina central con imagen de la Virgen con el Niño, bien estofada y encarnada; a los lados, escultura policromada de Santa Benedictina y Santo Benedicto, del siglo XVII; el remate, el Espíritu Santo dentro de nubes con querubines. La imagen que preside la hornacina central del retablo es Nuestra Señora de la Paz, talla policromada, que fue bendecida por el Obispo de Coria don Miguel Vicente Cebrián y Agustín, el 28 de diciembre de 1736, obra del artista vallisoletano Pedro Correa por el precio de 400 reales[12].

Se conserva también en la ermita una imagen de San Juan Evangelista, madera policromada, del siglo XVIII. Tenemos constancia de los trabajos realizados por el afamado tallista Vicente Barbadillo que interviene en el año 1758 restaurando el cuadro de San Pedro colocado en el altar de San Benito de esta ermita, igualmente ejecutó los marcos con decoración de cenefas para los cuadros que había pintado José Galván y, también realizó el trabajo de yesería que cubría la cúpula central de la ermita en el año 1763[13]. Por tanto, José Galván pintó los evangelistas de las esquinas de la cúpula de la ermita, por encargo del Marqués de Torreorgaz, mayordomo de la cofradía. Para estos cuadros y unos espejos para el embellecimiento del lugar se encargaron marcos y cenefas de enlace al citado artista Vicente Barbadillo,  interesantes estas referencias de don Miguel Muñoz de San Pedro, pues nos ofrece otros datos de sumo interés artístico, los retablos laterales, sacras, marco del cuadro de la Virgen del Rosario y del de la Indulgencia, fueron dorados por José Moreno en el año 1773[14], el retablo del altar de San Pedro fue ejecutado en el año 1775 por el tallista Alonso Felipe Paredes, natural de Gata, costó 1.143 reales (incluidos los gastos de su colocación).

En el mes de febrero del año 2012 fue bendecida por el Sr. Obispo don Francisco Cerro, la escultura de Jesús Condenado, un Jesucristo camino del Calvario cargando solo el travesaño de la cruz, De tamaño natural, evoca a Jesús camino del Calvario difiriendo de la representación tradicional al portar sólo el patíbulum o travesaño superior de la cruz, tal y como avalan algunas investigaciones históricas y textos bíblicos.  La imagen está tallada en madera de cedro y policromada por el imaginero  sevillano afincado en Cáceres Antonio Fernández Domínguez. La Cofradía (cuya primera junta tuvo lugar el 14 de octubre de 2011), tiene su sede canónica en el Convento de las Jerónimas,  procesionó por primera vez la Semana Santa en la madrugada del Viernes Santo, vistiendo túnica negra con verduguillo y guantes del mismo color.

En el año 1865 el pintor Rafael Lucenqui y Martínez[15] pintó un cuadro de la Virgen de la Paz o Nuestra Señora del Buen Parto que reemplazó al que desde el año 1714 había estado expuesto en una hornacina del Portal LLano o de los Escribanos de la Plaza Mayor hasta que la Asociación Cultural San Jorge, retiró el cuadro original del pintor Rafael Lucenqui el 11 de julio de 1992 con el propósito de restaurarlo doña María A. González Luceño, debido a su deterioro, tras haber permanecido expuesto en los soportales durante 127 años. El proceso de restauración finalizó el 24 de marzo de 1994, y el cuadro fue colocado encima de la puerta de la Sala de Banderas del Ayuntamiento. El 20 de febrero de 1997 se colocó una réplica en los soportales de la Plaza Mayor, una fotografía tratada y enmarcada, que ha tenido que ser también sustituida por otra al estar deteriorada, descolorida y con humedades. El original está en la Sala de Exposiciones del Ayuntamiento cacereño. La obra representa a la Virgen con el Niño en sus brazos y un ángel que, a la derecha del lienzo, presenta a su Madre una corona. Los personajes forman una agrupación piramidal que se recorta al fondo. Es un cuadro de excelente composición y factura para el cual se ha inspirado Lucenqui en algún modelo mariano del Renacimiento, encontrando en el cuadro soluciones leonardescas y rafaelescas, lo cual se hace extensivo también a la forma de disponer a Jesús sobre su Madre[16].

 

 





 

 

 

 



[1] Existen referencias documentales de la existencia de la ermita de San Benito. Según datos de Tomás Pulido Pulido: “Reunido el cabildo de la Cofradía del Señor San Benito en su iglesia, en la placa, el 20 de Agosto de 1610, ante el escribano público, Diego Martín Pulido, por no haber al presente escribano de la cofradía, el mayordomo dijo que Pedro Delgado, escribano que fue del Ayuntamiento y de la dicha hermandad, era difunto por lo que la cofradía tenía necesidad de escribano y siendo cofrades Francisco de Tovar Velázquez, escribano del Ayuntamiento, Benito Sánchez Magdaleno, Pedro Pérez de Osma y yo, Diego Martín Pulido. A continuación, nominalmente, fueron votando los demás hermanos. Surgen cuestiones por este nombramiento y por otros motivos como el de la petición por parte de Pedro González, de la llave del cepo y de la troxe de la cofradía que está en la iglesia que el santo tienen en el campo”.

[2] Según HURTADO, P: Ayuntamiento y familias cacerenses.  Cáceres, 1919.

[3] SELLERS DE PAZ, G: Cáceres visto por un periodista. Cáceres, 1981, p. 284.

[4] SELLERS DE PAZ, G: Cáceres visto por un periodista, op. cit., p. 284.

[5] BENITO BOXOYO, S: Historia de Cáceres y su Patrona (Historia de Cáceres y su Patrona (Noticias históricas de la Villa de Cáceres y Breve noticia del Santuario de Ntra. Sra. de la Montaña), op. cit., p. 110.

[6] BENITO BOXOYO, S: “La Coronación Cacereña de Nuestra Señora de la Paz”. Revista de Estudios Extremeños, 1949, tomo V, pp. 11 y ss.

[7] ORTI BELMONTE, M. A: Fundaciones benéficas de la provincia de Cáceres. Cáceres, 1949, p. 23.

[8] Juan Acedo ejecutó el coronamiento de la reja que cierra el arco central de la ermita de la Paz en el año 1756 y en el año siguiente las águilas y remates de las rejas correspondientes a los arcos laterales. MUÑOZ DE SAN PEDRO, M: “La cofradía cacereña de Nuestra Señora de la Paz”. Revista de Estudios Extremeños, V, números 1-2, Badajoz, 1949, p. 140.

[9] MUÑOZ DE SAN PEDRO, “La cofradía cacereña de Nuestra Señora de la Paz”, op. cit., p. 142. Cit. TERRON REYNOLDS, M. T: Patrimonio histórico de Extremadura, siglos XVII y XVIII. Salamanca, 1999 , p. 201.

[10] Según Cuentas de la Cofradía de Nuestra Señora de la Paz recogidas y anotadas por PULIDO Y PULIDO, op. cit., p. 473.

[11] Como la deterioradísima y vieja imagen de San Benito desentonaba del conjunto, se encargó otra nueva al escultor portugués José Proenza que se encontraba en Cáceres, y talló aquí la que hoy se conserva”. MUÑOZ DE SAN PEDRO, op. cit., p. 144.

[12] MUÑOZ DE SAN PEDRO, M: “La cofradía cacereña de Nuestra Señora de la Paz”, op. cit., p. 123.

[13] MUÑOZ DE SAN PEDRO, op. cit., 142.

[14] MUÑOZ DE SAN PEDRO, op. cit., p. 143.

[15] Hijo de un pintor polaco de nombre Antonio que se había asentado en Badajoz, donde posiblemente había llegado formando parte del ejército napoleónico. Su apellido Luschinski o Luchensky lo españolizó por «Lucenqui». Bajo la tutela de su padre, el joven Rafael se inició en el arte de la pintura y la escultura, aunque en  1833 comienza la carrera militar y decide colgar la paleta y los pinceles, aunque sólo fuera momentáneamente. En 1848, el año en que toda Europa se veía encendida una vez más por el ardor revolucionario, Rafael Lucenqui abandona el Ejército y comienza a ejercer como profesor de dibujo en el Instituto de Cáceres. Desde entonces pudo retomar la pintura y dedicarse en exclusividad a ella. Su obra, aunque de una calidad indiscutible, no es muy conocida, ya que la mayoría de los cuadros que pintó fueron encargos de las principales familias cacereñas y, junto a algunas obras que seguramente se habrán perdido, la mayor parte se encuentran en manos de particulares.


Lucenqui falleció soltero y sin descendencia en 1873. Tras de sí dejaba una profunda huella en algunos alumnos y seguidores, de modo que podemos considerar a este artista como el precedente en el que se fundamenta la pintura cacereña de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. PIZARRO GOMEZ, F. J: “Pintura extremeña del siglo XIX: los Lucenqui”. Norba-Arte, Cáceres, 1989, pp. 175-190;
F. García Morales: «Los Lucenqui extremeños», Hoy, 30 de noviembre de 1983.

[16] PIZARRO GOMEZ, op. cit., p. 189; M. BAZAN HUERTA, C. MARCHENA GARCIA y PAREDES PEREZ, M: Patrimonio artístico del Ayuntamiento de Cáceres. Cáceres, 1996. Págs. 78-83.

viernes, 6 de noviembre de 2020

 

 

TRUJILLO  ESCENARIO CINEMATOGRÁFICO

 

 

Trujillo es un auténtico plató de cine. El perfecto estado de conservación del patrimonio y del entorno natural son los mayores atractivos para que directores del  mundo del cine se fijen en el entorno monumental y paisajístico y los conviertan en decorados para sus películas. Solamente su casco histórico no necesita ninguna alteración ni tramoyas para el rodaje de películas. Trujillo al ser un auténtico "crisol de culturas", todas las civilizaciones han dejado su impronta en la ciudad y en su entorno: vettones, romanos, árabes, judíos y cristianos.

 

A las pruebas nos remitimos. En los últimos dos años tres producciones televisivas han hecho parada en Trujillo, dos de ellas además superproducciones internacionales, que llegan de la mano de cadenas tan prestigiosas como la ABC o la HBO.

 

La serie Isabel, Mi Reina rodada en el año 2011 en Trujillo, narra la vida de Isabel "La Católica".  Según declaraciones del protagonista Rodolfo Sancho, refiriéndose a Cáceres y a Trujillo: "Son las ciudades que conservan el casco histórico mejor conservado de toda España y en el que menos teníamos que intervenir".

Desde luego, el marco histórico artístico de Trujillo es único para el rodaje de películas. De hecho, ha sido escenario y continúa siendo de numerosas producciones.

 

Pero tenemos que remontarnos al año 1963, fecha en la que se rodó en Trujillo El Tulipán Negro, película que contó con actores de primera fila del momento como era Alain Delón o Virna Lisi, además, durante varios días se utilizaron distintos escenarios de la ciudad, desde la Plaza hasta el Castillo. El casco histórico de Trujillo se convirtió en la Francia revolucionaria, siendo la primera gran superproducción que se rodó en Trujillo. 

 

En 1975, Ricardo Franco adapta cinematográficamente la obra literaria de Camilo J. Cela La Familia de Pascual Duarte, con actores como José Luis Gómez o Paca Ojea, se presenta en Trujillo y graba algunas escenas en el interior de algunas casas particulares trujillanas que aún conservan ese sabor romanticista de la época en las calles Merced, San Antonio, Tintoreros o Sillerías.

En 1976, el director Vicente Escrivá llegaba a Trujillo para tomar escenas para su película La Lozana Andaluza, una de las primeras películas polémicas por la época en la que se rodó y las escenas de desnudo protagonizadas por la actriz italiana María Rosaria Omaggio; y por las mismas fechas se rodó Los Alegres Pícaros, una coproducción italiana y española dirigida por Mario Monicelli, de género comedia. Se inspira libremente en las novelas españolas Lazarillo de Tormes y Guzmán de Alfarache.

Después llegaron otras como Los Señores del Acero que también se rodó en el casco antiguo, concretamente en el castillo, en 1985, de  Paul Verhoeven. El castillo y su entorno fueron el escenario ideal para grabar el ataque a la fortaleza. Una película brutal, feroz, bárbara, ultraviolenta y escabrosa; y con una fabulosa música de Basil Poledouris, un compositor que ha sabido capturar las esencias más bárbaras gracias a su formidable sensibilidad y poderío sinfónico. Sin ser una película perfecta, ni mucho menos, este film no defrauda a quien busca acción e intensidad en una pantalla.


Sin duda alguna, en los últimos años uno de los rodajes que más expectación ha causado ha sido el de la superproducción de Ridley Scott 1492: La Conquista del Paraíso. Fernando nos narra la historia de su padre, Cristóbal Colón, papel interpretado por Gerard Depardieu. Gracias a este film en el año 1992 fue reconocida la verdadera historia. Cristóbal había solicitado en vano el apoyo a Francia, Inglaterra y Portugal para abrir una nueva ruta hasta Asia. Está lleno de ilusiones, pasa el tiempo estudiando cómo convencer a los monarcas. Con escenarios naturales y un elenco de actores de primera fila, Trujillo se convirtió en varios días en la Granada de los Reyes Católicos. 



Ese mismo año, el director José Luis Cuerda se presentaba en Trujillo con actores españoles como Alfredo Landa, Antonio Resines, Marta Dualte o Cristina Collado, para rodar La Marrana. Narra la historia de Bartolomé, un cautivo que después de pasar tres años en una cárcel de Túnez, regresa a su tierra extremeña con la única ilusión de comer su manjar favorito: el cerdo. Por el camino se encuentra con un desertor que viaja acompañado por una marrana.

El éxito sonrió seguramente a Frate Francesco, dirigido en 1927 por Giulio Antamoro, auténtico especialista de películas religiosas, que en 1926 había realizado aquella obra maestra del mudo que es Christus, para que en el 2004 se adaptase un nuevo guión y escenografía de Hermano Francisco y se grabasen algunos cortos en Trujillo. La película consiguió consensos y aplausos incluso en el extranjero, y este trabajo se debió a la mano experta del director, pero también a los componentes de un equipo de trabajo - que se había inspirado para su película en la biografía de San Francisco del danés Joergensen basada en "Las Florecillas"- que tuvieron el mérito de darle al relato una rigurosa ambientación histórica, a la que no le faltaban, entre otras cosas, sugestivas lecturas metafóricas.

 

Las calles y los edificios religiosos de Trujillo volvieron a vestirse de época renacentista con la película La Celestina, rodada en 1996, y protagonizada, entre otros, por dos jovencísimos Juan Diego Botto y Penélope Cruz.  La Tragicomedia de Calisto y Melibea, atribuida a Fernando de Rojas, de finales del siglo XV, si bien su extraordinario éxito editorial comienza en el siglo XVI.

 


Trujillo volvió a ser escenario cinematográfico en el 2005 de la mano del entonces joven director Ray Loriga con Paz Vega como protagonista de Teresa, el cuerpo de CristoLas calles de la zona monumental y la ermita de Santa Ana fueron algunos de los escenarios.

 

Una de las últimas películas rodadas en Trujillo en el 2018 ha sido la séptima temporada de Juegos de Tronos, donde el castillo de Trujillo es protagonista de excepción y donde la magia del cine ha conseguido unir en un mismo plano al castillo de Trujillo con el paisaje natural de Los Barruecos en Malpartida de Cáceres. Una entretenida serie de tramas, traiciones, batallas y amores por conseguir el "Trono de Hierro", pero además han puesto el punto de mira en Trujillo que gracias a este estreno mundial hemos conseguido el último año que las cifran de visitantes aumenten considerablemente.  También, contemporánea en el rodaje ha sido la  serie americana Still Star Crossed, basada en la obra "Romeo y Julieta"  de William Shakespeare. La mayor parte del rodaje se realizó en el palacio de San Carlos, Plaza Mayor e iglesia de Santa María. La serie está producida por la productora ABC Studios y Shondalan que está detrás de otras tan conocidas como Anatomía de Grey o Scandal y en la parte española por Calle Cruzada, que rodó también en Cáceres y Trujillo la película ya citada anteriormente “1492, la conquista del paraíso” del director Ridley Scott. últimamente, "Inés del Alma mía" y "Hernán Cortés".

 



Trujillo ha sido escenario del rodaje de varias películas que han tenido éxito mundial. No hemos de olvidar, los filmes dedicados a la figura de Francisco Pizarro, así como los numerosos reportajes producidos y grabados en nuestra ciudad sobre el Descubrimiento, Conquista y Evangelización de América. Las calles y los edificios trujillanos siguen ganando posiciones como plató de rodaje de películas, anuncios o programas de televisión.

 

Desde el departamento de Turismo del Excmo. Ayuntamiento de Trujillo valoramos las ventajas de la publicidad en el cine frente a la publicidad convencional, pues nos visitan más turistas, se establece un vínculo entre el espectador y la ciudad en sí, sin olvidar el impacto económico para la ciudad y sus ciudadanos (empleo), y tenemos constancia que se pueden seguir captando más rodajes gracias al "boca a boca", lo que denominamos "impacto mediático"; además de hacerlo extensible a otros sectores conexos del audiovisual como propaganda de coches, fotógrafos (revistas), etc.

 

De tal manera que a día de hoy se puede generar una ruta cinematográfica por aquellos lugares de la provincia de Cáceres que han convertido en escenario de filmes durante varios meses en coordinación con la industria local, el sector hotelero y la restauración. A tal extremo esto es así que se puede hablar con propiedad de que existe una "industria de rodajes" cuya captación despliega numerosos efectos positivos sobre nuestro territorio, unos tangibles y otros intangibles.

martes, 13 de octubre de 2020

 

Ermita de Nuestra Señora del Campo de Aliseda.

 

La ermita de Nuestra Señora del Campo, patrona de Aliseda, se encuentra en la dehesa del Hito, a 5 kilómetros de la población cacereña.

Es una construcción de mampostería enjalbegada, de una nave y cuatro tramos; la capilla mayor se cubre con bóveda de media naranja sobre pechinas, y los tres tramos se cubren con bóveda de aristas y están separados por arcos de medio punto que se apoyan en pilares cuadrangulares adosados. La sacristía es cuadrangular y se cubre con una bóveda de cañón con lunetos; sobresale en el muro de la epístola, destacando en la zona meridional tres robustos contrafuertes en la fachada. A los pies hay una portada de medio punto precedida por un pequeño pórtico semicerrado, cubierta por bóveda de arista.

La ermita es una obra popular del siglo XVII, realizándose importantes obras hacia el año 1732, fecha en la cual se alzó la actual capilla mayor, la sacristía y el cerramiento con bóvedas, considerando que la vieja ermita estaba techada como armadura de madera y, en 1737, se hizo la espadaña.

Aunque existió un templo anterior del siglo XIV, en dicho lugar se veneraría a la imagen de Nuestra Señora del Campo, obra de los inicios del siglo XIV. Esta afirmación la apoyamos con el documento más antiguo que se conoce acerca de la ermita, que data de 1485, según el cual el obispo Pedro de Villalobos visitó la ermita de Santa María del Campo, siendo su mayordomo García Alfonso.

En el interior de la ermita se conservan una pila granítica de agua bendita de finales del siglo XVI; un cuadro con bordado de tipo popular que representa la Virgen del Campo, fechado en 1854; y la imagen de la Virgen del Campo, obra de los inicios del siglo XIV de madera policromada, una figura sedente con el Niño sustentada sobre una peana del siglo XVIII, a la que se acusaba un madero donde se leía el siguiente epígrafe: “Joan Domínguez Zambrano, pintor y dorador, vezino de Ole.., doré y pinté esta ymajen”. Fue restaurada en 1984 en el taller de restauraciones artísticas que tenía en Trujillo don José Gómez.

La festividad de Nuestra Señora del Campo se celebra el Martes de Pascua, una vez bajada la Virgen de la ermita el Domingo de Resurrección. El domingo llega al pantano de la localidad, donde el alcalde le impone el bastón de mando del pueblo; una vez realizado este acto continúa la bajada hasta llegar al pueblo con cánticos y vítores, donde le espera la banda para subir a la Plaza Mayor, dándole la bienvenida con la danza de la Virgen del Campo; y concluye con la emotiva entrada a la iglesia por el cante de la Salve Rociera y la entrega de la ofrenda floral.

El Martes de Pascua, dos días después de su bajada, se oficia por la mañana una misa en honor a Nuestra Señora la Virgen del Campo; al finalizar se realiza una procesión por varias calles de la localidad. A la entrada de la iglesia es tradición subastar los brazos de las andas de la Virgen para su entrada en el templo. Al día siguiente se celebra una subasta con productos de la localidad y diversos objetos aportados por los vecinos.

Durante los 15 días siguientes a su bajada permanece en el pueblo bajo custodia de sus feligreses. Se celebran dos romerías en sendos domingos; la primera, a los 15 días de su bajada, cuando es trasladada a su ermita en la finca El Hito; la segunda, el primer domingo de octubre, denominada ‘Romería del sindicato’. En ambas romerías se oficia una misa, a la que siguen juegos tradicionales para los vecinos.

Entre 1979 y 1980 se realizaron importantes obras en la ermita, colocándose la verja que separa el presbiterio y la hornacina granítica para cobijar la imagen de la Virgen con el Niño.