miércoles, 7 de mayo de 2025

 

LA RELIGIOSA TRUJILLANA SOR FILOMENA MARIA DEL PATROCINIO

 

 



 

 

Trujillo, solar de conquistadores, lo es también de fundadores. En el mes de enero se ha creado una Comisión en Fuente del Maestre –población donde fundó un convento en 1896- para reiniciar los trámites oportunos para la beatificación de la Madre Sor Filomena María del Patrocinio, una ilustre hija de Trujillo. A finales del año 1986 se inició expediente para trasladar los restos de la Madre Filomena desde el sencillo enterramiento que ocupaba hasta la iglesia del monasterio, con los pertinentes permisos del señor obispo para que los restos mortales que descansaba el cementerio del monasterio pueda ser trasladados a la iglesia, junto a la reja del coro bajo (permiso concedido el 2 enero de 1987) y, a partir de esa fecha, se complementan todos los trámites necesarios para llevar a cabo la reinhumación del cuerpo. En el cementerio del monasterio se iniciaron los actos de exhumación y posterior inhumación de los restos con la presencia de autoridades civiles y eclesiásticas. En el año 2003, la avanzada de las hojas y la falta de vocaciones habían reducido la comunidad del monasterio, por lo que se decidió el cierre del convento. Hoy día, los muros del antiguo monasterio vendido a una inmobiliaria, rezuman soledad y tristeza. El venerado cuerpo de la Madre Filomena reposa junto a la reja del coro bajo de la antigua iglesia de Santa María la Hermosa, donde todavía muchos devotos se acercan a rezarla.

En un breve bosquejo intentaremos trazar los rasgos más importantes de su personalidad  Su nombre bautismal fue María de Bustamante Bisel Saldaña y Orozco. Nació en la calle Ballesteros de Trujillo el 18 de octubre de 1825. Fueron sus progenitores los Marqueses de San Antonio y Condes de Saldaña -don Manuel de Bustamante Saldaña y doña Jacinta Bisel Orozco-, pertenecientes a noble familia trujillana.

 

Partida de bautismo de sor Filomena María del Patrocinio (libro V de bautismo de la parroquia de Santa María la Mayor de Trujillo, 1809-1833, fol. 114vº): “En la ciudad de Trujillo en diez y nueve días del mes de octubre del año de mil ochocientos veinte y cinco. Yo Thomas Martín de Prado cura rector de Sta. María la mayor de esta, baptizé solemnemente a una niña que nació el día diez y ocho de este mes y año, a quien puso por nombre María Ramona, hija legítima del señor don Manuel de Bustamante Marqués de San Antonio y doña Jacinta Risel, naturales y vecinos de esta ciudad. Abuelos paternos don Manuel Antonio de Bustamante, natural de Aldea de Zentenera y doña María Antonia de Saldaña, Marquesa de San Antonio, natural de Madrid y vecinos de Trujillo. Abuelos maternos don Antonio Risel y Tapia, natural de Aldea de Zentenera, y doña María Josefa Orozco y Treviño natural de esta ciudad y ambos vecinos de ella. Fue su madrina doña María Ramona de la Hoz, soltera, hija de don Francisco de la Hoz y natural de Alburquerque aquí advertí el parentesco espiritual y su obligación testigos don Juan García, Pbro, don Joaquín Rodríguez y don Leonardo Risel, vecinos de esta. Y por verdad lo firmé: Thomás Martín de Prado” (literal).

 

María Ramona, huérfana a los tres años, confió su padre la crianza y formación de su pequeña hija a Sor Paula Maria Risel Orozco y a Sor Ana María,  que antes habían sido religiosa en el de San  Pedro, refugio de la nobleza que recibía la divina vocación al retiro y oración, privilegio de las almas escogidas.

     Don Cipriano Sánchez Varela, prelado de la diócesis de Plasencia- la rigió durante mucho tiempo, desde 1826 a 1848 y ocupa el número 78 en el "Episcopologio placentino"- autorizó el ingreso de la niña Maria de Bustamante en la clausura monacal. Debido a enfermedad, salió  del convento de la Puerta de Coria a los pocos años de su ingreso. Pero a esta  temporal salida sucedió su vuelta definitiva, lo que ella narró en su autobiografía. Hay que especificar que sucedía esto antes de la exclaustración de las monjas de San Francisco el Real el 30 de abril de 1836, las cuales fueron trasladadas al convento de San Ildefonso de la ciudad de Plasencia, marchando con ellas, en calidad de educanda, la niña María de Bustamante. Allí permaneció quince años, interrumpidos por una breve ausencia motivada por enfermedad.

  El día 2 de abril de 1850 vistió en el convento  de San Ildefonso el hábito de la Tercera Orden Claustral (vulgo “isabeles”) y comenzó el noviciado en Trujillo por haber regresado la comunidad de San Francisco el Real  a esta ciudad el 30  de abril del 1851. Las penalidades que pasaron las monjas a su regreso a Trujillo en 1851 aparecen recogidas testimonialmente en la “Autobiografía” de Sor Filomena María: “Cuando llegó el momento de cerrar la clausura, allí se quedaron las religiosas consumiendo, angustia suma y el tremendo interrogante de qué ocurriría tras haberse comprometido al gasto de la reparación. La Iglesia solamente tenía la mesa el altar y al frente una tela donde colocamos al Cristo de las Maravillas, que se había guardado en Huertas de Ánimas hasta nuestro regreso. Al día siguiente, colocamos un Sagrario que habíamos traído del convento de la Coria, y dispusimos el altar para celebrar misa, como lo hizo el señor secretario del obispado a las siete de la mañana; pero al no haber campanas ni órganos, impidió que se entonara el Tedeum. Concluida la ceremonia, empezamos a trabajar, quitar los escombros y comenzar la reparación del edificio”.

Por tanto, las religiosas se instalaron en el convento de San  Pedro, - ya que el de la Puerta de Coria  había sido bárbaramente arruinado - y allí emitió su profesión de votos religiosos el 11 de mayo del mismo año Sor Filomena María Bustamante, en la fiesta del Patrocinio de San José; cambió su nombre de pila (María Ramona) por el de Filomena María del Patrocinio.

   Esta monja trujillana fue durante muchos años Abadesa de la Comunidad Franciscana de San Pedro.

  Es obligado reflejar, aunque sea brevemente, la obra que llevó a cabo. Restauró la iglesia y toda la fábrica conventual, que se hallaba en deplorable estado. Restauró la disciplina  de la vida de observancia y la formación de nuevas religiosas, que incrementaron en número  los miembros de la Comunidad, a la que impulsó con sus medidas. Dice en su escrito: “Después de haber trabajado sin descanso en esta Santa casa y reedificarla en todos los sentidos; después de pasados indecibles trabajos, penas y tribulaciones de todo género; después de ver cómo esta comunidad tan numerosa cuando sólo éramos cinco y, por fin, después de otras 1000 maravillas cobradas por Dios en ella, empezó se despertara en mi grandes deseos y aspiraciones de ir a trabajar por la gloria de Dios y el bien de las almas en otra parte, puesto que aquí quedaba muy poco que hacer”.

    En el año 1864 llevó a cabo la iniciativa de fundar un monasterio en Mula (Murcia), partiendo del convento trujillano de San Antonio sor María de Santa clara y sor Juana de la Cruz con una sobrina educanda que se llamó en el claustro sor María de la Encarnación. Todas ellas pertenecientes al linaje Orozco, que cuenta entre sus miembros Alfonso Orozco, agustino, predicador de Felipe II, fundador, escritor, y fue beatificado por León XIII el 15 enero de 1882. En el año 1865 fue nombrada Abadesa Sor Filomena María, por el obispo don Gregorio María López, llevando a cabo una gran actividad restauradora del convento trujillano. Es de admirar en la Madre Filomena su espíritu inquieto no sólo como promotora en la restauración del Convento de San Pedro, sino alternándolo con su vida espiritual y la formación de nuevas religiosas, a pesar de su poca salud.

     Cuarenta y cinco años llevaba Sor Filomena en el convento de San Pedro, cuando movida del espíritu  de Dios y previos los requisitos canónicos marchó a los 70 años de edad, el 17 de enero de 1896 a fundar el convento de Franciscanas de Fuente del Maestre, localidad de la diócesis de Badajoz acompañadas por cinco religiosas.

    Poco menos de un año hacía que Sor Filomena estaba rigiendo con singular acierto y venerada edificación para todos estas nueva Comunidad cuando guiada por nuevos impulsos divinos obtuvo de la Santa Sede autorización para que  ella y sus  monjas presentes y futuras pasaran de Franciscanas a religiosas Concepcionistas (cambiando el hábito pardo por el blanco y azul). Solemnemente se realizó  el tránsito el 8 de diciembre de 1896.

   Durante diecisiete años aproximadamente, el convento de Concepción de Fuente del Maestre asentó  su vida religiosa y observante en las santas y sabias enseñanzas de la Madre Filomena, quien a los 88 años de edad llenos de méritos ante Dios y ante los hombres descansó en la paz de  los juntos tan santamente como había vivido. Era el 22 de noviembre de 1913, mientras la comunidad participaba en la misa; en el momento de la consagración le llegó la mejor recompensa a toda una vida de sacrificio, entrega y amor a Dios y a los demás.

El día 7 junio 1987, coincidiendo con la apertura del Año Mariano fueron exhumados y nuevamente inhumados en el coro de la iglesia de la Concepción, de la localidad de Fuentes del Maestre, los restos de la Rvda. Madre Filomena María de Bustamante Risel-Orozco, mujer providencial en los planes de Dios y en palabras del padre Juan Tena: “ Eminente por sus dotes naturales que fueron muchas, pero más eminente a un por sus extraordinarias virtudes y por las altas mercedes y Dios la concedió”.

Conocemos datos precisos de su estancia en el convento de San Francisco el Real de la puerta de  Coria de Trujillo y de la grave enfermedad que pasó gracias a su “Autobiografía de la Madre Filomena: una víctima de amor divino”, toda una juventud larga y penosa, llena de entrega a Dios y de sacrificio por la iglesia y los necesitados. Autobiografía escrita por ella misma, recopilada y terminada por una religiosa concepcionista del convento de Fuentes del Maestre, en el año 1925.

 

 

La ermita de Santiago de Bencáliz  

 

La Tierra de Cáceres o Jurisdicción de Cáceres, es una comarca histórica situada al Sur de la Provincia de Cáceres, en la Comunidad Autónoma de Extremadura. Recibe el nombre de su capital, la ciudad de Cáceres. Esta tierra ocupa una buena parte de la penillanura trujillano-cacereña. Es una superficie casi plana, sólo accidentada por la sierra de Cáceres, en el centro, y la Sierra de San Pedro en el sur. Esta tierra está surcada por el río Salor y su afluente el río Ayuela,  mientras  que  su  borde  noroccidental  lo  recorta  el  río  Tamuja  hasta  desembocar  en  el  río  Almonte.  Nos encontramos ante terrenos llanos de la penillanura, sólo los arcillosos, pizarras y granitos, con tierras esencialmente dedicadas al cultivo o a la ganadería, y afloraciones rocosas típicas del paisaje de berrocal.

La ermita de Santiago de Bencáliz o de Vencáliz, se encuentra en el partido judicial y término municipal de Cáceres, entre Aldea del Cano y Casas de Don Antonio, es esencialmente una fortaleza, que perteneció al Marqués de Santa Marta y, posteriormente, a la Duquesa de Valencia, procedente por herencia, de la casa de los Golfines. Aparece recogido en el Fuero que dio a Cáceres su conquistador donde se le menciona como Atalaya de Vencaliz y después del apóstol Santiago. Según  Roldán Hervás, en este lugar estuvo ubicada Sorose (primera mansión de la vía militar que iba desde Mérida a Salamanca), mencionada en el Itinerario de Antonino, habiéndose localizado en la zona restos romanos de la villa o asentamiento romano rural existente o mansio Ad Sorores, habiéndose localizado la presencia de mosaicos, restos de cerámica y pinturas murales romanas, así como en la edificación medieval próxima el miliario XXVII, en las campañas de excavaciones dirigidas por el profesor Enrique Cerrillo entre los años 1975 y 1978 , el cronista Floriano Cumbreño señaló que sobre las ruinas de la mansión romana el árabe Aben Valis construyó una atalaya o fuerte que junto a él se ubica, propiedad que aparece en la Edad Media donde siglos antes se asentaba la villa romana de Bencáliz, próxima ésta a su vez se encuentra la mansio Ad Sorores, que acogía a los viajeros que desde Emérita Augusta partían hacia el Norte tras 26 millas de viaje dejando atrás la capital de la Lusitania.

Al igual que la mencionada quinta, que ha visto cómo desde la dominación romana diversas familias hacían de estas tierras su hogar, transformando los edificios que allí se asentaban según las épocas y necesidades, el Puente de Santiago se ha visto también transformado desde  que  en  un  primer  momento  se  concluyera  que  en  ese  punto debería levantarse tal obra de ingeniería, salvando así no sólo las aguas del arroyo Santiago, que bajo él pasa. Muy cercano está el puente romano-medieval de Santiago de Bencáliz toma su nombre de la dehesa y casa fuerte.

Es así por lo que, en el medievo, y tras la Reconquista de la región, mientras que la Casa fuerte de Bencáliz, obra del siglo XV, recuperaba la ermita de Santiago que allí perdura (en muy mal estado de conservación), construida sobre  las bases  de  una  antigua  residencia  romana,  el  Puente  de  Santiago  se  veía  transformado  y  restaurado. Respetándose el ojo inicial e individual, con arco de medio punto compuesto a base de repetidos sillares graníticos, se alargó su trazado añadiéndole dos nuevos aliviaderos cuadrangulares, uno a cada lado del ojo central, reconstruyéndose el pretil y reformándose la calzada hasta alcanzar un ángulo agudo en su punto medio, solución arquitectónica propia de los puentes del medievo.

Nos encontramos, por tanto, en un importante lugar de asentamientos existentes desde la antigüedad. El   sacerdote   Benito   Boxoyo   nos   refiere   lo siguiente:  Hay  una  iglesia  muy  capaz  dedicada  al Apóstol Santiago, el Mayor; en ella se advierte el asiento del  púlpito  y  la  Cruz  parroquial,  que  usaban  en  las procesiones,   es   de   bronce,   formada   de   labores salomónicas  y  lazos.  En  el  recinto  de  esta  iglesia  se descubren  piedras  labradas  de  cantería,  cimientos  de casas, ladrillos gruesos y, particularmente, se ve el cimiento de un edificio de cerca de 20 varas en cuadro de cada lienzo y cuatro varas de grueso; puede conjeturarse fuese la atalaya de Vencáliz, que el rey don Alonso, conquistador de Cáceres, nombra, señalando los términos que concedió, según consta del libro de sus privilegios. La casa tiene dos muy antiguas y fuertes torres; en uno de sus portados está una piedra de finísimo alabastro con varias labores, semejantes a las del templo de Marte, que conserva Mérida, tiene de largo más de tres varas y dos tercias de grueso en cuadro. Entre dos arcos de un portal está en una piedra en figura cilíndrica, en que se ven varios caracteres romanos”.

Se trata de una construcción del siglo XV, en muy mal estado de conservación. Consistente en una ermita de una sola nave, dividida en dos tramos por un muro transversal que divide la capilla mayor o ábside semicircular del resto del templo, aún conserva sus arcos triunfales y los restos de una basílica visigoda que se encontraba anexa a esta edificación posterior, cuyos muros fueron reaprovechados para la ermita del siglo XV, e incluso habiéndose utilizado los restos de edificios romanos anteriores como piedras de acarreo para la construcción de una buena parte de la ermita, tal y como se puede comprobar por los sillares existentes, incluso dos  inscripciones romanas, una de ellas situada en el actual Altar Mayor. Destaca una puerta en arco de medio punto de sillería ornamentada con las bolas o bezantes. Aún se percibe algún resto de pintura al fresco que decoró los muros del interior de la ermita y los dos altares situados a ambos lados de la ermita, así como el mayor que estuvo presidido por la imagen del Crucificado, tal y como puede comprobarse en la actualidad, a pesar de encontrarse en muy mal estado de conservación.

En el año 1550, la ermita fue favorecida por mandas testamentarias de los vecinos de Aldea del Cano: “Ytem mando a la yglesia de Sant Martín medio rreal y mando a Santiago de Bencaliz e a Sant Yuste y a Santa María de Graçia e a San Juan Hevanjelista questá en el Alguijuela a cada una dos maravedís para azeyte”.

En el año 1790 cuando se lleva a cabo la Visita de la Real Audiencia de Extremadura, aún se celebraba culto en la ermita, se indica que depende de la parroquia de Aldea del Cano y que habría de celebrarse misa todos los días festivos hasta completar veinticuatro a partir de San Andrés.

Esta ermita recibe a los vecinos de Casas de Don Antonio en la fiesta dedicada a Santiago.  La imagen titular de Santiago se encuentra actualmente en la ermita de la Virgen del Pilar de Casas de Don Antonio. Se celebra el 1 de Mayo, en la finca de Santiago de Bencáliz, y que se sitúa a mitad de camino de Cáceres con la vecina localidad de Aldea del Cano por la N-630.

La noche anterior a la romería, se celebra en la Ermita de la Virgen del Pilar una velada, coincidiendo con el último  día  del  novenario,  pasando  posteriormente  a  formar  parte  de  la  celebración  de  bailes  amenizadas  por  las verbenas. En la mañana del 1 de Mayo se celebra la procesión portando los romeros y romeras la imagen de Santiago a caballo, tanto a la ida como a la vuelta, desde el pueblo hasta la finca  de Bencáliz a través de la Nacional 630. En este lugar se pasa un día agradable de campo acompañados por una verbena que ameniza los bailes realizado por las personas del pueblo y alrededores.  Finaliza la Romería con la vuelta del Santo a la ermita, donde se le despide con bailes regionales.










martes, 6 de mayo de 2025

 

ALISEDA: CRUCES DE TÉRMINO Y CRUCEROS

 

 

Municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39° 25’ de latitud norte y los 6° 41’ de longitud oeste. Pertenece a la comarca funcional de Cáceres. La extensión del término municipal es de 81 km², el casco urbano está situado a 351 m de altitud. El término municipal ocupa terrenos en la vertiente norte de la Sierra de San Pedro, en la confluencia con la penillanura trujillano-cacereña.

La villa de Aliseda, es un municipio de la provincia de Cáceres, forma parte de la comarca de los Llanos de Cáceres. Está situada en el enclave de la Sierra de San Pedro, lo que confiere al paisaje un aspecto montañoso y áspero, a pesar de no tener excesiva altitud, 603 m.

La historia de Aliseda tiene sus orígenes en la cultura tartésica. En el año 1920[1] se encontró un tesoro tartésico de enorme relevancia histórica: objetos de oro, entre los que cabe destacar una diadema completa y parte de otra, brazaletes, un torque, un cinturón formado por diversas placas, dos arracadas o pendientes, piezas de collar, un cuenco,  sortijas y anillos, además de otros elementos menores. Entre las piezas de plata destacan: un braserillo y restos de recipientes; de bronce: un espejo; de piedra: un posible afilador, de vidrio: una vasija completa, y fragmentos cerámicos (hacia el 625 a. C., se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid)[2].

En el año 1995 se han encontrado vestigios de la Edad del Bronce Final en la cima de la Sierra del Aljibe, que datan de la época del tesoro, cuyo lugar de aparición debió constituir una sepultura, semejante a otras del área andaluza (Carambolo), enclavada en un pequeño cerro, en el año 1790 se encontró un exvoto en bronce fundido representando una cabra, animal consagrado a la diosa indígena Ataecina. Está datado entre los siglos V y IV a. C[3].

En el siglo II. d. C. donde aparece bajo el término de Isalaecum, vocablo griego que viene a designar un lugar escarpado, citada por Ptolomeo.

Tras la reconquista de Cáceres, en el año 1229 varias aldeas, entre ellas Aliseda, constituyeron el Sexmo de Cáceres. Aliseda creció rápidamente gracias a la fertilidad de su suelo, así como gracias a su situación, ya que, tras saquear los portugueses Alburquerque en los años 1386 y 1397, Aliseda era el único pueblo entre Cáceres y  Portugal, al estar situada en zona fronteriza y por ser lugar de tránsito por su puerto natural. Fue arrasada en el año 1377 por el condestable Pereira, desde entonces, Aliseda ha sufrido las consecuencias de las sucesivas guerras que han enfrentado a España con Portugal, que llegaron a dañar seriamente la estabilidad y desarrollo de la población; no será hasta el siglo XIX cuando Aliseda se establece como municipio independiente de Cáceres.

En 1426 recibe el Concejo de Cáceres la Carta – Merced que exime a Aliseda de pagar tributos para procurar su repoblación. Tales privilegios los confirmaron Juan II en 1429 y los Reyes Católicos en 1486, y los posteriores monarcas hasta 1760, cuando Carlos III concedió el Marquesado de Aliseda a favor de Doña Isabel de Moctezuma.

Creada la Real Audiencia de Extremadura por Pragmática Sanción en fuerza de ley, de 30 de mayo de 1790, durante la Guerra de la Independencia, en el año 1809, fue sede temporal de la Real Audiencia de Extremadura (desde el 18 de abril hasta el 30 de octubre de 1809). Su posición estratégica en el camino de Portugal, entre Cáceres y la frontera, hizo de esta localidad una parada obligatoria y lugar de tránsito del movimiento de tropas en todos los grandes conflictos bélicos que vivió la provincia de Cáceres en el siglo XIX.

 

I.- Cruz en la ermita de Ntra. Sra. del Campo

 

En las inmediaciones de la ermita actual de Nuestra Señora del Campo, situada a 5 Km. al sur de Aliseda, se conserva una cruz, en plena Sierra de San Pedro. La ermita data es obra del siglo XIV[4], realizándose importantes obras hacia el año 1732, fecha en la cual se alzó la actual capilla mayor, la sacristía y el cerramiento con bóvedas, considerando que la vieja ermita estaba techada como armadura de madera y, en 1737, se hizo la espadaña. En su interior se venera a la patrona de Aliseda, Ntra. Sra. del Campo, obra de los inicios del siglo XIV. Esta afirmación la apoyamos igualmente con el documento más antiguo que se conoce acerca de la ermita que data del año 1485, en dicha fecha el Obispo Pedro de Villalobos visitó la ermita de Santa María del Campo, era mayordomo por entonces García Alfonso[5].

Las cruces de término han sido un elemento crucial en la configuración histórica de nuestro paisaje. Estas grandes cruces de piedra se han elevado tradicionalmente en caminos y encrucijadas en los alrededores de los pueblos, pero también existen las cruces elevadas junto a una ermita, como es este el caso, muestra de la piedad cristiana y para fomentar la misma a los viajeros. Sobre una grada cuadrangular que se va deteriorando con el tiempo se alza un fuste cilíndrico, monolítico, no estriado que ostenta en la parte superior del mismo collarino y capitel cilíndrico de vaso liso. El conjunto se remata con una cruz moderna de forja que rompe con el encanto del resto del conjunto pétreo.

 

 II.- Calle de la Cruz

 

En Aliseda existe la calle de la Cruz, de hecho, se ha colocado una cruz de hierro en la pared como hito de que en otros tiempos existió una cruz. Hay que tener en cuenta esta tradición religiosa como un fenómeno social y religioso. Social por cuanto siempre ha estado unida al pueblo, y es éste el que la da el sustento en la tradición, religioso en relación con las manifestaciones de esta índole, muy características, en la gran mayoría de las devociones de nuestra tierra extremeña. La historia se mezcla en sus principios con la leyenda, a partir de la cual, es el pueblo el que comienza a escribir su propia historia. Indagar en sus orígenes resulta complejo por cuanto no se poseen referencias concretas ni puntuales sobre un acontecimiento que ha marcado, sin duda, la historia y el estilo de un pueblo. El principal hecho que tenemos que tener en cuenta, como referencia es el origen de la devoción de la Cruz en esta localidad, estando bien presente en la fiesta en honor a Ntra. Sra. del Campo el martes de Pascua o la romería dos semanas después del Domingo de Resurrección.

 





[1] MÉLIDA ALINARI, J. R: Tesoro de Aliseda. Noticias y descripción de las joyas que lo componen. Museo Arqueológico Nacional, 1921, pp. 5-11; MÉLIDA ALINARI, J. R.: “Tesoro de Aliseda”. Revista Coleccionismo, 105, pp. 165-171.

[2] MÉLIDA ALINARI, J. R.: “Adquisiciones del Museo Arqueológico Nacional en 1920. Noticias descriptivas. II. Adquisiciones del Estado. Tesoro de Aliseda”. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 43, núms. 7-9, pp. 341-346; RODRÍGUEZ DIAZ, A y IGNACIO PAVON: El poblado protohistórico de Aliseda, campaña de 1995. Badajoz, 1999; RODRÍGUEZ DIAZ, A y IGNACIO PAVON y DAVID M. DUQUE ESPINO: El tiempo del Tesoro de Aliseda. Badajoz, 2014.

[3] Aliseda y su historia. Ayuntamiento de Aliseda, 2011.  MARTIN POUSADA, R: “Los tiempos antiguos de Aliseda”. Actas de los XXV Coloquios Históricos de Extremadura. Trujillo, 1996.

[4] PIZARRO JIMENEZ, T: Aliseda y su historia religiosa. Cáceres, 1985, pág. 65.

[5] Ibidem, p. 66. También hemos de tener en cuenta que desde el año 1520 constan las cuentas de la ermita.

 

ALCÁNTARA. CRUCES DE TERMINO Y CRUCEROS

 

 

Municipio de la provincia de Cáceres, se localiza entre los 39° 43’ de latitud norte y los 6° 53’ de longitud oeste. Pertenece a la comarca funcional de Cáceres. El término municipal tiene una extensión de 552 km² y el casco urbano está situado a 232 m de altura, un término municipal que se asienta sobre la penillanura cacereña-alcantarina caracterizado oro su monotonía en el paisaje y el encajamiento del río Tajo.

Fue una importante población de la que quedan interesantes restos urbanos del Medievo, por ser una población fronteriza estuvo fortificada: el castillo dominaba el puente, junto con la denominada “Torre del Oro”, situada en la orilla opuesta; además de contar con fortificaciones del siglo XVII con baluartes defensivos sobre el río.

En su término se ha localizado sepulcros megalíticos y un poblado fortificado de la Edad del Hierro en “Villavieja del Castillejo de la Orden”, situado en un meandro del río Jartín, encontrándose en el transcurso de las excavaciones arqueológicas una necrópolis con tumbas de cremación con a Juárez cerámicos y armamento fechados en el siglo IV a. C.  la fecha más reciente del asentamiento viene dada por una inscripción en bronce del 104 a. C., consistente en un tratado entre el Consejo del poblado y el pueblo romano[1].

Fue muy importante la presencia romana en la zona, destacando el Puente romano que cruza el río Tajo, construido en el año 105, según una inscripción en el centro del puente indica que fue construido en honor al emperador romano Trajano, nacido en Hispania[2]. La inscripción dice lo siguiente: "Imp(eratori)· Caesari· Divi. Nervae·(filii)·Aug(usto)·Pont(ifici)·Max(imo)·trib(unicia)·potest(ate); En su entrada meridional se deja constancia en otra inscripción de que su ingeniero fue Cayo Julio Lacer, el mismo arquitecto que también construyó el arco triunfal y templo votivo in antis de planta rectangular y una sola cámara. El puente de Alcántara fue construido gracias a los impuestos de siete villas lusitanas y pretendía unir la calzada de Norba Caesarina (Cáceres) a Conimbriga (Portugal). También hemos de destacar las importantes inscripciones  romanas, algunas de ellas honorífica-monumental  han sido localizadas en esta población[3].

Durante la dominación musulmana existió un poblamiento defensivo que permitía controlar el interesantísimo puente romano, uno de los pasos que comunicaba los territorios del norte y del sur del Tajo, muy utilizado para el desplazamiento de soldados y ganado. Abdalla Mohamed “El Idrisi” en su obra, denomina a Alcántara como “La maravilla del mundo”, debido a que durante la dominación musulmana era una de las plazas más apetecidas, a causa de su posición estratégica y por la solidez de su baluarte defensivo[4].

Este baluarte defensivo requirió importancia cuando los cristianos ocuparon la Transierra, a partir del siglo XII, disputaron a los árabes la estratégica fortaleza. En el año 1143 fue conquistada por el rey Alfonso XII, volviéndose a perder y recuperándola en el año 1166 el rey Fernando II de León y se la entregó a la Orden de San Juan, la cual no pudo retenerla y volvió a caer en poder musulmán. En el año 1213 fue conquistada definitivamente por Alfonso IX de León. La villa fue entregada a los caballeros de San Julián, los cuales trasladaron aquí su convento mayor y adoptaron el nombre de Orden de Alcántara.

El 2 de marzo de 1476, tras las batallas de Toro y Albuera, se eligió esta villa fronteriza para negociar la paz entre los Reyes Católicos y Alfonso V de Portugal. Aquí se diseñaron los preliminares de la paz y se redactó el tratado, firmado posteriormente en Alcaçovas el 4 de septiembre del mismo año; por el cual, Alfonso V y Juana la Beltraneja dejaban de titularse reyes de Castilla y, en reciprocidad, los Reyes Católicos renunciaban a todas sus pretensiones en el reino de Portugal[5]. En el año 1499 nació en esta localidad Juan Garavito Villela de Sanabria, conocido como San Pedro de Alcántara, que alcanzaría una enorme dimensión testimonial y evangélica. El Papa Juan XXIII le proclamó patrono de Extremadura en el año 1962[6].

Alcántara sufrió mucho durante la guerra de la Independencia en la primavera de 1809. El general Lapiche entró en la población y la saqueó e incendió[7]. La reforma administrativa liberal mantuvo a este municipio como cabeza de partido judicial, eminencia que alcanzaría bajo la Restauración al considerarla distrito electoral.

A finales de los años 60 del siglo XX la compañía eléctrica de Iberdrola construyó un embalse con sus 90 km de longitud, acaparar 3.177 metros cúbicos, lo que supone 500 litros de agua por cada habitante del planeta Tierra, siendo uno de los mayores de Europa y el segundo de producción de energía eléctrica de España.

 

 

 1.- Cruz de La Batalla

A tan solo 4 km del término municipal de Alcántara y con unas vistas privilegiadas al pantano del rio Tajo y el Puente Romano, se encuentra la Finca La Batalla. Una de las Fincas de recreo más representativas de la zona y que da nombre a la Cruz que se alza en sus inmediaciones. Son frecuentes las cruces en las bifurcaciones próximas a las poblaciones, que eran aprovechadas para encomendarse al iniciar el camino o para dar gracias al finalizar el trayecto. Del acto de arrodillarse o humillarse ante la cruz deriva el vocablo humilladero con el que se designan las cruces y el entorno en que se levantan. Unas veces fueron los concejos quienes costearon la erección de cruces, pero por lo general fueron los particulares o las cofradías locales quienes acudieron a levantarlas como una obra más de misericordia. La cruz está situada en la salida al antiguo camino a Zarza. Es una cruz relativamente moderna de base cuadrangular, de granito, con amplios brazos y elevada sobre una base rectangular de cantería rebajada por los extremos, sin decoración adicional. El graderío circular que la rodeaba ha desaparecido, aunque quedan algunos restos. 

 



II.- Crucero en la ermita de Ntra. Sra. de los Hitos

La ermita de los Hitos se encuentra a 3 km. al sureste de la población. En la explanada de la ermita de los Hitos se conserva un magnífico crucero. Es importante destacar que hito, en la mayoría de los casos hace referencia a piedra hincada, miliario..

El cronista de la Orden, Frey Alonso Torres y Tapias, indica que ya existía en 1235[8]. A finales del siglo XIV el maestre Yáñez de la Barbuda fue aconsejado por Yago, ermitaño de la Virgen, para que emprendiera una cruzada con el fin de recuperar Granada de manos infieles. Barrantes Maldonado[9], apunta que a finales del siglo XIV se reformó la antigua ermita por otra "de nueva cantería pues la anterior era de mampuesto. Esta obra finalizó el 15 de abril de 1402". Las costas de la reconstrucción fueron sufragadas por el Concejo de Alcántara, devotos de la Virgen y los bienes de la ermita.

Tras las guerras con Portugal la ermita fue destruida al explotar un polvorín instalado en ella. No se vuelven a tener noticias hasta 1768, año en que se reedificó en el mismo enclave. El patronazgo de Nuestra Señora de los Hitos siempre lo ostentó el concejo de Alcántara, que nombraba mayordomo todos los años. Éste mayordomo administraba sus rentas y daba cuentas al término de su mandato.

El crucero posiblemente date del año 1768, aunque no hay inscripción que lo confirme ni datos en los libros de la Cofradía de Ntra. Sra. de los Hitos, pero la tipología de la cruz corresponde a ese período. Se alza sobre un graderío circular de tres escalinatas de cantería, con fuste cilíndrico y rematado en capitel fasciculado sobre el que se apoya una cruz muy deteriorada.   La cruz, como señal del cristiano, aunque a veces se haga por costumbre, se sigue utilizando por algunas personas piadosas, más o menos practicantes, pero siempre confiadas en el rito y en el símbolo. En definitiva, el resultado final es la construcción de una ermita en una encrucijada, o junto a un camino, con una cruz en su frente levantada sobre un podio escalonado que servía para reposo del viajero y la plegaria. Las cruces erguidas en la segunda mitad del siglo XVIII tienen la particularidad de que la escala de la cruz se reduce y los brazos se tornean imitando labores de orfebrería: son la traducción en piedra de las cruces procesionales barrocas.

 

 



[1] ONGIL VALENTÍN, M. I.: “Excavaciones arqueológicas en el poblado prerromano de Villavieja del Castillejo de la Orden (Alcántara, Cáceres) 1ª Campaña”. Extremadura Arqueológica, I. Mérida, 1988, pp. 103- 108.

[2] ARIAS DE QUINTANADUEÑAS, J: Antigüedades y santos de la noble villa de Alcántara. Madrid, 1661, ed. de 1852 (Madrid).

[3] CORRALIZA, V. J: “El puente de Alcántara”, Revista de Estudios Extremeños, 30, 1, Badajoz, 1974, pp. 153- 171; GIMENO, H: “La inscripción del dintel del templo de Alcántara”. Epigraphica,  57, 1995, pp. 87-145; ABASCAL PALAZÓN, J. M: Los nombres personales en las inscripciones latinas de Hispania, Murcia, 1994, p.  284; VIU, J: Extremadura, sus inscripciones y monumentos. Madrid, 1852, p. 57; HURTADO DE SAN ANTONIO, R: Corpus Provincial de inscripciones latinas, Cáceres. Cáceres, 1977, pp. 50-56; MÉLIDA, J. R: Catálogo Monumental de España. Provincia de Cáceres. Madrid, 1924, tomo II, pp. 118-138.

[4] Abū Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī, fue un cartógrafo, geógrafo y viajero musulmán que vivió y desarrolló la mayor parte de su obra en la corte de Roger II, establecida en Palermo. Su obra recopilar una cantidad de información geográfica e histórica incomparable.

[5] CISNEROS DE LINDE-TORRE, A: Síntesis, historia y fe en Alcántara. Alcántara, 1989; VILLARROEL ESCALANTE, J. J.: Alcántara, puente y frontera. Núm. 47:  ERE. Mérida, 1991.

[6] ANDRES ORDAX, S: Arte e iconografía de San Pedro de Alcántara. Diputación Provincial de Avila, Institución Gran Duque de Alba. Avila, 2002; BARRADO, ARCANGEL: San Pedro de Alcántara. Madrid, 1965; GONZALEZ RAMOS, V: Biografía de San Pedro de Alcántara. Plasencia, Gráficas Sandoval, 1982.

[7] ALONSO PLANCHUELO, S: Temas de Historia de Alcántara. Alcántara, 1986; CISNEROS MONTEMAYOR, A: Alcántara ante la historia, glorias extremeñas. Diputación Provincial de Cáceres, 1975.

[8] Lic. Frey D. Alonso de Torres y Tapia: Cronica de la Orden de Alcantara. Impresa de orden del Rey N. S.or a consulta de su real y supremo consejo de las Órdenes Militares. Imprenta de Gabriel Ramírez, Madrid, 1763, p. 155 y 278.

[9] B.N.E. Mss.-17.996. Noticias de Alcántara escritas por Pedro Barrantes Maldonado en 1572, recogidas y anotadas en 1722 por don Fabián de Cabrera y Barrantes fol. 6.

lunes, 5 de mayo de 2025

 

JOSE MARIA CALATRAVA PEINADO

 

 

José María Calatrava Peinado nació en Mérida (Badajoz), el día 26 de febrero de 1781, en el seno de una familia relacionada con la Administración local, ya que su padre era escribano del Ayuntamiento de Mérida. Fue una familia numerosa. José María tuvo cuatro hermanas y dos hermanos menores.

José María a los doce años, cuando ya había cursado los estudios básicos de gramática, ingresó en el Seminario  de San Antón, gracias a una beca de "colegial porcionista" que le fue concedida en el año 1793. Tomará contacto por primera vez con la ciudad pacense, en un momento de la historia en la que Badajoz, desde 1653 hasta 1833 será la sede de la capital de la Provincia de Extremadura, y sede de la Capitanía General del Real Ejército de Extremadura. En estos primeros años que pasó Calatrava en Badajoz será cuando comience a absorber las ideas ilustradas, en una época en la que solamente aquellos países que gozaban de cierta cultura podían adoptar para uso propio las ideas de la Ilustración, ya que España estaba pasando por sus peores momentos económicos: malas comunicaciones, pobreza comercial e industrial, despoblación y falta de cultivos intensivos.

 

Calatrava salió del Seminario para posteriormente estudiar la carrera de Leyes en la Universidad de Sevilla, estudios que finalizó en el año 1800 a la edad de 19 años, comenzando a trabajar como Comisionado de Consolidación de Mérida, cargo que estaba relacionado con las cuestiones contables y financieras de las rentas públicas. En el año 1803 fue ascendido a oficial mayor de la Comisión Principal de Consolidación de Badajoz. En 1805, llegó a ser oficial de la Contaduría Principal de Propios de Extremadura. Un joven abogado que sería testigo presencial de los grandes acontecimientos que ocurrieron en España: la Guerra de la Independencia, las Cortes de Cádiz y, a partir de ella, una serie de movimientos políticos de avances y retroceso en el nacimiento de la España moderna: Absolutismo, Trienio Liberal, Década Ominosa o segunda restauración del absolutismo. José María Calatrava había contraído matrimonio en el año 1803 con María de la Paz Montero de Espinosa que era prima suya, y con la que tuvo tres hijos. María de la Paz pertenecía a una familia acaudalada, lo que le permitió a la familia vivir holgadamente.

 

Con el estallido de la Guerra de la Independencia (1808-1814) se sumó a la resistencia contra los franceses, siendo uno de los principales protagonistas que participaron el 30 de mayo de 1808 en la revuelta popular en Badajoz. José María Calatrava desempeñó los cargos de vocal de la Junta Suprema de la provincia de Extremadura (1808), fiscal del tribunal de seguridad pública de la misma y capitán de la segunda compañía de Artilleros de las Milicias Honradas de Badajoz. A él se debe la instalación de la Junta de Armamento y Defensa de Badajoz. Por su parte, su hermano Ramón María participó en la Guerra de la Independencia Española como Capitán de Artillería de los voluntarios de Mérida. José María Calatrava, desde su cargo como fiscal del Tribunal de Seguridad Pública, trató de articular una política que pusiera las bases del proceso revolucionario liberal.

Con el tiempo, José María Calatrava protagonizaría una ascendente carrera política-administrativa que le llevó a encabezar las más altas magistraturas del Estado. Calatrava, cuando vivía en Badajoz, fue elegido diputado suplente por Extremadura para las Cortes gaditanas, el 23 de julio de 1810, como representante de Badajoz, tomando posesión como diputado, tras la renuncia del obispo de Orense de Pedro Benito Antonio Quevedo y Quintano, alineándose con el grupo de los liberales y mostrándose partidario de introducir profundas reformas institucionales para abolir el absolutismo, e incluso presentó una proposición para la supresión de los mayorazgos.

El 24 de septiembre de 1810, los Diputados extremeños presentes en la sesión de apertura de las Cortes Constituyentes, erigidos en protagonistas principales y destacados, tomaron pronto la iniciativa de los debates.

Calatrava había sido elegido Secretario de las Cortes y posteriormente Vicepresidente en 1811. Fue un claro detractor del absolutismo monárquico, un liberal que defendió sus ideales con contundencia, desempeñando un papel esencial en las Cortes de Cádiz, interviniendo decisivamente en los principales debates jurídicos e impulsando la transformación del Consejo Real en el Tribunal Supremo de Justicia. Fue uno de los siete miembros no pertenecientes al Congreso de los Diputados designados para constituir la Comisión Especial encargada de la reforma del Código Criminal, pero no se pudo realizar por la reimplantación del gobierno absolutista. El rey Fernando VII promulgó un decreto por el que quedaban disueltas las Cortes ordinarias en el mes de mayo de 1814.

 

Su claro posicionamiento criticando y oponiéndose a algunas medidas absolutistas provocó que en 1814, tras la vuelta del rey Fernando VII y con el restablecimiento del absolutismo, fuera encarcelado José María Calatrava el 9 de mayo de 1814 en la Cárcel Real de Cortes de Madrid. Una vez emitida la sentencia contra el liberal Calatrava se le impuso una condena de ocho años siendo trasladado a Melilla, al Fuerte de Victoria Grande.

Tras el pronunciamiento de Riego y la vuelta de los liberales al poder, dando origen al Trienio Liberal (1820-1823), Calatrava fue liberado y, protegido por el duque de Frías, su carrera política experimentó un ascenso meteórico, reuniéndose con él el 12 de mayo de 1820, el mismo año en el que Calatrava es elegido diputado y miembro del Tribunal Supremo de Justicia. En el mes de julio de 1820 Calatrava fue uno de los diputados de la primera legislatura de las Cortes del Trienio Liberal, presidente de la Diputación Permanente, magistrado del Tribunal Supremo y desde 1822 hasta 1823, ministro de Gracia y Justicia.

 

José María Calatrava desempeñó un destacado papel en la consolidación legal de los principios del liberalismo, dado que, como presidente de la Comisión de Legislación, desarrolló un papel muy importante en la elaboración de la Ley de 3 de mayo de 1823 sobre extinción del régimen señorial, imponiendo los criterios de los liberales exaltados, que perjudicaban los intereses de los antiguos señores solariegos. Y participó en la redacción del Código Penal de 1822 —el primero de España—, que recogió la preocupación por el carácter delictivo de todo acto dirigido a modificar el régimen constitucional.

Con la llegada al trono de Fernando VII se exilia a Francia. A la muerte de Fernando VII, con la regencia de María Cristina, y la toma definitiva del poder por los liberales en 1834, Calatrava regresó a España a la edad de cincuenta y tres años, siendo repuesto en el cargo de consejero del Tribunal Supremo y convirtiéndose en uno de los líderes del emergente Partido Progresista, llegando a ocupar Calatrava la Presidencia del Gobierno, simultaneándola con el Ministerio de Estado. Al lado de Argüelles y Mendizábal formó parte del grupo de la Trinidad del Partido Liberal, intentando recuperar gran parte de la legalidad procedente de la Constitución de 1812, planteando de nuevo, la ley de Ayuntamientos, el Plan de Estudios y el Reglamento de Beneficencia, la Libertad de Imprenta. Una de las decisiones más destacadas del gabinete Calatrava fue la convocatoria de Cortes Constituyentes, elegidas por sufragio universal indirecto, que debían elaborar otro texto constitucional, que sirviera para regular el Régimen Liberal y estuviera más a tono con los nuevos tiempos, lo cual Martínez de la Rosa no consiguió con la promulgación del Estatuto Real (1834), al quedarse a medio camino.

 

Tras abandonar la presidencia del Consejo de Ministros, continuó en la vida pública, resultando elegido en las elecciones de septiembre de 1837 senador por la provincia de Albacete, cargo al que renunció en 1839, al ser elegido diputado en Cortes por Castellón y Madrid, optando por la capital de España —legislatura en la que, también, asumió la presidencia del Congreso de los Diputados—, elección que renovó en enero de 1840 (causando baja el 11 de octubre de 1840).

 

En el año 1840 José María Calatrava, al instaurarse la Regencia de Espartero, fue promovido a la presidencia del Tribunal Supremo de Justicia, ocupándola hasta 1843, dada su condición de magistrado que había retomado en 1834.

 

Falleció en Madrid el día 16 de enero de 1846. Enterrado en 1857 en un mausoleo y trasladados en 1912 al Panteón de Hombres Ilustres de Madrid (calle Julián Gayarre, 3) junto a los restos de Juan Álvarez de Mendizábal, Diego Muñoz Torrero, Antonio de los Ríos Rosas y otros liberales.