martes, 2 de marzo de 2021

 

El patrimonio artístico de Deleitosa (Cáceres)

 

1.      La iglesia parroquial de San Juan Evangelista

 

La iglesia parroquial está dedicada a San Juan Evangelista, aunque no es su patrón, construida en varias fases, dos de las cuales son perfectamente reconocibles en el levantamiento de los tramos. Al morir don Diego Gómez de Almaraz, legó éste en su testamento fechado en 1417 el mayorazgo de Belvís, Almaraz y Deleitosa a su hija doña Isabel, junto con las dehesas y aldeas de Valdecañas, Huertas, Mesas de Ibor, La Parrilla, Valdehúncar, Las Casas, Ganchapajares, El Campillo, Las Cabezas, las heredades que poseía en Jaraíz, Albalat, Peraleda, Gargüera, Torremenga y Torrejón, además de otras propiedades muebles, inmuebles y ganados. También legaba don Diego Gómez de Almaraz  cincuenta maravedíes para la obra de la iglesia de San Juan de Deleitosa.

Por tanto, corresponde al siglo XV una primera fase la construcción del templo, destacando la fachada de los pies con arco carpanel enmarcado en alfiz y decoración de tracería gótica. A ambos lados de la puerta hay dos inscripciones pertenecientes a una tumba fragmentada procedente del interior de la iglesia: “HE SV HIIO/ FALLESCIO/ EL PADRE A 8/ DE NOVIEN/BRE DE 1563 I EL HIIO A 3 DE NOVIENBRE/DEL 1560/ ESTAN EN ESTA SEPULTURA Y /SUS HEREDEROS”. En esta fachada se conservan los restos de una inscripción hebrea.

En el Interrogatorio de la Real Audiencia se especifica que “En esta villa no ay cementerio alguno, ni nezesidad de hazerle por tener mucha extension la iglesia parroquial para dar sepultura a los cuerpos”.

La mayor parte del edificio corresponde al siglo XVI.  Es un edificio realizado fundamentalmente a base de mampostería, sillería y ladrillo. La torre es de mampostería, sillares y ladrillo, va unida al lienzo sur de la capilla mayor; consta de tres cuerpos cuadrados, con vanos de medio punto para las campanas, a las que se accede mediante una escalera de caracol con núcleo situada a la izquierda de la capilla del Cristo del Desamparo.

La nave, de grandes dimensiones y cubierta de crucería, así como las capillas laterales con bóvedas de crucería con terceletes y combados que corresponden a la ampliación que se realiza en el siglo XVI. Las puertas laterales, de arco de medio punto y pilastras cajeadas pertenecen a los años finales de esta última centuria. Es importante destacar en los años finales de los 80 en el siglo XX se realizaron importantes reformas en la iglesia pues amenazaba ruina inminente. Según leemos en un panel en la entrada del templo: “ESTA IGLESIA HA SIDO RESTAURADA POR APROBACIÓN DE LA CORPORACIÓN MUNICIPAL EN LA LEGISLATURA 1983-1987 SIENDO ALCALDE-PRESIDENTE DON JOSÉ SÁNCHEZ SOLÍS Y SUBVENCIONADA POR EL MINISTERIO DE OBRAS PÚBLICAS Y URBANISMO, EXCMA. DIPUTACIÓN PROVINCIAL DE CÁCERES, EXCMO. AYUNTAMIENTO DE DELEITOSA, APORTACIONES DE VECINOS, OTROS, SIENDO CURA-PÁRROCO DON DOMINGO MORALES NIETO”.

Los accesos al edificio se abren a los pies en ambos costados; la puerta de los pies es la más antigua, de tipología gótica, con arco carpanel encuadrado por alfiz y finos baquetones con pequeñas basas y capiteles poligonales de lados cóncavos. Posteriores a la principal son las puertas de la Epístola y el Evangelio, ambas de idéntica factura; se abren en arco de medio punto, con molduración cajeada en las pilastras y en la rosca del arco; en la clave sobresale una ménsula glifada, y cierra la estructura una cornisa de elegante vuelo. En la fachada del Evangelio destaca un reloj de sol incrustado en un lateral para buscar la orientación sur, las líneas horarias, inscritas en un cuadrado, están comprendidas entre las VI de la mañana y las VI de la tarde, y en el exterior del mismo los números horarios escritos en caracteres romanos. Se ha perdido el gnomon construido en pletina de hierro en forma de escuadra, que se apoyaba en dos puntos. En la zona superior se dibujan unas volutas y la fecha de su construcción. En el centro una media luna rodea el polo del reloj de sol.

Las partes más antiguas del edificio eclesial son las del hastial de occidente y la estructura mural de la capilla mayor, correspondientes al siglo XV. A mediados del siglo XVI se inició una amplia transformación que como testimonio destacan las capillas laterales. De finales del siglo XVI son las dos portadas laterales.

A los pies del templo, bajo el coro se sitúa la capilla bautismal que se cubre con bóveda de aristas. Arco toral, bajones, así como la apertura de las capillas, son de medio punto.  En esta zona se encuentra la subida al coro, en el proyecto inicial no se realizó, aunque se ven los apoyos de los arcos, el iban a sostener, el actual ha sido ejecutado en las obras realizadas en los años 80. Bajo el coro se conserva una hermosa y artística pila bautismal granítica del siglo XVI, se encuentra en un espacio eclesial restaurado en los años 80 del siglo XX. La pila está decorada con relieves de temas florales en medio relieve distribuida en dos registros; en uno de sus lados, y ocupando la altura de los dos registros, gran Cruz con espirales en los extremos de sus brazos y, a su lado, escudo con las cinco llagas franciscanas; es una pila esférica sobre podio prismático moldurado.

En el lado de la Epístola se abre una capilla con un retablo barroco de madera dorada, con columnas compuestas ornamentadas con follaje y angelotes, sobre las que apoya un palio con representación en relieve de Dios Padre. En el centro del retablo, el Cristo del Desamparo y símbolos pasionistas entre cartelas con hojarascas. Es un crucificado en madera policromada, de notables dimensiones, en buen estado de conservación; tiene tres clavos, ojos de cristal y boca entreabierta, alzando el rostro hacia el cielo, cabellos de mechones individualizados que se rizan en sinuosos arabescos, barba muy corta que no desfigura la perfecta silueta del rostro; paño de pureza atado al lado izquierdo con gran vuelo en la caída, del que cuelgan pliegues verticales a lo largo del muslo, y recogido por cordón, subrayando la sensación de ser el test del conjunto, animado sabiamente por una ligera contraposición de los miembros y una leve torsión. Es una obra de hacia 1647. Cristo presenta una expresión angustiada en el rostro y la abundancia de reguero de sangre confieren a la figura un patetismo inexcusable cuando se trata de representar la agonía del Redentor.

En lo referente al Cristo del Desamparo, circula en la población un milagro que nos cuenta que el 9 de marzo de 1949 había sequía, se sacó la imagen del Cristo del Desamparo para pedir agua, y comenzó a llover torrencialmente durante la procesión. En el pueblo hay una leyenda que cuentan los ancianos: que en la sierra se encuentran 7 puertas que permiten el acceso a túneles, aunque solamente se conoce una de ellas en la Sierra de la Breña. También se dice que esos túneles se utilizaron durante la Guerra Civil para huir de las tropas de Franco. En el lado de la Epístola se encuentra la entrada a la  sacristía.

En el lado del Evangelio una capilla con la Virgen del Rosario, de mediano tamaño, de vestir, con manos y cara en madera policromada y ojos de cristal; es una obra popular del siglo XVIII. Imagen y madera policromada de Santa Rita; la santa porta un crucifijo en la mano izquierda, es obra de mediano tamaño, presenta el manto abierto y los pliegues angulosos y movidos. La Santa viste el hábito agustino de la orden en la que ingresó tras enviudar y perder a sus hijos. El entrecejo ligeramente fruncido y la boca abierta conforman una ligera expresión de dolor, el que le produciría la espina clavada en la frente, desprendida milagrosamente de un crucifijo ante el que rezaba y al que pedía que le hiciera partícipe de su Pasión. El giro del cuerpo de la Santa y la inclinación de su cabeza están condicionados, pues, por su atributo más significativo, el crucifijo que sostiene con su mano derecha y hacia el que dirige su mirada.  El giro del torso imprime un cierto movimiento/a los pliegues del hábito, desde la cintura hacia abajo. Mayor dinamismo posee el velo, que parece aletear sobre los hombros de la monja, callado por el artista con una virtuosa delgadez que simula el paño, al igual que las amplísimas bocamangas que cuelgan. La importancia de éstas como medio expresivo se potencia por el gesto de la Santa al separar sus brazos del cuerpo, el izquierdo en función del crucifijo y el derecho para mostrar su sorpresa ante el prodigio, obra de hacia 1754. A ambos lados de la santa, se conservan dos Niños, datables en el siglo XVIII.

En el Altar mayor se conserva una talla de Jesús crucificado, en madera policromada. Estamos ante una talla de Cristo en cruz de gajos, con una anatomía de formas suaves y redondeadas, presentando un rostro sereno dentro de la corriente naturalista de influencia francesa. Tiene los brazos extendidos, casi en la horizontal, con las manos abiertas. Presenta un tórax algo señalado, así como las costillas, pero de marcadas formas redondeadas, lo que se llama un modelado blando. La cabeza está algo inclinada hacia el hombro derecho. El cabello se dispone en mechones que caen sobre los hombros, pegados a la cabeza a modo de casquete, y barba corta y rizada, con la boca entreabierta y los ojos abiertos. Los pies se fijan con un solo clavo, cruzando la pierna derecha sobre la izquierda, quedando el pie interior en vertical y el exterior rotando sobre el anterior. Las piernas son cortas y algo voluminosas. Se cubre con un amplio y caído perizoma, que cubre la rodilla izquierda, sujetándose con un gran lazo en el lado derecho. Es una obra de gran serenidad, en la que dominan los rasgos naturalistas y suaves. Fue restaurado en los años 80 del siglo XX. Todas las características comentadas parecen indicarnos que se trata de una obra de la segunda mitad del siglo XIV, muy relacionada con los Crucifijos vallisoletanos góticos.

A ambos lados del Altar Mayor hay dos cuadros al óleo con temas florales que obsequiaron a la parroquia en agosto del año 1995 – según reza en el cuadro- los Sres. Don José Barambones y doña María Consuelo Izquierdo.

Escultura en madera policromada de San Antonio de Padua, con un libro en la mano izquierda sobre el que apoya al Niño Jesús; ropajes desplegados angulosos, es una obra de la segunda mitad del siglo XVII.

Escultura de San Juan Evangelista, madera policromada, ojos de cristal. Porta Cáliz y tiene a sus pies el águila de Patmos, obra del siglo XVIII. El templo posee otras imágenes más modernas como un Sagrado Corazón o la Inmaculada, obra de los Talleres de Olot (1910).

En la sacristía se conserva una talla popular de Jesús crucificado, en madera policromada y pequeño tamaño, con tres clavos.

En el norte del casco urbano existió un castillo medieval. Se encuentra prácticamente desaparecido. Hacia el año 1351 se inició la construcción del castillo que terminaría don Blasco Gómez de Almaraz que falleció en las luchas con la dinastía de los Monroy. En la segunda mitad del siglo XV, durante las luchas entre los partidarios de doña Juana la Beltraneja y los de doña Isabel I, Trujillo era leal a doña Isabel pero Deleitosa cayó en poder de los partidarios de doña Juana, sin necesidad de lucha ya que era propia de don Rodrigo de Monroy, un partidario del rey de Portugal que defendía el derecho a la corona de “La Beltraneja”. Apenas queda parte de una pared original que casi no se distingue, a pesar de ello está bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español.

 

2.- El Hospital

 

Se conservan las ruinas de un antiguo Hospital en la zona oeste de la Plaza de España. Sabemos de su existencia y funcionamiento desde el siglo XVI, aún se conserva el Libro de Cuentas del Hospital de la Concepción, 1579-1652 en el Archivo parroquial de la iglesia de San Juan Evangelista de Deleitosa. Por tanto, en la segunda mitad del siglo XVI se fundó este Hospital  con su ermita de la Concepción por don Juan García Rico, dotándose de cinco médicos que atendían a enfermos emigrantes de los alrededores y del pueblo. En este hospital fue atendido San Pedro de Alcántara en su última enfermedad antes de ser trasladado a Arenas de San Pedro donde falleció. Todavía finales del siglo XVIII el hospital estaba en plena actividad. En el Interrogatorio de don Tomás López, realizado el 10 de diciembre de 1785 (la obra original fue publicada en el año 1798), recogemos literalmente: “Se halla también un hospital que fundó y dotó Juan Garzía Rico, con su hermita de Concepción, en el que se recojen pobres emigrantes, y curan enfermos de el pueblo hasta donde alcanzan sus cortas rentas”. Incluso nos ofrece una relación de las enfermedades típicas que se tratan en dicho hospital: “…que más regularmente se padecen son terzianas por acaloramiento, que con el uso de dos o cuatro sangrías y algunos refrescos se remedian, los purgantes de toda casta cusan funestos efectos, algunos dolores pleuríticos en sujetos vinosos y por lo mismo poco peligrosos, siempre en las evacuaciones no aia retraso, … tres epidemias de tavardillo…, hidropesías, con esta agua no se contrahen tisis por caso raro y en fuerza de algún golpe en el pecho ethicas, acontecen algunas más solo en mugeres poco reflexivas y zelosas de su saluz,… párvulos fallezen en bastante número de aczidente varmiginos o de sarampión y viruelas,…”. Un hospital destinado a acoger a pobres y enfermos, con un aposento para alojar en él a los peregrinos que pasarán por el pueblo o a los sacerdotes y frailes. A finales del siglo XVIII sólo se acogían en él pobres transeúntes, la mayor parte de sus ventas se destinaban ayudar algún pobre necesitado natural de la población que presentaba grave enfermedad.

El patronato del hospital estaba en manos de las autoridades civiles y eclesiásticas de Deleitosa, los cuales nombraban mayordomo y las cuentas eran periódicamente revisadas por el visitador del obispado de Plasencia.

El edificio en el que se encontraba el hospital presentaba dos partes, el hospital propiamente dicho y una capilla. En el Libro de Cuentas (1579) aparece mencionada una imagen de la Virgen con el Niño que representaba a la Inmaculada Concepción, advocación del hospital, que poseía mantos, gargantillas, coronas y diademas. Existía en el hospital un portal de entrada con dos dormitorios, una cocina, un establo junto a ésta y un corral donde aún se conserva otro portal. La capilla comunicaba con una de las salas mediante una reja y por uno de sus lados limitaba con el corral. Las salas presentaban techumbre de viguería de madera a teja vana, con el tiempo se doblaron primero los aposentos de los pobres y más tarde la capilla. Según el Libro de Cuentas del Hospital de la Concepción, entre los años 1582 y 1590 se realizaron varias reformas en el hospital dirigidas a evitar los problemas de humedad, reforzando las paredes hará protegerlas de la lluvia, también hubo de rehacerse el corral del hospital porque se estaba cayendo, rehaciendo ser una portada, sustituyeron algunos cabrios, se doblaron los aposentos de los pobres y se arreglaron algunas paredes que estaban caídas.

En el segundo Libro de Cuentas del Hospital de la Concepción, 1653-1721 de nuevo encontramos datos sobre obras de mantenimiento en el hospital: arreglar los tejados, las paredes y sustituir vigas, obras realizadas en el año 1686, así como la reparación de una casa pequeña que comunicaba con el hospital en la que también se acogían pobres, obras realizadas por 146 reales pagados a don Alonso de Córdoba, vecino de Deleitosa. El hospital se mantenía con las rentas que producían sus propiedades, consistentes en un alcacer, que a finales del siglo XVI rentaba más de 30.000 maravedíes anuales, y varios censos cuyo valor se aproximaban a los 1000 maravedíes. También recibían limosnas de la condesa de Oropesa y de los habitantes de los pueblos comarcanos.

 

3.- La ermita de la Virgen de la Breña

Ha desaparecido la antigua ermita de Nuestra Señora de la Breña, cuya imagen titular, una talla barroca de la Inmaculada, se conserva en la ermita que en 1972 se construyó en sustitución de la anterior, según reza en un azulejo talaverano en la fachada: “EL PUEBLO DE DELEITOSA A NTRA. SRA. DE LA BREÑA EN SU 25 ANIVERSARIO DE LA RECONSTRUCCIÓN DE LA ERMITA. AÑO 1972 AL 1997.”. Es una sencilla construcción popular, que sustituyó a una edificación anterior de la que no quedan restos arquitectónicos. Presenta planta cuadrangular, con un zócalo de pizarra y altar mayor plano de pizarra, donde se venera la imagen de la Virgen de la Breña, una Inmaculada en madera policromada, de factura barroca del siglo XVIII, que se nos ofrece pisando la serpiente o dragón que es el símbolo del diablo, representada tal y como se narra su aparición en el Apocalipsis, capítulo 12, versículos 1-17: “Y una grande señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas. (...) 9. Y fue lanzado fuera aquel gran dragón, la serpiente antigua, que se llama Diablo, el cual engaña á todo el mundo; fue arrojado en tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él. (...) 13. Y cuando vio el dragón que él había sido arrojado á la tierra, persiguió á la mujer que había parido al hijo varón...”. La fiesta de la Virgen de la Breña es el 15 de agosto.

 

4.- Casa de los Duques de Frías

La Casa-Palacio que perteneció a los Duques de Frías aún se conserva en la Plaza de España, también se la conoce como la Casa de los Marqueses de Deleitosa. La tradición dice que la habitó San Pedro de Alcántara, conservando en la actualidad una arquería cegada y el dintel sobre la puerta con una inscripción relativa a la construcción del edificio.  Ha desaparecido el escudo nobiliario y sólo permanece en un dintel de la ventana la inscripción: “SE IZO ESTA/ AÑO 92”.

El Ducado de Frías es un título nobiliario español concedido por los Reyes Católicos el 20 de marzo de 1492 a Bernardino Fernández de Velasco y Mendoza, III Conde de Haro y Condestable de Castilla, hijo de Pedro Fernández de Velasco y Manrique de Lara y Mencía de Mendoza. En 1520 el Emperador Carlos V distinguió a los Duques de Frías con la dignidad de Grandes de España. La Familia de los Velasco fue uno de los más poderosos e influyentes linajes nobiliarios castellanos de la Baja Edad Media y de comienzos de la edad moderna. Su arraigo señorial se concentró en la zona de Soria, Burgos, Palencia, La Rioja, Zamora, Álava y oriente de Cantabria.

 

5.- El rollo jurisdiccional

 

En la Plaza, como símbolo de la jurisdicción, está el Rollo que es obra de finales del siglo XIV cuando consigue Deleitosa el título de Villa. El día  22 de abril del año 1370 don Enrique II concede los pueblos de Almaraz y Deleitosa a don Diego Gómez de Almaraz. Esta entrega fue ratificada en los seis años siguientes por don Enrique II, por don Juan I en el 1379 y el 20 de abril del año 1383, don Enrique III en 1391 y en 1404 y, por último, don Juan II en 1408 y  en 1409.  Años importantes para Deleitosa pues consigue el titulo de Villa, construyéndose el rollo como símbolo de jurisdicción o autonomía del lugar, es decir, su mérito de Villa.

Los rollos aparecen en su origen histórico vinculados al comienzo de los señoríos, y algunos de ellos fueron utilizados, como postes de castigo. A diferencia de las picotas, su fin era el de señalar la jurisdicción o autonomía de un lugar, es decir, su mérito de Villa. Por tanto, los rollos están vinculados al comienzo de los señoríos, que es una ordenación urbana y un sistema de explotación agraria de carácter rural, agrupado en torno a un señor titular y bajo su autoridad. Fue merced de los monarcas, el agradecimiento de la ayuda estratégica y militar prestada durante los enfrentamientos bélicos medievales, los que concedieron algunas poblaciones el privilegio de señorío y a su señor el derecho de jurisdicción sobre las tierras. Para simbolizar el ejercicio de este poder se levantaron los rollos. Las poblaciones dejaron de ser una posesión de realengo, convirtiéndose en un lugar de señorío, en una villa.

El rollo está elevado en la actual Plaza consistorial sobre tres gradas circulares de piedra, en cuyo centro se levanta una columna cilíndrica de cantería, con basa compuesta y capitel toscano, rematada en un pináculo piramidal sobresaliendo cuatro figuras de león, lugar de ajusticiamiento y picota de exposición pública de los pecadores y maleantes. Signo de Villa con jurisdicción propia correspondiente a los años finales del siglo XIV, convirtiéndose en uno de los monumentos de jurisdicción señorial más antiguos de Extremadura. Los blasones fueron destruidos en el año 1837, posiblemente corresponderían a don Diego Gómez de Almaraz, al cual le fue concedido por el rey Enrique II el derecho de imponer justicia. El rollo poseía una cruz de hierro forjado del siglo XVII, que ya ha desaparecido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 7 de febrero de 2021

 




EL ARCO DE LA ESTRELLA DE CACERES

 

 

En el siglo XV se construyó la llamada “Puerta Nueva” en el lugar que hoy ocupa el Arco de la Estrella (en la entrada principal a la zona monumental). En este lugar, la reina Isabel la Católica juró respetar y defender los Fueros de Cáceres en 1477. Dos años después, haría lo mismo el rey Fernando el Católico.

En el nicho de dicho Arco, Lucas Holguín fue el autor de pintar en la capilla que había en la Puerta Nueva un cuadro de Nuestra Señora de la Antigua que tenía devoción popular en aquella época en España y en América. La escritura para la realización de la pintura de Nuestra Señora de la Antigua ejecutada por Lucas Holguín tuvo lugar en Cáceres ante Diego Pacheco el 23 octubre de 1547, el mecenas de dicha obra fue el corregidor Vázquez de Cepeda. La obra realizada por Lucas Holguín consistió en pintar al fresco en la capilla de la Puerta Nueva un cielo estrellado de color azul y en los cruceros cabezas de dragones, en el centro, una imagen de Nuestra Señora con dos ángeles que la están coronando, a los dos lados de dicha capilla, dos lienzos en uno representando a San Jorge (Patrono de la Ciudad) con el dragón y una doncella y al otro lado, a Santiago matamoros. Por la parte exterior de la Puerta, en el frontispicio, pintó el escudo de armas de la entonces Villa de Cáceres y el escudo del mecenas de la obra, el Corregidor don Antonio Vázquez de Cepeda, cobró por su trabajo 4.500 maravedíes y dos fanegas de trigo. Colaboró con Lucas Holguín otro pintor, vecino de Cáceres, Lesmes.

En el siglo XVIII, para facilitar el paso de los carruajes al Adarve y de allí al palacio de los Toledo-Moctezuma, se derribó y sustituyó por el arco actual, obras realizadas en 1726 por Manuel de Larra Churriguera, que diseñó un arco escarzano en esviaje, a expensas del Conde de la Quinta de la Enjarada, don Bernardino de Carvajal, como se hizo constar en la lápida que monta sobre la clave del arco por la parte exterior.

En el interior destaca en su centro un templete neoclásico con una efigie de Nuestra Señora de la Estrella realizada en piedra de Salamanca, talladas sus vestiduras que nos recuerdan al barroco con airosos movimientos, en cuya peana resalta el escudo de Carvajal, por ser éste el apellido del Conde de la Quinta de la Enjarada que costeó la obra. Esta imagen sustituyó a la estampa de Nuestra Señora de la Antigua (aunque en algunos documentos del siglo XVIII aparece mencionada la pintura como Nuestra Señora de la Estrella.

 

 


 

 

LA ERMITA DE SAN JORGE DE CACERES

 

 

 

  

       Está situada en la dehesa "Los Mogollones", a unos 12 km. de la capital. De reducidas dimensiones, viene a ser un curioso caso arquitectónico, tal vez único en la región, por la notable manera de cubrir el edificio: cuatro grandes arcos apoyados en fuertes muros, empotrados éstos en el terreno, dan a esta ermita el aspecto raro de estar constituida aprovechando una hondonada cubierta de agua, por la cual, a juicio de Martin Gil se hizo posible usar, para techarla, grandes piedras graníticas apoyadas juntas sobre los mencionados arcos transversales.

       Su originalidad ha contribuido a que llegue a identificar como posible lugar de recreo.

       De las cuatro partes en que queda dividida por sus arcos, tres de ellas están cubiertas por el agua, mientras que la cuarta, formada por el supuesto coro, tiene su superficie frontal ocupada por frescos que representan escenas bíblicas, por encima de las cuales se hallan inscripciones de letra gótica, de tres renglones, que contienen los versículos correspondientes a las escenas representadas, y que analizaremos al descubrir las pinturas.

       Al lado derecho de la ermita se encuentra la antecapilla, destechada hoy, y con restos de pinturas en los muros, y a su lado la capilla, lo mejor conservado, formada por una minúscula celda con bóveda de arista totalmente decorada al fresco.

       A pesar de las indagaciones efectuadas en los diferentes archivos de Cáceres, no he podido comprobar nada documentalmente sobre esta ermita, aunque sabemos que existió una cofradía de San Jorge que estuvo agregada a la iglesia de Santa María de Cáceres, en cuyo archivo figura el libro de cuentas y sus primeras ordenanzas son del 16-abril-1548.

       La existencia de documentos acerca de la ermita y de las pinturas que contiene, unido al estar junto a la casa y torre de los mogollones, nos inclina a pensar en la hipótesis de que fuese construida a expensas de la citada familia y se utilizase con carácter particular.

       La fecha de su construcción la podemos deducir por estar firmadas y fechadas sus pinturas: sobre una columna pequeña y tosca que separa la antecapilla del coro se encuentra escrito:"Juan de Ribera pinto MDLXV", por lo que le consideramos autor de todos los murales que recubren la ermita. En la Antecapilla se encuentra la única entrada de la ermita, cuya puerta debió estar coronada por un arco de medio punto, hoy truncado, pero que en su parte conservada pueden observarse aún restos de angelotes que, acomodados al arco, debieron cubrir todas sus dovelas, lo que nos llevaría a un paralelismo evidente con la puerta decorada de la ermita de Nuestra Señora del Salor.

      




   Los cuatro compartimentos de la Antecapilla estaban decorados con los cuatro evangelistas, dado que el único trozo de techumbre conservado representa a San Lucas Evangelista en actitud de escribir el Evangelio, acompañado de su atributo característico, el buey, y de las palabras con que comienza su obra escrita sobre un libro que sirve de ilustración al tema: MISSUS / EST/ANGELUS/GABRIEL...A la izquierda de San Lucas Evangelista aparece una cabeza de león, símbolo de San Marcos, que sin duda cubriría otra cuarta parte de techumbre hoy inexistente.

   Es impresionante la escena de la Agonía de Cristo en el Monte de los Olivos, donde destaca lo cuidado del rostro y manos de Cristo arrodillado ante el ángel que le aparece con el cáliz, mientras los tres apóstoles, Santiago, Pedro y Juan, aparecen dormidos en la parte inferior.

   Otra representación destacable es la Anunciación representando al ángel con alas desplegadas exigiendo más espacio que la Virgen arrodillada sobre su reclinatorio.

   Existiendo un paralelismo evidente con las pinturas del Palacio de Carvajal de la capital cacereña.

En la capilla principal, se representa a Dios-Padre, que ocupa todo el centro de la bóveda de la capilla y las cuatro pechinas que lo circundan están decoradas por cuatro figuras que deben representar a los cuatro padres de la Iglesia Latina. Es lo mejor conservado y más perfecto técnicamente de la ermita: rostro y manos de gran valor, el resto se vale del recurso del ropaje para rellenar. Representa a Dios como anciano, centrado sobre la concepción del Dios Justiciero (mano diestra levantada en actitud amenazante, con los dedos índices y corazón dispuestos a señalar), en su  mano izquierda sostiene una esfera, símbolo de la totalidad y alegoría del mundo, que, como atributo de Dios- Padre, viene a resaltar su poder y su dignidad imperial.

            Otra escena que aún se conserva es el Descendimiento, con una disposición simétrica inscrita en un semicírculo con eje central en la Virgen y concentración de las miradas sobre el cuerpo rígido y ensangrentado del Cristo ya muerto. Cierran la composición, en los extremos, José de Arimatea, que es quien sostiene el cuerpo de Cristo en sus brazos, y Juan, que llora inmóvil, con su pañuelo en las manos para enjugarse las lágrimas. La Virgen, con las manos entrecruzadas sobre el pecho, contempla el cadáver con cierta avidez, expresando su dolor maternal.

            El Bautismo de Jesús que recoge a Jesús recibiendo el sacramento bautismal, ya que el cuerpo del bautista, de tamaño muy superior que el del bautizado, se halla en malas condiciones. Existen algunas escenas bíblicas en el Coro, pero en muy mal estado de conservación: la Bendición de Isaac a Jacob, la aparición de Yahvéh a Abraham en el encinar de Manbré, escenas que aparecen junto a párrafos de la Bíblia pertenecientes al Génesis

           

Es una lástima que estas pinturas manieristas terminen por desaparecer, ya que desde el punto de vista iconográfico representan una rara excepción ya que dentro de un conjunto homogéneo de escenas religiosas se han introducido párrafos bíblicos y un rico colorido en todas las escenas.

 

 

 

APORTACIONES HISTÓRICAS Y ARTÍSTICAS DE LA ESCULTURA DE LA VIRGEN DE LA ESTRELLA

 

En el siglo XVIII, para facilitar el paso de los carruajes al Adarve y de allí al palacio de los Toledo-Moctezuma, se derribó y sustituyó el arco de la Estrella que permite el acceso a la zona monumental por el actual, obras realizadas en 1726 por Manuel de Larra Churriguera, que diseñó un arco escarzano en esviaje, a expensas del Conde de la Quinta de la Enjarada, don Bernardino de Carvajal, como se hizo constar en la lápida que monta sobre la clave del arco por la parte exterior.

En el interior destaca en su centro un templete neoclásico con una efigie de Nuestra Señora de la Estrella realizada en piedra de Salamanca, talladas sus vestiduras que nos recuerdan al barroco con airosos movimientos, en cuya peana resalta el escudo de Carvajal, por ser éste el apellido del Conde de la Quinta de la Enjarada que costeó la obra. Esta imagen sustituyó a la estampa de Nuestra Señora de la Antigua (aunque en algunos documentos del siglo XVIII aparece mencionada la pintura como Nuestra Señora de la Estrella.



Aunque, la imagen que iba a ocupar este Nicho era otra. El Obispo don Sancho II Antonio de Velunza de Corcuera (que dirigió el episcopado entre los años 1716-1731) encargó a un taller de Badajoz una magnífica escultura de Nuestra Señora de la Estrella con el Niño, de mármol, y que no llegó  a ocupar el lugar para el que había sido destinada. Parece ser que no hubo entendimiento entre el Sr. Obispo don Sancho II Antonio de Velunza de Corcuera y los hijos de don Bernardino de Carvajal – mecenas de la obra del Arco de la Estrella- y el prelado la donó a los frailes franciscanos del Convento de San Francisco de Cáceres, estuvo colocada en la hornacina que está sobre la puerta principal del convento. Actualmente, esta imagen se encuentra ubicada en el ábside de la capilla del Cementerio de Cáceres, trasladada allí cuando se produjo la desamortización de Mendizábal de 1836 que obligó a los frailes a marcharse. Se trata de una imagen barroca de Nuestra Señora de la Estrella, de mármol, tallada en Badajoz para ocupar el nicho de la Puerta o Arco de la Estrella. En la peana de la imagen se lee: ““Nª. Sª. DE LA ESTRELLA”. El Arco de la Estrella  sustituyó a la Puerta Nueva -de cuyo único recuerdo es la palomilla-candelabro gótico de hierro que está en la zona interior, al pie del templete y de la que pende un farol moderno, es amplio, de arco rebajado y trazado en esviaje, coronado con almenas y ornamentado con el escudo de Cáceres. Mélida afirmó que este arco es admirado del vulgo y de ciertos escritores más de lo que merece. Y, pero la realidad es que la construcción tiene una agradable perspectiva, es sobria de trazado, y al interior, sobre todo, no está exenta de cierta belleza y originalidad. El Conde de la Enjarada solicitó y obtuvo licencia del Concejo para ampliar el altarcito donde estaba la imagen de Nuestra Señora de la Antigua, por resultar pequeño, y poder colocar en su lugar la imagen de Nuestra Señora de la Estrella. Considerando el Obispo que el hueco donde estaba la efigie de Nuestra Señora era lugar sagrado y exento de toda jurisdicción, menos de la eclesiástica, sin solicitar permiso de autoridad alguna decidió realizar la obra, derribando la bóveda de la Puerta Nueva y parte de la muralla a ambos lados de la puerta, enviando memorial al Concejo de las intervenciones realizadas. Después de litigar pleitos en los que intervino el Sr. Obispo, el propio Conde de la Enjarada con el Corregidor y Regidores de la Villa de Cáceres, Manuel de Larra y Churriguera y los maestros de obra y alarifes Juan del Valle y Francisco Encinales ejecutaron las obras del Arco de la Estrella.

La escultura de la Virgen de la Estrella, encargo del Sr. Obispo don Sancho II Antonio de Velunza de Corcuera, en el año 1726 a un taller escultórico de Badajoz, es de mármol blanco. La imagen descansa sobre una elaborada peana de mármol de planta cuadrada con salientes semicirculares en cada uno de sus lados, presentando una inscripción: “Nª. Sª. DE LA ESTRELLA”, en  una cartela rodeada de motivos vegetales y con un querubín que sirve de base a la imagen de María. En la base de dicha peana se “CON VNA AVE MARIA 40 DIAS DE INDVLGENCIA”.

Estamos ante una escultura de mármol limpia de pigmentos, que transparenta belleza material y conceptual por todos sus costados. El artista no ha hecho concesiones al misticismo sin carne ni ha menospreciado la hermosura intrínseca al candor de lo profano, sobre todo cuando sus formas pretenden configurar un cuerpo limpio y que se trasluce a pesar de los ampulosos ropajes de la Virgen. Aparece con un rostro de doncella, terso y limpio de arrugas, se nos muestra con facciones finas y juveniles. Tiene la frente amplia y el semblante glorioso, triunfal, sosteniendo con su mano derecha un cetro que termina en una Estrella. Su luminosidad queda reforzada por la blancura del mármol. Su estado de conservación es bastante bueno a pesar de estar expuesta a la intemperie. La imagen está ligeramente ladeada e inclinada hacia delante. Su cabello largo y ondulado, la corona sobre su cabeza y el espléndido manto  que viste sobre la túnica; replegando su manto encima del brazo izquierdo para sostener al Niño Jesús, desnudo, y que deja caer luego en grandes y holgados pliegues hasta el ribeteado inferior donde asoman los zapatos. Al efectismo de esta imagen contribuye el grácil movimiento de la figura y los paños del vestido y manto en movimiento. La expresión serena del rostro de la Virgen trasluce paz y purea. Su ademán de recogimiento, con la mirada dirigida hacia el Hijo, nos remite a las imágenes barrocas de los grandes autores españoles.

Hemos de destacar la Hornacina monumental arquitectónica de sillería que alberga la imagen de la Virgen de la Estrella, abriéndose en arco de medio punto con pilastras cajeadas, articulado entre dos columnas con fuste estriado elevadas sobre estereóbatos. Rematando el conjunto en un frontón partido, destacando la geometría de lo recto y lo curvo. En definitiva, una obra arquitectónica elegante y proporcionada enmarcada entre pilastras cajeadas y un entablamento en cuyo remate destaca un airoso frontón.

 

jueves, 28 de enero de 2021

 


OBRA INEDITA DE GINES ANDRES DE AGUIRRE

 

 

 

 

Obra inédita de Ginés Andrés de Aguirre. Representa una Naturaleza muerta, es óleo sobre tela, mide 70 x 93 cm.

 

Hemos de tener en cuenta que durante la centuria anterior, sólo la naturaleza muerta tuvo en España amplio desarrollo y constituyó capítulo importante dentro del panorama de toda la pintura europea, aunque su incorporación a la historia “oficial” de la misma sea bastante reciente. Precisamente, fue en el siglo XVII cuando el primer pintor de bodegones, el italiano Caravaggio, otorga categoría al tema del bodegón, como representación de alimentos y bebidas estrictamente, aunque confundimos e identificamos bodegón con naturaleza muerta, por la representación de objetos inanimados. El género del bodegón también se le llama a los cuadros que tratan de confundir al ojo humano, lo que se llama el “trampantojo”, que es esa pintura realista e hiperrealista que finge realidad. En este caso que nos ocupa se representan trofeos de caza (animales), objetos inanimados agrupados sobre una superficie plana. Este tipo de cuadros solía decorar las paredes de comedores de las viviendas con prestancia.

 

Este cuadro recibe el nombre de "Naturaleza muerta", y va en la línea de otras obras del artista como su cuadro "Caza muerta y una cesta" (Museo del Prado, Madrid). Se aprecia su preferencia por un variado colorido y un gusto rococó. A pesar de mostrarnos piezas de caza muertas, imprime a las figuras una refinada elegancia. Se observa claramente una técnica de pinceladas densas. Esta obra está elaborada con acierto y esmero: los brillos de luces o medios tonos de las sombras.

 

Ginés Andrés de Aguirre nació en Yecla (Murcia) en el año 1727.  Los primeros datos que encontramos acerca de este artista corresponden al año 1745, fecha en la que Aguirre marcha a Madrid. En 1752 comienza sus estudios en la recién creada Academia de San Fernando. se trasladó a Madrid, donde asistió a los primeros concursos abiertos organizados por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, completando su formación entre los años  1753 y 1757. En el año 1758 consigue una pensión de Fernando VI, y realiza copias de grandes maestros, como Diego Velázquez y Luca Giordano. En 1760 pinta un retrato del nuevo monarca Carlos III. En 1770 es elegido Académico de Mérito de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid[1].

 

Desde 1775 comienza una intensa actividad para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara como pintor de cartones. Trabaja bajo la dirección de Mariano Salvador Maella, que le suministra en su primera etapa los dibujos preparatorios para los modelos encargados. La temática elegida y el estilo aplicado para las composiciones que iban a cubrir las paredes de las residencias reales en El Pardo y El Escorial siguen las corrientes estéticas imperantes: escenas de caza y asuntos de género, donde el murciano hace hincapié en el casticismo y los aspectos pintorescos del mundo popular. En la veintena de cartones conocidos de su mano, se aprecia su preferencia por un variado colorido y un gusto rococó[2], donde las figuras actúan con refinada elegancia y los animales se mueven con gracia. Con su técnica de pinceladas densas elabora con acierto las diferentes superficies, sean telas o pieles, sean los brillos de luces o medios tonos de las sombras.

 

Entre sus obras más destacadas hay que señalar que pintó los desaparecidos frescos de la nave central de la iglesia de Santa Cruz en Madrid, conocidos a través de noticias documentales y dibujos preparatorios. También son suyos algunos cuadros de historia como La defensa del castillo del Morro de La Habana, hoy en el Museo de la Academia de San Fernando. Destacó, sobre todo, como diseñador de cartones para tapiz con destino a la Real Fábrica de Santa Bárbara, entre cuyos diseños se conserva un lienzo titulado La dama del Quitasol, propiedad del Museo del Prado, depositado en el Museo de Bellas Artes de Murcia[3]. Como pintor de cuadros de altar se debe destacar también la ejecución de su San Agustín y san Marcelino para el convento de la Encarnación de Madrid. Como retratista, ejecutó numerosísimas copias del retrato oficial de Carlos III cuyo modelo había sido pintado por Antonio Rafael Mengs.

 

Al margen de la manufactura, Aguirre trabaja como fresquista y como pintor de composiciones religiosas, notándose innegablemente la huella de Corrado Giaquinto[4]. En 1785 aprovecha la plaza vacante dejada por Nicolás Lameyra de «ayudante para la composición de las pinturas» para solicitar el cargo de restaurador y ayudante de Maella en el cuidado de los cuadros de las colecciones reales.

 

No pasó mucho tiempo en el desempeño del nuevo puesto, ya que en marzo del año siguiente fue designado como primer director de Pintura de la recién fundada Real Academia de Bellas Artes de San Carlos en México, donde falleció en 1800, después de una intensa labor pedagógica[5].

 

En 1786 Aguirre, gracias a la protección de José Moñino, conde de Floridablanca, marchó a México como primer director de pintura de la recién fundada Academia de San Carlos. Aguirre fue profesor de los más importantes pintores mexicanos de la primera mitad del siglo XIX. Entre ellos deben destacarse José María Vázquez, José Antonio Castro, Juan de Sáens y Anastasio Echeverría. Establecido en México, cultivó también la pintura mural de carácter religioso y decorativo, ejecutando, entre otros, los frescos de la bóveda de la capilla del Bautismo de la Catedral de México. Fallece en la ciudad de México en el mes de mayo del año 1800.

 


 

BIBLIOGRAFÍA

Aragoneses, Manuel Jorge (1962): “A propósito de unas pinturas extraviadas de Ginés Andrés de Aguirre", Murgetana, 19, Murcia, pp. 79-84.

Held, Jutta, Die Genrebilder der Madrider Teppichmanufaktur und die Anfänge Goyas, Berlín, Gebrüder Mann, 1971, pp. 81-88.

López Ortega, J, "Ginés Andrés de Aguirre y la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando",  Boletín de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, núms. 119-120, Madrid, 2017-2018, pp. 33--50.

Morales y Marín, José Luis, Pintura en España. 1750-1808, Madrid, Cátedra, 1994, pp. 179-186.

Ossorio y Bernard, Manuel, Galería biográfica de artistas españoles del siglo XIX [1883-1884], Madrid, Giner, 1975, pp. 9-10.

Reuter, A, "Ginés Andrés de Aguirre", en Enciclopedia del Museo del Prado dirigida por Miguel Zugaza y Francisco Calvo Serraller, tomo II, Madrid, 2006.

Rodríguez de Tembleque, C., "Ginés Andrés de Aguirre, pintor de frescos", Cuadernos de Arte Colonial, n.º 1, 1986, pp. 85-96.

Tormo, Elías, «El pintor Ginés Andrés de Aguirre. Su etapa española», Boletín del Museo de Bellas Artes de Murcia, n.º II, Murcia, 1923, pp. 1 y ss.

 

 

 

 



[1] López Ortega, 2017-2018, 33.50.

[2] Tormo, 1923, 4.

[3] Ossorio y Bernard, 1975, 10.

[4] Morales y Marín, 1994, 180; Rodríguez de Tembleque, 1986, 85-96.

[5] Reuter, 2006, tomo II, 338.

jueves, 7 de enero de 2021

 

LAS FIESTAS PATRONALES DE TRUJILLO DE  1870 Y 1881

 

 

 

 

            En el año 1870 el párroco de San Martín don Francisco Reglado y el sacristán de la misma parroquia don José Iglesias, decidieron reanudar la fiesta anual de la Stma. Virgen de la Victoria, por su exclusiva cuenta y de su propio peculio, unas fiestas patronales que desde hacía diez años no se celebraban.

            Consistió tal celebración en una novena y una conmemoración el día de todos los Santos de cada año. Como la iglesia de San Martín carecía de imagen de la Virgen de la Victoria, durante unos siete años prestó don Julia Ríos, una efigie que tenía en su casa, hasta que don Pedro Trancón, párroco de la iglesia de Santiago, adquirió una para el culto, por suscripción popular, esta imagen se encuentra actualmente en la iglesia de Santiago de Trujillo.

            Unas fiestas patronales en honor de Ntra. Sra. de la Victoria, que tenían lugar en la iglesia de San Martín, y eran celebradas con modestidad. Pero, en el mes de octubre del año 1881, siendo Alcalde don Miguel Núñez Castilla, las fiestas adquirieron un nuevo impulso. El Himno "Salve" que tanto nos emociona en esa noche maravillosa del Sábado, fue cantado por primera vez ante un curioso cuadro de Ntra. Sra. en su castillo que fue pintados por el artista local don Antonio Picazo y fue colocado en una de las puertas de los portales de la carne (ahora es la puerta del centro de la Plaza de Mercado), cuadro que ha sido recuperado el pasado año por un anticuario trujillano y que se encontraba en una casa particular. El autor de la música del Himno fue el sacristán de la iglesia de San Martín don José Iglesias, y el autor de la letra el maestro don Joaquín Cuadrado.

            El festejo popular consistió en correr un toro de cuerda por las calles de nuestra ciudad (el correr al toro enmaromado se mantuvo hasta el año 1892). Desde entonces, se comenzó a celebrar el último domingo de Octubre con gran pompa. Gracias a la colaboración de los anteriormente citados y del entonces Alcalde don Miguel Núñez. A esto, también contribuyeron eficazmente las señoras doña Julia y doña Jacinta de Vargas, doña Escolástica Blanco, doña Margarita Arteaga, doña María Moreno de Guadiana, etc. 

            El sacristán de la iglesia de San Martín, don José Iglesias, fue decisivo en el impulso que dio a las fiestas patronales. También, don Joaquín Cuadrado, que fue profesor de Instrucción Primaria y maestro de las Escuelas Públicas de Cáceres. A su jubilación, marchó a vivir a Trujillo a la calle García de Paredes, núm. 25, en donde falleció en el año 1910. Además de escribir la letra del Himno a la Patrona, publicó en 1887 una Cartilla Agraria en verso para uso de las escuelas de primera enseñanza.

            Ya queda atrás, en el recuerdo de nuestros mayores que nos han dejado, la verbena en la víspera que con inmenso regocijo se esperaba impaciente todos los años, con sus variadas iluminaciones de vistosos farolillos, que contrastaban con las anticuadas candilejas y las hogueras que ardían en los extremos de la Plaza Mayor; las alegres dianas; la procesión cívico-religiosa; la culta palabra del orador de turno que desde el púlpito nos exhortaba las grandezas de nuestros antepasados y los milagros de la Virgen; las divertidas cucañas y el toro de cuerda, y otras muchas celebraciones y festejos que se han perdido para dar paso a otros. Pero siempre, y ante todo, el respeto a la tradición.

            El sacerdote trujillano don Francisco Reglado escribió la famosa novena a la Stma. Virgen de la Victoria que aún hoy seguimos rezando, también redactó la novena al Stmo. Cristo de la Salud que veneramos en la ermita de San Lázaro, y la novena a Ntra. Sra. de las Mercedes, con gran devoción en la parroquia de San Francisco. Cultos que él sufragaba y a los que cooperaba gratuitamente.

            Este insigne sacerdote nació en Trujillo en 1812, fue religioso en el convento de la Merced en nuestra ciudad, abandonando el convento con motivo de la exclaustración. En 1847 fue nombrado Ecónomo de la parroquia de San Martín y seis años después párroco de la misma, cuyo cargo desempeñó hasta el 14 de junio de 1880, fecha en la que murió.